Qué fue de Justo Echeguren, vicario cuando lo de Ezquioga

Desde la aparición del libro sobre Ezquioga del antropólogo W. Christian se va conociendo mucho mejor todo lo de Ezquioga, las apariciones que anunciaron la guerra civil en España. Nos fijaremos ahora en una de las figuras clave, don Justo de Echeguren que hizo la primerísima oposición a las apariciones siendo vicario general de la diócesis.
Nació en 1884 y era natural de Amurrio. Siendo vicario general de la diócesis tenía que disponer los asuntos de la misma debido a que el obispo natural, don Mateo Múgica estaba exiliado por la República, a causa de su posición promonárquica. Peor aún, Don Justo fue detenido el 14 de agosto de 1931 al ser sorprendido en la frontera de Irun intentando pasar una serie de documentos que la República estimó "atentatorios a la seguridad del Estado". Se trataba, según lo aclaró Maura, que le tenía vigilado como ministro de Gobernación, de circulares dirigidas a los obispos que debían de ser firmadas por el cardenal Segura, para vender bienes de la Iglesia y poner a salvo el producto obtenido de la venta. El hecho fue calificado de delito de contrabando y defraudación.
Y es poco tiempo después cuando se inician las apariciones en el pueblo de Ezquioga. Justo Echeguren es quien hace las visitas y dispone la posición de la iglesia, deja pasar unos días, y sin duda siguiendo órdenes pero participando también interiormente de las mismas, comienza la lucha contra estas apariciones que despertaron la alarma en el gobierno republicano. Ya estaban las cosas lo bastante graves con la república como para además echarse un caso más encima. La hipótesis más probable es que la rapidez en oponerse a Ezquioga se debió a una decisión política, en este caso de política eclesiástica, aunque por aquel entonces la opinión común no conocía los entresijos de los problemas episcopales a nivel de toda España. Incluso se llevó el caso ante el Congreso de los diputados presentándolo como una conspiración de derechas. Manuel Azaña, siendo Ministro de la Guerra, encargó el 22 de julio de 1931, a Gregorio Marañón realizar, de incógnito, una investigación.
El esfuerzo por desacreditar a los videntes fue demoledor. El boletín de la diócesis publicó la crónica en la prensa de la conferencia de desprestigio del jesuita Laburu. No se centró Justo Echeguren en atacar a los niños videntes, sino en los adultos que aparecieron después. Los informes que llegaron al Vaticano, con la venia del nuncio en España, recibieron el aval oficial en L´Osservatore Romano en 1934; era un tiempo en el que todavía no se practicaba el procedimiento hoy habitual, que es dejar toda la responsabilidad ante la opinión pública al obispo de la diócesis donde se den apariciones, y nunca involucrar a Roma.
Poco después todo se ponía mucho mejor para las dos principales personalidades de la diócesis, el obispo pudo regresar y Justo Echeguren su vicario general fue nombrado obispo de Oviedo. Poco tiempo pudo disfrutar de su ascenso en la jerarquía, o mejor dicho, tuvo que ver como obispo la destrucción de la ciudad; contaba así él mismo la situación desesperada del bombardeo de Oviedo
"Cuando escribimos esta carta entre el estampido de las bombas y el crujir de edificios que se derrumban, están bombardeando, inhumana, fiera y diabólicamente, el Hospital Provincial de Oviedo y los pobrecitos enfermos y acogidos en él, en número considerable tienen que ser evacuados rápidamente para no ser sepultados entre escombros".
Dos videntes de Ezquioga le habían profetizado que moriría prematuramente y así fue, porque haciendo la visita pastoral a la diócesis en 1937 moriría en accidente de tráfico cerca de Luarca. Las pequeñas biografías de don Justo que aparecen en internet excluyen por completo toda mención a él en relación con Ezquioga.
Su obispo don Mateo Múgica, volvería a ser desterrado esta vez por el régimen del nuevo Estado. Aunque pudo volver tuvo que renunciar a toda pretensión de ser obispo en activo, y murió ciego en Zarauz en 1968.
La Virgen de Ezquioga se había presentado con una espada en la mano, la visión fue recibida por la prensa como un absurdo, sin embargo, el contexto de la visión incluía la espada en una mano de la Virgen y el Rosario en la otra, con un significado profético: vosotros elegís, rosario o espada. Evidentement se prefirió la espada desde el momento en que se rechazaron las apariciones y se persiguió a los videntes.
Este fenómeno del castigo se repitió con otros obispos, en la época de las apariciones de Garabandal, lcoalidad cántabra a unos 200 kms, en los años 60. Hay algunas concomitancias en cuanto al destino de los obispos: el primer obispo de Garabandal, monseñor Beitia que rechazó las apariciones murió poco después ciego y teniendole que ser amputadas las piernas por una diabetes; su sucesor monseñor Puchol murió igual que Justo Echeguren en accidente de tráfico, el tercer obispo monseñor Cirarda también era vasco y tuvo que vivir los tiempos de la insubordinación del clero en la diócesis de Bilbao, siendo administrador apostólico, así como tuvo graves enfrentamientos con el gobierno de entonces.
Monseñor del Val tuvo una posición mejor, sin duda porque fue curado de su cáncer al besar un objeto de devoción de Garabandal. Un escritor, Sanchez Ventura, especialista en apariciones y muy católico, puso a Dios por testigo de que monseñor del Val le había dicho que había un acuerdo de los obispos españoles para no reconocer apariciones marianas, sin que conste documentalmente. Sea como fuere, recientemente el arzobispo de Madrid, ha autorizado plenamente el movimiento de las apariciones de El Escorial, aunque restringido a su condición de asociación de fieles y sin pronunciarse sobre vidente y apariciones.
Pilar Ciordia, una de las videntes de Ezquioga, la misma que anunció su muerte temprana a Justo Ecehguren visitando Lourdes años después, se extrañaba de que la Virgen se apareciese de blanco, cuando en Ezquioga lo hacía de negro, no sabía que en otras apariciones (Umbe, El Escorial) también se mostraba de negro, como Virgen Dolorosa, refirió que la Virgen le explicó la razón: era porque en España se rechazaban sus manifestaciones de una forma sin parangón en otros países del mundo. Y en El Escorial, la vidente anunció como mensaje de la Virgen de esa manera comprensible para todos, que si se seguía sin hacerle caso España sufriría una nueva guerra peor que la del pasado.
Respecto de los obispos parece haber sí una política de silencio, ningún eco sobre apariciones en sus palabras y documentos, ni en los medios de comunicación eclesiásticos que excluyen por completo el asunto. En el imaginario episcopal posiblemente domina una visión de la cuestión aparicionista como fuente de enemigos, aunque no se puede generalizar obviamente. Debieran tener en cuenta que la actitud de los representantes de la iglesia es ya tan notoriamente contraria al mundo de las apariciones, que es fuente de escándalo, quizá cada vez mayor, y que ya no se puede tratar el hecho como en el pasado, simplemente marginándolo y con actuaciones que con el tiempo se han ido conociendo dejan en evidencia las actuaciones habidas, destruyendo la credibilidad jerárquica, lo que se une a los otros problemas bien conocidos de escándalos, atizados desde luego exageradamente por los enemigos de la iglesia.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Iglesia constantiniana

Obispo Méndez Arceo: orígenes de la teología de la liberación

El embrión humano no pasa por una etapa de pez