Hacia la nueva iglesia tras una futura segunda gran reforma

English: Painting of Saint Peter by Peter Paul...
San Pedro, como santo y papa, por Rubens

Vamos hacia una nueva iglesia, hacia la segunda era de reformas. No será posiblemente con un Concilio Vaticano III, sino una reforma por la vía de los hechos, como ocurrió tras el Vaticano II. Mientras la inmensa mayoría cree que las reformas han tenido su origen inmediato en el Concilio esto no es así, esas reformas ya estaban en marcha primero intelectualmente y ya desde los años 50 materialmente, por ejemplo en Méjico, como hemos visto en el post anterior dedicado al obispo Sergio Mendez Arceo. Aunque los reformistas avanzados crearon la iglesia de la teología de la liberación, en sí una nueva forma de iglesia, igual que lo fuera la luterana, con solo fragmentos de fe deshilachados, pero lo hicieron con todo el ímpetu reformador, avasallador, de lo quieras o no.
Sin planteamientos proféticos, basta ver qué signos hay hoy día que permiten presagiar una nueva iglesia, que ya no quedará como excéntrica como la de los liberacionistas. Buena parte de esos signos lo ofrecen los movimientos eclesiales, todos ellos bien afincados en Roma. A esta nueva iglesia ya no se le escapará el papado, como había ocurrido hasta ahora. Y también existe el modelo futuro de iglesia para los que quieran ortodoxia de viejo cuño, que será el de la simple iglesia cismática, visiblemente fuera del esplendor de la legitimidad.
Las iglesias cismáticas aunque quieren mantener cosas en sí buenas, no se dan cuenta de que formas de prevaricación abundaban en el pasado y la mística sigue siendo malvalorada y sujeto de persecución si aflora fuera del individuo. La mística, mejor dicho, la buena mística, desde luego será sujeto de persecución siempre por tirios y troyanos, porque ella representa el momento en que Dios dice Yo soy y hablo por mí mismo, y me sujeto a la autoridad de mis propios ministros, como lo hizo Jesús, pero hasta un punto de razón divina.
La reforma hará que se inviertan las estructuras, así como en el pasado los heterodoxos estaban infiltrados, para cumplir sus planes desde dentro, ahora ellos quieren ser la ortodoxia oficial. Es un programa con muchos años por detrás en la vida política de los pueblos, donde las ideas disolventes han alcanzado el grado de magna ortodoxia, y ocupado las instituciones. Falta trasladar el esquema a la iglesia católica. Hacer una iglesia católica exnovo, con todos los elementos figurativos y representativos intactos, pero con sus contenidos vaciados. Esto ya lo hicieron las corrientes progresistas durante las décadas pasadas, pero ahora se trata de dar un paso de gigante para lo que es necesario un antipapa, el inicio de una cadena serial nueva, no bastaría un papa legítimo porque de seguro entraría en razón una vez en el trono de San Pedro. Es necesaria una ruptura flagrante en el mismo proceso de elección, que aparezca en todo como legítima, pero que no lo sea en realidad.
Cuando aparecieron los lefebvristas los católicos tenían claro que por mucho que hubiera habido devastaciones seguía en pie el Ubi Petrus Ibi eclesia. Los progresistas tampoco han podido avanzar por la misma razón, por la evidencia de su falta de razón última eclesial. Es el cambio ilegítimo de Papa en el mecanismo sucesorio el que puede hacer que todo se transforme. Si un nuevo-falso Papa dirige la oficialidad entonces todos los católicos se verían forzados a seguirle. Sería un pseudopapa que utilizaría un lenguaje tan refinado que sería inaprensible para un nivel de razón humana e incluso humanoteológica. Una capacidad de lenguaje como tenía el fallecido padre Arrupe, superior general de los jesuitas. Y una capacidad de confusión como la que se dio entre los jesuitas, acostumbrados a la obediencia como máxima sagrada, quedaron divididos entre lo que su conciencia veía y una oficialidad donde no se podía distinguir lo sacral de lo humano. Muchísimos religiosos han experimentado en el pasado esta división interna de conciencia, la completa disonancia cognitiva. Se trata de generar esto mismo en el universo católico.
Cuando eso se produzca muchos entenderán  que la salida es sin más crear iglesias cismáticas, pero nada más erróneo. Las simples iglesias cismáticas se agotarán en luchas internas, como viene ocurriendo desde Lefebvre e irán de escándalo en escándalo. Habrá que vivir en un exilio interior, pero vivir al fin y al cabo, y asumir las imposiciones diplomatiquísimas que vayan a producirse. Y habrá sacerdocio femenino y habrá que formar grupos a lo protestante, y habrá que vivir en tortura de los sentidos. Pero internamente la vida en el Señor y María será mucho más plena, ya que faltarán los elementos de objetividad eclesial que teníamos hasta ahora, y ellos se volcarán con los auténticos católicos. Morirá el cuerpo de la iglesia, en sus sacramentos, en su verdad interna, sumergida en el vacío de formulaciones, eventos, declaraciones convertidas en sal sosa, con frases románticas y grandilocuentes perfectamente asumibles por la gente del siglo. Y esto será premiado por los medios de comunicación y el falso buen sentido dominante.
La propuesta entonces para el nuevo futuro que nos espera es mantener toda la cordura católica (vía alimento espiritual ya que no hay poder de razón humana aquí en cuanto ésta tiene que ser aniquilada también el espacio eclesial) y vivir dentro de la nueva masa. En realidad esto ya está ocurriendo si miramos a fondo a los movimientos y a la entremezcla que hace mucha jerarquía con ellos, en apariencia mantienen cada cual su sitio, pero la hibridación está hecha, incluso los monasterios dividen sus adscripciones según las preferencias de sus miembros por una su otras espiritualidades, no tienen una sola espiritualidad. la del fundador. La nueva iglesia de los movimientos ha de ser la nueva iglesia católica en su oficialidad romana. Incluso si resultara evidente que nos gobierna un futuro pseudopapa hay que seguir dentro, evitar ser expulsados, callar y hacer, y si es sólo posible con la oración, pues con ésta que es imposible acallarla y anularla cuando el que la hace está en su sano juicio católico. Igual que hicieron cuando se infiltraron en la iglesia católica desde hace tanto tiempo, pero ellos para disolver la iglesia y nosotros para mantener el fermento hasta la resurrección de la iglesia, cuando sea. Si nos falta Papa verdadero en la carne, nos quedan San Pedro y los 263 que le sucedieron, Papa Romano, el Papa de Roma.
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