Método ecuménico sin memoria. Luteranismo en Suecia.



En la homilía, Pontífice Francisco también afirmó “no podemos resignarnos a la división y al distanciamiento que la separación ha producido entre nosotros” y de la “oportunidad de reparar un momento crucial de nuestra historia, superando controversias y malentendidos que a menudo han impedido que nos comprendiéramos unos a otros”.
“También nosotros debemos mirar con amor y honestidad a nuestro pasado y reconocer el error y pedir perdón: solamente Dios es el juez. Se tiene que reconocer con la misma honestidad y amor que nuestra división se alejaba de la intuición originaria del pueblo de Dios, que anhela naturalmente estar unido, y ha sido perpetuada históricamente por hombres de poder de este mundo más que por la voluntad del pueblo fiel, que siempre y en todo lugar necesita estar guiado con seguridad y ternura por su Buen Pastor”, resonó en la catedral luterana en Suecia.
El Papa dijo que la separación entre católicos y luteranos “ha sido una fuente inmensa de sufrimientos e incomprensiones” pero “también nos ha llevado a caer sinceramente en la cuenta de que sin él no podemos hacer nada, dándonos la posibilidad de entender mejor algunos aspectos de nuestra fe”.
Por último, indicó que “los cristianos seremos testimonio creíble de la misericordia en la medida en que el perdón, la renovación y reconciliación sean una experiencia cotidiana entre nosotros”.
“Juntos podemos anunciar y manifestar de manera concreta y con alegría la misericordia de Dios, defendiendo y sirviendo la dignidad de cada persona. Sin este servicio al mundo y en el mundo, la fe cristiana es incompleta”.
En definitiva, “Luteranos y católicos rezamos juntos en esta Catedral y somos conscientes de que sin Dios no podemos hacer nada; pedimos su auxilio para que seamos miembros vivos unidos a él, siempre necesitados de su gracia para poder llevar juntos su Palabra al mundo, que está necesitado de su ternura y su misericordia”.
Al final de la oración ecuménica, el Papa Francisco y el luterano Martin Jung firmaron una declaración conjunta en la que exhortan “a todas las comunidades y parroquias Luteranas y Católicas a que sean valientes, creativas, alegres y que tengan esperanza en su compromiso para continuar el gran itinerario que tenemos ante nosotros”.
“En vez de los conflictos del pasado, el don de Dios de la unidad entre nosotros guiará la cooperación y hará más profunda nuestra solidaridad. Nosotros, Católicos y Luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando juntos, escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Fundados en Cristo y dando testimonio de él, renovamos nuestra determinación para ser fieles heraldos del amor infinito de Dios para toda la humanidad”.


El verdadero rostro de la imposición del luteranismo

No es un camino conjunto el que hay que recorrer, “olvidando los errores del pasado”, la nueva equidistancia irénica es un falso método ecuménico, cuando la fe es lo que debe constituir la unión, no un amable recorrido.
Un reciente libro sobre esta historia del luteranismo en Suecia expone lo siguiente, conforme a entrevista con sus autores el sacerdote jesuita Heiding Fredrik y Magnus Nyman, historiador y sacerdote.
Antes, los historiadores de la Iglesia y muchos historiadores describían generalmente la Reforma como una victoria de la razón, la idea subyacente era la de una transición de la oscuridad a la luz. Ya no se lo ve más así. 
Ahora casi todo el mundo está de acuerdo en que la Reforma en Suecia se impuso desde arriba y que en un principio había muy poco apoyo popular…
Los diferentes capítulos de nuestro libro, en general muestran una visión bastante sombría de lo que la Reforma dio a Suecia en términos culturales”. 
Ellos mencionan muchos indicadores, entre ellos:
“El cierre de monasterios, de hospitales, de las escuelas, de las catedrales, de la Universidad de Uppsala, menos contacto internacional, etc.
E incluso una liturgia dominada por la palabra, la escucha y la homilía.
Las cinco revueltas durante el siglo XVI, todas en contra de la nueva doctrina, confirman la imagen de la resistencia popular”.
El libro también se ocupa de la violencia y arbitrariedad desplegada por el establishment luterano sueco contra las expresiones del tradicional catolicismo sueco:
“Tratamos los levantamientos populares contra el Luteranismo.
La disolución de las asociaciones religiosas y el cierre de todos los doscientos monasterios y conventos en los países nórdicos.”Las órdenes católicas fueron combatidas con furor: “Las órdenes tuvieron una importancia muy grande.
Por encima de todo, al Rey y a los luteranos les era importante denigrar y expulsar a las órdenes mendicantes. Ellos estaban en la ciudad, y hubieran podido contrarrestar la propaganda luterana temprana, que apareció en las ciudades.
En muchos lugares de Suecia se ejerció mucha violencia durante el cierre de los conventos.
Leyendo las descripciones que tenemos, nos da la impresión de que fueron matones en lugar de reformadores, los que penetraron en los conventos.
Tres de los franciscanos en Ystad, mueren mientras son expulsados.  Al parecer, los frailes eran vistos como una amenaza a las nuevas ideas.
El último monasterio que fue cerrado en Suecia fue el de Vadstena en 1595, fundado por Santa Brígida de Suecia en el Siglo XIV). Con su cierre, la Iglesia Católica perdió su última base en Suecia”.
El libro afirma no obstante, que la tradición católica y la literatura y la teología católicas, están de nuevo en el centro de la vida de muchos cristianos. Tal vez esto también es un poco una provocación al “establishment” luterano.
La paz es con Cristo no con los hombres, si las opciones de Cristo y los hombres no coinciden, entonces la decisión es obvia. La caridad mutua es sólo el principio de un camino, pero sólo se llega a la meta cuando se abjura de los errores, lo que no es difícil de hacer si se tiene la información sobre la verdadera historia de cómo se impuso el luteranismo y el anglicanismo. Y no se diga que lo mismo se hizo en los países católicos, porque no es lo mismo reprimir la herejía defendiendo la fe histórica, avalada por los santos y querida por la población, que implantarla como orden social contra las propias gentes, lo que fue la antesala de los poderes totalitarios.

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