Interpretación "misericordiosa" de la comunión

Parece haber despertado muchas alarmas la intervención del cardenal Kasper defendiendo la aceptación a la comunión de los divorciados vueltos a casar ante 150 cardenales, preparando sin duda posiciones ante el próximo Sínodo sobre la familia. El papa Bergoglio elogió el texto dándole el calificativo de resultado de una "teología hecha de rodillas"; varios prelados se han opuesto sin embargo al texto que en conjunto es avalado por el bloque de obispos germanos y centroeuropeos.
Kasper ya se curó en salud en su misma intervención diciendo que no se trataba de "proponer una solución distinta o contraria a las palabras de Jesús. La indisolubilidad de un matrimonio sacramental y la imposibilidad de un nuevo matrimonio durante la vida del otro cónyuge forman parte de la tradición de fe vinculante de la Iglesia, que no puede ser abandonada o disuelta basándose en una comprensión superficial de la misericordia a bajo precio. […] La pregunta es, por tanto, cómo puede corresponder la Iglesia a este binomio indisoluble de fidelidad y misericordia de Dios en su acción pastoral respecto a los divorciados vueltos a casar con rito civil".
Por eso quienes objetan a Kasper como si hablara de disciplina dogmática yerran , porque está esa otra salida de la tolerancia ante hechos consumados.
Pero en definitiva se inclinaba por la aceptación a la comunión de los divorciados vueltos a casar, apelando a varios frentes:
- Ante todo la compasión: esos divorciadados sufren y piden ayuda, quisieran comulgar y no pueden, entre ellos hay padres de niños que van a hacer su primera comunión y qué mal falso ejemplo pueden extraer al ver que sus padres son impedidos a la comunión.
- Apela al "método" del Concilio último, no se tocan las definiciones sagradas, vgr. matrimonio indisoluble, pero se buscan soluciones prácticas inteligentes (pastoral ante hechos consumados).
- Se apela al ejemplo de los ortodoxos, que practican la tolerancia práctica.
- Se apela a padres de la iglesia y al mismo concilio de Nicea que ya en el siglo IV condenaba a los herejes rigoristas novacianos por no aceptar a los casados en segundas nupcias.
- Soluciones de laxitud en los tribunales de nulidad no serían sino salidas en falso, y en todo caso dejarlo todo en manos jurídicas, sin más conocimiento que el documental, sería contrario al humanismo en la iglesia. Estaría además la conciencia de los divorciados de no ser válido su anterior matrimonio por muy diversas causas, el 60% calculado de casamientos canónicos inválidos por falta de preparación y conciencia.
- Y por último, pone condiciones, como es el arrepentimiento del "fracaso" del primer matrimonio, algo fácil de hacer desde luego, porque nadie queda feliz por un fracaso matrimonial.

Se trataría de ejercer misericordia, de que la iglesia imparta misericordia, siendo toda exclusión por razones de verdad ortodoxa en el fondo ajenas esa misericordia. Una misericordia que no ha de entenderse como una iniciativa divina, como la conocida en relación al Corazón de Jesús y a la devoción a la Divina misericordia de santa Faustina Kowalska, sino de la iglesia.
En el plano espiritual se practica uno de los principales sofismas de la argumentación: que si es posible la comunión espiritual entonces no se ve porqué no sería posible la sacramental, diciendo que aquella tampoco podría ser posible en pecado, algo extraño en un teólogo de tal magnitud, pues siempre hemos sabido que por arrepentimiento se nos perdonan los pecados, pero hace falta la absolución sacramental para poder acceder a la comunión no espiritual sólo sino física.
El divorciado vuelto a casar puede solamente acceder a la comunión sacramental una vez se abstiene de la práctica carnal.
Las referencias a prácticas antiguas son ambiguas pues el concilio de Nicea censuraba a los novacianos en cuanto a que rechazaban a la persona vuelta a casar como pecador apestado igual que hacían con los cobardes ante el martirio, la iglesia señalaba que ningún pecado puede tener efectos a perpetuidad hubiera o no arrepentimiento y no trataba de validar nada más.

Resulta extraña tanta insistencia en poder comulgar, cuando un divorciado vuelto a casar puede hoy comulgar sin problemas, pues ningún sacerdote pregunta su estado a nadie; y no hay problemas de conciencia para el divorciado si su subjetividad le dice que el matrimonio anterior fue inválido, entonces ¿por qué la insistencia en una posición pública de la iglesia? Parece más bien que se trata de que la iglesia acepte explícitamente la situación; abierta esta puerta el resto de aceptaciones caería como fruta madura. Por la compasión entra la peste, es un dicho que enseña mucho, y aquí no se trata en realidad de misericordia sino de falsa compasión.






















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