¿Seguidores o perseguidores de Jesús? NeoModernismo

El modernismo ha evolucionado en distintas etapas. Una pregunta es cómo se presenta hoy en la pastoral. El modernismo ya no es detectado, sino que se ha convertido en el nuevo sentido común eclesial o al menos, ningún responsable que no comparta ese sentido se atreve a señalarlo. Y se deja entonces la cuestión en manos de quienes desprestigian la posición no modernista, teniendose por únicos representantes de la ortodoxia de Pío X y que quieren dejar en pie la estética y rol principesco de la jerarquía antigua y se quedan en una extenuante vida de denuncia.
La posición modernista actua en unas zonas con más intensidad que en otras, y no hay ninguna infografía que de momento nos ayude en esa comprensión, pero en las zonas donde tiene una hegemonía prácticamente total, pueden verse rasgos como los siguientes:
- Realiza un proceso como de progresivo cierre patronal, están llevando al sofoco final todo lo que queda de tradición buena. Quieren nuevo estilo de comunidades, quieren justicialismo, con la excusa de la desmitologización presentan un Jesús falso, líder de la compasión, y a la Virgen como una mujer de su tiempo metida en una vida trivial, sin comprender gran cosa de su hijo. Mienten dando una imagen de la historia devocional, como cuando dicen ser necesario abandonar el concepto romántico y divinizado de María, cuando nunca ha sido considerada diosa sino Madre de Dios entre nosotros.
Pecado y novísimos por completo abandonados, y concepción abstracta del mal, el tiempo es decisivo marcando una distancia entre teología buena, la que tiene menos de cincuenta años, a excepción de quienes han sido sus precursores, y la anterior. Al mismo tiempo presentan la utopía de la vuelta a los orígenes, al criptocristianismo, época feliz que la cristiandad constantiniana habría eliminado haciendose imperial.
No buscan confrontación con fieles que no comparten el modernismo, simplemente hacen una pastoral que convirtió a las parroquias en espacio inhabitable para el no modernista, que queda en su soledad, mascando seguramente su frustración. Hacen un sistema donde todo se dirige a la clausura de parroquias, con un grupo de seguidores laicos que aceptan de facto sus sofismas y praxis y se constituyen en guardia pretoriana contra laicos no modernistas. Es una tolerancia aparente donde se evita confrontación, pero que en el fondo no tolera en absoluto.
Los seguidores y clero modernista son ya muy mayores, pero siguen en sus trece como si estuvieran a mediados de los años 60 y 70. No hay renovación porque han desalentado toda renovación, al haberlo convertido todo en un erial de sal que se ha vuelto sosa.
La jerarquía desde luego no interviene prácticamente excepto que haya algún caso estridente, pero estos ya son historia, se predica de manera abstracta en los medios y cartas eclesiales, pero se comparte por defecto el credo y praxis modernistas, al dejar hacer a los modernistas en sus diócesis; siguen haciendo sus eucaristías y funciones sacramentales, pero todo lo adoban de la increencia modernista y de la desviación filantrópica de los fines de la iglesia, y así hasta los sacramentos y eucaristías (sic, porque son misas, sacrificio vivo y no solo acción de gracias) sirven de foro para las últimas estocadas del credo modernista al pueblo.
La Iglesia vive ahora el camino del vía crucis. Dicen seguir a Cristo, pero lo hacen como los que le negaban, que también le seguían. Para ser seguidor de Jesús y no perseguidor es necesaria la humildad, que se ha convertido en mera piel de cordero. En el enfoque de la providencia cumplen esa función de actualizar a la élite contraria a Jesús que aparecía como representante del Dios vivo, únicos con voz autorizada y por tanto contrarios a los profetas si eran verdaderos. Su función quedará en la memoria de la futura iglesia, como ocurrió con la memoria de los arrianos, pero en una dimensión mucho más colosal, y ese recuerdo helado que van a dejar servirá de estímulo para la futura vida de fidelidad en los nuevos tiempos que vienen.

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