El clima litúrgico durante el concilio Vaticano II


Tomado de Germinans germinabit:

El Clima litúrgico del Concilio

Por Dom Gregori Maria


Serie de artículos en orden de más reciente a más antiguo:


Nacimiento del Novus Ordo

Pablo VI presentando la Constitución Apostólica Missale Romanum el 3 de abril de 1969
Apenas cincuenta días después de la aprobación de la Sacrosanctum Concilium, el 25 de enero de 1964 (jornada final del Octavario para la Unidad de los Cristianos), Pablo VI publica el Motu Proprio "Sacram Liturgiam" que pone en práctica ciertas disposiciones de la Constitución y anuncia la creación de una Comisión especial encargada de poner en aplicación esta Constitución. El 29 de febrero de 1964 el Papa crea el “Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia”; confía sus puestos a los más elementos más avanzados del "Movimiento Litúrgico", en particular la presidencia al cardenal Lercaro y la secretaría al Padre Bugnini, obsesionado con el carácter ecuménico que deberá tener la nueva Misa. Este Consilium va a desposeer de casi todos sus poderes a la Sacra Congregación de Ritos. Pablo VI intervendrá personalmente el 20 de octubre del 64 y el 7 de enero del 65 para sostener al Consilium entonces en conflicto con la Congregación Romana. Apenas obtenido ese apoyo, el 19 de marzo el P. Annibal Bugnini declara en el “Osservatore Romano”: "La oración de la Iglesia no debe ser un motivo de malestar espiritual para nadie. Es preciso apartar toda piedra que pueda constituir hasta la más leve sombra de un riesgo de estorbo o de disgusto para nuestros hermanos separados". A partir de entonces y hasta 1969 va a funcionar como un auténtico tribunal de excepción. Dom Botte nos explica en su libro "Le mouvement liturgique" (p. 156) la organización del Consilium: "El Consilium estaba constituido por dos grupos diferentes. Había en primer lugar una cuarentena de miembros propiamente dichos -la mayoría cardenales u obispos- que tenían voz deliberativa. Luego estaba el grupo de los consultores, encargado de preparar el trabajo. Las sesiones se realizaban la mayoría de las veces en el Palazzo Santa Marta, detrás de la Basílica de San Pedro, en la gran sala de la planta baja" Y, ¿adivináis quién es llamado junto a Monseñor Wagner y Bugnini a ser consultor del episcopado en materia litúrgica? Evidentemente el Padre Adalbert Franquesa, monje montserratino. Varios expertos estaban agrupados y trabajaban juntos bajo la dirección de un relator. Dom Botte fue el encargado de la revisión del primer tomo del Pontifical, y a él le debemos, en gran parte por lo menos, la desaparición de la Prima Tonsura y las Ordenes Menores así como el nuevo Ritual de las Ordenaciones y el nuevo Rito de la Confirmación. Monseñor Wagner, director del Instituto Litúrgico de Tréveris, fue el relator del grupo encargado de la reforma de la Misa cuyos miembros más activos fueron: el profesor Fischer, Mons. Schnitzler, el P. Jungmann, el P. Louis Bouyer, el P. Gy, Dom Vaggagini y Dom Botte. Hasta la promulgación del Novus Ordo Missae en el 69, hubo dos decretos, el “Inter oecumenici” del 64 que entra en vigor el 7 de marzo del 65 y la Instrucción "Tres abhinc annos" del 4 de mayo del 67. Ambos van radicalizando cada vez la transformación. Y llegó el 24 de octubre del 67: el cardenal Lercaro y Annibal Bugnini habían logrado en 3 años poner a punto una nueva Liturgia de la Misa, conforme en todos los puntos a las "desiderata" del Movimiento Litúrgico-ecuménico. Se la bautizó como "Missa Normativa" y fue presentada a los Obispos reunidos en Roma para el Sínodo. Triste mañana de otoño en la Capilla Sixtina. Por una "delicada atención", los productores antes de someter su invento al voto del Sínodo, habían querido ejecutar ante ellos una representación general. Antes de empezar se explicó a los 183 prelados presentes que se tenían que imaginar haciendo el papel de feligreses asistiendo a la Nueva Misa activa, consciente, comunitaria, simplificada. Seis seminaristas harían la schola cantorum, un lector leería las dos lecturas (más la del evangelio reservada al presbítero o diácono).
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Ingreso de Pablo VI en la Basílica Vaticana
El P. Annibal Bugnini se esforzó por celebrar y también pronunció la homilía. La Misa Normativa modificaba (más bien pulverizaba) todo, absolutamente todo : El Confíteor, el Kyrie, el Gloria, el Ofertorio. Pasaba por alto la intercesión de los Santos, el recuerdo de las almas del Purgatorio, todo lo que expresaba la ofrenda personal del sacerdote en cuanto a hombre. Proponía 4 plegarias eucarísticas de recambio (la anáfora II escandalizó incluso a Dom Botte pues en nada se parecía a la Anáfora de Hipólito y Bugnini acabó confeccionándola con él, sentados ambos en un par de horas en una pizzería trasteverina) . Corregía las palabras de la consagración. Y por supuesto, reemplazaba el latín por el idioma nacional. Los Obispos rechazaron esta misa en la votación del 27 de octubre. A la pregunta: "La estructura general de la misa llamada normativa, tal como ha sido descrita en el informe y la respuesta, ¿tiene el acuerdo de los Padres? Resultado: Placet, 71. Non Placet, 43. Placet juxta modum, 62; Abstenciones, 4. El relativo fracaso de la Misa Normativa no desanimó al Consilium. El cardenal Lercaro fue entonces reemplazado por el cardenal Béno Gut (que al decir de Dom Botte "no era una luz"). Entonces Pablo VI pondría su autoridad en la balanza. En efecto el 3 de abril de 1969 el Papa proclamaba la Constitución Apostólica “Missale Romanum” por la cual reformaba el rito de la Misa e introducía con cuña la “Missa normativa” apenas retocada. El 6 de abril, la Sagrada Congregación de Ritos promulgaba el nuevo orden de la Misa (Novus Ordo Missae), con su "Institutio Generalis". El nuevo Misal debía entrar en vigor el 30 de noviembre del 69.
El Consilium podía desaparecer. El 8 de mayo de 1969, Pablo VI, por la Constitución Apostólica "Sacra Rituum Congregatio” sustituyó la antigua Congregación de Ritos por dos nuevas congregaciones denominadas una "Para la causa de los Santos" y la otra "Para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos", heredando esta última las competencias del antiguo dicasterio y absorbiendo al Consilium. El prefecto de la Congregación sería el cardenal Gut y nuestro amigo Bugnini, el secretario (es decir el instrumento ciego de esta reforma).
 

Reconozcámoslo: una misa así no es una excepción, porque aunque no es la norma, es de lo más normal
No concelebran tres pipiolos en un lugar recóndito: es el Cardenal Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe junto al Cardenal Mahoney, Arzobispo de Los Angeles y su auxiliar Mons. Salazar

Capítulo 27: La batalla final y los últimos preparativos

Última Misa del P. Pío el 20 de septiembre de 1968
En 1960 se conocieron los proyectos de Juan XXIII sobre la liturgia reflejados en el Decreto "Rubricarum Instructum" del 25 de julio de 1960: ese decreto, que disponía una reforma de detalle, apuntaba a una reforma de fondo. La discusión de los principios fundamentales concernientes a la reforma litúrgica, lo hemos visto durante este año y a través de la mirada de Martín Descalzo, será confiada a los padres del Concilio. Faltaban pocos meses para la apertura del Concilio, habrá que actuar con rapidez. Los reformadores acrecentaron su actividad y publicaciones. El neo-liturgo será Dom Adrien Nocent, monje benedictino de Maredsous, nacido en 1913, ex-alumno del Instituto de Liturgia de Paris, nombrado en 1961 profesor en el Pontificio Instituto de Liturgia de San Anselmo en Roma. En esta venerable Universidad fundada por León XIII, donde Dom Lambert Beauduin había enseñado, Dom Nocent preparaba el asalto. Su obra "El porvenir de la liturgia" (L´avenir de la liturgie. Ed. Universitaires 1961) fue publicada ese mismo año con el imprimatur de Mons. Suenens. He aquí un extracto de la introducción, con una caricatura del buen fiel y una descripción llena de caridad del católico progresista, y por fin el trazado exacto de la vía media que tomará el Concilio (sólo en una primera etapa que abrirá la puerta a reformas ulteriores). Mirad lo que decía:
1º No todos los católicos vibran a la espera de un Concilio donde se planteen cuestiones litúrgicas.
2º Hay inmovilistas que se preguntan por qué razón hay que modificar usos antiguos en los que degustan una "maniaca y cómoda satisfacción" y de los que creen sacar provecho espiritual.
3ª Hay en oposición a este inmovilismo, una actitud demasiado impaciente que ama el cambio por él mismo, como manifestación de suprema vitalidad. A veces hay que perdonar su violencia y explicarla por una “atormentadora angustia pastoral” (sic)
4º Declara entonces Dom Nocent que " paralelamente a los problemas ecuménicos, se sabe que en el orden del día del Concilio está inscrita una revisión de la liturgia y que unas comisiones se han puesto a trabajar. El papel del Concilio será como “tomar resoluciones firmes, dar impulso a tal orientación precisa en tal búsqueda de adaptación y cortar el camino a tal tendencia, legítima pero tal vez reconocida como inoportuna”.
Me perdonareis el extracto resumido de la introducción a su texto, pero ahí está contenido todo el plan, con dos años de antelación: la oposición tradicionalista es todavía demasiado fuerte en esa época para que se pueda pensar en un trastocamiento violento de la liturgia, será preciso contentarse en un primer tiempo con principios de reforma aceptables para la tendencia conservadora para confiar luego la aplicación de estos principios a representantes de la tendencia progresista innovadora.
Adrien Nocent sabe bien que el Concilio no podrá aceptar de golpe una nueva liturgia para la Iglesia, pero sabe bien que esta nueva liturgia (en la cual ha trabajado) serña promulgada más tarde en nombre del Concilio. Es por eso que toda la continuación de ese texto trata de la liturgia del porvenir. En 1961 la nueva liturgia está concebida en la mente y los escritos de Dom Nocent, es considerada aún inoportuna en 1963 y promulgada finalmente en 1969.
El profesor de San Anselmo afirma primeramente el principio y fundamento de la nueva liturgia. Veámoslo:
"Una gran variedad de celebración sería pues permitida alrededor de un núcleo central siempre respetado y que sería celebrado solo en los días simples" Esa teoría es la que después recogerán en la Introducción a las Nuevas Normas de la Misa, texto publicado por la B.A.C. en 1969, los autores de la presentación al Nuevo Misal para los fieles de lengua española (Martín Patino, Pardo, Iniesta y Farnés)
El altar debe de estar de cara al pueblo, sin mantel fuera de las celebraciones, las oraciones de preparación deben de ser simplificadas, las lecturas multiplicadas, la oración universal restaurada. El ofertorio (después del Credo únicamente recitado el domingo) está muy acortado. El celebrante no ha de elevar sino las hostias en silencio. El cáliz colocado a la derecha de la hostia, la palia facultativa, la incensación rápida. El lavabo no se realiza a menos que el celebrante tenga las manos sucias, "hay que evitar ese simbolismo fácil y sin más interés" (sic). La patena que no se oculte bajo el corporal, permanezca sobre él, el Orate Frates en voz alta, la secreta en alta voz. El Canon despojado de toda plegaria de intercesión, de los Per Christum Dominum Nostrum, menos señales de la cruz y menos genuflexiones, Canon en voz alta y lengua vernácula, Padrenuestro recitado por todos, apretones de mano en el Agnus Dei, durante el cual tiene lugar la fracción de la Hostia. La comunión bajo las dos especies, de pie y en la mano. Bendición. Ite Missa est y supresión del ultimo Evangelio y de las oraciones de León XIII.
Nuestro reformador pasa después revista a todos los demás sacramentos y propone reformas que sería demasiado largo repetir aquí, pero que son en sustancia la reforma del ritual de los sacramentos que hemos visto en los años 70.
En 1961, Dom Adrien Nocent conocía perfectamente el plan de la Reforma Litúrgica: el Concilio va a hacer un esquema tal que abra la puerta a los innovadores y parezca cerrarla a los ultrarreformistas, pero solamente por un tiempo. El plan se desarrollará así:
-Tendencia reformista moderada (reforma de 1964: uso de la lengua vulgar en todos los ritos salvo el prefacio y el canon de la Misa, el salmo "Judica me" y las oraciones después de la Misa desaparecen, modificación de muchas rubricas, y poderes litúrgicos confiados a las Conferencias Episcopales). Entró en vigor el 7 de marzo del 65
-Acento progresivo y radical de la tendencia (Decreto "Tres abhinc Annos” del 4 de mayo de 1967, que autoriza la recitación del canon de la Misa y el prefacio en lengua vulgar.
Pero eso no bastaba a los innovadores, la Liturgia Romana codificada por San Gregorio Magno y canonizada en la Bula "Quo Primum Tempore" de San Pio V, incluso mutilada y reformada como nos quedó en el 67, seguía siendo la Misa Católica Romana Tradicional y, por lo tanto, un obstáculo para el ecumenismo, para ese cristianismo universal tan deseado. Había que ceder el paso y por fin dar lugar a los ultrarreformistas.
En el próximo capítulo veremos como las singulares características de la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Liturgia y la creación el 29 de febrero del 64 del "Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia" bajo la presidencia del Cardenal Lercaro y la secretaría de Bugnini va a desembocar en la Reforma del 69 y cómo esta va a ser el puerto desde donde partirá y se difundirá el colapso litúrgico actual de buena parte de la Iglesia.

Síntesis de un lector acabando el presente estudio (19/06/2010)

Apreciado Dom Gregori Maria:
Conocí a Martin Descalzo en Alemania siendo yo joven, casi un adolescente. Del grupo de Cabodevilla, Javierre et alii. Leí cosas de todos ellos de una gran espiritualidad y formas entonces relativamente innovadoras de expresión. Eran personas muy vivas y enamoradas de la Iglesia. Pero nunca tuve la impresión de que conociesen el mundo en el que se debatían. Ni las conexiones subrepticias que se dan entre lo uno y lo otro. La nueva Liturgia pudo ser recibida en un primer momento con optimismo por lo novedoso de la misma. Pero pronto la realidad se imponía, y el mismo clero, tan optimista, reaccionaba en espantada. A la vez que los fieles irían atemperando su práctica - sin prisas pero sin pausa. La nueva Liturgia y la crisis sacerdotal iban estrechamente unidas. No soy clérigo, pero por azares de la vida me encontré haciendo una tesis doctoral sobre la Sociología de la Religión de Max Weber con un Profesor de la Facultad de Teología Católica de Múnster . Desde mi posición como doctorando de esa Universidad alemana a mediados de lose 60', cuya Facultad de Teología Católica era probablemente la más importante entonces (Rahner, Kasper, Metz, Ratzinger, etc.), llena de clérigos y seminaristas procedentes en su mayoría de Roma, un buen número de ellos españoles, lo que puedo testificar es el fenómeno de una estampida, a modo de una “deshabillé” de hábitos y sotanas - que por lo demás no ha cesado - y que hacían buenos los análisis del entonces famoso filósofo polaco, Leszek Kolakowski, en su "Metafísica del strip-tease".
Capilla evangélica en Alemania
Capilla católica en Alemania
Por supuesto que fue una "protestantización" de la Liturgia Católica.
Y no sólo. Y que como dice el dicho: la gente acaba quedándose con el original y dando de lado a la copia. El problema: los complejos del clero y su formación. Al menos en aquellos tiempos. Lo grave ahora no es la pederastia. Esto no es un pecado-del-clero. Es una perversión, un comportamiento desviado de la sociedad a la que pertenece obviamente el clero. Benedicto XVI lo ha condenado ya hasta la saciedad, perseverar en ello es caer en una trampa. Y hacer objetivamente el juego a los que quieren seguir profundizando en el alejamiento de los fieles y del clero de la práctica sacramental. Cuyo origen está en el Vaticano II.
Estimado Dom Gregori: A veces no sé si entiendo a dónde va. Le veo como Penélope hacia delante y hacia atrás. Parece como si temiese Vd. a las consecuencias de su propio texto - enredado en el hilo de Ariadna de Martín Descalzo. Con todo lo encuentro fascinante. Aunque temo desilusionarme al final. Tengo nostalgia de la vieja liturgia. Creo simplemente que la nueva ha sido un tremendo error. El terrible error, casi demoníaco, del nuevo mester de clerecia por dejar de ser. ¿Hay algo de pecado profundo en el Vaticano II? Pido perdón por lo que digo. Pero he de decirlo. He seguido con gran interés sus escritos sobre la reforma litúrgica. Es un tema que siempre me ha interesado mucho, y para mí la parte esencial de la comunión eclesial. De hecho cuando se abandonó la liturgia latina tras el Vaticano II me encontré tan incómodo con las nuevas formas y fórmulas que espacié casi inconscientemente mi práctica religiosa - la exterior. Ahí viví los devastadores efectos entre los sacerdotes y estudiantes seminaristas del nuevo clima que se creó a raíz del Concilio. Sus escritos me han retrotraído a aquellos momentos, y a los entrebastidores de todo aquel aquelarre. Porque lo fue, y aún lo es. Espero seguir aprendiendo de Vd.
Suyo afectísimo.

