Cofradías de La Merced del Norte de España

Las cofradías de la Merced se establecen pocos años después de la guerra civil, formadas por excautivos que en acción de gracias por haber salido liberados, cuando otros muchos habían muerto violentamente, decidieron fundar las cofradías poniendo como patrona a la Virgen de la Merced, por ser esta advocación la que históricamente se ha señalado en la liberación de cautivos cristianos.
Por este origen común vienen celebrando desde hace años los encuentros de hermandad del Norte de España, las cofradías de Bilbao, Santander, Oviedo y también la de El Ferrol.
La historia de la cofradía de la Merced de Bilbao es la que tiene más documentación, también por haber sido más relevantes los hechos originarios.
Los cautivos estaban en número de 2.200 personas en diversos lugares de Bilbao, entre ellos  las prisiones de Larrinaga, Angeles Custodios, Casa Galera, el convento de los franciscanos convertido en prisión y el buque Cabo Quilates. Era la respuesta contra el llamado movimiento nacional que había abortado en Bilbao.

Tomamos esta descripción del escritor Jon Juaristi cuyo padre siendo niño fue testigo de los hechos y que la completa con los datos del libro de 1938 "The Tree of Guernica" de George Sterer:

"El 4 de enero de 1937, nueve Junkers de la Legión Cóndor bombardearon Bilbao. Mi padre, a la sazón un niño de once años, recuerda cómo, después del bombardeo, vio a las turbas —ha usado siempre esta palabra en su relato de los hechos- subir hacia Begoña, donde estaba la cárcel de Bilbao y varios conventos que habían sido habilitados como prisiones. Los hermanos mayores de mi padre combatían en el frente como gudaris. Mi abuela envió a los dos únicos chicos que quedaban en casa, mi padre y su hermano Jon, de trece años, a ver qué pasaba en las cárceles, porque temía por la suerte de uno de sus cuñados, el abogado carlista José María Juaristi, antiguo concejal y diputado a Cortes por Bilbao, encarcelado en el convento de los Ángeles Custodios.
Mi padre volvió a casa espantado de la visión de las turbas, que se habían armado con machetes en los puestos del mercado. Lo que sigue es un resumen de los acontecimientos del 4 de enero. El bombardeo causó tres muertos y tres heridos (más tres tripulantes alemanes de un Junker, derribado por el joven piloto Del Río, as vasco de la aviación republicana). Los directores de las prisiones solicitaron la inmediata protección de las mismas al Gobierno de Euskadi, pero los nacionalistas vascos, mayoritarios en dicho gobierno, se negaron a mandarles fuerzas de la policía autónoma, con el argumento de que su intervención podría desatar una guerra entre el PNV y las izquierdas. Se ofreció un batallón de la UGT para la supuesta defensa de las cárceles que, como primera medida, colocó piquetes de guardia en todos los accesos a las prisiones, con instrucciones de frenar a cualquier cuerpo de policía que tratara de interferir la matanza que preparaban. En Larrínaga, los milicianos de UGT asesinaron a 71 reclusos indefensos, lanzando bombas de mano dentro de las celdas. En la aneja Casa de Galera, los asesinados por los supuestos protectores fueron 33. En el convento de los Ángeles Custodios, entre los milicianos de UGT y las turbas exterminaron a los 96 presos (a la mayoría de ellos, a machetazos). Sólo el convento del Carmelo, defendido por seis guardias armados y por oficiales rebeldes allí recluidos, que utilizaron botellas medio llenas de agua contra los asaltantes, quedó relativamente a salvo del linchamiento (aunque los de UGT consiguieron asesinar a cuatro presos). Cuando todo terminó, Telesforo Monzón, Consejero de Interior del Gobierno de Euskadi, llegó a imponer el orden, al mando de una columna motorizada de la Policía Autónoma". 


Más del diez por ciento de los 2.217 presos custodiados en siete cárceles de Vizcaya, Larrinaga, Ángeles Custodios, Cabo Quilates, Altuna Mendi, Casa Galera, Monte Carmelo y Aránzazu Mendi, fueron exterminados sin piedad, compasión ni respeto a las edades ni jerarquías.

