El ecumenismo práctico

El movimiento ecuménico fue iniciado en el siglo XX por un conglomerado de iglesias protestantes. Poco a poco ha ido repensando de qué modo podria la Iglesia católica participar en él. Un paso importante que llegaría a todos los fieles fue la semana de oración para la unidad de los cristianos instaurada ya desde Pío X. Las invitaciones a una implicación con el movimiento ecuménico por la iglesia católica fueron recibidas con cortesía pero con suma prudencia por los papas, aunque cn el Vaticano II se produce un salto adelante, institucionalizando el área ecuménica dentro de la organización romana.
Un viejo método que fuera rechazado hace cien años era el de entender que más allá de diferencias doctrinales se puede trabajar codo con codo en la praxis asistencial. Esto se vio como un inicio de relativismo que no prosperó durante el siglo pasado. Sin embargo, un hecho práctico determinó un cambio de rumbo sin proclamaciones oficiales, y éste fue la incorporación de dinámicas evangelistas en grupos oficialmente católicos, de obediencia papal. Se ha dado un reconocimiento de acción simultánea del Espíritu Santo en confesiones protestantes y en católicos, una acción "transversal", que no está probada, pero que muchos importantes representantes eclesiales católicos tienen por cierta; y comoquiera que sea, surgen los movimientos, con estructuras organizativas típicas de agrupaciones protestantes, como es el liderazgo, el proselitismo, el pelagianismo, el escriturismo exclusivista y una espiritualidad de peso moral sacrificial junto con revivals pentecostalistas.
Así aunque las instituciones no se funden, sí se funden las iniciativas sobre masas laicales que se quiere renovadas por el Espíritu tras el Vaticano II, que con la nueva tolerancia aprueban esas iniciativas con tal de que se declaren leales a Roma. Se sienta así las bases para que la misma Iglesia católica abrigue en su seno directrices diferenciadas, modos de entenderlo todo diferentes, algunos precisamente importados del protestantismo. Los obispos y cardenales asumen su vinculación a unos u otros movimientos, que aportan vocaciones, seminarios y fondos económicos. La entrada de "aire fresco" en la iglesia, el abrir las ventanas de Juan XXIII parecía exigir esta flexibilidad, el fin de la vigilancia extrema del rebaño característica desde los tiempos de la reforma y más desde los frentes abiertos en el siglo XIX.
Así, de hecho se ha realizado ya el ecumenismo de familia cristiana eclesial dentro de la iglesia católica, y eso sin formulaciones, ni aparatosas declaraciones. Un principio que fuera rechazado en la controversia sobre las relaciones cristiano marxistas se ha instalado en la práctica, el de que lo importante es el trabajo codo a codo como personas que quieren ayudar a los demás, que ésta es toda la teología que hace falta, pero sin que se exijan declaraciones relativistas: sea usted todo lo fundamental que quiera pero ante todo colaboración en la misión universal del bien humano.
El siguiente paso es el del ecumenismo con todas las confesiones religiosas cualesquiera que sean. Esto se inicio visiblemente con los encuentros de Asís, tan escandalosos para los llamados integristas, pero que lejos de ser sucesos aislados sin consecuencias están entrando en la dinámica de a vida de las iglesias, con la proliferación de oratorios comunes y la cesión de espacios internos para cualquier espiritualidad. Ecumenismo no ya en congresos sino en las iglesias, cediendo espacio a la "religión" sin más.
Esto es lo que hay y ya no se puede volver atrás. El ecumenismo siempre evoluciona radicalmente y no puede no hacerlo, con el tiempo su dinámica es borrar toda especificidad. Una vez introducido ya no se le puede sacar. Caridad para todos, con exclusión de los propios católicos no ecumenistas que sólo tienen una salida falsa: la formación de ... otra iglesia, sin catolicidad, sin papado, sin unidad, dedicada un 80% a rabiar contra Roma, justo como les ha ocurrido a todos los separados, y por tanto no santa iniciativa. La alternativa no es la más feliz, pero ya no hay otra que la de seguir dentro, sufrir dentro y dar testimonio dentro, bajo el mismo techo, entorno, que los espiritualistas de cualquier signo.

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