Capítulo 26: 1965 El año del gran paso litúrgico (12/06/2010)

Sondeo de opiniones positivas realizadas aquel año
“13 de septiembre: Si hoy tomamos el pulso de las impresiones de la Iglesia a través de las pastorales e informes de los obispos, a través de la opinión de las revistas católicas, en todas partes nos tropezaremos con un signo unánime: satisfacción y alegría”. (P. José Luis Martín Descalzo).
Y prosigue:
Sean algunos ejemplos:
MEXICO: “Las reformas litúrgicas –escribe uno de sus semanarios católicos- son las que el pueblo ha aceptado y comprendido mejor y con más agrado”
PORTUGAL: “Hemos podido constatar un gran entusiasmo por la reforma litúrgica. También sobre este aspecto es sobre el que más se había trabajado y el que se preparó mejor”
BOLIVIA: “Por todas partes, en pueblos y ciudades, las reformas litúrgicas han sido recibidas con verdadero entusiasmo”
BRASIL: “Estamos comprobando –escriben los obispos del país- un interés creciente por la Palabra de Dios, a la que las nuevas ceremonias han devuelto su lugar de honor”
Cardenal Ritter
Cardenal Cushing
ESTADOS UNIDOS: “Nuestro pueblo -escribe el cardenal Ritter- ha recibido con entusiasmo la evolución litúrgica en camino.”
“La celebración parcial de la liturgia en la lengua del pueblo –escribe el cardenal Cushing- es ya un éxito”  
INGLATERRA: Aquí se esperaba con una cierta tensión la reforma. Durante siglos, lo único que diferenciaba la liturgia católica de la anglicana era el latín que se había convertido en un signo de fidelidad a Roma. Y varias grupos intelectuales del país habían presentado esta reforma como una especie de protestantización del catolicismo: “ Una fecha trágica” decían.
Pero según escribía el “Catholic Herald, los hechos no les dieron la razón
“La experiencia litúrgica del pasado domingo ha causado mucho menos confusión de lo que muchos preveían. El pueblo ha demostrado que el cambio no le chocaba en absoluto. Los simples fieles han demostrado ser mucho más responsables y estar mucho más maduros de lo que los pesimistas calculaban”. Y el paso de los meses no ha hecho sino confirmar esta impresión.
Mons. Francisco Aldegunde Borrego, O.F.M. Arzobispo de Tánger
Mons. Denis Eugène HURLEY
MARRUECOS: “Reconozco con alegría –escribe el arzobispo de Tánger- que la realidad sobrepasa todas las esperanzas. Tres resultados son ya claros: ha aumentado la asistencia a la misa diaria, ha crecido el número de los que comulgan y se comprueba una pronta y espontánea participación de todos. En una palabra: yo diría que aquí está el dedo de Dios”
YUGOSLAVIA: La opinión del episcopado yugoslavo pone el dedo en el mismo centro del problema: “Se puede establecer como norma general que allí donde los sacerdotes han tomado los nuevos ritos con amor, celo y prudencia, los fieles han respondido con interés y alegría”  
CANADÁ: “Aquí –escribe Mons. Panet, obispo de Nicolet- los sacerdotes han sido generalmente muy favorables al movimiento de renovación litúrgica, y gracias a esto todo ha ido muy bien aquí. Los fieles no sólo rezan ya juntos, sino que también cantan acordes con las lenguas vulgares”.  
UNION SUDAFRICANA: Menos optimista, a la corta, es Mons. Hurley, quien con su habitual humor escribe: “Aquí tenemos algunos sacerdotes aferrados al viejo rubricismo. Pero no vamos a perseguirles por eso. Como conjunto, el clero ha recogido bien la técnica de la nueva liturgia, pero le falta espíritu nuevo. Esto proviene de su formación, que fue demasiado teórica e individualista. Por eso la verdadera reforma litúrgica la tendremos que hacer en los Seminarios de cara al futuro.”
Mons. Bernard Yago
GUINEA: Aquí en cambio, Mons. Tchidimbo escribe con alegría que encuentra un verdadero entusiasmo por la reforma litúrgica entre los misioneros.  
COSTA DE MARFIL: Y este mismo optimismo refleja la carta con que Mons. Bernard Yago presenta la nueva liturgia a sus diocesanos: “Dios nos pide que cantemos sus alabanzas, le honremos y recemos según nuestra alma africana. Hasta ahora lo hemos hecho según una tradición latina, y los misioneros que nos han traído la buena nueva no podían trasmitírnoslo de otro modo. No significa ingratus hacia nuestros padres en la fe el querer permanecer africanos en nuestras relaciones con Dios, ya que la Iglesia nos recomienda que unamos las riquezas de nuestra tradición a las alabanzas que subren hacia nuestro Padre celestial de todos los pueblos de la tierra”  
JAPON: También los países asiáticos reflejan entusiasmo en sus primeras impresiones: “Los primeros pasos de la reforma –escriben los obispos japoneses- han sido acogidos favorable y generalmente con una gran alegría, como un verdadero progreso hacia la participación activa”.
FRANCIA: El país vecino ha sido tal vez el que con mayores tensiones recibió estos primeros pasos. Algunas revistas del extremismo conservador se empeñaron en ver en la nueva liturgia una especie de palanqueta del ateismo para derribar a la Iglesia. Pero estas protestas –como dicen un documento episcopal colectivo- han sido “más espectaculares y escandalosas que numerosas y representativas”.
De hecho el balance de la Comisión Episcopal de Liturgia es plenamente optismista: “La participación activa crece: el pueblo es mucho más que antes un pueblo orante. La satisfacción se registra en un dato significativo: una mayor presencia del pueblo en la primera parte de la misa, habiéndose conseguido una puntualidad que demuestra el interés por la Liturgia de la Palabra, que es escuchada con placer en la lengua viva. El sentido de la Iglesia renace y crece porque se ha comenzado a comprender que la misa es acción de toda la Iglesia y del pueblo. La atadura entra la vida litúrgica y vida cristiana es más consciente y eficaz. La dignidad y verdad de la celebración refulgen con un nuevo esplendor”  
Mons. Wilhelmus Bekkers, obispo de S'Hertogenbosch
BÉLGICA Y HOLANDA: Aquí los problemas han venido más bien de un excesivo afán de innovaciones que ha obligado a los obispos a poner la mano en el freno en alguna ocasión. Pero estos abusos han sido mucho menos comunes de lo que cierta prensa ha tenido interés en decir. Así lo puntualizaba Mons. Bekkers: “Sí, alguna vez algún laico o algún sacerdote ha perdido la medida. Luego viene la prensa y hace de ello un motivo de sensacionalismo. Y sale de ahí una visión falsa del catolicismo holandés. Una información que acudiera a fuentes más serias y competentes daría una panorámica mucho menos alarmante”
Y EN ESPAÑA: En pocos países habrá recibido el pueblo con más normalidad y alegría esta renovación. Ha habido sí, pequeños chispazos de polémicas y discusiones. Ha habido diversos niveles de aplicación en tales o cuales parroquias y diócesis. No han faltado algunos grupos reticentes. Más como conjunto el pueblo ha entendido desde el primer momento la reforma y la ha recibido con absoluta normalidad, como si fuese algo simplemente “de cajón”. La revista “Ecclesia” lo reflejaba así:
“Visto el fenómeno en su conjunto, la reacción de nuestro pueblo no puede ser más alentadora. Siendo como somos, una cristiandad de corte tradicional, rígida en sus costumbres religiosas por un patrón no siempre coincidente con el que ahora nos pide la Iglesia, era de esperar, en principio una cierta reserva colectiva en la asimilación de los nuevos módulos. Todo lo contrario. Los católicos españoles acogen con visible júbilo la renovación litúrgica en lo que tiene de dinamismo comunitario y de uso de la lengua viva” “Esta reacción que irá en aumento y tenderá a consolidarse en las progresivas etapas de la reforma cultual, es un constante refrendo de la bondad intrínseca de las orientaciones conciliares, que antes lograron la unanimidad de los Padres y ahora obtienen el Plebiscito del pueblo cristiano”
Concluye Martín Descalzo:
“Balance amplísimamente positivo: las conquistas fueron muchas, los riesgos no fueron demasiados, los atascos surgieron sólo en pequeñas minorias. Y el camino está abierto…La renovación conciliar está ganando abiertamente “la batalla litúrgica”…

Capítulo 25: 1965, año de tensiones (5/06/2010)

“Que 1965 iba a ser un año difícil para la vida de la Iglesia es algo que podía pronosticarse al concluir la pasada sesión conciliar sin necesidad de ser profeta: el tenso final de la tercera etapa había sembrado por toda la superficie de la Iglesia un clima polémico, arisco, que no podía menos de dar sus amargos frutos en los meses siguientes…”
Tratemos de resumir esquemáticamente algunos acontecimientos que hicieron que a todo lo largo de 1965 la Iglesia se viera tironeada de un lado a otro. La Jerarquía y los órganos responsables de opinión se vieron obligados más de una vez a poner el freno o a dar el grito de alarma:
•  En enero de 1965 el diario “Ya” advertía en muchos católicos “síntomas de esclerosis” y “actitudes de desobediencia y amargura” frente a las reformas decididas por el Concilio.
•  El 9 de enero el cardenal Feltín señalaba que se estaba viviendo un periodo de agitación político-religiosa, en el que se critica al Concilio, al Papa, a los obispos, tratando de oponer obispos contra obispos, sacerdotes contra estos y los últimos entre sí.
•  El 1 de marzo el cardenal Lercaro debe salir al paso de un “vértigo de innovaciones arbitrarias” y de la “atracción de ideas no aprobadas por la Iglesia”. Se refería a los que decidieron tomar el aggiornamento por su cuenta pensando que era necesario llevar las reformas adelante siguiendo la táctica de los hechos consumados.
•  El 30 de marzo los obispos franceses publican una seria advertencia a la revista “Temoignage Chrétien” por su modo de enfocar el diálogo entre católicos y comunistas. El mismo día destituyen a los dirigentes de la J.E.C. que no han aceptado las directrices de la jerarquía en cuanto a la dirección de los movimientos apostólicos en sus actividades tangentes a lo temporal.
•  El cardenal de Paris debe explicar que estas dos medidas no representan un freno a la necesaria renovación de la Iglesia.
•  El episcopado holandés ha de publicar una pastoral para salir al paso de los abusos de la práctica de la penitencia en su país.
•  El 9 de mayo de nuevo los obispos holandeses han de publicar una nueva pastoral sobre el tema eucarístico contra las que denominan “malas interpretaciones por parte de los fieles de las teorías de algunos teólogos que trataban de profundizar el sentido de la presencia de Cristo en la Eucaristía”. ¡Ahora los malintencionados son los fieles que se escandalizan por nada!
•  En Colombia el cardenal Concha debe llamar la atención al padre Torres sobre sus violentas posturas en materia social. Algo muy parecido sucedía en la India entre el obispo de Trichur y el padre Vadakan.
•  El 20 de junio la tormenta estallaba en Uruguay cuando un grupo de 200 católicos abucheaba públicamente al nuncio Mons. Forni, acusándole de estar frenando el movimiento de renovación católica en aquel país. Fue destituido en septiembre.
•  En julio en Canadá, el general de los dominicos retirada de la dirección de la revista “Maintenant” al padre Bradet por considerar demasiado avanzada la orientación que estaba dando a la revista. Toda la opinión pública del país sostenía a esta revista y su orientación. Al final se llegó al acuerdo de sustituir a las personas pero mantener la línea.
•  En agosto los obispos portugueses publican una nota en la que deploran un celo que adquiría proporciones inquietantes que parecen animadas no por el espíritu de Dios, sino por el gusto de novedades: “Una reforma sin disciplina y una puesta al día sin orden –afirmaban- conduce a una anarquía destructora”
•  Todos estos signos de un año tenso y difícil explican la preocupada voz de Pablo VI especialmente en los discursos del verano.
¿Alguien piensa que las tensiones eclesiales de 1965 no iban a tener un influjo en los primeros meses del nacimiento de la reforma litúrgica?
Pues se equivoca. En el próximo capítulo veremos el juicio sobre las impresiones de la Iglesia (a través de las pastorales e informes de los obispos y de las revistas católicas) acerca de la aplicación de la Instructio que da inicio a partir de marzo a la reforma litúrgica. Martín Descalzo en el 4º volumen de su trabajo hace una síntesis país por país.

Capítulo 24: Se promulga la Reforma Litúrgica (29/05/2010)

Misa del P. Kentenich en Schoenstatt en la Nochebuena del 65: pervive el esquema litúrgico tradicional asumiendo las reformas de la Instructio
Vimos ya en el capítulo 22 como el Consilium había presentado una Instructio concretando la aplicación de la reforma como un peldaño más. El problema era su promulgación: debía hacerlo el Papa a través de la Congregación de Ritos. Con ese objetivo el Papa pidió su opinión a la Congregación pasándole el documento a inicios de julio. La Congregación se mostró muy crítica presentando 47 folios de advertencias que fueron entregados al Consilium. Este respondía con 57 otros folios, aceptando algunas correcciones pero defendiendo a capa y espada el contenido de las más. El Papa debía tomar partido. Y finalmente, tras tres meses y medio de sogatira, el 17 de octubre…
“Un nuevo motivo de optimismo: ayer se promulgó la “Instructio” que concreta la reforma litúrgica. Desde el próximo 7 de marzo tendremos abundantes novedades en la celebración de la Misa y sacramentos. El Concilio comienza a tomar carne en la vida cotidiana de la Iglesia. Y hoy ya no vale la pena hablar de la guerra de nervios que los liturgistas han tenido que padecer a lo largo de todo este mes ( quiere decir desde la misa concelebrada del 14 de septiembre en San Pedro) para tener en sus manos este bonito fruto.”


