El lío de la misericorditis. Avanzando en la Pasión de la iglesia. Sobre Amoris Laetitia.

 La inculturación ha sido idea muy querida en las últimas décadas, parecía referirse a las culturas aborígenes a las que debía adaptarse la iglesia en algunas prácticas, pero ahora tenemos que se aplica a la nueva cultura de occidente surgida de la era de las rupturas, incluida la matrimonial; hay que adaptar la praxis de la iglesia a esta nueva cultura, una nueva inculturación pero en terreno histórico propio.
Casi al principio de la exhortación, Amoris Laetitia, se escribe:

"Recordando que el tiempo es superior al espacio, quiero reafirmar que no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella. Esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa (cf. Jn 16,13), es decir, cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada. Además, en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales, porque «las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general [...] necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado».

Las interpretaciones especializadas llegarán a unos pocos de cierta cultura, pero la que debe hacer el público en general la dictan los medios importantes, que coinciden en una lectura única: "Los divorciados recasados pueden comulgar" (perdón por la humorada).
La exhortación es el fruto de los dos años de sínodo sobre la familia, y es resultado digno de los eminentes espíritus sibilinos que habitan los espacios cultos de la iglesia. Lo que se dice en el 99% de la exhortación es óptimo, pero ¡ay! el demonio está en los detalles, y estos que ocupan un texto en letra pequeña ¡la letra pequeña! postulan el discernimiento entendido como ajuste de los pastores a la casuística, según la conciencia del pastor, según su interpretación (aquella casuística jesuita que tanto dio que hablar en siglos pasados), porque no se quiere dar norma universal, que total ya estaba dada, según dice llanamente el pontífice Bergoglio. En definitiva, el pastor preparado según las nociones de misericordia nuevas, puede abrir las puertas del tesoro eucarístico, con mucho cuidado eso sí. Inculturación a las circunstancias concretas de los divorciados recónyuges, donde el libero arbitrio, la nueva conciencia es la de los guías sacerdotales (que han de practicar la nueva inculturación, que de paso les librará de la persecución y la tirria del gran público). Pero todas estas décadas han demostrado que una gran mayoría de sacerdotes van por libre y son maestros según las concupiscencias, y al igual que los buenos sacerdotes son ministros de fidelidad ellos lo son de infidelidad.
Y qué empeño en ayudar a los divorciados recónyuges a que comulguen tranquilos, lo que se ve por doquier es que al personal le importa un bledo la comunión y demás sacramentos; como diría aquél: tanta misericordia me confunde.
La iglesia de la roca de San Pedro está atada, obispos, sacerdotes, sólo unos pocos levantarán un hilo de voz. Y desde luego los que ocupan puestos oficiales, periodistas eclesiales, cargos de distinta índole -y cada sacerdote ocupa un cargo- no van a ser los que se atrevan a llevar la contraria a la contraria de la Fe.
La Iglesia tuvo su triunfo de Ramos durante el Vaticano II, y enseguida empezó la pasión de la iglesia, durante décadas ha estado atada de manos, impotente para impedir la acción de los lobos y ahora en lógica consecuencia éstos dominan. Lobos con piel de cordero: la piel es ese 98% de contenido bueno de la exhortación, pero la consecuencia final, es el lobo: fin de la noción de pecado, fin de la condenación, falsa misericordia que abra las puertas a todo lo dictado por el mundo como nueva moral, sacrilegio consentido y sustitución del Cristo Dios y Hombre, por el Hombre que se hace dios y que sigue a otro dios que gobierna legiones.
Pero si la Pasión está en curso, hay que verla con ojos espirituales, y acompañar a Cristo en su vía crucis y final crucifixión. Muy duro, pero el triunfo está asegurado y nadie advertido tendría que extrañarse de que éste sea el camino. Frente a la misericorditis, misericordia de la buena, la divina que viene tras el reconocimiento del pecado.



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