El futuro de la parroquia

Se ha definido a la parroquia como comunidad de comunidades. Dejará de ser el espacio único sin tendencias que ha sido durante siglos. La experiencia de ocupación de parroquias por grupos con obediencia a sus propias jerarquías parece imponerse. Dejarán de existir los fieles comunes y tendrán que encuadrarse en algún grupo específico, si lo quieren claro está. Los movimientos gestionarán en colusión las parroquias o las agrupaciones pastorales allá donde tengan miembros.
Una ecumene de movimientos por tanto, como ha ocurrido ya con la iglesia en grande, donde los movimientos son fuerzas vivas junto a los no alineados. ¿Será posible en el futuro ser no alineado? Dada la sospecha de heterodoxia de muchos movimientos, significativamente neocatecumanles y carismáticos (reconocer al Papa no equivale sin más a ortodoxia), habrá quienes quieran estar en grupos que se pretendan ser la auténtica iglesia, la que existía antes de los movimientos y de la ecumene.
El Papa Francisco inauguró ya la praxis de una ecumene de reuniones no ya con cristianos no católicos, sino con cualquier representación religiosa, por tanto es seguro que esta praxis se hará mayoritaria y vinculante. Los que reciban escándalo con ello querrán buscar refugio en grupos de legitimidad.
Las parroquias serán ecumenes no ya con otras confesiones cristianas, que tienen pocos fieles, sino con cualesquiera sensibilidades religiosas. Ahora la centralidad católica desaparecerá para beneficiar el humanismo de la no repulsión, la aceptación de los hermanos por encima de sus religiones.
El desafío ahora es cómo tener ortodoxia sin repulsión. Así como en el pasado existía la quinta columna dentro de la iglesia católica (quienes para mejor combatirla se introducían en sus filas), ahora será necesario ser quinta columna invertida dentro de la ecumene heterodoxa, mano de hierro en guante de seda. El católico se verá obligado a convivir de un modo nuevo, sin poder tener espacio propio, en medio de la balsa de aceite en la que quieren convertir la iglesia, pero no ha de huir sino quedarse para ser testimonio y no abandonar el barco católico completamente a manos de los nuevos se-dicentes católicos que se han hecho con su control.
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