Capítulo 23: Olor a Jueves Santo (22/05/2010)


Primera misa concelebrada en la Basílica Vaticana
14 DE SEPTIEMBRE DE 1964
¡Dios Santo, y que hubiéramos perdido esta maravilla! Cierro los ojos-ahora que es de noche- y veo aparecer en mi imaginación la blanca mesa cuadrada. En torno a ella tienden sus manos 25 hombres, dicen al unísono las mismas palabras, hacen un único milagro, son una única Iglesia. ¡Dios mío, y que hubiéramos perdido este prodigio!
Acabo de releer mi diario de los dos años pasados de esta fecha de apertura. En los dos hablo de todo…menos de la misa. Allí lo importante era el discurso del Papa, o la presencia de la asamblea de los reunidos, o la reacción de las calles de Roma. Y he aquí que de pronto todo gira y hoy descubro que el discurso del Papa es muy importante, que asistencia, que ambiente, que circunstancias fueron impresionantes, pero que lo que desborda a todo en mi memoria es -¡por fin!- la misa, el verdadero centro del acto que en los años pasados era una especie de prólogo para lo importante. ¡Y temíamos que la reforma litúrgica se quedase en nada! Ha conseguido ya lo más difícil: hacer litúrgica una misa en la Basílica Vaticana.
No sonaron las trompetas de plata esta vez cuando el Papa apareció sobre la silla gestatoria al fondo de la basílica, rodeado de una reducidísima “corte pontificia” y con una escolta de la que habían desaparecido los famosos “flabelli” faraónicos. Sobre su cabeza, el Papa llevaba una mitra dorada sencillísima; sobre sus hombros, los ornamentos litúrgicos, muy modernos, quiero decir, muy antiguos, góticos. En su rostro había un profundo cansancio sobre el que flotaba una sonrisa feliz.
(No, su entrada esta vez no recordaba en nada una escena de ópera, o el desfile de un capitán triunfador que regresa de la guerra, o la coronación de una reina británica. Era una verdadera procesión litúrgica hacia un acto religioso. Y todos contemplábamos con gozo que el Papa no perdía ni un centímetro siendo menos rey y más sacerdote.¡Al contrario!)
Pero esta vez la novedad estaba en los 24 obispos que, revestidos de casullas rojas y cubiertos de mitras blancas, precedían al Papa en su camino hacia el altar. Era éste una hermosa mesa cuadrada adornada con seis únicos candelabros que daban escolta a una sencilla cruz. Era una verdadera mesa en la que iba a celebrarse un verdadero banquete.
(¿Cómo impedir que nuestra imaginación se escapase hasta dos mil años atrás? Sí, esto pasó ya otra vez: un Hombre se sentó a cenar con sus discípulos, tomó el pan y…)
Había un gran silencio en la basílica cuando los 25 concelebrantes se situaron en semicírculo ante el altar, cuando unánimes comenzaron a explicar su lección de teología. Una lección que se titulaba así: “De cómo la Iglesia santa es un pueblo sacerdotal congregado en torno a sus obispos y presidido por el Papa para ofrecer al Padre en sacrificio el Cuerpo de su Hijo y caminar hacía el gran banquete de la vida eterna.”
(Habían venido de diecinueve naciones del mundo; diez eran europeos, seis americanos, seis venían de Asia y Oceanía, dos de África. Y los 24 estaban allí, unidos al Papa, participando todos del mismo sacerdocio de Cristo, para realizar el mismo sacrificio. Eran hombres muy distintos entre sí en pensamiento y costumbres. Yo recorría sus rostros con mis prismáticos, saltaba del arzobispo de Madrid al de Ottawa, de éste al de Tucumán, luego al de Leopoldville, luego a Yakarta, a Lyón…Obispos misioneros e intelectuales; el que renunció a su sede en el Japón y el que acaba de ocuparla en la India; el que nació en una familia con siglos de cristianismo y el que conoció la fe en la adolescencia: obispos que predican en hermosas catedrales góticas y los que aún no acabaron de construir su templo de madera y lianas; los que trabajan en los esplendores de la Curia, en la soledad de los claustros, en las estepas de Oceanía; el que respira a diario el humo de lasa fábricas de Alemania y el que olfatea, al levantarse, los perfumes de la selva; el hijo de grandes industriales, el de familia de pastores o carpinteros…)
Una voz sonó proclamando la palabra de Dios en la Escritura. Y todos las oímos reverentes de pie. Luego un coro benedictino entonó el Credo. Y las voces de 2000 obispos, de varios miles de fieles profesaron unánimes su fe.
(Hace dos años –pensábamos todos- a esta misma hora, la Capilla Sixtina llevaba el juego. En esas filas había dos mil obispos silenciosos que “aprovechaban el tiempo” rezando su breviario, mientras la hermosa polifonía “entretenía” a quienes no tenían un breviario que rezar. El Papa estaba “solo” –solo y solitario- en el altar .Decía “su” Misa. Nosotros esperábamos “lo importante”: el discurso de apertura. Ahora todo era más sobrio y más vivo. Menos brillante y más verdadero. Menos barroco, más cristiano. Nos admirábamos menos y rezábamos más. ¿Quién dijo que la reforma litúrgica era “mucho ruido y pocas nueces”?
Ahora las manos de los 25 se elevaban a Dios para ofrecerle aquellas tres hostias que iban a ser después el Cuerpo del Señor. Y sus voces sonaban al unísono. Pausadas, hondas, agrupadas en un haz de oración.
¡Y que silencio se hizo en la basílica cuando las 25 voces, enérgicas, levemente temblorosas, compactas, silabearon las palabras de la consagración! 25 voces que realizaban un único milagro. Jamás se vió tan clara la unidad de la Iglesia. ¡Y pensar que la rutina hubiera dejado perder este prodigioso símbolo de “comunión” católica!
James Francis Mac Intyre, arzobispo de Los Ángeles 1948-1970
(No, no ha sido nada. Este pequeño grito que cruzó la tribuna de los cardenales ha sido cosa del calor. Hemos visto al cardenal Mc Intyre resbalar sobre su asiento, caer hasta el suelo, desmayado. Y su cuerpo, envuelto en metros y metros de púrpura, tenía sobre las parihuelas que lo condujeron hasta la enfermería, un aire macabro de cuadro surrealista)
Más ya ha vuelto el silencio. Se adensa. Tanto que se oye sólo el siseo de las máquinas filmadoras. Y ahora otro suave crujido que, transmitido fielmente por los altavoces, nos hace contener el aliento. El Papa y los cardenales Tisserant y Lercaro están dividiendo las tres grandes hostias en 25 porciones. Vemos a cada uno de los 24 concelebrantes desfilar en torno al altar, tomar y poner sobre sus patenas el Cuerpo del Señor, volver de nuevo a su sitio, rezar simultáneamente el “Señor, yo no soy digno” y comulgar unánimes, al mismo tiempo que el Papa. Ahora de nuevo vuelven a comulgar de la Sangre del Señor, tomándola del único cáliz con 24 cucharillas de oro.
(Les veo temblar, temerosos a caer una gota fuera de la patena, Ayer les vi, escrupulosos como misacantanos. “¿Y si se nos cae alguna gota? “No se preocupen –contestaba monseñor Dante- Pongan debajo el purificador” Y ellos preguntaban aún como seminaristas caprichosos: “¿Podremos guardarnos la cucharilla como recuerdo de este día?)
Hoy todo va a ser completo. Veo a un grupo de auditores que se adelanta a comulgar de manos del Papa. Esto es nuevo. ¿Cómo no recordar las clásicas misas de la Basílica en las que el pueblo era mantenido lejos por los guardias suizos, lejos de la participación por los cantos de la Capilla Sixtina, lejos de la comunión por esa costumbre de que el Papa no solía darla en estas funciones? Bien, de ahora en adelante los laicos “serán” verdaderamente Iglesia. Empezando por la Basílica Vaticana.
La misa ha concluido. Y todos comprendemos que “allí” ha pasado algo. Que la misa no ha sido un adorno de ceremonia de apertura, sino su verdadero centro. En rigor, ni hubiera sido necesario siquiera el discurso del Papa. ¿Qué mejor explicación de las relaciones entre el Papa y obispos que lo que acabamos de ver en el altar?
Por eso me parece que puedo cerrar aquí estos comentarios. El discurso de Pablo VI lo estudiaré mañana con más calma. Hoy ya hemos tenido suficientes alegrías: hemos visto nacer la reforma litúrgica y hemos contemplado en acción “la colegialidad eucarística”. Es suficiente, es suficiente para estar felices.
-¿Qué –he preguntado a un obispo amigo después de la ceremonia-, no le toco esta vez concelebrar?
No –dice- con los ojos aún emocionados-. Pero ha sido tan vivo, que es como si hubiéramos concelebrado todos.

Capítulo 22: Nueva luz y nuevo frenazo (15/05/2010) 

"El Papa no ha dejado la aplicación de la Reforma en manos de la Congregación de Ritos- cuya oposición al movimiento litúrgico renovador se había hecho visible hasta en el Aula Conciliar- sino que creaba para ello un   Consilium   formado por 10 cardenales y 28 obispos, ninguno de los cuales pertenece precisamente a la Iglesia adormecida. Y ante la común sorpresa, colocaba en su presidencia ni al cardenal secretario de la Congregación de Ritos y presidente de la Comisión Litúrgica (Larraona) sino al cardenal Lercaro. Y para ocupar la secretaría rehabilitaba al P. Bugnini, uno de los principales autores del esquema litúrgico en su fase preparatoria, pero que había caído en desgracia por sus ideas avanzadas al morir el cardenal Cicognani. Era un gesto más de la clásica táctica montiniana: no cambiar de golpe nada. Crear, en cambio, fuerzas que se equilibrasen. ¿Se equilibrarían en realidad Congregación y Consilium, o sería esto fuerte de roces y atascos?
Lo cierto es que el mundo respiró y que lentamente la reforma litúrgica   comenzó a dar sus primerospasos. (Misa en 1963- con un tímido “cara al pueblo” en la foto que encabeza el artículo). Se hicieron las traducciones de algunas partes de la misa en todos los países: en algunos se aplicaron con éxito. En el Congo, en Francia, en Sudamérica se experimentó una nueva música indígena. Se hicieron las primeras experiencias de la concelebración con un éxito muy superior al calculado.
El cardenal Silva Henríquez (foto de la izquierda) permitió a los seglares predicar en la iglesia. En algunas diócesis sudamericanas se hizo un rito litúrgico especial para los pueblecitos que no tenían sacerdote. Y en España –pudo comentar la revista Ecclesia- había comenzado a superarse la inercia. El cardenal de Sevilla (Bueno Monreal, foto de la derecha) anunció que para el mes de octubre podrían estar abiertos los caminos de la reforma litúrgica en nuestro pueblo.  
Pero pronto volvió una nueva forma de intranquilidad: en Roma había sensación de atasco. Los trabajos del Consilium litúrgico habían ultimado una Instructio en la que se promulgaba un nuevo avance de aplicación litúrgica sobre lo que  había permitido ya el Motu Proprio. Y en seguida el problema jurídico: esta ley debía promulgarla el Papa. Y lógicamente a través de su órgano oficial: la Congregación de Ritos. ¿Había que mandar la Instructio a la Congregación para que la firmase y promulgase sin más, o cuando menos la cortesía pediría que se les pidiera su opinión antes de dar la ley? El 2 de julio pasó el Papa la Instructio a la Congregación, pidiéndole su opinión sobre ella. Tras dieciséis días de sesiones (el 18 de julio) la Congregación devolvió al Papa la Instructio con 47 folios de advertencias. ¿Cuál es el contenido de estas advertencias? Opinará la Historia. Según miembros de la Congregación eran correcciones de detalles en los que la Instructio no era perfecta. Según miembros del Consilium se vaciaba el jugo de la Reforma decidida por el Concilio.
Y he aquí a Pablo VI en un nuevo problema. ¿Por quien decidir? Al fin las advertencias de la Congregación fueron entregadas al Consilium para su estudio. Respuesta del Consilium: 57 folios en los que se aceptaban algunas de las pequeñas modificaciones propuestas por la Congregación y se razonaba por qué no se aceptaban todas las demás. El problema seguía enmarañado.
Y el problema sigue enmarañado (dos meses después)   en este   12   septiembre de 1964, nueve meses después de la proclamación de la Reforma Litúrgica. Por eso este primer sumando de mi balance de la inter-sesión se tiene que cerrar con un interrogante. “Match” nulo.
Pero más allá de las cuestiones jurídicas, la nueva Misa estaba ya preparada, cocinada y a punto de ser servida en la Solemne apertura de la 3ª Sesión Conciliar el 14 de septiembre de 1964. Sólo faltaba el ensayo general que tuvo lugar la víspera. Los obispos ensayan.
“Monseñor   Casimiro   Morcillo (en la fotografía) me ha “colado” esta tarde en el ensayo de la Concelebración. Cerrada ya la basílica, los veinticuatro obispos que mañana concelebrarán con el Papa ensayan bajo la dirección de Monseñor Dante. Estás despistadillos, novatos, en la hermosa ceremonia que mañana, por primera vez en la historia contemporánea va a ponerse a la vista del mundo entero,
Oyendo sus preguntas, viendo sus gestos vacilantes, mi memoria da un paso atrás y vuelve a aquellas horas en que mis compañeros y yo aprendíamos a decir misa. Hay aquí y allá la misma emoción, el mismo temblor de la primicia. Y una gemela alegría. Es bonito este ver a los obispos ensayando, aprendiendo tartamudeantes los primeros pasos de la reforma litúrgica que pronto vivirán todos los fieles de la Iglesia. Se confunden a veces, monseñor Dante tiene que repetir y repetir algunas cosas. Los mismo, lo mismo que sucederá dentro de unos meses en cualquier pequeña parroquia de España o de Australia. Y me parece ver a la Iglesia como una colegiala o como una niña de primera comunión aprendiendo sus lecciones del nuevo catecismo, del nuevo modo de ser cristiano hoy”

Capítulo 21: La primera golondrina del Concilio (8/05/2010)

