Estrategias evangélicas de la iglesia tras la JMJ de Río




Las palabras de Benedicto XVI en 2012 sobre el tremendo avance pentecostal en Colombia resultan mucho más esclarecedoras ahora, tras la JMJ de Río. Dijo entonces el hoy papa emérito que el problema de la Iglesia en la nueva evangelización era sobre todo de método. El enorme avance de los pentecostales y otros movimientos protestantes en toda Latinoamérica tiene un elemento constante: los fieles de cada movimiento mantienen fuertes lazos entre sí, están hermanados y son como una familia extensa con un credo común. Muy a diferencia del estilo católico clásico, donde cada fiel va por libre sin más participaciones comunes que la misa dominical como mucho. Aunque hay fieles comprometidos son una muy escasa minoría frente a la cual está la inmensa mayoría.
Por eso se cree que la parroquia clásica está en trance de desaparición por extinción. Se busca desesperadamente en la iglesia una alternativa antes de que sea demasiado tarde. Se había pensado con el Vaticano II que todo era cuestión de aire fresco y abrir ventanas, diálogo con el mundo, no se necesitaba que el mundo entrara en la iglesia, sino de tener una imagen nueva ante él, al fin y al cabo, la iglesia dominaba la escena en muchos países. Hoy eso ha sido superado en buena medida, la nueva imagen y el aire fresco no basta, habiendo dominado la figura de los reformistas de la praxis católica, de matriz intelectual. El hombre moderno en el imaginario eclesial era sobre todo el intelectual europeo desdeñoso con la iglesia, pero hoy el hombre y mujer moderno son nuevas generaciones de muy poca formación, con graves problemas de subsistencia, de destrucción familiar, que constituyen millones y que entienden poco de razón y sí mucho de recibir cariño, integración y seguridad de creencias.
Por eso se considera urgente hibridar el modelo familiar afectivo de los protestantes  con la obediencia católica, como modelo de evangelización de masas. Quizá por eso el análisis reciente del Papa sobre los distintos tipos de estupendismo católico, que no pueden ser ya la base estructural de la iglesia, esencialmente misionera: Después, Francisco habló sobre algunas “tentaciones” en contra del ser misioneros. La primera es la “ideologización del mensaje evangélico”, que se presenta en cuatro diferentes modalidades. El “reduccionismo socializante”, una “pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista”.  La “ideologización psicológica”, una tentación elitista, basada en la espiritualidad y en los retiros espirituales, que “termina por resultar una postura inmanente autorreferencial”. Luego, la “propuesta gnóstica”: grupos o élites “con una propuesta de espiritualidad superior, bastante desencarnada”. “Vulgarmente se los denomina “católicos ilustrados”. Y, finalmente, la “propuesta pelagiana”, que se presenta “bajo la forma de restauracionismo”. Ante los males de la Iglesia, “se busca una solución sólo en la disciplina, en la restauración de conductas y formas superadas que, incluso culturalmente, no tienen capacidad significativa”. En América Latina “suele darse en pequeños grupos, en algunas nuevas Congregaciones Religiosas, en tendencias a la “seguridad” doctrinal o disciplinaria”.




