Realismo marial ante la magna crisis de la Iglesia



Ha sido frecuente la referencia a la crisis de la Iglesia, concretándola en los sacerdotes y jerarquías en diversas apariciones marianas, reconocidas o no. Hay pocos mensajes que mencionan la actitud práctica que hay que tener ante esta crisis, la principal de toda la historia de la Iglesia sin duda, toda vez que llevamos décadas inmersos en ella.
No es una crisis en abstracto, de ideas, aunque pueden mencionarse la génesis de muchas ideas, es sobre todo una crisis de los sacerdotes. Hoy día la mayoría de los sacerdotes vivos fueron formados en plena efervescencia del concilio y posconcilio, en facultades eclesiales o seminarios copados por las ideas reformistas. Sólo los sacerdotes marianos puede decirse que han evitado las secuelas de un clima y una mala formación. Sacerdotes tradicionalistas pero no marianos tomaron la determinación de separarse de la iglesia en la convicción de que había caído en herejías. La dureza de cerviz anterior al Concilio no quedó cancelada por éste, ni entre los reformistas ni entre los tradicionalistas, ya que sólo la puede cancelar o restar gravedad la acción consentida de la Virgen María. Es para estos sacerdotes marianos, condenados por integristas en todo caso por la mayoría novadora, para los que es esta enseñanza de la  Virgen, los demás son los "otros". 
La enseñanza se dio al padre Gobbi y quedó escrita en el libro del Movimiento sacerdotal mariano: 

Primero, claridad total en el diagnóstico de la situación
 
¿Ven cuántos de sus hermanos sacerdotes traicionan la Verdad en su empeño de adaptarla a la mentalidad del mundo, movidos por la falsa ilusión de ser mejor comprendidos, más escuchados y más fácilmente seguidos? Ninguna ilusión es más peligrosa que ésta. Anuncien siempre con fidelidad y claridad el evangelio que viven. Su hablar sea “sí, sí, no, no”, lo demás viene del maligno.
Sacerdotes de mi Hijo y ya continuamente le traicionan, sacerdotes llamados a ser ministros de la gracia y ahora viven habitualmente en pecado, su vida es una cadena ininterrumpida de sacrilegios, sacerdotes enviados a anunciar el evangelio de salvación y ahora se han hecho propagadores del error, sacerdotes enviados a salvar muchas almas y cuántas, a cuántas llevan por el camino de la perdición.

Segundo: no hay que huir, con la excusa de buscar un recinto confortable, de segura doctrina, quimérico por otro lado, ya que no hay sitio donde no alcance la pasión humana, sino quedarse en la estructura eclesial, porque: "Es la cruz que hoy Jesús les pide que lleven, vivir junto a sacerdotes que ya no creen, que ya no viven, que traicionan el evangelio, que son siervos infieles y permanecen todavía en la iglesia para ser ministros de esa infidelidad. 

Tercero, qué actitud tener en esta hora gravísima ante los hermanos en el sacerdocio desviados: "Qué deben hacer ustedes, sacerdotes de mi movimiento, ustedes hijos de mi Corazón dolorido para la salvación de todos estos que están tan enfermos y tan necesitados de mi ayuda maternal? Ayúdenlos sin juzgar jamás, ámenlos siempre, no los condenen porque eso no les toda a ustedes, ámenlos con su testimonio, con su sufrimiento, con su ejemplo".

Cuarto, confianza e incluso alegría: no es éste el fin sino el preludio de la gran renovación

 ¡Cuántos dudarán de mi Hijo y de Mí y creerán que éste será el fin para mi Iglesia! Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado, la primera arma que deben emplear es la confianza en Mí, es su más completo abandono. Tienen que vencer la tentación del miedo, del desaliento, de la tristeza. La desconfianza paraliza su actividad, y eso ayuda mucho a mi adversario. Estén serenos, estén alegres. ¡No es éste el fin para mi iglesia, se prepara el comienzo de su total y maravillosa renovación!"

Quinto: Impartir sacramentos, impartir la palabra de Dios, lo demás viene por añadidura. La función del sacerdote no ha de quedar diluida por la convivencia con los hermanos desviados, sino que queda claramente reafirmada en su total esencia, digan lo que digan, enseñen lo que enseñen y sigan a quien sigan:
"A causa de la prevaricación de tantos sacerdotes cuántos hijos míos hoy sufren una verdadera carestía espiritual de la Palabra de Dios. Las verdades más importantes para cada uno de ustedes hoy (que ya no se anuncian): el Paraíso que les espera, la cruz de mi Hijo que les salva, el pecado que hiere el Corazón de Jesús y el mío, el infierno en el que cada día caen innumerables almas, la urgente necesidad de la oración y la penitencia".










 


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