Ex Martin Descalzo relata refero:
“Juan XXIII dijo que el Concilio sería una nueva primavera de la Iglesia. Pues bien, aquí tenemos ya la primera golondrina: la reforma litúrgica. Tras ella vendrán los almendros florecidos del esquema ecuménico, los frutos de la colegialidad y tal vez de la unidad de los cristianos. Buen verano se le acerca a la Iglesia, cuando tan fuerte vuela esta primera golondrina conciliar.
¿O acaso…? Si, ya está aquí el primer miedo. Porque no ha sido fácil la vida de la reforma litúrgica en los nueve meses que tiene de historia. Votada la Constitución por 2.147 votos contra cuatro, proclamada solemnemente por el Papa en unión con los obispos, nada hacía sospechar hace ocho meses que aún pudiera sufrir atascos en su reciente vida.
Pero -¿a qué engañarnos?- los ha tenido. Y su historia es conocida y pública. Comenzó el problema cuando el 28 de enero se entregó a los periodistas vaticanos un extracto de las normas del Motu Proprio “Sacram Liturgiam”: un documento que ha sido definido de modo cruel y gráfico como documento-ducha .
Lo fue para los liturgistas. Se sabía que la primera redacción de este texto-elaborada por los padres Antonelli, Bugnini, Schmidt y Marsili- había sido notablemente modificada posteriormente en algunos ambientes de la Curia. Y los lectores percibieron en seguida, a través de un latín sibilino, notables diferencias y aún contradicciones con la Constitución promulgada por el Concilio.
Queda más que claro que los primeros en atacar la aplicación por Pablo VI de la reforma litúrgica tildándola de opuesta a la Sacrosanctum Concilium misma fueron ese clan de conspiradores que ya tenían todo más que amañado y que ante la prudencia del Papa no les quedó más salida que calificarlo de “desviacionista” ante la opinión publica y los medios.
“Una era especialmente grave. Es conocida la lucha de los obispos para conseguir que se dejara en manos de los respectivos Episcopados la dirección de la reforma litúrgica, aún reservando a la Santa Sede el refrendo y el visto bueno finales. Así lo decía la Constitución al hablar de las traducciones de los textos litúrgicos: elaborados por los episcopados nacionales, la Sede Apostólica debía simplemente aprobar y confirmar lo hecho. Pero en el texto del Motu Proprio se daba un paso atrás: la Santa Sede debía revisar y aprobar las traducciones. La diferencia parecía mínima pero era importante. Y alguien recordó que una votación masiva había pedido en el Concilio que se dejara en manos de los obispos no sólo el derecho de proponer estas traducciones sino el de decidir las traducciones. ¿Marcaba el “Motu Proprio” un retroceso al centralismo litúrgico? La decepción se dejó oir. Y la primera voz se levantó – ¡oh, maravilla! – en “L´Osservatore Romano”. Uno de los redactores del primitivo texto, el P. Marsili, escribía: “No, no es mucho lo que el Motu Proprio da a todos, y especialmente a los más impacientes. De todos modos, sin embargo, es cierto que la obra del Concilio, aunque lentamente y con paso incierto, sigue en movimiento; el viento del Espíritu Santo no se ha detenido aún cuando el Motu Proprio parezca a primera vista haberlo embridado un poco”
Las frases eran demasiado intencionadas para que pasaran inadvertidas. Y el 5 de febrero publicaba “IL TEMPO” – el periódico de derechas romano- un artículo con este título escandaloso: “Por qué el periódico vaticano ha polemizado con el Papa”
Pero era un segundo suceso el que iba a sacar el problema a toda luz: el 1 de febrero, “La Croix” publicaba la orden del episcopado francés para la aplicación de la reforma litúrgica. En ella todo estaba de acuerdo con la Constitución conciliar y con la primera redacción del Motu Proprio, pero en claro contraste con el texto del documento publicado en “L´Osservatore Romano” la víspera (31 de enero)
La Prensa italiana, especialmente la más conservadora, no iba a perderse este bocado de cardenal. Y el día 4 de febrero publicaba que autorizados ambientes vaticanos señalaban que lo decidido por el Episcopado francés estaba en contradicción con lo decidido por el Papa.
Cinco de febrero. La agencia France Presse difundía esta noticia: “La información publicada por ciertos periódicos que citando a competentes ambientes vaticanos han afirmado que el reciente documento del Episcopado francés que trata de la aplicación de la Constitución conciliar sobre la Liturgia está en contradicción con el Motu Proprio de Pablo VI sobre el mismo tema, no encuentra confirmación alguna en los ambientes conciliares”
Es más que evidente que se trata de una amenaza conciliarista del episcopado francés a Pablo VI advirtiéndole que se autocontrole y vigile a su Curia ya que no van a permitir ningún desviacionismo de la línea trazada y que utilizaran a la opinión publica para marcarle muy de cerca. Pablo VI que amaba profundamente, por formación y sensibilidad, al catolicismo francés liberal, esa advertencia debió ser tan dolorosa como trascendental. Proseguían….
“Se hace saber además que sólo los organismos conciliares son competentes en esta materia y que no se puede acudir a la opinión de los ambientes mal definidos para dar semejante juicio. Sea como sea, y en espera de clarificaciones que no podrán tardar, es importante salir al paso de las afirmaciones de los periódicos italianos que afirman que el Motu Proprio de Pablo VI está en contradicción con la Constitución Conciliar”
A eso se le llama “chantaje afectivo y efectivo” a Pablo VI. Y estudiada maniobra sagaz.
“Es fácil percibir al fondo de esta oscura prosa que un serio problema se planteaba en el mundo vaticano: el hábil juego de los latinistas había creado un grave disgusto a Pablo VI. Las cartas de obispos y de conferencias episcopales habían comenzado a llegar a Roma. Era claro que, en teoría, podía un Papa modificar una decisión de tipo práctico dada por el Concilio. Pero en la práctica los obispos veían comprometida su acción.”
La respuesta no se hizo esperar mucho. En “L´Osservatore Romano” del 2 de marzo, un artículo del P. Bugnini adelantaba la versión italiana de la redacción oficial y definitiva del Motu Proprio que dos semanas más tarde aparecería en el “Acta Apostolicae Sedis”. En ella se decía que las traducciones deben ser preparadas y aprobadas por los respectivos episcopados y que lo hecho debe ser aprobado; es decir confirmado por la Sede Apostólica. Se volvía pues, a la fórmula literalmente conciliar. Era el fin del affaire que había dado no poco que hablar.
He querido narrar los momentos más importantes de esta historia –al parecer de detalle- porqué creo que aquí sonó la primera campanada mundial de preocupación. Porque en el trasfondo se dibujaba el gran problema: ¿Quién iba a aplicar y llevar a la práctica las reformas conciliares? Porque todo sabemos que la ley más abierta puede canalizarse a través de detalles a la hora de la aplicación. Y muchos obispos comenzaron a temer que la Curia echara agua al vino de las decisiones conciliares. El viejo problema volvía a surgir. ¿Cómo creería el mundo en la primavera de la Iglesia si la primera golondrina llegaba malherida?
Si advertía pues al Papa que si quería acabar el Concilio en paz, sin la rebelión de los episcopados más progresistas, la aplicación de la reforma litúrgica debía estar en manos de quien la habían preparado desde muchísimo tiempo atrás. El Papa debía decidir entre ponerla en manos de la Congregación de Ritos o crear una comisión especial. ¿Cuál será la opción escogida por Pablo VI? Veremos la solución en el próximo capítulo.

Capítulo 20: Promulgación de la Sacrosantum Concilium (1/05/2010)

MIÉRCOLES 4 DICIEMBRE 1963: CLAUSURA 2ª ETAPA DEL CONCILIO
“La basílica esplendía de luces cuando, tras la misa celebrada por el cardenal Tisserant, monseñor Felici leyó un resumen de la Constitución Litúrgica y le preguntó a los Padres:
Eminentísimos, excelentísimos y reverendísimos Padres: ¿Merecen vuestra aprobación los decretos y cánones que contiene esta Constitución?
Se hizo un gran silencio. Los Padres se inclinaron sobre su sus pupitres, bolígrafo en mano. Rápidos recogieron las fichas los escrutadores. Luego el silencio se hizo aún más hondo, mientras las máuinas electrónicas cantaban su solo conciliar.
Volvió luego la voz sonora de monseñor Felici:
Los reverendísimos Padres han votado de la siguiente manera: “Placet” 2.147; non placet 4.
Un gran aplauso largo, largo. La alegría de saber que se había dado un paso histórico. La pequeña sonrisa pensando en los cuatro obispos que pertinazmente repetían su “no”. Y los aplausos que seguían sonando. Eran las once y diez de la mañana (…)
Se hizo el mayor silencio de la mañana. Y de en medio de él surgio la voz opaca, tensa, de Pablo VI:
En el nombre de la Santa, Indivisible Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los decretos presentados ante este Concilio, legítimamente reunido, han recibido la aprobación de los Padres. También Nos, en virtud del poder apostólico recibido de Cristo, en unión con los venerables Padres (“una cum venerabilibus patribus”) aprobamos estos decretos. Nos los decretamos y los hacemos ley y ordenamos que se promulgue para la gloria de Dios lo que conciliarmente ha sido decidido.  
Pablo VI: el arte de medir. Por si alguién lo dudaba aún, ahí está el discurso de hoy, en el que cada palabra ha sido analizada, valorada, pesada y medida. Y todo ello unido al don de ser equilibrado sin convertirse en mediocre. Sus palabras de hoy no tenían ciertamente la temperatura de las del día de apertura. Si su discurso de entonces tuvo la pasión de una proclama, el de hoy poseía la habilidad de un balance; allí bastaba con embarcarse en el cauce de su fuego para entenderle; aquí hay que asomarse a las entrelíneas, medir lo que se escribió medidamente.
Y COMO FINAL: LA BOMBA
Pablo VI peregrino en Tierra Santa, 4-6 de enero de 1864 rezando en el Cenáculo
Los obispos iban siguiendo el discurso del Papa a través de sus traducciones. El hondo tono del Papa iba calando en todos ellos. Y de pronto el discurso terminaba, al fin de su cuarto folio como en pico. Pero al llegar allí Pablo VI no se detuvo, pasó su cuarta hoja y continuó leyendo. Hubo un segundo de sorpresa en el que todos los Padres revolvieron sus cuartillas buscando aquel quinto folio que les faltaba…a todos. Luego aguzaron el oído. Parece que el Papa hablaba de algo importante: iba a comunicarles un proyecto acariciado durante mucho tiempo…
Del Aula surgió un “¡Ah!” unánime. Luego una ola de aplausos. Una ola que crecía. “¡Viva el Oriente!” oí gritar al joven auxiliar del patriarca de Antioquia. El obispo que estaba a su lado no había logrado enterarse de lo que sucedía y preguntaba a derecha e izquierda: ¿Pero que es lo que ha sucedido? Y el antioqueno le respondía en latín: “Palestinam petit, Palestinam petit”…
El Papa viajaría como peregrino a Tierra Santa…

Capítulo 19: 22 Noviembre 1963: Una fecha importante (24/04/2010)

Jóvenes sacerdotes sesenteros, sedientos de novedades, a la espera de noticias del Aula
21 de noviembre. La vigilia: “ También el esquema litúrgico sigue adelante después de los frenazos que, por un par de minucias, sufrieron sus capítulos segundo y tercero. Corregidos esos detalles –de modo que la dirección de toda la liturgia diocesana quede en manos del obispo y de manera que todo en los sacramentos, incluso la fórmula sacramental, pueda decirse en lengua vulgar- los dos capítulos han recibido ayer y hoy dos votaciones masivas: 2.112 favorables y 40 negativos sobre el capítulo segundo y 2.017 favorables y 35 negativos sobre el tercero.
El esquema queda así listo para la votación general de mañana, una fecha importante para la historia de la liturgia en la Iglesia.”
22 de noviembre: La jornada: “De 2.178 Padres, 2.158 respondían hoy con un rotundo “sí” a la reforma litúrgica. Con ello el Concilio conseguía el primero de sus frutos tangibles, un esquema ya listo para ser proclamado por el Papa y pasar con ello a ser “Constitución”, ley de la Iglesia. Los Padres salían hoy emocionados por ello. Ya no eran sólo buenas impresiones lo que producía el Concilio. Aquel largo aplauso con que coronaron el resultado de la votación testificaba esa alegría. Y era una rotunda felicitación para la Comisión Litúrgica –que bajo las presidencias del Cardenal Gaetano Cicognani, primero, y del cardenal Larraona, después- ha llevado a feliz término y, ejemplarmente, su tarea.
¿Positiva? El Padre Jungmann estaba hoy exultante: “Una gran obra – decía- que hace muy pocos años nadie hubiera soñado, se ha cumplido felizmente. La primavera que nació hace medio siglo ha hallado su plenitud manifestada en una rica cosecha. Un gran regalo de Dios ha sido puesto en nuestras manos”
Comentaba Martín Descalzo:
“¿Exageraba? No, ciertamente. Y por muchas razones:
1) Una liturgia variable
1) Gracias a esta Constitución –dice el P. Jungmann- se rompe el cauce que habia mantenido a nuestra liturgia desde hace 400 años en un estado de invariabilidad y, finalmente, incluso de rigidez. Todos nosotros hemos nacido y nos hemos criado dentro de la idea de que las cosas litúrgicas no sólo eran santas e intocables, sino que se hallaban sustraidas para siempre a cualquier cambio.” “En los últimos siglos – ha escrito Ignacio Oñatibia- de un inmovilismo rubricista casi absoluto, la Liturgia había llegado, en algunas de sus partes a un grado tal de anquilosamiento, que hacía imposibles unas celebraciones vivas”. Ha llegado pues el deshielo litúrgico. El río vuelve a vivir.
Ignacio Oñatibia Audela, siendo catedrático de Teología, Patrología y Liturgia en la Facultad de Teología del Norte de España, en Vitoria, fue designado consultor de la comisión litúrgica preparatoria del Concilio Vaticano II (1960-1962) y del episcopado español en dicho concilio (1962-1963) Finalmente también fue nombrado consultor del Consilium para reforma litúrgica (1964-1969). Quizá Oñatibia es uno de los mejores representantes de toda aquella línea litúrgica que deseaba una liturgia variable, no tanto entendida como un organismo vivo que crece y se desarrolla de manera evolutiva, homogénea y acorde con su naturaleza primigenia, como si del cuerpo humano se tratase, alimentando y cuidando su constitución sino algo más parecido a un camerino de artistas donde no solo los actores, guionistas y director hacen acopio de textos, decorado y atrezzo de manera creativa, sino incluso los mismos asistentes participan de manera activa a la manera de los espectáculos-performance de “La Cubana”
Léanse con atención si no, nuestros lectores, todos los artículos y trabajos que Oñatibia escribió por espacio de más de treinta años formando parte del consejo de redacción de la revista “Phase” publicación emblemática del C.P.L.
2) Pastoral
Celebración dentro de la "más absoluta normalidad" para más de la mitad del clero de habla hispana que forma el 50% de la Iglesia católica...)
2) Y vuelve a vivir para entregarse al pueblo. Porque no se trataba sólo de romper el hielo sólo por romperlo. Se trata de conseguir que lo más pastoral que tiene la Iglesia fuese realmente pastoral. Se trataba de lograr no sólo una liturgia viva, sino una liturgia que pudiera ser vivida por todos, verdaderamente participada por todos. ¿Qué era la misa sino una serie de ritos ininteligibles para la mayoría de los “asistentes” que, cuando más, podía aspirar a “oirlos “con devoción? Habrá que confesarlo: los últimos años han sido en liturgia los años del gran esfuerzo y…del gran fracaso. Se había logrado que las minorías llegasen a participar algo en la misa. Pero se había fracasado casi siempre con las masas, que seguían muy poco más presentes que antes. ¿Cambiará todo ahora? El esquema abre la puerta para ello. Pero esa puerta deberá ser cruzada por los cristianos, sobre todo por los sacerdotes. Porque ésta, si es una reforma útil, no es una reforma cómoda. No acorta estas o aquellas cosas, no hace facilitas las celebraciones litúrgicas. Facilita en cambio el que puedan llegar a ser vividas. ¿Sabremos ahora, sacerdotes y fieles, “hacer la parte de Concilio” que a nosotros nos toca?
Estas ideas son un calco del liturgismo alemán de los años 30, el llamado “esfuerzo litúrgico”. Recuerden: impedida la acción apostólica de la Iglesia entre las juventudes, el episcopado alemán desde Fulda apoya la reconversión de la Liturgia en un instrumento no sólo catequético como los belgas y franceses, sino apostólico-pastoral. Para ello es importante implicar “a las masas”, hacerlas “militantes” con y a través de la liturgia. Este es el punto de inflexión del desviacionismo del Movimiento Litúrgico. A partir de aquí se hace patente la inversión de principios y el abandono de la línea impuesta por Dom Guéranger.
Además la dicotomía planteada por Martín Descalzo no preveía algo que inmediatamente se consolidó el menos entre los sacerdotes: que esas celebraciones “vividas”, para ellos comenzaban por hacerlas “fáciles y cómodas”. Desgraciadamente así hicieron la mayoría de los sacerdotes la parte del Concilio que les tocaba…
3) Pluriforme (o Cassata siciliana “tutti fruti”)
3) Se abre otra puerta a la variedad en la Iglesia. El esquema es la renuncia a la rígida uniformidad que encorsetaba la liturgia en moldes occidentales que luego se imponían mejor o peor en todo el mundo, salvo el “residuo tolerado” de las liturgias orientales. Desde hoy podrán tener liturgia africana los africanos, asiática los asiáticos, europea los europeos. La Iglesia habrá demostrado con la práctica al mundo que en verdad no está atada a ninguna cultura de este mundo.
¿Una Iglesia asépticamente a-cultural? Cuán diversa de la auténtica perspectiva y naturaleza de las cosas. La cultura latina, a diferencia de las culturas orientales por ejemplo, manifestó a lo largo de toda su historia una capacidad única de adaptación y asimilación de las culturas en las que se fue implantando y en las que se fue desarrollando. Esa capacitación – base del mundo occidental- ha sido posteriormente la base de la globalización y universalización de todo el mundo.
Y eso sin rozar nunca el eclecticismo que sería la puerta para el desvanecimiento de su unidad doctrinal y moral. ¡Que equivocados estaban los pseudo-antropólogos y sociólogos de formación filosófica maxscheleriana de los 60 y 70! ¡Qué concepción más hegeliana de Dios y de la Iglesia! Cuando asumes, como una desviación errónea de la teologia de la Encarnación, que es el hombre el lugar por el cual Dios se hace manifiesto en la historia a través del “proceso”, entonces Dios necesita al hombre para poder manifestarse realmente. Por ello la liturgia obtiene toda su fuerza de realización en la plasmación de todo lo humano que por serlo es divino y en sí mismo acción litúrgica de Dios. Por ello en las celebraciones hay que hacer intervenir, vivir, surgir, expresar, todo lo humano. La voz del hombre, de sus alegrías y angustias, es voz de Dios y liturgia de su mismo Ser.
Aunque no lo crean estas estupideces se han dicho y se dicen, se han enseñado y se enseñan...
4) Ecuménica e igualitaria (para interesar e impresionar a los hermanos separados)
4) ¡Y que salto ecuménico! Me lo decía esta mañana un observador: “Si todos los documentos que emane el Concilio fueran como esta Constitución litúrgica, el diálogo ecuménico sería muy fácil y no estaría lejos el día de la unión de los cristianos”. Una liturgia viva, deslatinizada, que rompa el muro que separaba a seglares y a clérigos, que dé a la Palabra de Dios el sitio que realmente le corresponde, no puede menos de interesar e impresionar a los hermanos separados. Un buen comienzo este primer decreto conciliar aprobado.
Todo parte de un profundo complejo ante el mundo, ciertamente cada vez más igualitarista y global, de aislacionismo y jerarquismo. Los años 60 cultural y políticamente están marcados por una orientación determinada del proceso histórico. Muchos miembros de la Iglesia no quieren quedar ni alejados de esa marcha ni anónimos a esos cambios: piensan que ahora es el momento para conciliar la Iglesia con el mundo moderno evitando así lo que, según ellos, sucedió con los cambios del siglo XIX.
Sacerdote que, seguramente de buena fe y con buena intención pastoral, celebra de la manera que le han enseñado...
5) Una liturgia abierta al progreso y a la improvisación.
Los pasos del presente…
5) Y que estupenda lección de unanimidad -¡si hasta vienen bien para probar la libertad conciliar esos 19 votos negativos!- la de esa votación impresionantemente acorde. El Concilio encuentra así su camino: renovación sin extremismos y con puertas abiertas para futuros pasos. ¿Dónde han quedado ya las polémicas que durante un mes agitaron la primera sesión?
El tiempo hace su obra. Y el tiempo nunca camina como los cangrejos.
Y esa misma noche….
Asesinato de Kennedy
“Ha caído como una bomba en la noche. Los obispos se pegaban a los televisores para saber detalles y había una angustia en todos los rostros.¿Hasta cuando, oh Dios, reinará la violencia en este mundo? ¿Y mañana? ¡Quien sabe lo que puede suceder mañana!....