De hecho, la mayor parte de los presos -1.693- eran personas mayores de edad y, por lo tanto, personas sin capacidad ni fuerzas para defenderse y, además, no combatientes, detenidos sólo por su significación política antigua. Los comprendidos entre los 20 y 26 años, es decir, en edad militar, ascendían a 624.
Entre los presos murieron cuatro miembros de la familia Ybarra, entre ellos Fernando Ybarra de la Revilla, marqués de Arriluce y su hijo Fernando Ybarra Oriol, asesinados en el Cabo Quilates. La familia Ybarra perdió durante la guerra a 30 de sus miembros, entre Bilbao y Madrid.
El Correo Español se había fundado el 1 de mayo de 1910 por los hermanos Fernando, Gabriel y Emilio Ybarra y de la Revilla, de plena significación tradicionalista y católica. Hoy sigue siendo propiedad de Emilio Ybarra hijo.

Presos en Bilbao, casi todos murieron en el asalto de las turbas.

Fernando quedó viudo antes de morir, tuvo once hijos, entre ellos Javier Ybarra y Bergé, que sería asesinado por Eta en 1977; todos los hijos estuvieron de una forma u otra vinculados a la protección de la juventud y varios de sus hijos son abogados, el Sr. Gabriel Ybarra Revilla (padre) y el Sr. Montero Ríos redactaron la Ley de Tribunales Tutelares de Menores. A la muerte de su padre en 1951 el hijo Javier Ybarra Berge heredó la Presidencia del Patronato de la Junta de Menores, 14 de los 24 miembros que componían dicha Junta eran Ybarra, por lo tanto podemos decir que dicho Patronato era “una cosa de familia"  tal y como lo describe en su libro Pablo Díaz Morlán, “Los Ybarra: una dinastía de empresarios, 1801-2001”.



También fue Presidente del Tribunal de Menores de Bilbao durante mucho tiempo.

Fue miembro de la Asociación María Madre y el mismo año que lo eligieron para Presidente del Consejo Superior de Protección de Menores, también fue elegido Presidente de la Asociación de María Madre, de la cual Mercedes Herran de Gras era asímismo miembro codo a codo en el trabajo por todos conocido de las adopciones.

Ya existía una tradición familiar muy bonita, cuyo máximo exponente fue la eximia Rafaela de Ybarra, beatificada por Juan Pablo II, fundadora de los Angeles custodios para la protección de las jóvenes echadas al río de la vida, que no ejercía de señora pudiente y donante lejana, sino que dejando su vida de confort trabajaba directamente, siendo capaz de gestos de humildad asombrosos como recibir bofetadas e insultos de las chicas más violentas y conquistándolas arrodillándose a besar sus pies. 

La Cofradía de La Merced, se constituyó en 1943, y sus dos primeros abades fueron de la familia Ybarra: Don Emilio Ybarra y de la Revilla  y luego Don Francisco de Ybarra Gonzalez. Les seguirían el marqués de Monte rico, don Jose Antonio Olabarrieta y el actual hermano abad, don Juan Antonio Arbaiza y Churruca, nieto de don Alfonso Churruca y primo de los banqueros Emilio y Santiago Ybarra. 


Inicialmente era indispensable haber sido cautivo o bien pariente de cautivo para integrar la Cofradía de la Merced y los cofrades lo fueron en número de 160 con hábito y 120 sin él. El director espiritual fue don Benito Marco Gardoqui.
La sede fue dispuesta lógicamente en la iglesia de la Merced de Bilbao junto al convento de las mercedarias. Hacia 1970 dejaron las monjas la ciudad incluido convento y colegio y la iglesia fue secularizada, convirtiéndose en sala de espectáculos de rock y cultura underground, todo un signo de galopante descristianización. Hoy día la cofradía en sus procesiones gira y dirige sus trompetas y tambores desde el puente del Arriaga, haciéndolos sonar como en reclamación permanente.
Las décadas de la descristianización fueron como una marcha en el desierto. Las procesiones parecían pertenecer a una época pasada y estigmatizada, los sacerdotes de la diócesis estaban en otra onda y salvo algunas excepciones no compartían este modo de evangelización, pues no se trataba de otra cosa, recordar a la población que Cristo, su salvación y su cruz siguen presentes, y moviendo los corazones de buena voluntad en las fechas devotas de la semana santa, pero todo eso había dejado de ser comprendido. Realmente fueron los llamados laicos, seglares, los portadores del sensum fidei, los que siguieron contra viento y marea con algo que la iglesia llamada "comprometida" no compartía y sigue sin hacerlo. Una figura sacerdotal destacaba, la del director espiritual durante 30 años, don Javier Mendizábal, fallecido en 2013 a los 76 años; antiguo párroco de la iglesia de San Nicolás de Bari, portador de sotana y obligado a dejar su iglesia en plenas facultades veinte años antes de su muerte, pues en su curriculum tenía además el de ser capellán de los diversos estamentos militares. En los años de plomo él tuvo que oficiar incontables funerales.

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