¿Resistencia a Francisco?

Hay movimiento para generar una resistencia pública al Pontífice Francisco dentro de la Iglesia. Un evento en Roma en junio así parece demostrarlo: "Más de 100 líderes provida y pro-familia de todo el mundo se levantaron para aplaudir de pie en una reunión en Roma, luego de oír un llamado al Papa Francisco para que retirara su tan controversial exhortación apostólica Amoris Laetitia"(Lifenews). Y alguna televisión católica ha declarado ya la voluntad de hacer esta resistencia.
Sin embargo, el problema con el pontífice es mucho más complejo que el de Amoris Letitiae e incluso que cualquier otra progresión heterodoxa que se pueda producir, porque afecta al conjunto de la existencia de la iglesia, no es un problema de preservación de la moral católica, es un problema que afecta a todos y cada uno de los elementos de la existencia católica.
Puede decirse que el modernismo ha triunfado en plenitud en la Iglesia humana, tras mas de un siglo de proceso ascendente. Tras el concilio todo ha sido un coro de lamentaciones -dejando a un lado el júbilo de los triunfadores que han dicho siempre que el Concilio ha hecho justicia- pero ni siquiera Juan Pablo II pudo hacer otra cosa que dar una cobertura a la ortodoxia, por la cual aunque tantas cosas hubieran ido tan mal, al menos parecía que la Iglesia mantenía sana su cabeza y que esto no podría ser de otro modo.
Entonces ahora el cántaro se ha roto y no cabe lamentarse por la leche derramada, porque se ha dejado hacer total e impunemente, habiéndose contemporizado en el mejor de los casos. Bueno, ya vendrán mejores tiempos, se decía, y que al fin y al cabo la cabeza de la iglesia estaría garantizada en su verdad.
Volviendo a la cuestión de la resistencia explícita, pienso que no tiene el menor sentido, ahora los tiempos son de confinamiento de los buenos, más estrecho aún y con mucho más escándalo, pero dentro de un proceso que ya hemos estado padeciendo durante décadas. Ahora se necesita el martirio de los buenos, siempre ha sido así, pero ahora en los últimos tiempos faltaba este tipo de martirio, que es nuevo por completo en la vida milenaria de la Iglesia. Y es un martirio que ha irrumpido junto al de sangre, con la mayor matanza de cristianos en menor lapso de tiempo de toda la historia.
Entonces, hay que ver al pontífice Francisco como un proveedor de este martirio, y no debe reinar la cólera, porque esta no es santa, y entonces lo que debiera ser mérito se convertiría en triunfo de la tentación. Los mártires siempre vieron a sus verdugos como una gracia, una bendición, ellos que conocían el sentido profundo de los hechos, penetrados de providencia.
El actual régimen de finura conculcatoria no es el producto da un solo hombre, sino de una vasta, amplísima generación de falsos reformadores, de generaciones de ellos, cuyo paso no fue interceptado. En su media verdad, sin embargo, utilizan materiales que son verdaderos, igual que las acusaciones del demonio contra nuestra alma son siempre una media verdad. Ellos sirven para purificar de verdaderos pecados, hay que fijarse en cómo tienen un discurso sempiterno de acusación al pasado de la iglesia.
Por ejemplo, el rechazo casi unánime a las manifestaciones divinas explícitas ha sido general en pastores que por otro lado eran celosos guardianes de los intereses de la iglesia, campeones incluso de sus derechos. No puede esperarse que este rechazo no tenga consecuencias, pues en realidad las manifestaciones son necesarias para revitalizar la perpetua inclinación a languidecer que tienen la fe y costumbres cristianas.
Por eso el tiempo presente es un azote y el pastor usa la honda contra sus ovejas, como decía el profeta Zacarías, en lugar de contra el lobo, convirtiéndose en predador él mismo; ya no hacen falta los lobos comunes.
La depuración que no quisieron o supieron hacer tantos prelados -ellos también víctimas- ahora la debe hacer la misma Acción divina, por el medio de dejar que se desate la devastación, y al mismo es suprema tribulación, pues muchos, muchísimos ya no podrán ver porque no querrán ver y la tibieza los conduce a hacer caso de las sibilinas argumentaciones y autoengañarse pensando que la jefatura visible es razón; por el contrario,  quieren mantener un status quo, y ahora se ve que tantos que parecían complacidos con los papas anteriores  y fuera de los radicalismos, ahora se les da nada querer comprender que aquellos papas eran combatidos por el espíritu del mundo y que aquello que este espíritu no combate, y al contrario lo premia y defiende desde sus innumerables terminales, es territorio propio, aunque paciente es siempre Dios, que espera en sus justos tiempos a la maduración de trigo y cizaña. Esto es una criba para todos, los que han creído en la enseñanza de los papas anteriores y ahora aceptan enseñanzas sibilinamente contrarias, reflexionen y elijan campo (si es que no lo tienen ya elegido). Todo ello sin resistencia de organización humana, por más que se levanten voces para esto, porque es el paso del Señor y la justicia y criba deben ser realizadas y la pena de los pobres de corazón, sus amantes verdaderos, es de todo punto necesaria para que se derrame la compasión divina. No resistan programáticamente, dejen la daga, arma enemiga, vivan su pasión, acompañen a su Señor, manso y humilde, cordero llevado a la consumación redentora.

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