Comprensión profética. Beatificación mártires 2013

La beatificación de mártires durante la persecución religiosa sobre todo en 1936 es un signo profético y no sólo conmemorativo o de declaración de santidad. Tanto ellos como los anteriores grupos ya beatificados fueron martirizados por tres grupos políticos que existen todavía hoy, y con las mismas siglas, además hay siglas que eran socios de éstos, compuestas de católicos en el País Vasco y Cataluña, que miraban para otro lado. Y nunca se han arrepentido lo más mínimo, claro está porque para arrepentirse debieran renegar antes de sus creencias e intereses actuales. Aunque hayan cambiado sus formas son los herederos confesos y orgullosos de sus padres ideológicos, en este sentido son como los antiguos judíos retratados por los evangelios como hijos de los que mataron a los profetas. Y los herederos de los católicos colaboracionistas no quieren saber nada de los mártires lo mismo que sus antecesores. Y es en las regiones de dominio de los antiguos elementos católicos mezclados con los revolucionarios, donde mayor descristianización se ha producido. Por sus hechos los conoceréis y no por sus palabras, que siguen siendo tan "positivas" como en el pasado. Los martirizados lo fueron por odio a la iglesia y a Dios claro está, y por eso sus asesinatos siguen siendo marginados hoy en día, porque respondían a una gran causa, rendían culto a dios, al dios hombre, claro está. No eran personas de derechas, pero no sólo porque no tuvieran militancia política, sino porque la divisón izquierdas-derechas es falsa, no existen las izquierdas y las derechas, existe la gente normal y quienes combaten a la gente normal. Desde luego que la gente normal puede caer en la actitud del rico epulón que se olvida de sus semejantes, gozando de sus bienes, materiales y espirituales: entonces es cuando Dios deja desatarse al demonio, en forma de exterminadores políticos, para castigar o prevenir a la gente normal de modo que no caiga en la crápula. No se menciona además que los mártires no fueron matados por gente aislada, en su gran mayoría pueblos enteros coreaban los asesinatos, el populacho de los pueblos, igual que hicieron con Jesús en su vía crucis, tenían que andar entre la multitud que se ensañaba con ellos, los injuriaba, los atormentaba en sus encierros. Nadie quiere recordar el pasado de esos pueblos, con habitantes pobres materiales pero no espirituales, que se cebaron sobre pobres inocentes que no hacían sino estar en sus conventos, ayudar a los pobres, dar el pan espiritual. No es extraño que tras ceder el brazo que les reprimía, volvieran las aguas impetuosas a su cauce, y las siglas asesinas volvieran a contar con seguidores en masa y acabaran asesinando la fe en tantas conciencias empezando por los niños. Esto era y es España. Y generaciones siguientes de clero y religiosos abandonaron no sólo su espiritualidad sino que se constituyeron en traidores de sus hermanos en religión. Si todo ha de ser tan diferente tras el Concilio eso no concuerda con la perfección de aquellos mártires, ya que no hay mayor amor que el de dar la vida. Dicen que el pasado era muy deficiente que ahora hemos llegado a una superior conciencia eclesial, pero la máxima conciencia es ésa, dar la vida. Tienen que justificarse no ante interpretaciones conciliares, sino ante los mártires, que si levantaran la cabeza dirían lo que hoy nadie quiere decir, como Nínive, como la reina de Saba, mencionados por el Señor. Ellos fueron mártires de Cristo y no aprobarían de ninguna manera todo lo que se ha hecho y dicho por sus a su vez herederos religiosos. Su beatificación sirve como testimonio contra una gran doblez, porque los beatificamos y se calla la gran mentira de la negación de todo el pasado,en eso se demuestra que no se está al lado de los mártires del pasado, que como resucitados desde luego no son del pasado, sino que se les ha dado todo el poder. En esta actual praxis de fe, no hay cuidado de que los orgullosos de sus padres, asesinos de los profetas se molesten en matar, su verdadera misión es la de arrojar la fe por el desaguadero de la historia sin aspaviento alguno.

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