Primeros cristianos e iglesia constantiniana

Se promueve la falsa oposición entre una iglesia "auténtica" que sería la de los primeros cristianos, el protocristianismo y la iglesia triunfalista, la iglesia constantiniana, que sería la gran desviación histórica de la iglesia, olvidada de sus orígenes y conectada al poder imperial, del que habría tomado los símbolos y procedimientos.
Esta es una versión actualizada del viejo evangelismo de hace 400 años que removió a la iglesia. Es la misma contraposición y la misma acusación, pero remozada, modernizada. Una falsa oposición, porque el evangelismo pretendiendo quedarse con las esencias de los evangelios procede a podarlos de mil modos, con sus lecturas de género literario, sus interpretaciones sobre lo que es literal y lo que es didajé o recurso didáctico. Y deciden que recurso didáctico es todo aquello inaceptable y maravilloso para una mentalidad materialista, por ejemplo los milagros, la resurrección del Señor -simple experiencia interna de los apóstoles- y también todo lo que exponga la divinidad última del Señor, mera técnica de mitificación. Igual que egipcios y romanos exageraban sus logros en las batallas y los méritos de los gobiernantes, elevándolos a dioses, así habrían hecho los hombres del tiempo constantiniano, elevando a Cristo sobre el Jesús andante.
Por eso se insiste tanto en el Jesús andante, somos seguidores de Jesús, sutilmente nos dicen que hay que aprender a rezar al Dios de Jesús (no al Jesús Dios, finísima sutileza de escolástica), de ahí el término "movimientos" para definir los grupos eclesiales, los "caminos", el que hay que irse por los caminos del mundo. Hay que ir "a la vida", que estaría fuera de los templos, hay que movilizarse.
Como en el evangelismo cuatrisecular, no se trata de mero historicismo, sino de crear una nueva iglesia, pero esta vez una nueva iglesia no ad-extra sino ad-intra, expulsando a la ortodoxia de los puestos de responsabilidad, y generando una pseudoortodoxia, sin otro interés real que el de crear un monopolio de nuevos representantes, de recorrer el mundo, sus periferias, haciendo prosélitos e impidiendo la entrada en los caminos de salvación. Negación de Dios y proclamación del hombre, haciendo el segundo mandamiento el primero, dando el primero por descontado en el segundo. No tanto que asuman ellos la cruz sino que predicando que la lleven los fieles, volviéndolos seres atemorizados, culpabilizados, porque debiendo hacer grandes sacrificios que el Evangelio exigiría, no se hacen y llevando a los que creen su deber cumplir con los sacrificios, pero no son capaces de cumplirlos según las épicas llamadas misioneras y sacrificiales de los jefes, creen que estarían ya condenados.
Es revelador ver que la llamada despectivamente iglesia constantiniana es la promotora del gran Concilio de Nicea que declaró la indivisible esencia de Jesús como Dios y como Hombre, integrándolo al completo y no haciendo selecciones dedivinizadoras como en las proclamas a favor de un protocristianismo que nunca existió como ellos lo interpretan.

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