Con el mismo modo de ver de Santa María

Hay una insuficiencia mariana en la acción cristiana, un nudo central que queda como perdido y que conduce esa acción a un alejamiento del querer divino. La formación clásica católica si bien insiste en la importancia de Santa María no consigue elevarse hasta un punto que está incluso por encima de la esclavitud mariana.  Ese punto es el de ver "desde" los ojos de María, no hay verdadera condición misericordiosa sin esa perspectiva. Acciones incluso oradas, con la mejor intención, quedan insuficientes y los movimientos apostólicos degeneran inevitablemente bajo la carga simultánea del halago y la dureza de condición.
Había un arzobispo cuya imagen era pésima entre muchísimos de sus fieles, que habían sufrido mucho pensando que sus acciones eran destructivas para la iglesia, contemporizadoras con los enemigos de la iglesia y que lo veían peor todavía al considerarlo pieza esencial en el decaimiento de todo lo bueno de la iglesia. Sin embargo, nada más morir quedó ante la Virgen, de rodillas ante Ella, llorando, en un ambiente eso sí oscuro que sólo dejaba verlos a ambos, Ella lo levantó y caminando se lo llevó lentamente junto a Sí.
Los grupos eclesiales no evidencian una formación en este mirar de la Virgen, muy a distancia de nuestro modo de mirar. Por eso insisten en el sacrificio como primera virtud, entre todas, y la exigen sin miramientos a la condición personal de cada cual, viendo sin mirada divina, mariana. No ven sino peones productivos y los ponen en el culpismo moral haciéndoles ver que si no se inmolan, por ejemplo yendo a misiones, no llegan a ser cristianos de primera clase. Así pretenden cumplir objetivos sin miramientos, sin consultar a María, suplantándola, presentándose como máxima autoridad de la exigencia, apareciendo sin solución de continuidad con la autoridad divina, de cuyos guiones providenciales permanecen ignorantes voluntarios.
Sin poner nombres, esta mala condición se ha podido ver en un programa de radio mariana, en un movimiento de gran extensión, en un pequeño movimiento apostólico. Cargan sobre los hombros de los seguidores y ellos quizá capaces de llevar grandes pesos no "calculan" con el saber del Cielo sobre cada persona, sólo calculan y propyectan sobre los demás desde su propia capacidad colosal. Sólo la mirada maternal sabe lo que es cada hijo y lo que puede pedírsele. Quien no comprende esto no debiera ser director de otros, si no miran desde los ojos de María no verán sino desde los propios y harán mera prolongación del atormentador de las almas.

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