La serpiente de bronce, significado. Mala exégesis de Bergoglio



El pasado 7 de abril, en una de sus habituales homilías en Santa Marta, el actual pontífice dijo que “Jesús se ha hecho pecado, se ha hecho diablo, serpiente, por nosotros; se ha humillado hasta quebrantarse totalmente." Se advierte en estas palabras un extraño progreso comparado con años anteriores, cuando decía: 
(2015):  Él se ha convertido en el pecador más grande sin haber cometido ninguno. Y Pablo nos dice: "Él se ha hecho pecado por nosotros", retomando la figura, "Él se ha hecho serpiente". ¡Es feo! Él se ha hecho pecador para salvarnos, esto significa el mensaje, el recorrido de Jesús."
En realidad lo que dice San Pablo es:  “A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor 5, 21)

 Esto ha escandalizado mucho pero la frase nos brinda ocasión de exponer la enseñanza sobre el significado de la verdadera relación entre Jesus y la serpiente de bronce, a la que el Señor mismo hizo referencia ante Nicodemo.

Que una serpiente significando el demonio provocara la caída y que fuera también una estatua de serpiente la que hizo Moisés, no autoriza a trasladar un significado. Ante todo una alegoría tiene significado de enseñanza y en sí mismas las serpientes no son necesariamente símbolos del diablo, de hecho de las serpientes se extraen medicinas.
La serpiente de bronce exigía una obediencia a los judíos castigados por sus pecados, por esa obediencia eran sanados y la tal obediencia no era fácil: tenían que mirar un símil de lo que les llevaba a la muerte; tenían que hacer frente a una repugnancia; las serpientes eran enviadas por Dios pero no eran el diablo, faltaría más.
Luego Jesús tiene forma repulsiva en la cruz, su cuerpo fue tratado peor que el de ningún pecador, y cuando lo vemos en sus representaciones escultóricas hoy apenas caemos en la cuenta de que el cuerpo tan torturado es por nuestros pecados. Y así ese cuerpo se hace salvación, cuando lo miramos, nos compadecemos y comprendemos nuestra obligación de amor.
Así, que tranquilos, el símil utilizado por Bergoglio pontífice, es un error de exégesis, pero eso sí, un gravísimo error; en sí es una picadura de serpiente, pero que puede ser vuelta en ocasión de nueva atención a Cristo crucificado que está perdiendo su hondo sentido a causa de nuestra banalidad causada por la costumbre.

Santo Tomás comenta además el pasaje paulino exponiendo que "pecado" aquí significa "ofrenda de pecado":
« […] según la costumbre del Antiguo Testamento al sacrificio por el pecado se le llama pecado. Comen los pecados de mi pueblo (Os. 4, 8), esto es, las oblaciones por los pecados. Y entonces el sentido es éste: Lo hizo pecado, esto es, hostia, o bien sacrificio por el pecado. De otro modo, porque pecado se toma a veces por semejanza del pecado, o bien por pena del pecado. Envió Dios a su Hijo en semejanza de pecado (Rm 8, 8), o sea, que en semejanza de pecado condenó al pecado. Y entonces el sentido es éste: Lo hizo pecado, esto es, hizo que El asumiera Ja carne mortal y pasible. De un tercer modo, porque a veces se dice que una cosa es esto o lo otro, no porque lo sea, sino porque los hombres opinan que así es. Y entonces el sentido es éste: Lo hizo pecado, esto es, hizo que se le tomara por pecador. Ha sido confundido con los facinerosos (Is 53, 12).
Y San Agustín dice en su comentario al pasaje de Nicodemo: "Muchos morían en el desierto por las mordeduras de las serpientes. Y por ello Moisés, por orden de Dios, levantó en alto una serpiente de bronce en el desierto; cuantos miraban a ésta, quedaban curados en el acto. La serpiente levantada representa la muerte de Cristo, de la misma manera que el efecto se significa por la causa eficiente. La muerte había venido por medio de la serpiente, la que indujo al hombre al pecado por el cual había de morir; mas el Señor, aun cuando en su carne no había recibido el pecado, que era como el veneno de la serpiente, había recibido la muerte, para que hubiese pena sin culpa en la semejanza de la carne del pecado, por lo cual en esta misma carne se paga la pena y la culpa.» (San Agustín, De peccat. mer. et remiss. cap. 32).
Y San Beda:El Señor invita con estas palabras al maestro de la Ley mosaica a que comprenda su sentido espiritual, recordándole la historia antigua, y demostrándole que ésta era figura de su pasión y de la salvación humana. » 


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