Capítulo 18: Octubre 1963: Frenazos y acelerones (17/04/2010)

14 DE OCTUBRE: UN CAPÍTULO LITÚRGICO A PIQUE
“Hoy sorpresa relativa: el capítulo de la misa en el esquema litúrgico al proponerse a la votación definitiva no ha llegado a los dos tercios necesarios para su aprobación. Necesitaba 1495 votos y se ha quedado en 1417. ¿Qué ha pasado? ¿Es que los obispos se oponen a la reforma litúrgica? ¿Y cómo es posible esta votación con 781 votos negativo (o más exactamente, condicionados “juxta modum”) cuando este mismo capítulo superó siempre largamente los dos tercios cuando fue votado párrafo por párrafo?
Ya hable el otro día de la preocupación de muchos obispos que no eran amigos de que parte de las decisiones litúrgicas pudieran quedar en manos de los superiores religiosos, causando quizá discrepancias dentro de una misma diócesis. Hace unos días 315 apuntaron ya esta preocupación, que hoy se ha extendido a varios cientos más que sea sólo el obispo quien pueda conceder ciertos permisos (el de la concelebración, concretamente) Y como en un Concilio se hila delgadísimo, el capítulo no pasa con que un tercio de los obispos no esté de acuerdo con una pequeñísima minucia. Y tendrá que volver a la comisión para reelaborar este párrafo”
15 DE OCTUBRE: SIGUE ADELANTE LA REFORMA LITÚRGICA
“Junto al remate de los grandes temas, la sesión de hoy trajo otra buena noticia: las votaciones masivas que aprobaron los nueve puntos del esquema litúrgico, en que se ordenaba que los sacramentos se administren–salvo la estricta fórmula sacramental- en lengua vernácula, y no en latín, y los que hablan de revisar y mejorar los ritos del bautismo y de la unción de los enfermos. En ninguno de los casos el número de votos negativos llegó a los cincuenta, y los positivos superaron siempre los dos mil. ¿Y quién dijo que el Episcopado del mundo era conservador?”
18 DE OCTUBRE: A PIQUE EL TERCER CAPÍTULO LITÚRGICO POR CULPA DE MARTIMORT
“Parece que todo estaba hecho y hoy 1054 Padres, votando “`placet juxta modum”, han devuelto el capítulo al taller.¿Qué pasa? ¿Acaso los Padres se han vuelto atrás en sus afanes de reforma litúrgica? Aquí basta una minucia para que el esquema tenga que ser reelaborado hasta quedar a gusto de todos…hoy el punto en que más obispos coinciden pidiendo correcciones es un voto preparado por el canónigo Martimort, pidiendo que en los sacramentos todo pudiese decirse en lengua vulgar, incluso la fórmula que en el esquema se sostenía en latín…”
No es de extrañar que los Padres se sintiesen manipulados: tres días antes habían votado una cosa y ahora, uno de los expertos miembros del Consilium les quería hacer votar otra distinta…
22 DE OCTUBRE: LA REFORMA DEL BREVIARIO
“La sesión de hoy ha sido más viva e importante que las pasadas. Un mejor nivel medio en las intervenciones y, sobre todo, la reforma del breviario, ya definitivamente puesta en marcha.
Ningún tema fue tan debatido como éste en la sesión del año pasado. Desde los Padres que deseaban una reforma íntegra, de arriba abajo, del Oficio Divino, hasta el de los que preferían que no fuera tocado, toda una larga baraja de opiniones desfiló por los micrófonos conciliares. ¿Qué ha quedado de todo ello?
Una postura media, como en todo, si bien con más puertas abiertas que cerradas: hay que ir hacia una reforma del Breviario, no para quitar oración a los sacerdotes, sino para hacerla más fructífera y verdadera. Y hoy, con sus votos, el Concilio ha aprobado estas líneas de reforma que ahora realizarán las comisiones posconciliares: un breviario levemente más corto, mejor ordenado, con más equilibrada distribución de los textos escriturísticos y poniendo en las manos de los obispos una gran facilidad para conceder a sus sacerdotes permutas, dispensas y posibilidades de rezo en lengua vulgar.
Una reforma que tardará aún unos años en ponerse en práctica, pero que caerá como buena lluvia sobre la vida de los sacerdotes.”
Poner en manos de los obispos la potestad de arbitrio de esta cuestión, en el fondo, y vista la situación en la que se encontraba el episcopado mundial era someter el rezo canónico de las horas litúrgicas a una peligrosa arbitrariedad. No se trataba aquí de las razonables dispensas cuya potestad el código de derecho canónico ya ponía en manos del Ordinario. Sino de entrometerse en la edición de breviarios en lengua vulgar a discrecionalidad de los obispos. En el fondo era alterar la exclusividad que Roma poseía de legislar en materia litúrgica. Y entrar en esa pendiente podía conducir a un peligroso precipicio como luego la historia reciente ha demostrado. Sin embargo, no pongo en duda que las reformas introducidas a partir de la edición de la nueva Liturgia de las Horas, haya aportado importantes beneficios a la vida de la Iglesia
No obstante, y según mi opinión, estamos ya en situación de poder elaborar un riguroso juicio sobre los aspectos positivos y negativos, tanto de esta como de otras tantas reformas de la Iglesia en estos últimos 50 años.

Capítulo 17: 2ª Etapa Conciliar: Todo sigue adelante con Pablo VI (27/03/2010)

“21 DE JUNIO DE 1963: A estas horas los periódicos del mundo están lanzando a todos los rincones del mundo la más hermosa noticia que se podía imaginar: la Iglesia tiene un nuevo Papa, se llama Pablo VI, y hasta ayer se llamaba cardenal Montini. Detrás de esta noticia hay otra aún más bonita: todo sigue adelante, la Iglesia continúa su camino, es como si Juan XXIII no hubiera terminado de morir. Todo sigue…”
4 DE OCTUBRE: YA ESTÁ AQUÍ LA REFORMA LITÚRGICA
“Y mientras algunos se asustan de la polémica que nace, aquí tenemos ya los primeros frutos de la polémica del año pasado. Tras las heladas invernales viene la primavera con sus flores, el verano con sus frutos. Y los que creyeron que poco menos que se caía la Iglesia cuando los obispos discutían sobre si el latín sí o latín no, ahora verán el sereno fruto plasmado en la nueva redacción del esquema litúrgico que hoy se ha entregado “bajo secreto” a los obispos. Hablemos, pues de ello “bajo secreto”.
No se puede ignorar la carga irónica: algunos obispos no guardaron el secreto porque sabían que era trascendental el peso de la opinión pública para hacer valer triunfar sus postulados
Maravilla: se han impuesto el 90 por 100 de las ideas renovadoras. El esquema – que algunos encontraron lanzadísimo- no sólo no ha sido acolchado, sino que en muchos párrafos ha ganado en punta.
La Comisión Litúrgica que preside el cardenal español Larraona, ha trabajado a fondo, ha revisado miles y miles de enmiendas presentadas. Hoy ofrece ya el fruto con el nuevo texto del capítulo más difícil: el que se refiere a la misa. ¿Muchos cambios?”
1.-La lengua vulgar tiene las puertas abiertas en toda la parte de la misa en la que tiene intervención el pueblo. Y no se cierra la puerta para que las conferencias episcopales estudien si conviene también en las partes centrales de la misa.
Concedida la autoridad potestativa para ello a las Conferencia Episcopales era más que evidente que la lengua vulgar arrinconaría al latín.
2.-Adaptación y simplificación de la misa con un reestudio completo de todas las ceremonias para hacerlas más inteligibles, menos complicadas, más ordenadas.
“Reestudio completo de todas las ceremonias” es sinónimo de operación quirúrgica o de poda discrecional de la liturgia. Evidentemente a discreción de la Comisión.
3.-Crece en importancia la parte “catequética” de la misa: los fieles deben asistir a ella para oir misa entera. Y esta parte de lectura de textos evangélicos tendrá su complemento casi indispensable en la predicación de la palabra de Dios.
Procédase a una estadística sobre la caída en picado del “oir misa entera” de los fieles católicos en los últimos 50 años. Y a un estudio sobre la calidad homilética en la predicación. ¡Escalofriante!
Misa del Cardenal Mahony
Primeros ensayos de misas concelebradas durante el Concilio
4.-Aceptación de la comunión bajo las dos especies en la Iglesia Latina, si bien en ocasiones muy contadas, dadas las dificultadas prácticas que su distribución encierra.
¡Las ocasiones “muy contadas” son las que la comunión bajo las dos especies se distribuye con dignidad! ¡Y cuanto escándalo para los fieles! No quererlo ver es una postura suicida.
5.-Mucha mayor amplitud en lo que se refiere a la concelebración, dejando en manos de los obispos el decidir en qué casos debe permitirse.
¿En manos de los obispos? Pues siempre, en todo lugar y a toda hora. ¡Qué empobrecimiento especialmente en las comunidades monásticas y religiosas donde una misa concelebrada es la única celebración eucarística en todo el día. ¿Solución? Disminución de las misas y consecuentemente del horario de apertura de los templos y de la frecuencia de los fieles a la eucaristía, “fuente y cima de la vida cristiana” (LG 11)
“Todo esto aún no está aceptado, claro, sino propuesto al voto. Pero puede asegurarse que sus líneas generales son ya fruta madura”.
9 DE OCTUBRE: VOTACIONES QUE HACEN PENSAR
Al Concilio le llega la hora de empezar a votar. Y aquí es donde se ve la verdad.
El año pasado me decía un obispo:
-No deis demasiada importancia a cuanto se dice en el Aula: allí siempre hablan los más audaces o los más tozudos, los de los dos extremos. Lo importante es sabe qué piensan los que no hablan.
-¿Qué piensan los que no hablan, Excelencia?-le pregunté
-Los que no son extremistas suelen ser casi siempre moderadamente conservadores- me respondió.
Tenían por eso su intríngulis estas primeras votaciones litúrgicas. Si uno hace cálculos, según las intervenciones en el Aula, había un equilibrio de fuerzas. Si sobre un tema hablaban setenta Padres, treinta estaban a favor y treinta en contra. ¿Pero a cuántos representaban los treinta primeros y los treinta segundos? Hoy las cifras cantaron. Y cosas que hacen pensar. Ya ayer las primeras votaciones, sobre puntos no hirvientes, dijeron que la mayoría –casi la totalidad- no estaba precisamente en la línea “moderadamente conservadora”, sino en la moderadamente reformista. Pero las votaciones de hoy han gritado esto para todos los que no se pongan tapones en los oídos.
¡Qué lío cuando las discusiones sobre el latín en la liturgia! “Cada paso en que nos apartamos del latín nos acercamos a la herejía! Dijo un Padre el pasado año. “El latín es un factor esencial de la unidad de la Iglesia” dijo otro. “La participación activa de los fieles en la liturgia –añadió un tercero- no servirá más que para distraerles”. “Civis Romanus sum, civis christianus sum, lengua latina servetur” clamó retórico un cuarto. (“Soy ciudadano romano, soy ciudadano cristiano, manténgase la lengua latina”).  
Hoy cuatro votaciones dieron paso a las lenguas modernas en diversas partes de la misa. Los votos afirmativos fueron 2.215, 2.212, 2.193 y 2.139. Los negativos oscilaron entre 44 y 67.
¿Y el tremendo debate sobre si permitir o no en algunas circunstancias la comunión bajo las dos especies? 2.131 favorables, 96 negativos.
“En el Concilio se debería votar más y discutir menos” me decía un amigo. Y tiene razón. Cuando 60 discuten y 30 hablan a favor y 30 en contra es posible que los 30 primeros se representen a sí mismos y los otros 30 a todos los demás. Porque los que no hablan no están precisamente dormidos. Como no lo está la Iglesia.”
Dormidos no, pero distraídos muchísimo. Y crédulos y víctimas de un afán indecible de novedades, aún más.
¡Qué hippie y happy estaba el Espiritu Santo en los 60!

Capítulo 16: Fin de 1962: Ensueños tras una puerta abierta... (20/03/2010)

17 DE NOVIEMBRE: VOTACIONES SOBRE EL ESQUEMA
“Mientras tanto han pasado inadvertidas las primeras votaciones sobre el esquema litúrgico. Votaciones cuyo resultado, casi unánime, contrasta con el debate actual.
La realizada sobre el conjunto del esquema totalizó 2.162 votos favorables sobre un total de 2.215 ¿Se conseguirá la misma unanimidad cuando lleguen los puntos concretos: lengua litúrgica, concelebración, comunión bajo las dos especies? “
5 DE DICIEMBRE: VOTACIONES SOBRE LAS REFORMAS
“Mientras los nuevos temas han ido entrando en estudio el Concilio ha ido procediendo a las votaciones de las reformas introducidas en el esquema de Liturgia. La mayoría de las votadas hasta ahora eran más bien cuestiones de detalle. Pero ya hoy se ha llegado a algún punto realmente significativo.
El primero es el referido a la posición de las comisiones episcopales en materia litúrgica. Como es sabido, el esquema inicial dejaba prácticamente toda jurisdicción en este terreno a la Santa Sede y a las correspondientes Congregaciones. La modificación hoy introducida y aprobada por casi unanimidad dice así: "En virtud del poder concedido por el derecho, la reforma litúrgica es también competencia de las diferentes asambleas territoriales de obispos legítimamente constituidas". ¿No es éste un paso importante para la adaptación de la liturgia a todas las culturas?
El segundo gran problema debatido fue el de la lengua de la liturgia. Todavía no se ha votado el problema en particular, pero la toma de postura general indica ya los caminos que se seguirán. El párrafo tal y como hoy ha sido votado dice que el latín se conservará en los ritos latinos (nadie trataba en rigor de abolirlo completamente), pero que, dado el interés pastoral que se ve en las lenguas vivas, éstas podrán ser introducidas en mucha mayor parte en la liturgia, dejando para cada apartado en futuras votaciones el ver hasta dónde deben introducirse en cada acto litúrgico.

