Iglesia católico-sincrética-festiva

Reconozcamos que la expresión "católico" no gusta hoy en la iglesia, se sustituye por "cristiano". Desde luego no hay ninguna incompatibilidad, pero también pueden llamarse cristianos a los de otras confesiones con tal de que reconozcan ligeramente a Cristo. El que usa hoy día la expresión "católico" queda tachado ya incluso dentro de la iglesia como alguien reaccionario.
Pero fuera de la iglesia todo el mundo se refiere a ella como Iglesia católica y a sus miembros como "católicos". Entonces la pregunta es qué se entiende por "católico" hoy en día y resulta ser que es un término clasificatorio nada más para uso de los ajenos a la iglesia o cuando se quiere hacer diferencia de lenguaje con relación a los "otros cristianos".
En la teoría ser católico es sostener todos los principios de fe y obediencia a la jerarquía, en la práctica de los comprometidos o activistas en la iglesia, lo de la fe es muy relativo y la obediencia no es tal sino una aceptación de autoridad jerárquica, que se sostiene hoy, que es aceptada, por medios humanos, en efecto los obispos sólo pueden castigar a algún agresor eclesial sólo si es un particular, si ya es un colectivo amplio el obispo tendrrá que contemporizar y dejar hacer, como lleva ocurriendo desde hace décadas. Desde esa impunidad de los colectivos, se han forzado elecciones en todos los ámbitos de parroquias y diócesis, y notoriamente la enseñanza que se da por doquier no es católica en el plano de los principios de fe, pero eso pasa sin resistencia por los obispos, al menos por la mayoría. Se da el caso de gente enviada y pagada por conferencias episcopales, o sea por todo el colectivo episcopal de un país, a misiones, que enseña a clero y religiosas locales, y que puede atacar cualquier cosa del dogma, eso sí, siempre dentro de una apelación culta proveniente de estudios literarios de la escritura, de psicología de la profundidad, de antropología de los cultos étnicos o del mimetismo de la iglesia con el poder histórico.
Somos católicos en términos de lenguaje formal, pero el establishment es cristiano a secas, y aunque hay vocación de universalidad, es con el subterfugio de tener a los dogmas en el arte y en los documentos históricos, o en el mismo Credo, para en la práctica haber recreado el conjunto de la fe y el entendimiento de la misión de la iglesia según categorías a la carta. La fe es una cosa y la fe práctica, la que se lleva a los eventos, y se difunde, puede ser cualquier cosa. Así la Iglesia hoy es católica, pero no es Una de ningún modo, la iglesia de la fe realmente creída es sincrética por defecto.
Desde esa perspectiva puede comprenderse mejor la llamada nueva evangelización, que no va a ser un empeño unívoco sino que responderá a un englobamiento general de mínimos, con máximo carácter festivo. La nueva evangelización es tan interpretable como lo fue el Concilio, como lo advierten desde los movimientos, nada de restauración: "La interpretación restauracionista de la nueva evangelización pretende reproducir e instaurar de nuevo este régimen de cristiandad; pretende implantar de nuevo viejos modelos de relación entre religión y política, entre Iglesia y sociedad civil, (en cambio) la “Evangelización profético-liberadora”: es la expresión que mejor recoge la interpretación de la nueva evangelización como “alternativa”. Libre de toda nostalgia del pasado, la nueva evangelización así entendida pretende desatar todo el potencial liberador del mensaje cristiano y de la práctica cristiana.(Felicísimo Martínez, O.P.). O sea cada movimiento hará la nueva evangelización que le parezca, porqué queremos engañarnos no reconociendo esta realidad.
 En origen la nueva evangelización responde a la llamada de Juan Pablo II: fue utilizada por primera vez por Juan Pablo II en su discurso a la XIX Asamblea plenaria del Celam, en Haití, marzo de 1983. El programa de una nueva evangelización en sus palabras era:
 “La conmemoración del medio milenio de evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso vuestro como obispos, junto con vuestros presbíteros y fieles; compromiso no de reevangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión”. Sobreentendía el Papa que debería ser nueva sólo en sus formas, pero no podía imaginar -o sí podía pero no iba a anticipar lo negativo- que una nueva categoría de evangelización haría su aparición en escena, que había demostrado su eficacia convocadora en los cultos festivo-protestantes: la iglesia-espectáculo, la iglesia de escenario, el evangelismo gospel. De vuelta el Jesús superstar de los años 70 pero ahora sancionado por la autoridad.

(Flasmob de los obispos en la JMJ de Río, de 2013)

No vale ya pensar en un resturacionismo, no ya a una situación de privilegio social, de la Iglesia, tampoco a una vuelta a la seriedad de la fe. En estas condiciones ¿qué ha de hacerse queriendo ser católico? Pues no huir a buscar una iglesia perfecta, sino mantener la cordura en las estructuras que hay, en el clima que hay, porque las estructuras en apariencia sin grietas previas al Vaticano II estaban ya en realidad muy dañadas por la pompa humana, los respetos humanos, y el rechazo de lleno a la manifestación divina de actualidad, al Dios aceptado sólo en pasado, en teología, en grandeza, pero rechazado cuando adoptaba figura modestísima, igual hoy que ayer, que en el siglo I. Y no hace falta grandes muchedumbres para el obrar divino. En el Calvario, un puñado de fieles era todo lo que Dios necesitaba, ése es el carácter de su siempre nueva evangelización, operada por unos cuantos simples, encogidos exteriormente, pero que de cuyo encogimiento y fidelidad, extrae Dios la salvación a su tiempo.

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