Pero ¿qué es de verdad la ortodoxia en estos tiempos de división católica?

La opinión común algo culta entiende que ortodoxia es la verdad estricta sin inclinación alguna. Una opinión propia de cultura teológica. En realidad la ortodoxia no descansa sino en el mandato fundamental de Jesús: "Que os améis los unos a los otros, como Yo os he amado".
Desde aquí se entiende que piensen lo que piensen, hagan lo que hagan deben ser amados y no odiados por cualesquiera palabras o hechos los que entendemos no siguen la ortodoxia en la Iglesia. Helder Cámara, Lefebvre, los miembros de la curia, los que extienden el naturalismo en lugar de la fe, no deben ser odiados, sino amados. La repulsión es el eje de la mayoría de los llamados comprometidos en la fe. Se repudia a los tradicionalistas, éstos a los que los desprecian, los de unos movimientos luchan contra otros (luchaban también en el pasado las órdenes entre sí por los haberes de los devotos, ninguna novedad en esto). No se ve ningún acto de amor inter eclesia, aunque a decir verdad los medios intraeclesiales suelen hacer como que no hay ninguna división, un nirvana muy típico de propaganda que puede verse en cualquier medio laico de ayer y de hoy. Y ya está, no hay división, no hay desamor, somos un modelo.
Si podemos echar de nosotros la repulsión, ver a las personas como el Señor las ve (para eso hay que subir mucho en la convivencia con El) entonces sus palabras y hechos dejan de ser el centro de nuestra percepción sobre ellos. Por eso hay repulsión, porque se aprende muy poco del Señor, aunque tengamos el evangelio en la boca para vestirnos de pulcros de virtud.
Pueden no estar en la verdad según la ortodoxia dogmática o disciplinar, pero no pueden ser objeto de repulsión. Si esto no es así, entonces no amamos, y somos nosotros los que no estamos en la ortodoxia, en la de primera clase, en la del mandato del amor.
El sentido católico de verdad es aquel que es capaz de distinguir la heterodoxia en la doctrina y la praxis, así como todo pecado, pero al mismo está por encima de todo eso, y excusa sin sobreexcusar y comprende sus verdades a medias propias de todo humano. Es llamativo y no se ha señalado con frecuencia que siendo tan malos los romanos, tan evidentemente injustos, opresores y todo eso, Jesús no tiene ninguna palabra programática contra ellos ni hacia personas ni en conjunto, El que había visto como todo judío con qué brutalidad sometían a las gentes y cómo daban soporte a los tiranos que les servían. Sólo hay gestos concretos cuando se acercan a El rogándole y ni siquiera una palabra fuerte hacia Pilatos.

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