Centro y periferia en la Iglesia. De Congar a hoy.

Yves Congar fue objeto de exilio y de inquisición por el mismo Vaticano. Rehabilitado por Juan XXIII y hecho cardenal por Juan Pablo II. Fue el personaje más influyente en el Concilio Vaticano II junto con Rahner. Su libro "Verdaderas y Falsas reformas de la Iglesia" lo tenía el Papa Juan que lo anotó profusamente en los márgenes, e influyó en su decisión de convocar el concilio.
Pero el concepto que nos ha llamado la atención es el de "periferias" que resuena en el actual pontífice, quien ha invitado precisamente a salir a las periferias. La noción de periferia fue usada por Congar, muy afecto al fenómeno de los curas obreros, seguramente como préstamo de Lenin, quien fue el primero en acuñarla en su análisis sobre el imperialismo y sus periferias, las colonias; Congar hizo traslado de la noción a la dialéctica entre el centro de la iglesia -Roma- y las iglesias de diócesis lejanas, planteando una crítica a su distanciamiento no sólo físico sino moral, con un centro que viviría absorto en sí mismo. Esto le dio problemas con el Vaticano ya que implicaba una crítica a la Curia de Roma y al Papado, aunque no los nombrara directamente. Por eso, en sus mismos inicios la magna reunión en el Vaticano supondría un choque contra la curia, que tenía sus esquemas para el Concilio mientras que los obispos y teólogos de fuera -bien pertrechados de las nociones de Congar- tenían muy claro que no se iban a someter, de hecho los obispos habían sido juzgados con dureza por Congar, acusados de servilismo hacia el centro. Congar no pronunció la palabra marxismo pero era evidente que muchas categorías de la doctrina marxista habían penetrado en sus análisis de teología eclesial.
Para el pontífice actual el término periferia es más concreto, extraído de la realidad latinoamericana, los arrabales míseros de grandes ciudades, como las favelas de Río y las villas en Buenos Aires.
Una cuestión de poder y contrapoder, de racionalismo humano, enfrentó a las diversas jerarquías.
Una vez hecho balance de estas décadas, puede decirse que la mejor visión estaba del lado de quienes apartaron a Congar, por mucho que de éstos pudieran criticarse sus formas, que en efecto los desprestigiaban, lo mismo que a quienes combatieron el modernismo en tiempos de Pío X. Por desgracia, entonces como en todos los tiempos en la iglesia hay muchos mas padrastros que padres, la seguridad y prudencia, necesarias a los pastores que han de tener buena vigilancia del rebaño; y por esas formas precisamente se sirvieron para desprestigiarlos.
Los que quisieron limpiar la Iglesia imprudentemente hicieron una reforma con frutos amargos, con dolor para todos, incluso para los reformadores triunfalistas; pero no dejan de ser instrumentos para la verdadera reforma de la Iglesia que protagoniza el Cielo, que se sirve de ellos. Se cumple pero de modo imprevisto el título del libro básico de Congar, "Verdaderas y Fasas reformas", que haciendo la reforma los hombres la hacen falsa pero Dios usa de sus caminos torcidos para alumbrar una nueva era, en dolor para los elegidos, que asisten a la Pasión, a la Kenosis de la Iglesia, y son ellos mismos carne de esa pasión. Tras el humo de Satanás que pudo percibir Pablo VI, ha continuado la ocupación de la Iglesia de humanidad y ahora la situación de los representantes es muchísimo peor que la del tiempo en que los criticaba Congar. No se ha aprendido la lección de la parábola del trigo y la cizaña, por querer cortar antes de tiempo la cizaña, arrancaron el trigo.

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