La puerta, pues, está abierta. Las futuras votaciones decidirán cuánto se abrirá en Ia misa y cuánto en cada sacramento. La casi unanimidad conseguida también en esta votación viene a demostrar que, al menos en términos generales, el acuerdo está conseguido. ¡Qué pena que no haya tiempo ya en esta sesión para llegar a estas aclaraciones concretas! Pero todo será cosa de esperar diez meses más. De todos modos lo importante es ver cómo el tiempo va madurando las ideas y cómo lo que ayer se veía insoñable, de pronto se hace posible, casi alcanzable con la mano. Dios sea bendito.”
Cóctel más que explosivo: competencia de las conferencias episcopales nacionales en materia litúrgica y posibilidad de introducir las lenguas vivas en mayor parte en la liturgia, en razón del interés pastoral. Estrategia clara a seguir: hacer que todo lo que se presente a posteriores votaciones, a pesar de haber afirmado solemnemente que el latín se conservará en los ritos latinos, privilegie la introducción de las lenguas vernáculas en el desarrollo de la reforma litúrgica. Pero para preparar este terreno hace falta algo de tiempo, no más que algunos meses, e instrumentos válidos. Pero también un golpe de timón. Y este llegó de la mano del Papa el día después, 6 de diciembre.
NUEVAS NORMAS PONTIFICIAS
Su objetivo estaba muy claro: reestructurar la marcha del Concilio y dirigir las reformas a través de una comisión que mantenga la línea del discurso de apertura del Concilio. Los prelados Suenens, Léger y Montini habían abogado por ello.
“Las normas dictadas hoy por el Papa recogen y arquitecturan todas estas preocupaciones:
En ellas por de pronto se dice que, en el intervalo entre sesión y sesión, las comisiones conciliares han de reexaminar y reelaborar todos los esquemas. Y han de examinarlos a una luz: a la de la alocución pontificia del 11 de octubre, fecha que comienza a ser histórica no sólo por haber inaugurado un Concilio, sino también una nueva manera de pensar. El Papa, en las normas hechas públicas hoy, vuelve a recoger los párrafos de su discurso en los que dice sin rodeos lo que quiere que sea este Concilio: un recoger las verdades antiguas y decirlas en el lenguaje de los tiempos actuales; un orientar todo con un carácter directa y prevalentemente pastoral; un decir la doctrina maternalmente, con el tono de la misericordia.
Por todo ello -prosiguen las normas pontificias- es necesario que entre todos los temas preparados se elijan principalmente aquellos que afecten "a la Iglesia universal, a los fieles y a la entera familia humana", dejando los puntos particulares a -novedad importante- las comisiones que serán constituidas después del Concilio. ¿No serán entonces las Congregaciones Romanas quienes aplicarán el Concilio, sino comisiones especiales que se constituirán concluidas las sesiones?
Pero sin duda la gran novedad de hoy es la constitución de una nueva comisión coordinadora, directora de las tareas del Concilio. El Papa hace suya, pues, aquella preocupación que señaló el cardenal Montini: "la falta de una autoridad que dominara la preparación de los esquemas, que señalase la idea central y arquitectónica que marcase el punto focal del programa". ¿Quiénes formarán esta comisión? Se sabe que la va a presidir el secretario de Estado, Cardenal Cicognani, y se rumorea que la formarán los cardenales Lienart, Suenens, Doepfner, Urbani, Confalonieri y Spellman. Me parece que basta leer esta lista para -si se confirma- conocer la orientación a la que esta comisión se inclinará. ¿Cuál será su tarea? Prácticamente dirigir el Concilio en estos diez meses de intersección: coordinar los trabajos de las comisiones y, sobre todo, vigilar -las normas usan exactamente esta palabra- para que las comisiones trabajen a la luz de la idea del Concilio: su universalidad, su modernidad, su pastoralidad.
Aún hay más novedades: Las comisiones en sus trabajos podrán llamar nuevos peritos, especialmente en los temas que toquen con el apostolado, peritos elegidos "no tanto por razones de oficio cuanto por razones de competencia". ¿Hace falta mucha imaginación para ver aquí recogida la petición de varios cardenales que señalaron que se debía pedir ayuda a peritos seglares? Y durante estos diez meses el Concilio seguirá realmente abierto: las comisiones trabajarán durante este intervalo; reelaborarán los esquemas y los enviarán a los obispos para que éstos manden por escrito las correcciones que crean necesarias. A la vista de estas correcciones de nuevo revisarán las comisiones los esquemas, con lo que se presentarán al Concilio mucho más maduros y se evitarán muchas de las pérdidas de tiempo que han sido tan características de esta primera sesión.
Ha causado impacto esta decisión de Juan XXIII, su vigor para tomar decisiones tan radicales. El Concilio cogerá con ello un ritmo totalmente nuevo. No morirá de aburrimiento, esto puede asegurarse. Juan XXIII está decidido a hacer "su" Concilio sin que nada cierre el camino.
Así, pues, el Vaticano II va a cerrar sus sesiones solemnes, pero va a quedar más abierto y más vivo que nunca. Juan XXIII ha cogido vigorosamente el timón y está decidido a no dejar dormirse a la Iglesia. Concluido, pues, su "noviciado" el Concilio se dispone a seguir su marcha a velas desplegadas.”
¡Aggiornamento a toda máquina! ¡Y el último, paga prenda! En ese mismo 1962 el Papa Juan XXIII es galardonado con el Premio Balzán de la Paz, por fomentar la “humanidad, paz y fraternidad entre los pueblos”
El 8 de diciembre se clausuraba la primera etapa del Concilio: a la salida de la Basílica vaticana, los dos mil obispos se perdieron entre las cincuenta mil personas que en la Plaza de San Pedro esperaban la bendición del Santo Padre. El cielo estaba abierto y la puerta también…
El 9 de abril el Papa firmaba su encíclica “Pacem in terris” (en la foto) que causó regocijo en todo el orbe. Sin embargo, el mundo se entristecía ante el anuncio público de su enfermedad, en la mañana del 23 de mayo de 1963: un cáncer de estómago. Murió en Roma el 3 de junio de 1963. El Papa no quiso dejarse operar temiendo que el rumbo del Concilio se desviara de lo estipulado, de esta forma el mismo Papa estaba firmando su sentencia de muerte. Al fin, después de una grave enfermedad, el Papa Juan XXIII muere sin ver concluida su obra, a la que él mismo consideraba “la puesta al día de la Iglesia”.

Capítulo 15: La hora del balance: Tres lecciones, tres descubrimientos (13/03/2010)
“Bueno será que, en esta hora, volvamos la vista atrás y hagamos una especie de balance provisional de las cosas que el Concilio nos ha enseñado en el estudio del primer esquema. Que no son pocas.”
Martín Descalzo dixit.
1º Muchas intervenciones que demuestran mucho interés en la cuestión litúrgica y que dejan patente una universalidad de pareceres. Parece necesario poner medios para acelerar la discusión del esquema.
“Lo primero que ha llamado la atención ha sido el número de intervenciones. 321 exactamente; es decir: más del doble que en todo el Concilio Vaticano I. Esto puede dar a las sesiones un tono de repetición y prolongación aparentemente inútil, pero no cabe duda de que este gran abanico de intervenciones, venidas desde todos los rincones del mundo, es lo que da a los problemas su contorno preciso y les quita todo carácter de posible unilateralidad. Y, por otro lado, las cinco últimas sesiones, en las que se han estudiado seis capítulos del esquema, demuestran que hay medios para acelerar la discusión sin recortar la universalidad de los pareceres.”
2º El conjunto de los Padres apuesta por el esquema y por ampliar las reformas.
“El segundo dato caracterizador ha sido el tono medio de las intervenciones. El esquema de liturgia era -según la opinión de casi todos-, conservador en su esencia, reformador en muchísimos detalles. Pues bien: prácticamente, la totalidad de las intervenciones ha sido, o para defender el esquema o para hacerlo más amplio en sus reformas. Podrían contarse con los dedos las intervenciones que han tratado de hacerlo menos reformador, ¿Es, acaso, que la mayoría del Concilio es innovadora?”
3º No existe pasividad alguna entre los Padres: abundan las enmiendas. La responsabilidad de su examen recae sobre la Comisión Litúrgica.
“La tercera característica es el número de enmiendas pedidas, aun siendo como era éste un "esquema de rodaje", un "esquema fácil". Aún sin encontrar grandes hostilidades -y recuérdese que en la historia de los Concilios no es nada infrecuente el que muchos esquemas fueran rechazados en bloque-, son más de mil las enmiendas propuestas y que ahora tendrá que revisar y sopesar la comisión litúrgica. ¿Qué no sucederá con otros esquemas más discutibles?”
De la consideración de estas características se derivan tres implicaciones que en el fondo se reducen a una tendencia: dar importancia a la periferia (conferencias nacionales, ámbito misionero y observadores no-católicos) desposeyendo a Roma de la única y exclusiva potestad de legislar en materia litúrgica. Esa tendencia progresiva pudo prosperar debido a las presiones de una mayoría de los miembros de la Comisión Litúrgica Conciliar, los mejor organizados, que no encontraron ningún tipo de oposición en el Cardenal Arcadio Larraona, prefecto de la Congregación de Ritos y presidente de la Comisión Litúrgica. De hecho el nombramiento del claretiano navarro en febrero de 1962, jurista experto “in utroque iure” y no en liturgia, como prefecto de la Congregación de Ritos y de la Comisión Litúrgica Conciliar, aseguraba a los expertos una gran libertad de movimiento. Larraona en un principio se ocuparía de las cuestiones jurídicas y procedimentales sin inmiscuirse en los temas.
“Aparte de estas tres lecciones importantes, yo diría que este esquema ha ofrecido tres descubrimientos que me parece van a ser decisivos en la historia de la Iglesia contemporánea”
“En primer lugar, el descubrimiento del valor de las conferencias episcopales. Este Concilio que, por un lado ha señalado el fin de los llamados "bloques nacionales" y que ha permitido ver a obispos de la misma nacionalidad tomando posturas distintas y aún opuestas, por otro ha dejado ver la necesidad de una cada vez mas sólida vertebración y organización de los Episcopados. Así hemos asistido a la fundación de la Conferencia Episcopal Panafricana y a la organización de todos los obispos orientales, hasta hay tan desunidos, en una especie de Conferencia Episcopal común. E incluso comienza a hablarse de una Conferencia Episcopal Europea, una especie de Mercado Común de las almas.
“El segundo gran descubrimiento es la importancia de los nuevos pueblos. En el Concilio Vaticano I todos los obispos misioneros eran de origen europeo; en éste hemos visto obispos de todas las razas y colores. En aquél se consideraba a los misioneros como obispos de segundo orden (recuérdese que se les llamaba incluso "los pequeños obispos"), y en este Concilio casi podría decirse que han sido los obispos que mayor interés han acaparado y que han significado las voces más nuevas y más frescas,”
“Un tercer descubrimiento importantísimo: la presencia de los observadores. Son una especie de recuerdo perenne de la caridad, y su presencia en el Aula es un freno constante a toda postura demasiado tensa. ¿Quién puede medir el peso que esto va a tener en los próximos días en los que se va a debatir uno de los problemas eje en la separación de Lutero? “
“He aquí ya una serie de conclusiones que me parece que, por sí solas, justificaban un Concilio. Pero quizá lo más importante no ha empezado todavía.”
Era más que evidente que lo más trascendental estaba todavía por llegar. En lo referente a la cuestión litúrgica serán los miembros de la Comisión quienes, una vez aprobado por unanimidad el esquema, someterán a votación cada una de las cuestiones prácticas. La manera y el modo de la presentación, siempre privilegiando las ambigüedades, tendrán una importancia capital a la hora del sufragio de los Padres. Además a un cierto punto, concentrada la atención en el proseguimiento de los demás temas conciliares, los padres confiados estimarán como acertados los trabajos de la Comisión, discurriendo estos en la dirección esperada. Y si además los presidía el conservador Larraona no había que temer nada.
Pero no fue así. Larraona se dará cuenta demasiado tarde y al hacerlo, dimitirá como prefecto de la Congregación y como presidente del Consilium en enero de 1968.

Capítulo 14: Acabando el esquema, temas menores. (6/03/2010)

