El genio de la mujer



El "genio de la mujer" es término usado por primera vez en la iglesia por Juan Pablo II en su carta apostólica dirigida a las mujeres y ahora hace eco de ella el papa Francisco dentro de amplísima entrevista para la prensa de los jesuitas en el mundo.
La expresión es de fácil acogida. Con ella se quiere decir por la iglesia, tan acusada hoy de feminofobia, que sí que reconoce no ya las aportaciones comunes de la mujer, sino su valor máximo, su valor genial. Juan Pablo II habló del genio de la mujer en todos los aspectos, ahora el papa Francisco se une a la reivindicación de que la mujer debe tener más poder, estar mucho más presente en los centros de decisión. La iglesia reclama su papel en la promoción de la mujer en el campo del empoderamiento.
La expresión tiene un valor defensivo principalmente, contra quienes la atacan de ser contraria a la mujer, porque ninguna mujer tiene función de gobierno en Roma ni en las diócesis, aunque sí está en los diferentes comités eclesiásticos y en la jefatura de órdenes femeninas y movimientos.
Pero la expresión “genio” tiene un significado muy equívoco. Fue usado principalmente en la ilustración y el romanticismo para expresar la grandeza del hombre emancipado. Sus diferentes matices en la historia del pensamiento son aplicados a sujetos individuales y no a conjuntos, en un plano global se ha aplicado el término al genio de la raza, como se hizo en España (aunque en este caso no como raza étnica sino condición moral).
El genio ha sido el sujeto destacado por su capacidad intelectual, alguien capaz de crear y ser original, con más perspectiva en un campo que sus contemporáneos. Genio es también el que conoce muchas disciplinas de conocimiento y materiales, como por ejemplo Leonardo da Vinci.
En Roma el genio era el espíritu guía o deidad tutelar de una persona, lugar o familia. Es expresión emparentada con la de “genitus”, el proceso por el que se trae a la vida. También con “ingenio” e “ingeniero”, crear en sentido técnico.
Genio tienen las personas con un alto coeficiente intelectual.
Para Hume el genio es igualmente aborrecido por la sociedad común igual que el tonto, ambos son personas desconectadas. Para Kant hay genialidad cuando se tiene capacidad de autoaprendizaje y de llegar por sí mismo al conocimiento que generalmente a otros hay que enseñárselo. Genialidad tiene aquel que no ha precisado de reglas para llegar a producir. Schopenhauer se burlaba del genio como aquel que se cae al barro mientras mira a las estrellas. Para Nietszche como para el idealismo alemán, el genio es sobre todo energía, gran energía, material explosivo.
El término genio era utilizado por la anterior modernidad y ahora los pensadores lo utilizan poco o lo desprecian, se utiliza sólo en plan coloquial.
Pero nunca se ha considerado a toda una categoría de personas como genial solo por formar un grupo. La mujer de un lado las mujeres de otro. Hay mujeres geniales y cuando lo son es en campos de la literatura y de la ciencia, fuera de ahí el término no tiene sentido. No hay genialidad en cualidades generales. Y no existe “la mujer”, hay individuos de sexo femenino.
Los diez mandamientos están puestos para todos, hombres y mujeres. Los pecados capitales no distinguen entre hombres y mujeres. Cada hombre o mujer los vive según una especificidad propia de género. Hay hombres soberbios como hay mujeres soberbias.
En el pasado, la necesidad de la fuerza física determinó la superioridad del varón, como sigue ocurriendo hoy con los animales. Hoy la tecnología ha quitado prioridad a la fuerza física. El dominio en la historia ha sido cuestión de poder de avasallar y el poder decisorio ha sido calificado por el mismo Señor como el de los “grandes”, que someten a sus pueblos, y su práctica será la de someter. Desear que la mujer o mujeres se incorporen a las instancias de dominio público no es hacerles un gran favor, cuando esa instancia es la más peligrosa de todas para la salvación.
Un cambio de sexo en el poder por sí mismo no asegura nada, no hay nada en la femineidad que no pueda ser cambiado en poder perverso, como no hay nada en la masculinidad. Las mujeres ya eran en el fondo reinas, muchas de ellas van así por las calles, como diosas mortales.
Un antiguo monarca español era molestado por sus nobles que sentían una humillación por ver que él, monarca absoluto, obedecía a su madre, es más se apresuraba por saber y cumplir sus deseos. El monarca les respondió que no hay mayor grandeza que en la obediencia, y que pues él no tenía ningún superior posible, su madre era ese superior, que le permitía combinar amor y obediencia.
El uso de expresiones por razón de ser aceptos al mundo, desvía de la misión de predicar el evangelio, se introducen categorías del mundo, lo que está bien y mal al mismo tiempo, es decir, se cae en la ambigüedad; se usan esas categorías para decirle al mundo: la iglesia te ama, acepta todas tus cosas, hasta tus palabras, no estaré echándote siempre en cara las cosas como hice en los últimos cientos de años; quizá hay espíritu de bondad en esto, pero se callan otras verdades de pecado, quizá también en la conciencia de que ya se acabó el tiempo de las condenas fuera cual fuese su justificación. Pero cada ser humano no es un ser histórico, a cada persona que viene al mundo debe serle recordada su condición, porque viene como “nuevo”; hacer planteamientos de base histórica es mera gnosis, como si hubiera un ser humano intemporal y no seres concretos, que llegan siempre sin saber nada del pasado. Si el mundo anterior tuvo sus desviaciones también el mundo moderno, de otro modo.
Hablemos de y a las mujeres concretas sin caer en la gnosis, redimiendo pasados, que además son leídos ideológicamente. Digamosles cómo son hoy engañadas -aunque esto lo ven si quieren- bajo promesas de emancipación, y cómo son usadas para destruir vidas, familias y sociedades, usando artera y demagógicamente vulnerabilidades psíquicas condicionales. ¿Para qué queremos como iglesia no ser atacados, vilipendiados, vivir en paz, ser respetados por el mundo? Eso no vale para nada y es más, si eso sucede entonces la iglesia, la iglesia humana, no cumple su función y es mera colaboradora de la perdición humana, ya sea del varón o de la mujer.

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