Misterios de París nunca señalados


Paris contiene muchos misterios, pero no nos referimos a esos que abundan en los programas de esoterismo, sino a los de verdad, a los que son misterios no porque se oculten a los ojos corporales, sino a los que lo son porque viendo no quieren ver.
Es llamativo el “canje” de iglesias que hay, de un lado está el Panteón, anterior iglesia sede de la patrona de París, Santa Genoveva, desacralizada y hoy ocupada por los “hombres ilustres”, aquellos que desataron la revolución; de otro lado está la iglesia de La Madeleine, mandada construir por Napoleón para gloria suya, con una construcción que reproducía fielmente un templo griego, pero que hoy milagrosamente es templo católico integral; a su vez Los Inválidos es el edificio tipo basílica donde está la tumba de Napoleón y de sus mariscales, que parece por fuera iglesia y por dentro está dedicada de lleno a gloriar a aquel hombre nefasto, con numerosas imágenes enderredor de la tumba, donde aparece como un dios Júpiter con todas sus realizaciones, contiene textos que dentro del estilo panegírico de aquella época muestran una completa parodización de Cristo en la figura de Napoleón, recordando hechos nimios de buena administración para Francia, como la construcción de puentes y reglas de buen sentido jurídico, pero ignorando desde luego que lanzó a los franceses a matar y a ser matados por todas las rutas europeas.
Y ahí está todo ello, como testimonio no sólo de la absoluta necedad de una época, pero también de la ignorancia de los descendientes de esa época que mantienen tal desatino como una gloria nacional.
Respecto al Panteón, es significativo señalar  que, como iniciaban una era nueva en la humanidad, sólo podían ser inhumados allí hombres que hubieran hecho la revolución, con tres excepciones: Descartes, Voltaire y Rousseau, que recibieron tal “honra” de ser enterrados allí porque habían preparado los “tiempos nuevos”, o sea que a su modo eran ciertamente pseudoprofetas de la nueva era iniciada en 1789.
En la foto de arriba, aparece una composición escultórica reveladora, a la izquierda está los hombres que invocan a Atenea, o sea la revolución, con su espada, y a la derecha el efecto de aquella invocación que es la salida del ejército francés a sembrar el terror por Europa, todo para “perfeccionar” a los europeos, cuya sangre era necesaria en el ara del nuevo avatar de Moloch.
Los franceses, como hemos dicho, mantienen por orgullo nacional, los símbolos napoleónicos, olvidando las muertes por cientos de miles si no millones, bien directamente o por las consecuencias de la guerra. Este desatino perpetuador de una infausta memoria, que lo es también para los propios franceses, se repite por todo París. Qué orgullo delirante de que sus soldados hayan dominado países, lo que sería lógico para la torpe mentalidad del pasado llena de ignorancia, pero que se mantenga hoy es insensato por completo, o mejor dicho, revela la típica ceguera voluntaria selectiva para las guerras napoleónicas, que se da no sólo en Francia sino en los países por ella inoculados, y esto ¿por qué? Pues será porque se supone que fueron guerras “bienhechoras”, creadoras de un mundo feliz de las ideas de la ilustración. Pero hay torpeza infinita patente a quien la quiera ver, que es la de cantar sus batallas ganadas en el Arco de Triunfo (mandado levantar cómo no por Napoleón) cuando es patente que Napoleón perdió finalmente, quedó en nada, e incluso tras sus guerras volvió el trono real. ¿Hasta cuándo mantendrán los franceses estos monumentos? Si no quedan ridículos para los franceses llevados de su ceguera de orgullo, lo son ante la historia y ante los millones de turistas que les visitan a nada que piensen un poco. Los turistas suben a la azotea del Arco de Triunfo, pero desde allí sólo ven edificios, cuando toda la verdad se encuentra bajo el Arco.
Por el Arco de Triunfo pasaron los nazis y cinco años después De Gaulle con su ejército victorioso. No entendía el generalísimo francés –tampoco los franceses de hoy por lo que parece- que el Arco era muy propio para los nazis porque eran un poder invasor, pero muy impropio para quienes habían defendido su país. El Arco canta a la agresión, canta a la guerra invasora, no a los que se defienden, que eran los habitantes de las ciudades europeas o españolas que aparecen listadas como trofeos de guerra, Ocaña, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Zaragoza, etc. Napoleón no hizo ninguna gesta noble, no ganó ninguna batalla moral, pero los que se defendieron de él y de sus ejércitos invasores, ellos sí ganaron, con inmenso sufrimiento de martirio, moralmente y ante la historia, ante la memoria de la humanidad de razón y justicia.
Poblaciones españolas nombradas en el Arco de Triunfo de París como trofeos. 
El Arco de Triunfo es en realidad un monumento al martirio de los españoles, una gran lápida funeraria; este es el verdadero sentido del monumento, un misterio en París.  


Actualización a 1-IV-2015

Se ha producido una serie de hechos insólitos en Francia, como es el sobrevuelo de sus centrales nucleares y de zonas emblemáticas del mismo París, incluido el Elíseo, por drones según los medios mainstream, por ovnis según los medios esotéricos, todo sin confirmación gubernamental. La falta de sutileza y simultaneidad de los episodios indicarían que se ha tratado de ejercicios del gobierno simulados de prevención ante ataques terroristas, sin que esto quiera decir que negamos a priori la intervención preternatural.

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