Urge distinguir el Vaticano II de sus aplicaciones falsarias

 Todavía hoy se invoca el Vaticano II para justificar mucha praxis y fe no católica desde magisterios eclesiales; sacerdotes y laicos que dirigen a los fieles de a pie, campan a sus anchas diciendole a la gente lo que les parece e invocando como suma justificación el Concilio, que de ninguna manera ha dicho lo que ellos dicen.
English: Cardinal Joseph Ratzinger in Rome (Sa...

Urge que el magisterio superior aclare de una vez por todas qué no puede decirse que dijo el Concilio, qué hechos e ideas de hoy en la praxis eclesial no se pueden sostener como dichos por el concilio ni mandados desde él. Y ese esfuerzo tiene que ser tan amplio e insistente como lo ha sido el de los que han llevado a la falsa interpretación del Concilio en textos, púlpitos, reuniones laicales, conciliábulos y formaciones pseudocatólicas. De lo contrario muchas conciencias simples quedarán en manos de quienes establecen una relación inmediata entre Concilio y jerarquía y la disolución de los últimos 40 años. Y siguen escandalizando los que se hicieron con el poder de la interpretación falsa del concilio y todavía la siguen extendiendo.
Si esta aclaración y esfuerzo no se hace es seguro que la ambigüedad actual se transformará en definitiva como eje de una pseudocatolicidad.

Del Informe sulla fide del entonces cardenal Ratzinger y hoy Papa:

“«Descubramos el verdadero Vaticano II» No son, pues, ni el Vaticano II ni sus documentos (huelga casi mencionarlo) los que constituyen problema. En todo caso, a juicio de muchos —y Joseph Ratzinger se encuentra entre estos desde hace tiempo—, el problema estriba en muchas de las interpretaciones que se han dado de aquellos documentos, interpretaciones que habrían conducido a ciertos frutos de la época posconciliar.”

Siendo cardenal, el actual Papa Benedicto secía: «Hay que afirmar sin ambages que una reforma real de la Iglesia presupone un decidido abandono de aquellos caminos equivocados que han conducido a consecuencias indiscutiblemente negativas».
En cierta ocasión escribió: «El cardenal Julius Döpfner decía que la Iglesia del posconcilio es un gran astillero. Pero un espíritu crítico añadía a esto que es un gran astillero donde se ha perdido de vista el proyecto y donde cada uno continúa trabajando a su antojo. El resultado es evidente».
Pero no deja de repetir con la misma claridad que «en sus expresiones oficiales, en sus documentos auténticos, el Vaticano II no puede considerarse responsable de una evolución que —muy al contrario— contradice radicalmente tanto la letra como el espíritu de los Padres conciliares».
Dice: «Estoy convencido de que los males que hemos experimentado en estos veinte años no se deben al Concilio «verdadero», sino al hecho de haberse desatado en el interior de la Iglesia ocultas fuerzas agresivas, centrífugas, irresponsables o simplemente ingenuas, de un optimismo fácil, de un énfasis en la modernidad, que ha confundido el progreso técnico actual con un progreso auténtico e integral. Y, en el exterior, al choque con una revolución cultural: la afirmación en Occidente del estamento medio-superior, de la nueva «burguesía del terciario», con su ideología radicalmente liberal de sello individualista, racionalista y hedonista».
La consigna, la exhortación de Ratzinger a todos los católicos que quieran seguir siendo tales, no es ciertamente un «volver atrás», sino un «volver a los textos auténticos del auténtico Vaticano II». Para él, insiste «defender hoy la verdadera Tradición de la Iglesia significa defender el Concilio. Es también culpa nuestra si de vez en cuando hemos dado ocasión (tanto a la «derecha» como a la «izquierda») de pensar que el Vaticano II representa una «ruptura», un abandono de la Tradición. Muy al contrario, existe una continuidad que no permite ni retornos al pasado ni huidas hacia delante, ni nostalgias anacrónicas ni impaciencias injustificadas. Debemos permanecer fieles al hoy de la Iglesia; no al ayer o al mañana: y este hoy de la Iglesia son los documentos auténticos del Vaticano II. Sin reservas que los cercenen. Y sin arbitrariedades que los desfiguren».
"Lo repito: el católico que con lucidez y, por lo tanto, con sufrimiento, ve los problemas producidos en su Iglesia por las deformaciones del Vaticano II, debe encontrar en este mismo Vaticano II la posibilidad de un nuevo comienzo. El Concilio es suyo"
Informe sobre la Fe, capítulo 2, Joseph Ratzinger

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