Los Reyes Magos, Tarsis-Tartessos, el libro del Papa

Gran eco producido por el párrafo del Papa que alude a la procedencia de los Reyes Magos desde el actual occidente andaluz. Que sigue al eco producido por la mención a la ausencia de los entrañables burro y buey en el portal de Belén. En ambos casos el tono general es de rechifla generalizada y confusión para los católicos.
Desde aquí no vamos a recomponer las cosas desde luego por la modestia de nuestro alcance, pero sí aportar unas reflexiones al menos para quienes tienen buena voluntad:

La mención del Papa a los Reyes magos como procedentes de Tarsis-Tartesos es en un párrafo aislado, que no permite avalarlo como posición oficial por más que el autor sea el Papa.

El Papa muestra al reproducirla, que ha quedado impresionado por lo que es sólo una tesis que, desde antiguo, hablaba de la coincidencia entre Tarsis y Tartesos, y que a pesar de las palabras del Papa sigue siendo una simple y muy poco probable hipótesis. Al mismo tiempo el Papa, cuando hace referencia a los Magos, se extiende en consideraciones mucho más amplias donde se ve que en realidad cree en su procedencia desde el próximo Oriente: "El astrónomo vienés Konradin Ferrari d’Occhieppo ha mostrado que en la ciudad de Babilonia, centro de la astronomía científica en épocas remotas, aunque ya en declive en la época de Jesús, continuaba existiendo todavía «un pequeño grupo de astrónomos ya en vías de extinción... Hay tablas de terracota con inscripciones en caracteres cuneiformes con cálculos astronómicos... que lo demuestran con seguridad» (p. 27). La conjunción astral de los planetas Júpiter y Saturno en el signo zodiacal de Piscis, que tuvo lugar en los años 7-6 a. C.  –considerado hoy como el verdadero periodo del nacimiento de Jesús– habría sido calculada por los astrónomos babilonios y les habría indicado la tierra de Judá y un recién nacido «rey de los judíos» (Texto del libro Infancia de Jesús, del Papa).

Del texto anterior y del conjunto de libro se deduce que este Papa intelectual cuando hace referencia a los estudios históricos o de especulación histórica, los considera sólo en ese plano; de hecho él aquí no escribe como autoridad dogmática, faltaría más, sino como viejo escriturista y el teólogo que ha sido siempre.



 El conjunto del perfil de los Reyes Magos no autoriza de ningún modo a preferir el actual occidente costero andaluz sobre la clásica procedencia oriental. Para los judíos las riquezas estaban siempre al oriente, los magos eran los babilonios (a los que conocían bien desde la deportación). El perfil más seguro de los magos es incompatible con una procedencia hispana, territorio de periferia entonces.

Pero las consecuencias de las palabras del Papa pueden llegar ser muy negativas dada su imagen de autoridad sacra y teológica: en primer lugar los católicos pueden entender que hay que aceptar que los evangelios tienen una base histórica endeble,que los evangelistas, escritores oficiales de sus comunidades, habrían insertado libremente elementos de las profecías anudándolos con elementos históricos, que los textos son un "posteriori" de la reflexión, para ayudar al nudo esencial de la verdad según la interpretación de la iglesia como continuidad providencial ya anunciada en el antiguo testamento. Pero finalmente no se ve porqué habría que fiarse de la historicidad de los restos, si los evangelistas han sido tan "libres" al escribir. 
Ni tanto ni tan calvo en la lectura sólo "simbolista" de los evangelios. Los pobres buey y mula se ponen en cuestión solo por falta de literalidad, tampoco hay aquí ninguna pretensión del escritor Ratzinger, es sólo darles un poco de razón a los escrituristas de las últimas décadas, sin más, porque a la verdad si Jesús nació en una cuadra, un pesebre, un refugio de animales, no hay ninguna razón para que no hubiera al menos dos de los animales más comunes de la época, el burro y el buey, que no necesitaban ser mencionados por los evangelistas por ser elementos marginales de la historia, como no escribieron nada sobre la disposición de la cuadra, si había edificios al lado, o no, o lo que es más probable, que fuera la zona baja de una casa quizá horadada en la roca o de simple adobe.

De esta historia lo que resulta es una enseñanza para el futuro: el hombre Papa no debe entrar en el terreno pantanoso de las especulaciones materiales por mucho que nos guste a los modernos saber los detalles de todo; los enemigos harán arma arrojadiza de ello, el establishment mediático hará campañas de burla, los contrarios a la legitimidad del postvaticano tendrán nuevo argumento falso contra la ortodoxia papal, los católicos de respeto quedan confundidos y los exegetas abusivos creen tener nuevas patentes para su labor. Y los sencillos quedan más confundidos todavía, pensando en que si esos bonitos y coloridos detalles ya no pueden creerse extenderán la analogía al resto de la enseñanza de la iglesia, que perderá su crédito. Para los sencillos el escándalo es muy fácil, lo que les llega de lo relacionado con la iglesia es el sesgo burlón de los medios.
En mi opinión, aunque puede haber una relación entre el Tarsis de la Biblia y el Tartessos prehispano, es sólo dentro de un desplazamiento linguístico normal para una mentalidad antigua, dentro de lo que sería esta secuencia: las naves de Tarsis se refieren a riquezas venidas de lejos, traidas por los fenicios y convertidas en legendarias, que las venderían en todo el oriente a los más ricos. Los Magos de Oriente tendrían esas riquezas deslumbrantes, el oro, y sus riquezas serían por tanto riquezas de Tarsis, sin necesidad de entender que provengan de allí. Los magos serían en este punto detentadores de una fastuosidad oriental, tradicional en sus tierras para los poderosos. Entonces, las "naves de Tarsis", es decir, su fabuloso botín habría venido con los Reyes Magos, y por tanto los evangelistas no han necesitado poner ningún retoque para hacer una ajuste con los textos del antiguo testamento, lo cual repugna y suena a mitificación desaprensiva como método, que desautorizaría de plano el conjunto evangélico.

Notas históricas: Un trabajo de González Blanco rastrea el origen de la igualdad Tarsis-Tartessos. Según González Blanco, Becano supuso sin base, ya en el siglo XVI, que la Tarsis bíblica era Tartessos; esta tesis fue tanto apoyada, entre otros, por Juan de Pineda y discutida por otros como Gubbio Tomás Bozio . Posteriormente, en el siglo XVII, Bochart recogió en su “Geografía Sagrada” las conclusiones de Becano; que gozaron de una difusión mayor cuando De Huet las presentó en su “Compendio de Antigüedades Sagradas”. Con esta obra, la tesis se popularizó convirtiéndose en certeza sin entrar en controversia hasta bien entrado el siglo XX.
Muchos serán los autores que identificaron e identifican en la actualidad la Tarsis bíblica con Tartessos, aunque, como apunta Gil, en la literatura latina pagana no aparece documentada la identidad de Tarsis con Tartessos (Gil, 1985-1986. p. 422). Muchos contemporáneos a partir de la obra de Schulten (Schulten, 1945), incuestionada hasta bien entrado el siglo XX y basada en premisas ya comentadas. Pero esta identificación no es nada nuevo. No obstante, en un trabajo de Gil (Gil, 1985-1986) podemos observar una cierta “occidentalización” progresiva en las interpretaciones acerca de la localización de la Tarsis bíblica, que comenzará en el siglo XVI cuando Tarsis se va ubicando en Cartago, según Arias Montano (http://historiantes.blogspot.com.es/2008/06/tarsis-y-tartessos.html, web escrita como se ve cuatro años del inicio de la actual polémica)

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