Arrupe y Francisco (II). La verdad de la gran reforma.

Arrupe y Francisco son epítomes de una compañía de Jesús pseudoreformada, que ha seguido incluso el impensable derrotero de la jefatura de la iglesia católica, a la cual en lógica se le está aplicando la reforma que llueve sobre la reforma del medio siglo anterior, hecha contra el querer de los Papas y suavizada por ellos al ser garantes de la Tradición, no muerta sino bien viva según el querer divino. Porque no se trata de reformar sino de revivificar, mucho más si quienes hacen la reforma son patentes contrarios de la santidad.
Pero dentro de tantas reformas falsas y nocivas, ¿dónde está el quid sustancial, refiriéndonos a la Compañía de Jesús? Porque la Compañía que fue la gran base de la reforma católica, ahora lógicamente en sentido inverso, quiere ser o está siendo convertida en vanguardia del hundimiento católico, y decimos lógicamente porque el enemigo de Dios y del hombre obra siempre por medio de la paradoja, para burlarse de Dios: "destruiré tu obra por medio de los que aparecen como designados por tí mismo para realizarla".
Al no haber escuchado al mismo San Ignacio, que igual que Dios mismo se manifiesta no necesariamente a los electos oficiales, sino a los pequeños profetas, sus obras corren contrarias al magno principio ignaciano "A mayor gloria de Dios". Esto quedará mostrado en diálogos de un alma mística con el propio San Ignacio, alma oculta y a día de hoy fallecida, con quien tenía vínculo especial de protección. Los dos diálogos que ponemos son de 1992:

Primer diálogo (1992):

(Habla con San Ignacio, en cursiva las palabras de este alma):
- (San Ignacio): ¿Crees que mi rostro demuestra alegría? Sólo sé pedir...
(Se arrodilla ante la Stma. Virgen, que sentada en una nube, con el Niño en su pierna izquierda, vestida de blanco, le mira y escucha)
...a Santa María, la Madre de mi Señor, misericordia para los continuadores de la obra que yo comencé con tanto sufrimiento.
(Se lleva la mano derecha al pecho; viste hábito y capa)
- Pongo a Dios y Santa María por testigos de que mi único afán fue dar mayor gloria a Dios, sirviendo a los demás y haciéndoles conocer a Jesús como no le conocían.
Con cuánta pena veo que lo que tanto costó (se refiere a los mártires de la Congregación) los que están y los que continuarán no tendrán ni el espíritu ni la intención que nosotros tuvimos.
- Tú sabes cuánto sufrí.
- Sé un poco...
- Pero sí sabes que todo sufrimiento me parecía bien y todo lo llevaba con la única intención de dar gloria a Dios.
- Eso sí lo sé.
- Contempla.
Con la mano izquierda, que todo el tiempo ha tenido abierta, los dedos hacia abajo, hace un gesto de derecha a izquierda y veo cómo el demonio con figura de hombre va quitando todos los cuadros, especialmente los que hay en el pasillo de Villagarcía[1], por la pared de la derecha, donde están las escaleras.
- ¿Piensas que yo se lo hubiera permitido?
El demonio con figura de hombre se detiene ante el cuadro de San Ignacio y se agacha. San Ignacio le mira con severidad  y aquello se marcha, saliendo por la puerta, como había entrado; sólo queda el cuadro de San Ignacio.
- No sé qué decirte, quizás que los que están no saben que el demonio puede tomar figura humana y por eso no desconfían.
- Pero si ven a Jesús crucificado en el pasillo ¿no dirían que son alucinaciones?
- No sé, supongo que sí.
Veo a Jesús vestido de blanco en una nube por el pasillo y nadie le presta atención.
-¿Comprendes ahora mi pena?
- No sé si te entiendo bien; el demonio pasa y destruye (en cambio) Jesús entra y nadie le presta atención.
-Están tan ocupados en el prójimo que olvidan que a Dios hay que en todo amar y servir.
- No entiendo a no ser que me quieras decir que (están) ocupados atendiendo a la gente.
(Hay una leve interrupción)
-Te escucho...
- Te decía que quizás se ocupan de las cosas humanas y poco de las espirituales.
- No todos y no del todo.
-¿Han decaído en sus oraciones?
 - Un poco.
-¿Los sacerdotes no hacen sus obligaciones de oración?
- No todos y algunos muy deprisa, ya que tienen el tiempo ocupado en atender al prójimo.
- Entiendo, anteponen el amor al prójimo al amor a Dios.
- Así es. El hermano es importante, pero tu centro es y debe ser tu Dios y Señor.
- Yo también lo pienso así, gracias a Dios.
-Yo no me canso de pedir. No os canseis vosotros.
Se cumpla en nosotros según tu palabra, que seamos conscientes de esta Gracia y seamos siempre merecedores de Ella.

