Desolación de la Iglesia y de la mujer

El movimiento Femen tiene una estrategia de acoso a la Iglesia católica -sí, se trata de una nueva forma de persecución- que empezó agrediendo a prelados y hace poco ha sido noticia escabrosa porque dos pobres infelices de ese movimiento se han encadenado semidesnudas al crucifijo de la catedral de La Almudena. El hecho se ha visto reforzado por otro escándalo en una iglesia, en Munitibar país vasco, que no tiene que ver con Femen, pero que es una misma ilustración de la degradación femenina ya convertida en puro sacrilegio, donde fue fotografiada en la iglesia otra mujer encapuchada y atada, también esta vez por voluntad propia.
El hecho más famoso en la historia de algo parecido sucedió durante la revolución francesa cuando puso en el altar de la Virgen de Notre Dame a una prostituta, "adorada" como la diosa razón. Pero en aquel entonces la mujer en cuestión fue puesta allí obligada por los sacrílegos.
Nunca se había alcanzado el punto actual y mucho menos reivindicando el aborto, la matanza de inocentes como un gran derecho. Al atacar a la iglesia en realidad con este acto satánico, donde estas mujeres son marionetas del infierno y no saben lo que hacen, el demonio quiere burlarse de Dios y de la vida humana.
El acto se enmarca dentro del ya manifiesto proceso de persecución que en otros lugares del planeta está produciendo numerosos mártires en medio de la desidia general. Quizá la gente de la iglesia debiera aparcar sus temas de la época de bonanza, críticas al pasado y fomento de lo anticrístico incluido, y empezar a prepararse mejor para todo lo porvenir porque el infierno está desatado y anega como nunca, pero también de manera coherente con todas estas décadas de pavimentarle el camino.

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