Oponiendo Misericordia y Cuerpo de Cristo

Para apreciar las dimensiones de lo que está sucediendo en torno a la comunión para divorciados vueltos a casar y sin continencia, nada mejor que el siguiente texto, sobre la corrupción de la comunión, que resulta actualmente de una insidia, de oponer lo santo a lo santo: misericordia y Cuerpo de Cristo. Esta oposición revela la verdadera naturaleza de la supuesta misericordia que estaría detrás de la "comprensión" por los divorciados vueltos a casar y en uso marital:


"El Pan del Cielo es el Maná que el hombre no podía siquiera ima­ginar ni exigir; el maná que el hombre no podía procurarse a sí mismo sino que es el Se­ñor quien lo da liberalmente a sus hijos para que no mueran de hambre; el maná dulce y blanco que se da en su justa medida a todos aquellos que quieren nutrirse de él todos los días. Tan sólo el enfrentamiento a los mandatos de Dios y las infracciones de su Ley hacen que este santo Alimento, dador de Vida, se transforme en corrupción; mas no por sí, pues es incorrupto, incorruptor e incorruptible, como Aquél a quien ni la muerte corrompió y que es El mismo, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, tal como era en los días de su vida sobre la Tierra. Ahora bien, sobreviene la corrupción al recibirlo en pecado, ya que es maldito el que se alimenta con las disposiciones de Judas, enemigo de la obediencia y de la justicia.
Reflexionad sobre la palabra de Dios Santísimo: “Y así compruebe Yo si él camina o no según mi Ley”. En efecto, aquél que, alimentándose de la Sagrada Eucaristía, ali­mento que no se concede a los propios ángeles sino que el Infinito Amor lo da a los hom­bres, no se santifica antes sigue cual era o retrocede a peor, da a entender que no camina según la Ley y que, puesto que ese Alimento no consigue mudarle, lo toma sin duda con el alma obstinada en culpa más o menos grave.
Eucaristía y buena voluntad, Eucaristía -amor de Dios- y buena voluntad -amor del hombre-, juntas ambas, no pueden producir sino santidad. La buena voluntad escom­bra el terreno de cuanto pudiera hacer improductiva a la Semilla Santísima que germina con la Vida eterna. La buena voluntad coloca sobre el altar cuanto sirve para consumar el holocausto, es decir, cuanto el fuego eucarístico puede quemar, abrasando al hombre material para encender el espíritu, purificarlo, hacerlo grácil como la llama, con tenden­cias al Cielo, y subiendo a él con sus resplandores para juntarse al Fuego que le encendió: Fuego con fuego mediante unión de amor.
Mas cuando la buena voluntad falta y hace acto de presencia la desobediencia, esto es, el estado de pecado, ¿qué es lo que puede hacer la Eucaristía? Nada más de cuanto podía el Maná recogido de forma contraria a la ordenada por Dios. Queda inerte como acción propia y viene a resultar nociva, como efecto, en quien la recibe. Y no me refiero aquí a los verdaderos sacrílegos sino más bien a los tibios y soberbios que, por costum­bre, se alimentan de ella como diciendo: “Los que cumplimos con esta costumbre somos quienes tributamos este honor a Dios” (*)

Es llamativo que siendo tan fácil vivir olvidado de los sacramentos, lo que hace la inmensísima mayoría, justo haya católicos en uso marital fuera del matrimonio sacramental, que tengan tanto prurito de comulgar, y que haya tanto prurito de "acompañarles", desde luego en falsa misericordia, cuando hay ya tantísimas parroquias sin sacerdotes en todo el mundo.
Pero que esto sea así no implica que haya que abrir conflictos de manera particular. Un sacerdote, d. Luis Uribe, de Colombia, ha sido suspendido a divinis, según declaración del obispo por oponerse al magisterio sobre matrimonio y eucaristía del Santo Padre Francisco. Un programa de televisión católica colombiana lo ha proclamado como mártir de la eucaristía moderno, siendo cierto que dicha interpretación laxa, de moral de situación, contradice claramente la doctrina de la Iglesia concretada en el Catecismo de la doctrina católica de Juan Pablo II, en su número 1756. 
El padre Uribe se dirigió a su obispo exigiendole una como prueba de su ortodoxia yendo contra la interpretación de Amoris Laetitia hecha oficial por los obispos argentinos, lo que naturalmente no ocurrió. La respuesta le ha venido en forma de suspensión a divinis. Parece que una conducta más recomendable hubiera sido no entrar en exigencias sobre un texto del episcopado de otro país, y seguir dando o no absoluciones y comuniones conforme a la enseñanza de la Iglesia, y si de ahí viniese la suspensión pues entonces bendito sea. En todo caso, la condena no menciona en absoluto el incidente, que se conoce sólo por contarlo el propio interesado padre Uribe; esta condena hasta ahora se venía haciendo sólo para sacerdotes metidos en graves escándalos sexuales y nunca en el pasado se vio tal condena por argumento de oposición al magisterio de los papas anteriores, que fue como es bien sabido tan ruidosa y numerosa como bien orquestada.
  
(*) Libro de Azarías, María Valtorta, p. 39.


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