Parábola de la iglesia para los nuevos tiempos

Esta es una pequeña historia real y simbólica a la vez pero con mucho significado:

Había sido un pueblo que creció gracias a los barrios obreros mezclándose éstos con los campesinos de antiguo. Por más señas su parroquia única estaba dedicada a San Miguel. Había tenido un buen párroco y un coadjutor más inclinado por lo social, algo normal en la evolución de las décadas anteriores. Hasta aquí sin duda nada simbólico, lo que ahora iniciamos: dejó de haber sacerdote y se encomendó a los propios fieles el cuidado de la parroquia, con un sacerdote que venía de tiempo en tiempo, pero sin hacer celebraciones. Los fieles se juntaban en la iglesia pero quedaban por completo dormidos, grotescamente dormidos,  y un día volvió el sacerdote encontrándolos así dormidos. Comenzó a increparles por haberse dormido y echándoles la culpa de todo lo que pasaba.
La explicación de la parábola puede ser ésta: en un sentido, los fieles son las comunidades mínimas que estarán sin sacerdote, en ausencia del cual, de los sacramentos, se abotagarán; los sacerdote vigilarán a lo lejos y actuarán como acusadores, no serán capaces de otro mensaje que el de la increpación, al fin y al cabo ya no son pastores como antes. En otro sentido, la nueva iglesia así formada en tanta precariedad obligados los laicos a vivir sin sacerdotes, se dormirá como lo hicieron los apóstoles en getsemaní, abrumados por la noche y la tristeza de la ausencia del Señor. El volverá en medio de esa noche encontrándolos dormidos. "¿no habeis sido capaces de velar una hora?". Carnalmente tiene toda lógica que prefieran dormirse cansados como están y sin luces, pero en el plano divino ésa es una santa hora como todas y más santa aún porque es la preparación a la pasión del Señor, esta vez en su iglesia, y ya no cabe dormir por más que las luces sacerdotales no brillen ni calienten, aunque sigan existiendo nominalmente.

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