Nueva evangelización, Solsona, obispo Novell

Acogimos todos con mucha simpatía a monseñor Novell, como el obispo más joven de España, para la diócesis de Solsona. Eso sí, como ha ocurrido con otros obispos jóvenes, ha sido recibido con la esperada prevención por los ya ancianos sacerdotes de inspiración liberacionista.
Ha recibido atención en los medios, como hecho divertido, su iniciativa de que las parroquias sirvan un aperitivo eclesial, dada la costumbre típica en España de ir a bares para el aperitivo tras misa mayor. Idea ingeniosa para conseguir que quienes van a misa de domingo hagan relación social en el marco eclesial.
Pero la idea se enmarca dentro de la llamada nueva evangelización, conseguir llegar a las gentes en esta era de dificultad para hacer llegar el mensaje de la iglesia.
La nueva evangelización queda muy bien en los papeles, pero le pasa como al Vaticano II que luego de los papeles a la acción comienzan los problemas, según las interpretaciones que se hagan. No se puede utilizar cualquier método, aunque bien mirado aquí parece haber, más que método, un principio espiritual: el de construir iglesia con métodos humanos, hacer amigos, crear relaciones para luego servir al apostolado. Es lo que hizo monseñor Novell siendo sacerdote joven con otros, formar grupos de jóvenes para que luego ellos ayudaran. Es lo que se ha hecho en España en la iglesia del último siglo: crear movimientos desde planificación humana. Y así llegaron los rigorismos, los grupos instrumentalizadores de los miembros, los grupos con objetivos en el propio grupo, y luego han venido las historias dolientes y los desprestigios.
Una pregunta esencial es ésta: ¿se ha consultado al Cielo? ¿Ha aprobado Dios? Podría parecer que basta que un plan salga de un obispo para que eso sea automáticamente validado por Dios. Sí, y no. Si es idea de iniciativa humana, Dios deja hacer respetando la libertad de sus en principio servidores, pero luego vienen las correcciones, los 40 años de desierto y entonces, ¡ay!, Por mucho que sea con la mejor de las intenciones, aumentar el número de feligreses, no queda validado un plan pastoral.
La formación espiritual recibida en la iglesia durante los últimos cien años no es la mejor para integrar la consulta al Cielo, mejor aún, empezar desde la iniciativa humana, sobre los planes pastorales. Ya sabemos que monseñor Novell será devoto sin duda de la Virgen del Claustre de Solsona, y de que le rezará y de que podrá ser inspirado internamente. pero la Virgen del Claustre es más que una virgen a quien rezar, es puro plan pastoral de iniciativa divina. Hace falta una reprogramación de la iniciativa pastoral desde la voz profética. La voz profética suele ser elegida fuera del marco eclesial, y esto generalmente no es ni entendido ni mucho menos aceptado, y así entonces los planes salen de comisiones y de "buenas ideas". Si las cosas se hacían mal en los tiempos pasados de más estricta espiritualidad, porque ya entonces no se aceptada la iniciativa profética (con numerosos episodios de persecución y marginación de profetas populares), imagínense ahora, por más que monseñor Novell venga de la escuela de restauración del Papa Juan Pablo, de la iglesia de rostro sociable.
El peligro de esta pastoral de nueva evangelización, es la de crear grupos definidos desde sí mismos, por mucho que se invoque titularidad eclesial, grupos de exigencia rigorista para la acción, grupos que instrumentalizan. Y no pueden ser otra cosa, por mucho que salgan de iniciativa episcopal, si no han sido generados proféticamente, si antes de ellos no hay iniciativa divina en sus mediaciones normalmente vía profecías. ¿Cómo se trata a los profetas en Solsona? O bien, ¿resulta extraña incluso esa misma pregunta?. Y las comisiones eclesiásticas y los grupos de estudio pastorales no son automáticamente proféticos, ni siquiera el obispo, aunque tengan función profética, claro está, con respecto al anuncio de Cristo. No se hagan las cosas sin profetas de designación extrajurídica, o se generarán engendros eclesiales, de los cuales ya hemos visto tantos durante estas décadas atrás.
Sé que sonarán extrañas las reflexiones anteriores, pero si ponemos un ejemplo histórico quizá podamos justificarnos mejor: en tiempos de Richelieu, de la Francia católica de Luis XIV, los obispos franceses con el cardenal gobernante al frente diseñaron un plan para volver a poblar los seminarios, en una época ya muy materialista y corrupta, que estaba gestando la revolución. El plan fracasó por completo, por más que podría decirse que respondía a un valor básico querido por Dios: obreros para su mies. Sin embargo, Dios actuó con iniciativa propia, suscitando profetas del calibre de San Juan Eudes, que creó los eudistas, o de la hasta hoy mismo despreciada mística María des Vallées, que lo ayudó eficazmente a crear sus congregaciones femeninas. Un San Juan Eudes que no era profeta por ser sacerdote, que lo era, sino porque todo lo emprendía desde la iniciativa divina. Es ésta la garantía que hace falta y sin ella los planes de captación o restauración generarán formas secularizadas de hacer iglesia.

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