Karl Rahner anticipó el diseño de la neo Iglesia



Hemos creído que la evolución de la Iglesia en las últimas décadas era producto de una evolución desencaminada pero espontánea y nada más lejos de la realidad, porque esa evolución responde a un diseño que se ha ido cumpliendo inexorablemente, y por descontado no es iniciativa del Cielo.
Esa evolución está anticipada por Karl Rahner como se deduce de su libro "Cambio estructural de la Iglesia" con ocasión del Sínodo de los Obispos alemanes, que fue traducido rápidamente al español por Ediciones Cristiandad (Madrid, 1974). Dada la autoridad de Rahner en todas las gentes de iglesia es lógico que el libro sirviera de base para las futuras reformas, siendo así que afirmaba ya en ese libro, ¡que el Concilio Vaticano II había sido superado! en muchas de sus partes:
“Es cierto que el Concilio tiene para la Iglesia en general "un significado permanente, el cual (si es lícito expresarse así) no puede devaluarse ni desde la derecha ni desde la izquierda. Pero muchas de las determinaciones positivas del Concilio, bien pensado, están ya superadas; basta considerar, por ejemplo, el decreto sobre liturgia", "en todo caso, las declaraciones de un Concilio que se dirige a la Iglesia entera son demasiado generales como para pensar en atribuirles de un modo directo e inmediato el valor de normas concretas. Tanto no nos alivia este gran Concilio nuestra tarea" (pp.16-17)
Rahner era admirado por todos, incluso por no profesos modernistas, por ejemplo Lamberto Echevarría que en relación al libro decía: “Pero hay algo en este libro que  llega en todo momento al alma: La radical preocupación por responder a la situación concreta del hombre de hoy”.
Rahner a pesar de su profesión religiosa como jesuita, prevé una planificación de futuro para la iglesia basada en la razón, que es la que le había guiado en la mayor parte de sus escritos. Expondrá por ejemplo:
"La planificación a tiempo es precisa, porque ahora se dan todavía posibilidades y condiciones para lo que después será necesario" (pero ¿qué es lo que iba a ser necesario?)
toda planificación del futuro de la Iglesia en las próximas décadas no nos dispensa de la necesidad de marchar hacia un futuro imprevisible, de la audacia y el riesgo y la esperanza en la insondable gracia de Dios", (creerán él y los demás falsos reformadores que en la nueva era están dando servicio a Dios)
Anticipará que: Somos y seguiremos siendo en el futuro la Iglesia católica romana, aunque uno no tiene por qué ser miembro del "movimiento en pro del Papa y de la Iglesia", siendo así que “ la crítica y una relación con la Iglesia fundamentalmente crítica pertenece a la esencia del cristianismo”.
La Iglesia tendría que ser una Iglesia desclericalizada, concretando que eso significa que "el estamento oficial  tiene su credibilidad con la manifestación del Espíritu (extraño que dé por descontado el calificativo de Santo para el Espíritu y no lo diga) y no por el recurso a la autoridad formal”. Pero la evolución subsiguiente dejaría clara la negativa a aceptar toda manifestación que no viniera dada por el pentecostalismo que ya se venía introduciendo en la Iglesia con el aval de un artífice del Concilio, el cardenal Suenens.
Anticipará la praxis actual ya en la iglesia respecto a la moral de la cual no habrá de hablarse "si el hombre no ha hecho ni siquiera inicialmente la experiencia de Dios y de su Espíritu que libera de la culpa y de la angustia vital, no tenemos por qué manifestarle las normas morales del cristianismo. No podría entenderlas; a lo más le podrían resultar causa de coerciones más radicales y angustias más profundas".
Dará en nada los sacramentos y la presencia viva de Jesucristo: "Siendo sinceros, en el terreno de lo espiritual, somos, hasta un extremo tremendo, una Iglesia sin vida", "¿dónde hay, por encima de toda inculcación racional de la existencia de Dios, una mistagogía de cara a la experiencia viva de Dios que parta del núcleo de la propia existencia?" (A subrayar, “que parta del núcleo de la propia existencia, experiencia" cuando Cristo nos ha estado enseñando todo el tiempo desde lo que es esa existencia, que El ha penetrado y elevado para llevarla a la resurrección).
Frente a la “cristología de arriba", según él practicada por la Iglesia, (que incluye por cierto los dogmas de revelación divina) hay que partir de la experiencia de Jesús (¿pero cuándo los santos no han partido de ese compartir con Jesús?)
En los siguientes términos se adivina lo que será el endoso de una visión alternativa a la doctrina social de la Iglesia: “¿Cuándo nos convencemos de que todo compromiso crítico y sociopolítico, que hoy es deber sagrado de los cristianos y de la Iglesia en cuanto lucha por una mayor libertad y justicia, encierra o ha de encerrar en sí una espiritualidad oculta?”. La tal espiritualidad sería la del determinismo materialista, que el propio Rahner había tomado como núcleo de su filosofía y teología, introduciendo a Kant como moneda de curso legal en la enseñanza católica, con la pretensión de hacer inteligible a Santo Tomás al la razón evolucionada de la contemporanidad.
La respuesta pretendida a la situación del hombre fue la teología de la liberación que intelectualmente Rahner había anticipado y a la que defendió hacia el final de sus días, en carta al Cardenal Landázuri: Estoy convencido de la ortodoxia del trabajo teológico de Gustavo Gutiérrez. La teología de la liberación que él representa es del todo ortodoxa. Es consciente de su significado limitado dentro de la globalidad de la teología católica.
El papa Wojtyla no veía, como es bien sabido, con buenos ojos la presencia de los jesuitas en los puestos de avanzadilla social y política de países como El Salvador, Nicaragua, Brasil o Guatemala, que contaban, en buena parte, con el apoyo de Pedro Arrupe, el general jesuita, y sobre el cual Rahner tenía las mejores palabras. Mons. Crepaldi ha identificado en resumen la teología del jesuita alemán como una de las fuentes principales de oposición a la Doctrina Social de la Iglesia, tal como Juan Pablo II deseaba relanzarla. 
La Doctrina social como tal no era mencionada por Rahner, y eso mismo ya es revelador: era claro que resultaba muy superior para él la teología de la liberación.
Todo esto va en conjunción con la filosofía de Rahner descrita por el padre Cornelio Fabro, como parte de la “aceptación del transcendental moderno”. Es decir, que nuestro conocimiento está siempre orientado por estructuras que, a priori, le preceden y le constituyen. No podemos conocer nunca las cosas tal como son en sí mismas, dado que el conocimiento acaece en el interior y a-partir-de estas estructuras transcendentales que, como un horizonte a nuestras espaldas, nos condicionan”. En la ambigüedad del término estructuras trascendentales pretendía usar a Kant sin citarlo, pero con eso no se armoniza fe y razón, y ya la sola pretensión de creer que podía unirse el psicologismo de Kant con el conocimiento de la fe revelaba una tenebrosa incapacidad teológica en sus escritos.
En cualquier caso, Rahner desde el punto de vista de aquellos poderes externos de iglesia que él pretendía reformar a futuro, ha triunfado. La iglesia de hoy, al menos la que se publicita, es en el fondo el resultado del pensamiento de Rahner, acogido por una época. Y el pontífice actual no está haciendo otra cosa, para bien o para mal, que dar cuerpo y práctica a todo aquel pensamiento.

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