El Papado dual



El papado dual


Tanto Papa Benedicto como el pontífice Francisco se han referido a la situación del doble papado desde distintas analogías, justificando que Benedicto siga siendo papa, dimisionario eso sí, pero reteniendo una cierta función, como la del abuelo, que no tiene poder decisorio pero sí es el referente de sabiduría de toda la casa.


Es curioso saber que un personaje de Herman Hesse, el premio nobel, en su leidísimo libro El juego de los abalorios, experimenta una situación semejante a la de Papa Benedicto; sin duda él ha leído a Hesse, y no sólo eso sino que siendo prefecto para la doctrina de la fe, declaró que otra obra de Hesse, El Lobo estepario fue fundamental para mejorar su entendimiento del mundo moderno (Libro- entrevistas La sal de la tierra, editorial Palabra). En la obra El juego de abalorios, el protagonista llega a ser superior de una comunidad universitaria utópica que gobierna una sociedad y acaba renunciando al cargo, pero reteniendo la condición magisterial, porque creía no tener nada que ofrecer como superior a la comunidad, y porque siendo maestro-contemplativo recuperaba la función para la que en verdad habría sido formado por esa comunidad desde su juventud. En la vida real, parece que Ratzinger ha ido siempre como a la fuerza, cuando fue nombrado arzobispo también semirenunció, quería renunciar en el papado de Juan Pablo II que sólo consiguió retenerlo apelando a su condición petrina y a reiterar la frase del Maestro: “¿También tú me quieres abandonar?” y con seguridad también aceptó el Papado si no a la fuerza, sí como kenosis que no podía ser permanente, porque ya desde 2010 acariciaba la dimisión apoyándose en el caso del Papa Celestino, 600 años antes.

Ratzinger incurrió en una libertad que podrá justificarse por necesidad magisterial de saber de todo, y de ahí que leyese y además valorase a un autor anticristiano, precursor de la nueva era, como fue Hesse. Una actitud comprensiva, pero que no podía no tener consecuencias, se ve en multitud de textos, donde menciona como referencias otros autores como pueden ser Barth e incluso Nietzsche, sin ánimo condenatorio gracias a la vacuna conciliar de tener actitud no de condena sino de pastoralidad. Quizá creía aplicar la doctrina de San Pablo, “probadlo todo y quedaos con lo bueno”. Pero de seguro San Pablo no se refería al contacto con la ponzoña de la serpiente.

En todo caso, queda como una justificación al Papado dual, como una interpretación de que no deja de ser ortodoxo, porque tiene una lógica de buen sentido, humanitario, de fuerzas humanas, de hacer el bien a la iglesia. También el secretario del Papa emérito, monseñor Ganswein mencionó recientemente que Benedicto si bien había renunciado al trono petrino no así a su magisterio; quizá una cierta contradicción, porque no hay trono y cátedra, sino un solo asiento que necesariamente debe incluir las dos funciones del maestro y la autoridad, como se dio insoluble en Cristo y San Pedro. 

Ahora bien, no puede quedar resquicio a la duda si tenemos en cuenta el valor magisterial intemporal de la Iglesia, señalado en el repertorio dogmático de Denzinger, sobre la dualidad de la cabeza en la Iglesia:

“Declaramos herética la proposición por la cual puede haber dos cabezas católicas y líderes supremos de la Iglesia católica, unidos en una unidad superior entre ellas, o que la cabeza de la iglesia católica consiste en dos, que estarían unidas de modo divino, o que hay dos supremos pastores y guardianes de la Iglesia, que forman una sola cabeza”.(Decreto del Santo Oficio, 24 de enero de 1647, siendo pontífice Inocencio X).

Cualquiera sea la simpatía, respeto y admiración a la histórica y benéfica función de Papa Benedicto, no cabe duda de que este punto que hemos tratado ha sido uno más prueba de que el terreno ya venía estando pavimentando para el advenimiento del nuevo papado, lo que puede ser comprendido sin ánimo de invocar ilegitimidades ni herejías de proposición consciente y explícita en ningún papa anterior.  La herejía si se da en un pontífice por necesidad significa que no ha habido legitimidad electiva, por el contrario ésta se dio sin duda alguna en los papas posconciliares; el binomio legitimidad de elección y ortodoxia de doctrina-praxis, no es separable, gracias a la disposición providencial divina y al contrario heterodoxia e ilegitimidad se darán combinadas con seguridad.

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