Segundo diálogo:

En 1992 durante una visita a Loyola, tras la misa en la capilla del santo, este alma mística tuvo la visión de cómo la casa de los jesuitas en Loyola entraba en ruinas, tras lo cual se produce la enseñanza siguiente del mismo San Ignacio:

(Habla San Ignacio)

La caída del suelo en la Compañía de Jesús significa que desde hace bastantes años se están intentando conseguir cambios de vientos nuevos, sin tener en cuenta el espíritu de los compañeros de Jesús.
La caída del techo es porque desde Roma saldrán nuevas normas para la Congregación, sin tener en cuenta tampoco el espíritu de los compañeros de Jesús.
Si fallan los cimientos, (representados por el suelo), si fallan los principales representantes de los que comenzamos siendo y sintiéndonos compañeros de Jesús, ¿tú crees que el resto del edificio se puede sostener?
- (El instrumento dice:) Sin suelo y sin tejado ningún edificio se sostiene. ¿Por eso siempre siento el suelo temblar bajo mis pies en esta capilla antes de la consagración? Porque después de la consagración ya no lo siento.
-Quieren caminar sin el espíritu nuestro y ser compañeros de Jesús; y si no tienen a Jesús por compañero no son agradables ni a los ojos de Dios Nuestro Señor, ni a los nuestros.
- ¿Qué debemos hacer?
- Orar mucho, pero mucho, mucho, mucho.
- ¿Y qué debemos pedir?
- Que la Compañía de Jesús y sus integrantes y todos sus representantes sean fieles al espíritu de sus fundadores. Te preguntarás ¿por qué digo fundadores? Bien, la respuesta es sencilla: yo comencé, pero fuimos más de uno los que partimos con una misma intención, dar a conocer y amar a Jesús en todo lugar y a toda persona que el mismo Jesús ponía en nuestro camino y sólo los amigos pueden hablar bien de los amigos.
(...)
 Lo que realmente nos apena a todos los fundadores es que esto está sucediendo en todas las congregaciones
- (Instrumento): ¿Qué podemos hacer nosotros?
-¿Acaso cuando nosotros comenzamos éramos cinco?
-Supongo que comenzaríais solos y después se fueron agregando.
-Nunca estuvimos solos; todos teníamos claro que Jesús nos acompañaba.
- No sé qué decirte, San Ignacio.
(...)
-Jesús y Santa María nunca abandonan a quienes creen, aman y confían en Ellos. ¿Vosotros confiáis, amáis y creéis en Jesús y en santa María, su Madre?
- Sí
(San Ignacio sonríe)
-¿Entonces? Adelante.
Veo a San Ignacio vestido con el hábito y capa. Me enseña un libro.
¿Entiendes por qué las hojas del libro están en blanco?
-¿(Es) porque de lo que vosotros escribisteis no va a quedar nada? Me refiero a vuestras reglas y normas.
-Sólo quedan fechas.
- Yo sólo veo fechas en la esquina de las hojas, parece un calendario.
- El tiempo está en vuestras manos.
- Difícil tarea nos pones, San Ignacio.
-Lo difícil se hace fácil cuando el esfuerzo merece la pena, ¿no crees?


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