Otras dos tentaciones son las del “funcionalismo”, es decir una concepción “que no tolera el misterio” y “va a la eficacia”. “Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia”. La otra tentación, que no solo se encuentra en América Latina, es el “clericalismo”. Se trata, explicó el Papa, de “una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en buena parte del laicado latinoamericano”(Discurso a obispos y sacerdotes).
Quedó claro durante el via crucis y la misa final de Río la estrategia a seguir, que es la hibridación, en el via crucis, el uso de los pasos de la pasión como alegoría, es decir no un cristocentrismo sino antropocentrismo. En la misa se combinó lo sagrado y la festividad sin solución de continuidad, como en el pentecostalismo, disolviéndose la dimensión sacrificial. Será la compasión como principio la que ha de regir la evangelización, los pobres físicos, sin miramientos. Se sigue el mínimo común denominador, dando respuestas según el análisis comunicativo: ¿de qué entienden las ignaras nuevas generaciones que han llegado al mundo? Del sufrimiento físico, eso sí les conmueve, entonces hagamos discurso sobre ello.
La premisa es ya que las nuevas generaciones no entienden de protestantes y católicos, como lo hacemos sus mayores, están sin programar y por tanto quien llegue el primero con el mensaje que puedan entender y llenando el vacío que tienen, los llevará consigo.
Aunque los grupos protestantes hacen intensa propaganda contra la iglesia católica, su “ramera” y los católicos mantenemos el tacto exquisito, siguiendo la política de no condena, dentro del buenismo posconciliar.
La cuestión es si al seguir los métodos del evangelismo no se interiorizará su modelo de fe; esto ya se discutió en los tiempos de la tentación socialista entre los católicos, cuando se discutía si el uso de la praxis marxista podía mantenerse sin que se contaminase la fe, y ya se vio que no, produciéndose la reducción deísta de lo sagrado frente a la praxis de compasión y acción social.
Quienes dirigen la nueva evangelización son los más preparados para ella, los movimientos, focolares, renovación carismática, neocatecumenos, etc. La gran cuestión que no se anticipa es ¿y luego qué? Una vez que se ha hecho la pesca de nuevas generaciones, ¿cómo se les va a mantener? Todos conocemos cómo al entrar en los grupos eclesiales, al principio está muy bien, es el tiempo de las mieles, pero luego pasan los años y entonces se ve la dureza de corazón, es la tentación del fariseísmo y el pragmatismo grupal. Los grupos acaban siendo muy pragmáticos y hacen de sus objetivos el centro de todo, sin parar mientes en las personas.
Hay un ejercicio de inconsciencia en todo esto. Pero es cierto que el catolicismo convencional se ha acomodado en la exclusión de la fraternidad; pero también en el pasado se veía la falta de fraternidad, es un mal de siempre. Sólo los santos tenían capacidad de mover a la caridad y desde luego tenían que pasar siempre por la oposición, sobre todo la de élite.
También se ignora la escuela de María, que se ve en las apariciones: primero la llamada de lo sublime, a todos, fuera cual fuese su estado, el que quisiera podía venir de balde, nunca la compasión simplista como principio, sino la sublimidad. Luego a continuación la persecución, y la marginación; si se habla hoy de los “descartados”, como jóvenes y ancianos, los creyentes en apariciones han pasado siempre por lo mismo, han sido los “ecartés” perpetuos de los últimos tiempos. Se puso sobre todo en evidencia los peligros aparicionistas, la posibilidad de engaño y sobre todo el desprestigio para la estructura eclesial y a menudo los creyentes han quedado en la sensación de no ser iglesia “normal”, sino peor aún, enemigos para los de dentro. Ni qué decir tiene que esta praxis con las apariciones es flagrante hoy día por parte de todos los movimientos, que siguen la escuela del pasado, el deísmo mariológico y para de contar con relación a la Virgen.
Pero en adelante todo está rodado, primero el enrolamiento tras la nueva evangelización, luego la vivencia como sea en los movimientos, y el que sigue buscando podrá llegar a la Virgen auténtica, la que ha guardado silencio hasta ahora y dejado hacer; tras reencontrar a la Virgen y a Jesús, se podrá acceder a los siguientes estadios espirituales, aquellos que ahora en la proclamación neoevangelista habían quedado ocultos. Los católicos más conscientes pueden y deben sumarse a los movimientos, eso sí sin creérselos del todo, porque se han caído las estructuras de los tiempos de unidad; los católicos conscientes dentro de los movimientos pueden ser fermento en la masa, pero siempre habrán de guardar prudencia, y de la conversión al estadio inicial que será enseguida seguido del fariseísmo, tratarán de llevar con la presencia santa que les acompaña, a la verdadera religión, a la nuclear de la casita de Nazaret.

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