12 de Noviembre de 1962
“El Concilio está rematando el estudio del esquema de la liturgia. En las dos últimas sesiones se han puesto al tablero una serie de temas menores, pero interesantísimos. Les pasaremos revista rápidamente”
Y acto seguido los glosaremos.
1º Las mal llamadas “misas de vigilia” o anticipadas, del sábado por la tarde.
“El tema del día festivo, en primer lugar. Los Padres han subrayado la necesidad de volver a dar a este día el respeto que siempre debió rodearle. Algunos Padres comprobaron la gran utilidad que habían demostrado las misas vespertinas y no faltó la curiosa petición de que el tiempo de cumplimiento dominical se extendiera desde la tarde del sábado hasta la noche del domingo: muchos excursionistas salen ahora a la montaña en la tarde del sábado, para pasar el domingo lejos de la agitada vida de las ciudades ¿Por qué no podrían cumplir el deber de la misa antes de salir de excursión? Una propuesta más que el Concilio valorará en su día.”
Más allá del simpático tono bucólico en la referencia a esos “excursionistas que salen a la montaña para pasar el domingo lejos de la vida agitada de las ciudades”, es cierto que en aquel inicio de la década de los 60 la cultura del “fin de semana” se estaba extendiendo a un ritmo vertiginoso. Pero ya no se trataba aquí del “week end” inglés, entendido como el sábado, jornada dedicada al deporte y a los amigos, y el domingo, día del descanso, el culto y la familia. Los automóviles utilitarios, las segundas residencias de fin de semana, la difusión del excursionismo y la cultura del ocio de ese periodo de prosperidad occidental (europeo y norteamericano) estaban mudando los biorritmos en los países occidentales. Por otra parte en la cultura cristiana el domingo se inicia con las vísperas del sábado por la tarde. Nada obstaba para extender el cumplimiento del precepto dominical a las misas “anticipadas” que en horario posmeridiano se celebrasen el sábado.
2º Modificaciones en Adviento y Cuaresma,
“Un segundo punto: la valoración de los tiempos de Adviento y Cuaresma. Es necesario acentuar más la importancia de estos dos tiempos dentro del año litúrgico y sería de desear que el Adviento fuese en el rito latín, más largo, como es, por ejemplo, en el rito ambrosiano. También convendrá reestudiar las formas de penitencia que acompañan a la cuaresma: no eliminándolas, ya que en este siglo del lujo y del "confort" son más necesarias que nunca ante la ola del materialismo, pero sí adaptándolas a las necesidades concretas del hombre actual, especialmente en lo referido a la abstinencia, más tradición medieval que verdadera mortificación para el hombre moderno.”
Al final la reforma litúrgica nos trajo, y según mi parecer de manera acertada , una mayor valoración del tiempo de Adviento: se universalizó el prefacio de Adviento que existía “pro aliquibus locis”, elaborando además una misa para cada feria de Adviento según el modelo cuaresmal. No se fue más allá de las 4 semanas adventicias del rito romano (como los ritos ambrosiano e hispano-mozárabe que celebran 6 semanas de Adviento) porque realmente “per se” no hubiera enriquecido el tiempo fuerte adventicio. En cuanto a la penitencia cuaresmal se refiere, encuentro muy acertado el espíritu y la letra de la Constitución Apostólica “Paenitemini” de 1966 de ese gran pontífice que fue Pablo VI.
3º Fecha fija para la Pascua.
“ Fueron muchos los Padres que pidieron un calendario litúrgico fijo, situando la Pascua todos los años en el primer domingo de abril. Esto facilitaría no solo la acción pastoral, sino también evitaría muchos problemas laborales de la comunidad civil.”
No progresó tal petición: en un concilio con marcada ambición ecuménica una innovación tal hubiera obstaculizado el camino de acercamiento especialmente con los ortodoxos.
4º Revisión del santoral.
“También se ha pedido que se revise el santoral. Se mantienen, por ejemplo, en el calendario muchos santos antiguos, hoy prácticamente desconocidos por la piedad de los fieles”
No es cierto que fuese ese el motivo, que en sí mismo no se sostiene: el desconocimiento general de alguna materia no se arregla eliminando esa materia sino haciéndola conocer de manera divulgativamente positiva. Lo realmente cierto es que la crítica histórica había llegado a la hagiografía y se examinaban de manera muy severa los documentos históricos que sostenían la permanencia de algunos santos (más o menos legendarios, afirmaban) en el calendario…
5ª Promoción del arte sagrado contemporáneo
Capilla Nôtre Dame du Haut - Le Courbusier 1954
“En materia de arte sagrado se recordó -lo dice así el comunicado oficial- que la Iglesia acepta todas las formas de arte, sin hacer suyo por eso ninguno de los estilos particulares que se han ido sucediendo a lo largo de los siglos . La Iglesia tendrá por ello que luchar para dar a los artistas actuales la posibilidad de incorporar a sus obras la inspiración sagrada, que se funda en los cánones del arte auténtico y que es de todos los tiempos, aunque cambien las circunstancias y los gustos. El arte sagrado debe, además, encontrar su complemento en las tradiciones particulares de las diversas regiones .”
Lo cierto es que el experimento de los “artistas actuales” en incorporar a sus obras la inspiración sagrada, no ha aportado grandes resultados, salvo raras excepciones. Al contrario la mayoría de los templos contemporáneos han descartado los cánones del arte cristiano auténtico y se han convertido en ejercicios esnobs de la mayoría de arquitectos.
6º Nuevo impulso y renovación de la música sagrada.
“También el tema de la música ha sido objeto de atención de los Padres. Por un lado se ha elogiado la importancia del canto gregoriano que ha de ser salvado de su lenta sofocación, y por otro hay que favorecer también mucho el canto religioso en lengua vulgar dando también entrada a los cantos típicos y tradicionales propios de los países de misión.
La triste realidad acabó siendo bien diversa: la introducción, no de “cantos típicos y tradicionales de los países de misión”, sino de los parámetros de la música profana y de sus composiciones en las celebraciones, acabó sofocando y haciendo desaparecer el gregoriano hasta el punto de la extinción. Y lo mismo diríamos de la música orgánica. ¿Alguien conoce compositores modernos de piezas para órgano?
7º Pobreza y sencillez: un “culto más mitigado”.
“Pero quizá el tema que mayormente ha pesado en estos últimos debates ha sido el de la pobreza y sencillez en las imágenes y el culto. He aquí cómo resume este punto el informado comentarista de "La Croix":
Mons. Manuel Laraín Errázuriz
Mons. Paul Gouyon
"Muchos obispos, entre ellos monseñor Larraín, obispo de Talca, en Chile, y secretario del CELAM, y monseñor Gouyon, obispo de Bayona, han puesto el acento sobre el deber de una cierta pobreza en las celebraciones litúrgicas. ¿No es acaso la pobreza la nota particular de la Encarnación? Ciertamente, el culto debe ser bello. Pero no por el esplendor que confiere la riqueza, sino por el que da la verdad. Ahora bien: ¿qué es la verdad sino la revelación de la caridad de Dios? Un Dios que se despojó a sí mismo para revestir la naturaleza humana. Como ya se ha dicho, la apostasía de las masas se debe, en parte, a la incomprensión de los ritos litúrgicos y en parte al fasto exterior, que, si tiene fundamentos históricos, no entra en el gusto de nuestro tiempo. En nuestros días son tantos y tantos los que sólo conocen a la Iglesia por el cine, la televisión y las revistas ilustradas; es decir, por las ceremonias aparatosas. Y, mientras en otros tiempos la riqueza de los ornamentos y de los decorados atraía al pueblo, hoy es la pobreza evangélica lo que se estima y ama. Una forma demasiado brillante es, por tanto, un anti-­testimonio, mientras que un culto más mitigado sería un testimonio y abriría las puertas a la unidad. "Que los obispos recuerden -ha añadido un Padre- que no son príncipes, sino pastores; no señores, sino servidores."
Según mi humilde parecer, creo que la línea inicial del planteamiento no es desacertada: insistir en la austeridad del culto si esto fuese volver a las raíces del culto estacional sin perder el esplendor y la belleza de las celebraciones. No olvidemos, como tantas veces he insistido, la necesidad que el hombre moderno tiene de acercarse a la verdad a través de la belleza. Si pues pobreza y sencillez implica la austera belleza del culto monástico, (Celebración en la Abadía del Barroux, en la foto de la izquierda) estoy plenamente de acuerdo. Pero dando por sentado que no esto no implica abominar del patrimonio renacentista y barroco que el arte ha dejado como fuerte huella impresa en la vida litúrgica de la Iglesia. Ahora bien, de ninguna manera es aceptable si eso conlleva conducir el culto hacia ese feísmo minimalista al que nos han acostumbrado en estos últimos 50 años de reforma litúrgica. (Celebración en la iglesia de los jesuitas en Barcelona, presidida por el P. Provincial, en la foto de la derecha).
Por otra parte, la historia de la piedad litúrgica de los pueblos y de la antropología religiosa más actual, nos corrobora la afirmación según la cual son los más humildes entre los fieles los que más subrayan la necesidad de gozar de un espacio de esplendor y belleza, incluso de boato, que les trascienda y les eleve hacia un mundo sobrenatural al que puedan anhelar. Por todo ello, lo de la estima por la pobreza evangélica y el supuesto anti-testimonio de las “ceremonias aparatosas” es pura demagogia y manipulación de los ámbitos de pobreza. Dirigismo cultural occidental y sentimiento de superioridad europeo…
“ Y con esto, prácticamente, se cierran las sesiones litúrgicas. Todo da la impresión de que mañana se cerrará el estudio de este esquema”

Capítulo 13: ¿Un nuevo Breviario? (27/02/2010)

Día 10 de noviembre de 1962:
“El Concilio, mientras tanto, prosigue a buen ritmo sus tareas: hoy se ha cerrado ya el estudio de un nuevo tema: el del breviario. Un grave e importante asunto que afecta, sobre todo, a los sacerdotes, la "caríssima pars gregis" ("la más querida parte de nuestro rebaño"), como ha dicho ayer el cardenal Léger.
Cardenal Paul Emile Léger, arzobispo de Montréal
El breviario, la oración publica de la Iglesia, es la principal obligación de todos los sacerdotes del mundo, una de las columnas que sostienen la vida de la iglesia.
¡Y qué hermosa cadena de elogios se han tejido en torno a él en estas dos sesiones! He aquí algunos, según los refiere el comunicado oficial:
"El oficio divino constituye una fuente de gracias para la Iglesia toda;
un medio de santificación personal;
un vínculo de unión entre todos los sacerdotes del mundo;
un manantial continuo de consuelo, particularmente -como demuestra la Historia reciente- para los sacerdotes que sufren persecución en las cárceles y campos de concentración;
alimento del alma;
sostén para los jóvenes sacerdotes en sus dificultades y preocupaciones, y para los ancianos, en sus achaques y decaimientos;
una mina de tesoros escriturísticos y patrísticos para la diaria formación del clero;
causa siempre eficiente de una vida más santa, de un trabajo apostólico más profundo y de una actividad más generosa y eficaz."
Pero a pesar de todo ello -prosigue el comunicado-, "una buena parte de los obispos presentes desea que se realice una profunda y amplia revisión del breviario".
Craso error: si algo funciona no debe tocarse salvo si estás seguro que a pesar de los cambios seguirá funcionando y lo hará mejor de cómo lo hacía. Una revisión o reforma (que son cosas distintas) no es garantía de poder superar una recitación mecánica o puramente formalista de la oración de la Iglesia. El problema es de otra índole: es de orden espiritual.
"Si se hiciera una estadística -afirmó uno de los Padres- entre todos los que están sometidos a la obligación de recitar el oficio divino, se comprobaría qué inmensa potencia de oración representa, pero también se comprobaría con cuánta frecuencia se reduce a una multiplicación mecánica de palabras".
"Por ello -decía monseñor Garrone, arzobispo de Toulouse- el alma del obispo se siente preocupada. No se trata, ciertamente, de atentar contra un edificio tan venerable e importante como el del oficio divino. Pero los Pastores no deben desconocer las condiciones concretas de la vida y la carga apostólica de sus sacerdotes. Y esto no es amor a la novedad, es afán porque la oración sacerdotal se haga en la verdad. Que se haga para dar gracias a Dios y no como un formalismo ni, quizá, en una lengua mal asimilada"."Se trata -señaló otro Padre- de lograr un justo equilibrio entre la oración y la acción pastoral."
En referencia al latín como “lengua mal asimilada” decir que esa cuestión es de orden intelectual y de formación. El clero, incluso en los países de misión, en aquella época poseía un conocimiento del latín que podríamos calificar de más que notable, por lo menos del escrito. Es cierto que no en todo el orbe católico los sacerdotes tenían una misma familiaridad con la lengua latina, pero esta formaba parte de su bagaje intelectual y pues afectivo. En cuanto a la traducción en uso de los salmos, ya Pío XII había encargado al cardenal Agostino Bea una nueva traducción de los salmos que estuvo en uso en los años 50, y aunque convertía los salmos en algo más familiar fue posteriormente descartada por la dificultad de encaje con el ritmo latino de los tonos gregorianos. En una palabra: era incantable.
“¿Cuáles son los problemas concretos que se presentan? El más importante afecta a la misma estructura del breviario: compuesto para la oración coral en los monasterios, en jornadas en que todas las horas del día se dedicaban a la oración, no se adapta -según numerosos Padres- a las necesidades presentes del sacerdote y -dice el comunicado oficial- "las últimas disposiciones han constituido más que nada una revisión de las rúbricas del breviario, y no resultan suficientes en el cuadro general de la reforma".
Eso no es del todo cierto: ya se había procedido a una gran simplificación y a un aligeramiento de las lecturas de Maitines (especialmente de la superabundancia de los oficios de 9 lecciones en las fiestas de los santos que primaban sobre el oficio ferial). Con la revisión de Juan XXIII lo más habitual eran los oficios de Maitines feriales de 3 lecciones. Eso representó un gran paso y un gran beneficio para el clero. Además se publicaba el Breviario en 2 volúmenes ( no en 4 y por orden estacional: primavera, verano, etc…), de un tamaño un poco mayor y además no ya en 2 columnas por página sino en la amplitud de la página.
“¿Qué postura tomará el concilio ante este anhelo de revisión? El esquema presentado a los Padres es, en este tema, más bien conservador. Se proyectan en él varios cambios de interés (una distribución de los salmos, no a lo largo de una semana, sino de varias: una revisión de los himnos, quitándoles cuanto tienen de extraño o de antiguas alusiones mitológicas: un repaso a las vidas de los santos, haciéndolas históricamente mas exactas y sustanciosas: una mejor distribución de los textos de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres). Pero -según este primer proyecto- el breviario quedaría fundamentalmente igual en su estructura, en su lengua y en su obligatoriedad”
Pues desagraciadamente no ha sido así: es cierto que el salterio se ha distribuido en 4 semanas, los oficios de maitines (lecturas), laudes y vísperas son ahora de tres salmos (en vísperas el tercero en ser recitado es ahora un cántico evangélico), pero en cuanto se refiere a los himnos no sólo se les ha quitado las alusiones mitológicas sino que prácticamente han desaparecido. En la edición en castellano, los latinos están a final como apéndice: ahora son poesías místicas y religiosas españolas o cantos populares en boga. Y pasa lo mismo en la edición francesa, italiana, alemana, inglesa… Pérdida irreparable. En la edición catalana, afortunadamente es al revés: se privilegian los latinos y en el apéndice final, himnos en lengua vernácula. Harina de otro costal es la lectura hagiográfica: se han suprimido casi todas sustituyéndolas por patrísticas o, si aquellos santos escribieron algo, por algún fragmento de sus escritos. En ese procedimiento estuvo muy presente el afán “desmitificador” que tanto se puso en práctica en aquellos años: todo parecían mitos y leyendas a suprimir. En cuanto a la lengua mejor no hablar: creo que sólo conozco a dos o tres sacerdotes que recen la “Liturgia Horarum” en latín. Si en el Seminario se hace en vernáculo ¿por qué uno se van a cambiar los costosos volúmenes de la Liturgia de las Horas? En cuanto a la obligatoriedad, pues como en todo: cuando se empieza con las recomendaciones más que con la “obligación bajo pena de pecado grave”, pues se abre un paso a la laxitud. En principio, y tras la supresión de Prima, con una hora menor de las tres existentes (ahora llamadas “intermedias”), parece ser suficiente. Después que si el Oficio de Lectura se puede rezar a lo largo del día y no obligatoriamente antes de Laudes, es decir que se puede postergar. Después que si con Laudes y Visperas es suficiente. ¿Al final, qué pasa? Cada uno hace lo que puede más que lo que debe…Y santa paz. Este es el auténtico resultado. Y muchos que la recitación la acabaron al salir del Seminario.
“ ¿Cuáles han sido las posturas de los padres ante este apartado del esquema? En cuanto puede juzgarse, tres: a), algunos Padres son partidarios de dejar el breviario como está; b), un segundo grupo -más numeroso- desea algunas pequeñas modificaciones, en la línea que señala el esquema, pero manteniendo fundamentalmente idéntica su estructura; c), un tercer grupo de Padres desea una revisión a fondo en la línea de hacer dos tipos de breviarios: uno en la forma del actual, para la recitación pública, y otro, más próximo a la lectura espiritual, con mayor cantidad de textos de los Padres del Nuevo Testamento y menor cantidad de salmos, para la recitación y lectura privada; un breviario que -como señaló uno de los Padres-, "se prestase menos a la recitación automática y fuera más provechoso para la propia formación del sacerdote y fuera un alimento de su predicación; un breviario -en fin- menos monacal y más pastoral".
¿Cuál de estas tres tendencias predominará? Esto sólo la hora de la votacion podrá resolverlo.
Pues ha predominado la tercera, clarísimamente. Como en las cuestiones siguientes predominó la lengua materna y la distinción entre partes obligatorias y aconsejables. Me gustaría subrayar la referencia a los días de mayor trabajo pastoral: los domingos y “los primeros viernes”. ¡Cuánto ha cambiado la Iglesia en medio siglo!
En torno a este tema central se agitaron otros varios: ¿conviene mantener el breviario en latín o sería preferible que cada sacerdote lo rezase en su lengua materna? ¿Conviene mantenerlo en su obligatoriedad íntegramente o sería mejor dejar algunas partes como obligatorias y otras como aconsejadas, pero de las que se podría prescindir en días de mayor trabajo pastoral, especialmente domingos y primeros viernes? Quizá en torno a estas preguntas la mejor respuesta fuese la dada por monseñor Yago, obispo de Abidján:
Cardenal Bernard Yago, arzobispo de Abidján
"No se trata de disminuir el tiempo de la oración, sino de encontrar el tiempo y el modo de rezar mejor. En esta época en que nos preocupa tan justamente el asegurar una participación cada día más activa de los fieles en la oración de la Iglesia, ¿cómo no buscaríamos los modos de conseguir lo mismo con la oración sacerdotal haciéndola o, mejor, volviéndola a hacer agradable?"
Después de la mayoría de comentarios que he realizado en este artículo algunos, con razón, podrían tildarme de derrotista y no saber apreciar los aspectos positivos de la reconversión del Breviario Romano en Liturgia de las Horas. Y tendrían razón, porque ha habido aspectos positivos.
En primer lugar, la mayoría de congregaciones religiosas de vida activa, con miembros con nula formación latina, la Liturgia de las Horas ha supuesto un enriquecimiento de su vida litúrgica. Antes se conformaban en rezar el Oficio Parvo de la Virgen y poca cosa más. También muchos laicos en las parroquias o en los movimientos nutren ahora su vida cristiana con el rezo de laudes y vísperas, cosa antaño menos frecuente, aunque no inexistente pues siempre encontrábamos laicos muy cualificados que lo hacían (existían también versiones “no oficiales” del Breviario en lengua vernácula). Sin embargo no ha proliferado el canto de vísperas en las parroquias, en las tardes de los domingos p. ej, como se suponía: son escasísimas las parroquias que lo hacen en comparación con las muchas que lo hacían antes de la reforma litúrgica. En otro orden de cosas, la vuelta a 4 volúmenes, demasiado grandes en lengua vernácula (totxos-ladrillos), dificulta el llevarlos consigo habitualmente como se hacía con el breviario.
Apreciaciones realistas, únicamente apreciaciones.

