El pensamiento Alicia en la iglesia humana

El pensamiento Alicia es un término acuñado por el filósofo español Gustavo Bueno para referirse a un anterior presidente del gobierno que unía frases cándidas y mano de hierro disolvente de los valores existentes.
Pensamiento Alicia puede aplicarse fácilmente a la iglesia humana, aunque no es sólo pensamiento sino también acción. Es una forma de infantilismo que parodia a la verdadera simplicidad evangélica, pero que en cuanto practicada por adultos, laicos o religiosos, no es verdaderamente infantil,sino una provocación en toda regla casi siempre desacralizadora; es una forma de subversión pero no con argumentos sino con tontería e intención reformadora aviesa. Puede incluir muchos formatos como ponerse un gorro de bufón en una liturgia, pero se aplica sobre todo con frases que pretenden ser compasivas, generalizadoras, excluyendo toda precaución y prudencia.
El pensamiento Alicia nació con la retórica política revolucionaria, como un buenismo de rompe y rasga, donde para hacer el bien había que hacer el mal a los malos, definidos no como personas, sino como categorías sociales, como clases.
En inglés un término equivalente al de buenismo es el de "do-gooder", o también "heart bleeded", que es el que propala hacer el bien a unos, oprimidos, pobres, desheredados, etc., sin pensar en las consecuencias, si será peor el remedio que la enfermedad. No existen buenos y malos según las categorías de los 10 mandamientos, sino que los buenos son los depauperados, sea cual sea la causa, y los malos son los demás.
La categoría de pobre en la iglesia se ha convertido por obra del pensamiento Alicia en el maximum sagrado que por supuesto hace caso omiso a las palabras de Jesús, sobre que a "los pobres siempre los tenéis pero a mí no siempre me tendréis". Oponen culto a Dios y caridad, que ya no es caridad, sino reivindicación por los derechos y la igualdad. Una caridad que sólo se entiende como lucha y que con eso dejará de ser caridad, porque ahora será ira pseudopía.
El buenismo de un político y el de un eclesiástico es en el fondo la misma cosa, y con el mismo fin, el primero para disolver la sociedad, el segundo para disolver a la iglesia, siempre invocando impertérritos tener intención benefactora para los marginados, pero usándolos como ariete contra un orden ciertamente imperfecto y pecador, pero que va a tirar al niño con el agua sucia. El buenista político o eclesial esta usando la hipocresía, si fuera benefactor de corazón no pretendería ser heraldo de la beneficencia, pero no, se erige en campeón de los pobres, conquistando la simpatía de las masas, también hipócritas en su aprecio, porque esperan que si es político hará lo de Robin Hood que le quitará a los ricos para dárselo a ellos, y si es eclesiástico tendrán coartada para seguir en sus pecados porque éstos se han declarado cancelados no por arrepentimiento sino porque yo profesional de la fe declaro que no existe el pecado sino sólo fallos siempre explicables, a no ser que se trate de ricos. El buenista eclesiástico estimula el sentimiento de culpa para que le den más dinero, supuestamente para repartir; se unirá con facilidad al buenista político, que busca también socializar el dinero y ser su árbitro distribuidor.
El pensamiento Alicia se ha establecido en la iglesia y se difunde con rapidez, blasona de misericordia, pero es sólo misericordina, una parodia pero no de lo humano sino de lo divino, y ahí se hace todavía más inconsciente, atreverse a burlarse de las cosas de Dios, realmente no saben lo que hacen. El pensamiento Alicia es tambien condición necesaria para hacer carrera eclesiástica, sin él ya se puede despedir desde el mismo seminario de toda aspiración a puestos.
El pensamiento Alicia en la iglesia es mucho peor que en la política, aunque ambos vengan de las mismas fuentes (el rousseaunismo ilustrado), porque subvierte por completo la ciudad de Dios, presentándose como verdadera misericordia de Dios y sólo los que acierten a obedecer a Dios antes que a los hombres podrán evitar ser arrastrados a perdición. El pensamiento Alicia es el hedor más tonto del demonio (al que atribuimos tontamente ser muy listo) inyectado en las personas eclesiales como falsos reformadores.

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