Renuncia del Papa, futuro de la Iglesia

Pocos días antes de la renuncia el Papa lanzó una paloma desde la ventana de sus apartamentos, pero enseguida fue acosada por una gaviota y la paloma tuvo que refugiarse en la fachada del edificio papal. El hecho quizá puede calificarse como el último intento de la providencia para impedir la marcha del Papa. "No te marches, no es tiempo todavía de volar, tu sitio está aquí".
Ya antes se había querido marchar, siendo el cardenal del Santo oficio, pero Juan Pablo II le dijo las infalibles palabras de Jesús a Pedro: ¿También tú me vas a dejar sólo?". La historia del Papa muestra un hombre asustado ante sus misiones y sólo a gusto en sus estudios y publicaciones académicas.
De joven, siendo teólogo progresista, se atrevió a enmendarle la plana al mismísimo Papa Pío XII, en relación con la encíclica sobre la Iglesia cuerpo místico. Fue objeto de las sospechas del Santo Oficio, junto con todos los demás teólogos avanzados. Pero el Concilio alejó a los opositores, vencidos en los primeros debates, toda la Curia tuvo que echarse atrás. Y después Ratzinger estuvo en la redacción del decreto Ad gentes, lo último que publicó el Concilio.
Marcó distancias con buena parte de los antigos compañeros, cuya deriva iba siendo cada vez más radical. Y formó con otros el núcleo de los teólogos de la aplicación sosegada del Concilio. Se visualizó que el Concilio no podía ser acusado de lo que habían hecho los falsos reformadores. La línea de Ratzinger era la del verdadero Concilio.
Su talla teológica debía ser puesta a la altura de la talla de grado eclesial y se le nombró arzobispo de Munich. Pero lo suyo no era la pastoral. La gente no valora a sus pastores si no tienen don de gentes, como en cualquier otro espacio de mediocridad humana. Y fue llevado a Roma por el Papa Juan Pablo II, al sitio más adecuado: al del departamento de la seguridad doctrinal, que a pesar de tantas críticas haciendo bromas con su origen alemán, llevó con sumo tacto, conforme a su delicada naturaleza y bonhomía, pero eso sí, Ratzinger era el que hacía los papeles con fundamento, con los que luego daba la cara el Papa Juan Pablo II
Las razones dadas por el Papa, sobre su salud e imposibilidad para el gobierno eclesial, son sin duda razones de peso.Ya desde el momento mismo del nombramiento se le vió desencajado y tardó mucho en guardar una compostura animosa en su semblante.
Le ha tocado un papado expuesto a toda la sociedad mediática mundial, a un hombre tan poco dado a la escena. Puso a un hombre fuerte: el cardenal Bertone, al que han atacado hasta la saciedad con todos los medios en contra hombres de la misma iglesia, como la patética figura de Viganó, que al final se han salido con la suya dando la imagen de una miseria interior en la iglesia. Probablemente el Papa sabía que iba a subir el crescendo de la presión. De modo que además de los problemas de salud es muy posible que el Papa haya renunciado para bajar esa presión.
La renuncia del Papa es el triunfo de los enemigos. No vamos a juzgar al Papa. También será que el Papa no ha querido que vuelva a repetirse la penosísima imagen de Juan Pablo II en su último período. Pero queda desmentida al menos en apariencia, ya que no místicamente, la imagen de Pedro la Roca firme. Se ha expuesto el dilema entre el Pastor y el Mártir. No fue de todos modos dilema para Jesús, que sabía de la pastoral que en sí encierra todo martirio. Pero bien, se trata de hombres. La agenda de los Papas hoy día es de todos modos capaz de acabar con cualquiera, debieran disponer un perfil mucho más bajo, sobre todo si el Papa es anciano.
Se abre el peligro de un pontificado que quiera no despertar el cañoneo del enemigo cada madrugada. En la Iglesia humana se ha instalado hace tiempo la heterodoxia, la hibridación entre movimientos, pastores, órdenes. Ha sido un tiempo donde tampoco había que hacer caso de los arrancadores de cizaña precipitados, debía dejarse tiempo antes de la siega y la posterior discriminación. Posiblemente tengamos un Papa dual, ambiguo. En todo caso, el Papa ya no es lo que era, el Papa no va a ser papista; esta visión ha estado también detrás de la renuncia de Benedicto, la separación entre el vicariato místico de Cristo y el gobernante de lo humano. Pero esto que es fácil de hacer para los teólogos no casa bien con la materialidad que exige la simplicidad del pueblo.
Otra influencia es la ausencia de obediencia, hace poco el Papa decía a obispos y cardenales que si no dejaban de herirse mutuamente acabarían devorándose entre sí. Hay una sensación de mensaje, ya lo había indicado años atrás: me iré si no puedo gobernar. La desobediencia ha llegado a su culmen y esto es mortal en el orden divino. Espérense de seguro la didáctica de la providencia en forma de hechos, ante lo peor que puede haber para Dios en la iglesia que es la desobediencia unida cómo no a la falta de amor.
Y para los atentos a un nueva etapa de la iglesia en un orden humano, parece que va a ser decisiva la Conferencia Mundial de obispos, el nuevo gobierno asambleario de la Iglesia, cuyas disposiciones habrán de ejecutar los miembros de la Curia, con los papas que vengan al frente.
La renuncia del Papa lanza dos mensajes diferentes a la misma sociedad mundial: de un lado, el lógico humanitario, igual que cualquiera renuncia por edad y condición física, el Papa como humano también lo hace. Pero el segundo mensaje es que se acabó el valor simbólico del Papa como ser sagrado que es uno con Cristo. Mártires que van a la muerte por la fe seguirán dando ese testimonio de subida a la cruz sin retorno, pero ya no quedará el Papa como figura visible del núcleo sacro de la Iglesia que como su fundador llega hasta el final. Un paso más hacia la plena humanización de la iglesia representante.

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