El apostolado o evangelización inflacionaria y sin cabeza

 El activismo es un apostolado inflacionario. Si bien genéricamente su fin es bueno, hacer el bien a los demás, bien física o espiritualmente, lo que lo vuelve negativo es su facilidad en convertirse en un fin en sí mismo.
El criterio del activismo es conseguir más y más resultados, como seguidores de un movimiento o fundaciones, casas, donaciones, etc. Se cree que el cuánto más mejor queda santificado por el objetivo bueno genérico; no dejan de darse cuenta los activistas que  el número esconde baja calidad y pueden procurar filtrar a los aspirantes, pero el rendimiento les ciega.
Su maximalismo es como el de Pedro: Señor, yo daré mi vida por tí; parece razonable, Dios se lo merece todo y hay que dárselo todo, entonces queda justificado todo esfuerzo. El problema se agrava cuando se constituyen movimientos u organizaciones en los que los fundadores o mandos intermedios imprimen la filosofía del rendimiento a todos sus subordinados o a su audiencia proclive, como en el caso de los obispos que hablan al pueblo fiel.
Las precauciones que debe inspirar el pasaje evangélico de Marta y María, con el dictamen de Jesús sobre la mejor parte, quedan fácilmente arrolladas en la práctica por la épica del rendimiento. Las gentes que no aguantan el ritmo quedan en la cuneta y deben arrostrar el peso de la culpa, pues al fin y al cabo han creído a sus organizadores sobre la necesidad de dar todo a Dios.
Un registro de casos nos muestro lo peligroso del activismo y cómo es capaz de acabar con secciones completas de la iglesia, estos ejemplos servirán para aclararlo:

Hay tres figuras que fueron grandes activistas en la iglesia, dos de ellas fueron Guillermo Rovirosa, fundador de la Hermandad obrera de acción católica, Carlo Carretto dirigente de la acción católica italiana, luego contemplativo en los hermanitos de Jessús fundados por Foucauld, y el tercero lo dejaré en el anonimato por no ser tan conocido. Ejemplifican lo que puede ocurrir cuando se hace activismo con la mejor intención, servir al evangelio, pero cuando no se cae en la cuenta de que tanto como los fines también los medios deben estar garantizados por el mandato divino.
Tendemos a pensar en que la acción evangélica debe seguir los principios del rendimiento de la acción productiva humana y no es así. Muchas viudas a punto de morir ha habido en la historia y muchas de ellas en Israel pero sólo fue mandado un profeta a una de ellas, y no era judía, como dijo Jesús, y muchos leprosos había en Israel y le fue mandado profeta a Naamán, sirio y en absoluto persona modelo. Igualmente, muchos discípulos tenía Jesús, y apóstoles, y sólo les fue concedido estar a sus pies a su Madre, a las dos marías, y a San Juan, testigos le fueron personas del todo fuera del grupo, como Longinos. Y más aún, muchos millones de personas vivieron antes de Jesús, y sólo llegó El hace dos mil años.
Rovirosa creó una organización que fue enseguida penetrada por gentes enemigas de la iglesia, que se cubrieron con el evangelio para actuar mejor por la revolución, confundió por completo los términos, como cuando publicó su oración para que Dios le diese cólera, justa por supuesto; por su parte Carretto dejó su actividad hastiado tras muchos años de activismo y gloria de admiradores, y se fue a vivir al desierto, desde donde escribió haciéndose fama de maestro espiritualidad, en su famoso libro Cartas del desierto, pero con enseñanza áspera por no haberse dejado o no haber conocido el magisterio marial, para al final de sus días combatir la enseñanza de la iglesia sobre el divorcio. El personaje anónimo dejó su actividad de dirigente de movimiento católico, para irse a otro desierto, el de una sedicente espiritualidad de las manos vacías, con un misticismo autoreferencial que no se ve en los santos.
La evangelización no debe emprenderse sin ese magisterio marial, sincomprender la escuela de los santos, sin haber pasado tiempo en casa de María, o de lo contrario se pone en peligro el alma y se daña indeciblemente la salvación por la iglesia. La cuestión no es evangelizar simplemente, que es mandato general -desde luego válido faltaría más- sin entender cada uno qué mandato específico tiene, qué camino específico de evangelización es el suyo, y no según el buen tun-tún, sin pies ni cabeza; porque no respondiendo a obediencia todo se vuelve en contra del activista iluso y hace daño irreparable a su alrededor.
Apostolado inflacionario es hacer las cosas sin cabeza, es decir, sin la Cabeza que es María, la absoluta conocedora de los caminos de Dios. A mucha de la llamada nueva evangelización le falta Cabeza, como ha faltado tantas veces, como las reflejadas en los tres ejemplos mencionados.

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