Capítulo 12: ¿Cambios en la liturgia de los sacramentos? (20/02/2010)

A inicios de noviembre todas las discusiones sobre la liturgia sacramental habían concluido. Faltaban las votaciones, pero la marcha de los debates nos podía ya orientar sobre el tema. Se dibujaban seis líneas generales sobre las que iba a construirse la constitución en torno a este particular. Así las presentaba nuestro analista:
1) No tocará los aspectos dogmáticos ni jurídicos de los sacramentos, ya que esto corresponde a otros esquemas. Este estudiará sólo los aspectos pastorales y litúrgicos.
2) No deben esperarse decisiones concretas, sino más bien principios generales para cuya aplicación trabajarán después las comisiones de estudio a lo largo de varios años. Ningún cambio, pues, inmediato.
3) Las tres tendencias fundamentales que el esquema apoyará serán: a), sentido social de los sacramentos, subrayando la participación de la comunidad como tal en su recepción; b), esfuerzo por una mayor inteligibilidad de las fórmulas y de los ritos sacramentales; c), tendencia a la simplificación en todos ellos.
4) No puede esperarse una gran revolución en las rúbricas, La revisión de éstas se realizará con gran cautela para no perder viejos tesoros.
5) Puede esperarse una notable introducción de las lenguas vulgares en la práctica de los sacramentos, mucho más amplia que en la misa.
6) Se dará una mayor libertad a las conferencias episcopales para la aceptación o adaptación de los ritos secundarios.
Quizá lo que más nos interesa comentar son los tres pilares sobre las que se preveía la elaboración del esquema, a saber: el sentido comunitario de los sacramentos, la inteligibilidad de los ritos y la tendencia general a la simplificación de estos.
Notemos que las tendencias racionalistas de la cultura occidental habían hecho mella en la administración de los sacramentos. De ahí derivaban esas tres líneas a las que parecía tender el Sagrado Sínodo. En realidad no podemos censurar ese sentimiento, al parecer general, en los padres conciliares. De suyo la liturgia romana siempre había tendido a esos tres aspectos: vivencia comunitaria de los sacramentos y un fuerte acento tanto sobre la simplicidad como sobre la sencilla comprensión de las fórmulas rituales. De todo el amplio abanico de la Liturgia cristiana es sin duda alguna la liturgia romana la más austera y concisa de todas. No deja de ser lógico pues, que tras la amplia extensión misional vivida por la Iglesia en el siglo XIX, desde el seno mismo de ésta, surgiera la necesidad de un replanteamiento de la situación.
Siguiendo los comunicados oficiales y las noticias que llegaban desde el Aula conciliar, se vislumbraban algunos trazos fundamentales. Como es nuestra costumbre los plasmaremos tal como los presentó el P. Martín Descalzo para dar pie a algún comentario u opinión al respecto.
“BAUTISMO. - Se insistirá en el catecumenado de los adultos convertidos, siguiendo y perfeccionando el nuevo rito que reparte la ceremonia del bautismo -para los adultos- en siete días, como signo de una más solemne y meditada entrada en la Iglesia. Se tenderá a simplificar algunas ceremonias complicadas. Algún Padre ha pedido, por ejemplo, la supresión del triple soplo y del uso de la saliva, que hoy no resultan simbólicos para nadie. Es muy probable que se recomiende el bautismo hecho en público ante toda la comunidad parroquial, quizá reuniendo a todos los niños nacidos en la semana en una o dos ceremonias solemnes y comunes, como hoy se hace ya en muchas naciones de Hispanoamérica. Que se prepare una misa especial para el bautismo de adultos. Que se permita a los obispos de tierras de misión el añadir otros ritos y ceremonias, para que el bautismo de los nuevos convertidos sea una verdadera fiesta. Que se prepare una fórmula breve de bautismo para los sitios donde no hay sacerdote. Y... como dato curioso diremos que un obispo pidió que el bautismo se hiciera con agua caliente.”
La recuperación del catecumenado cristiano fue obra del Papa Pío XII ante la intuición que los tiempos presentes conllevaría un aumento de adultos convertidos y no sólo en el estricto ámbito de las tierras de misión. Paradójicamente el actual ritual para la administración del bautismo a adultos está mucho más en consonancia con la tradición litúrgica romana (largo periodo catecumenal, escrutinios, exorcismos de catecúmenos, petición de los catecúmenos,etc…) que el reformado ritual de Bautismo, a mi entender, elaborado demasiado a la ligera. El mismísimo Papa Benedicto XVI ha dejado entrever que la actual petición del sacramento es demasiado “cosística” (¿Qué pedís? El bautismo) siendo más adecuada la tradicional (¿Qué pedís? La fe. ¿La fe qué nos otorga? La vida eterna.) El triple soplo posee el valor simbólico de una triple invocación al Espíritu Santo (pneuma: soplo-espíritu ) y forma parte de los exorcismos prebautismales (que se alejen los espíritus inmundos que tiene que entrar el Espíritu Santo) ; el uso de la saliva nunca fue simbólico en sí mismo pues eran rememorativo de un gesto del Señor, el recuerdo de la curación del sordomudo (rito del Ephettà: que significa “abríos”) y que expresa el deseo que el neófito un día escuche y profese la fe que de la Iglesia ha recibido. Afortunadamente este último rito prevaleció en la reforma pues es antiquísimo. En cambio desapareció el de la sal, que a partir de un juego de palabras latino, poseía los fundamentos de lo que se conviene en llamar “símbolo”: “Recibe la sal de la sabiduría que te lleva a la vida eterna” (sal-sabor-sabiduría que además significa conservación-perdurabilidad).
En otro orden de cosas los bautismos ante toda la comunidad parroquial son pastoralmente incómodos e inapropiados en su orden práctico: si a los tres cuartos de hora/ una hora de una misa dominical añadimos media hora larga de bautizos “en la misa”, los fieles se largan y protestan como tenemos experiencia todos los que tenemos cura pastoral. Al contrario el bautismo de varios niños en una misma ceremonia (como ya estaba previsto en el ritual vigente ya en 1962) realizado con decoro y solemnidad ya en sí mismo posee ese ambiente festivo que quizá buscaban los padres conciliares. De todas maneras, no es necesario que esa tendencia a la algazara festiva tras un bautismo deba tener lugar en el interior del templo: puede extenderse a un convite posterior más o menos bien preparado. Es curiosísima la petición del agua caliente: creo que había algunos padres de muy limitadas luces, pues la utilización de una resistencia eléctrica para calentar la gélida agua de la fuente bautismal era de uso común ya en los años 60. Al menos en mi parroquia.
“CONFIRMACION. - Es muy probable que este sacramento se administre dentro de la misa para mostrar su unión con la Eucaristía, que se le añada la renovación de las promesas del bautismo cuando se confiere a adultos. Que se insista en el papel de los padrinos y en su responsabilidad de cuidar la educación religiosa de los apadrinados, y para ello que se prohiba la costumbre del padrino común para cientos de niños, de modo que ningún padrino pueda serlo de más de dos confirmados. Que se recomiende la confirmación hecha en presencia de toda la comunidad parroquial.”
Todo y en todo de acuerdo. Aunque dejando la posibilidad, como de hecho se ha hecho, de administrarla en casos puntuales “fuera de la misa”. En lo que quizá no esté tan de acuerdo es la praxis instaurada en el posconcilio de administrar únicamente a adolescentes el sacramento (como un rito voluntarista de adhesión a la fe) como tampoco que se postergue después de la primera comunión rompiendo la secuencia lógica de los sacramentos de iniciación cristiana.
“PENITENCIA. - No habrá muchos cambios en la liturgia de este sacramento. Algún Padre ha pedido la abreviación de la fórmula de absolución y otros han pedido que se absuelva en lengua vulgar. Es probable que se busque una solución mixta que conserve el latín en su frase sacramental y permita en lengua vernácula las oraciones anteriores y posteriores. Algún otro Padre ha señalado cómo en este sacramento falta el sentido de fiesta que poseen todos los otros y ha pedido que, al menos algunas veces, se busque una fórmula de expresar la alegría de quienes han recuperado la gracia; sería una manera de volver de algún modo a la antigua absolución colectiva de los primeros cristianos.”
Este sacramento ha sido el más dañado a causa de la diversidad de fórmulas introducidas en el nuevo ritual y que fueron un coladero para las absoluciones colectivas que aún persisten en buena parte de la Iglesia. Yo no sé si se logró expresar el sentido festivo del sacramento, pero en lo que se refiere al sentido del pecado y del perdón sacramental ha representado un gravísimo perjuicio para fieles y sacerdotes. Sic et simpliciter.
“MATRIMONIO. - Este ha sido probablemente el sacramento más estudiado dentro del Aula. Es muy probable que el rito matrimonial se celebre dentro de la misa, entre el Evangelio y el Credo, y que se recomiende a los sacerdotes tener homilía siempre en las bodas. Se concederá una mayor autonomía a las conferencias episcopales para adaptar el rito a las costumbres del país, sobre todo en las tierras de misión, siempre que se respete la parte en que los cónyuges expresan su consentimiento. Se revisará la oración que señala, sobre todo, los derechos de la esposa, acentuando igualmente los del esposo. Los obispos misioneros han pedido que se pueda hacer ceremonia pública cuando, con dispensa del impedimento de disparidad de religión, se casa una cristiana con un pagano, dado que ésta es la única ocasión que muchos paganos tienen de conocer el cristianismo. Se ha pedido también que la liturgia del matrimonio exprese no solamente el deber de propagación de la especie, sino también la riqueza íntima del sacramento para los hogares, dado que, en la época en que la familia es directamente atacada, es necesario poner a plena luz el valor espiritual del matrimonio y del hogar familiar. Y se ha pedido, sobre todo, que se luche contra todo lo que tienda a crear un clima de superficialidad o mundanidad en este sacramento.”
Expresar únicamente que no siempre es posible celebrar el rito unido a la misa: ni la fe de los esposos ni de los asistentes lo recomienda. Y no por ello, al ser el matrimonio de derecho natural, puede ser negado a quien, conociendo el sentido del sacramento, lo pide libremente. Además en muchísimas parroquias se celebran cada fin de semana hasta diez bodas en los meses punta. Es bueno reiterar que la posibilidad de enriquecer el rito con costumbres locales era ya de índole común. Sobre todo lo demás expresar adhesión y total acuerdo. Únicamente referir que la elaboración y publicación del ritual de matrimonio en lengua castellana fue tan precipitada que olvidó y descartó las fórmulas en uso en España como apéndices del ritual y que eran de uso común (toledano, tarraconense o valentino…) Una posterior edición de hace pocos años los recuperó como 3ª formula.
“EXTREMAUNCION. - Es casi seguro que este sacramento se llamará en adelante "Unción de los enfermos" para quitarle ese tono de proximidad a la muerte, que espanta a muchos. Se aclarará que no es un sacramento de moribundos, sino de enfermos y que no tiene solo el sentido de preparar un alma para morir, sino también el de implorar la salud del cuerpo. Por ello, no se administrará cuando los enfermos estén agonizando, sino que podrá administrarse en toda enfermedad importante, aunque no haya peligro ni probabilidad de muerte. Podrá también aplicarse antes de las operaciones de alguna importancia y repetirse dentro de la misma enfermedad. Su liturgia probablemente se simplificará, y es muy probable que se mantengan solo dos unciones: la de la frente y la de las manos, suprimiendo las que se hacían en ojos, nariz, orejas y pies. Muchos Padres han pedido que se haga todo él en lengua vernácula.”
Nada obsta para el cambio de denominación. La historia sacramental así lo demuestra, así como la insistencia en los demás aspectos pastorales. Sin embargo el cambio en la fórmula estricta “Por esta santa unción y su piadosa misericordia, el Señor te perdone los pecados cometidos por el….” ( tacto, pensamiento, la escucha, las miradas, etc) implicaba reducir las unciones a dos. Esa insistencia es reduccionista y empobrecedora: a los que como simples monaguillos hemos asistido a tantas extremaunciones resultaba plásticamente claro lo que se estaba obrando. Nos quedaba oscuro lo de los “humores” (renales) pero de mayorcitos comprendimos que se trataba “de sexto”. No deseo comentar esa práctica común hoy en día de administrar una vez al año en cada parroquia el sacramento de la Unción de enfermos y a la que se apuntan todos los jubilados con la tarjeta de pensionista, la tarjeta oro de Renfe o la rosa de los Transportes Municipales. Mejor no hacerse mala sangre.
“OTROS SACRAMENTOS Y SACRAMENTALES. - Los otros dos sacramentos apenas se han estudiado. El de la Eucaristía, porque ya se ha revisado hablando de la misa. El del Orden, porque no parece que haya deseos de modificaciones importantes.
Entre los sacramentales se ha dedicado gran atención a entierros y funerales. El esquema desea para ellos un mayor espíritu pascual, una visión más serena y clara, menos fúnebre y parecida al dolor de los paganos. Algunos Padres han pedido, incluso que se quite el color negro. También se ha pedido la revisión de los cantos y oraciones, suprimiendo de ellos cuanto haya de terrorífico. Es probable que el Concilio aconseje a los sacerdotes que aprovechen estas concentraciones de fieles para predicar, explicándoles el sentido de la muerte cristiana.”
Tendríamos que dedicar más de un capítulo a comentar lo que ha representado el nuevo ritual de exequias en sus aspectos más positivos y negativos. De todas maneras el énfasis exigido por los Padres podría haberse canalizado de manera diferente en la Reforma. En cuanto se refiere al color de los ornamentos, son muchos los liturgistas ( entre ellos Mn. Pere Farnés) que encuentran inadecuado el color morado que ha comúnmente prevalecido sobre el negro (potestativo) en la reforma conciliar: el morado es color penitencial y la muerte no tiene esa índole. Por otra parte no creo que el ritual tuviera tantas cosas “terroríficas”, aspecto que no llegamos a descubrir ni siquiera en la suprimida secuencia del “Dies irae” cuya eliminación fue justificada por las imágenes paganas que decían contener (la Sibila,etc…) Hay algunos que confunden “gravedad” con terror. El resultado es que más que exequias cristianas algunas celebraciones se han convertido en ceremonias de beatificación y panegírico del finado.
Algunos Padres han propuesto la creación de algunos nuevos sacramentales. Un Padre italiano, por ejemplo, pidió un sacramental de la adolescencia, un rito litúrgico que les vinculase a la Iglesia en ese momento en que la vida se hace difícil para ellos, una especie de recuerdo más consciente de la confirmación.
Y también una ceremonia de puesta de largo como a los quince años celebran las adolescentes en Hispanoamérica. Y un sacramental para el final de la campaña turística en verano para los tour-operadores y los trabajadores de la hostelería. Y otra para el final del carnaval y otra para el inicio del curso escolar (especialmente para los tan maltratados profesores ….). ¡Faltos de luces no, simples como el mecanismo de un abanico…!
“ ¿Cuáles de todos estos proyectos serán realmente realizados? La votación de los Padres nos lo dirá. Lo que podemos saber ya desde ahora es que ningún esfuerzo importante por acercar los sacramentos a la comprensión de todos quedará sin hacerse. Y será un hermoso fruto conciliar.”
¿ Y que tendrá que ver todo este conjunto con la comprensión? ¡Cuantas barbaridades en nombre de la racionalidad y “de las luces”!

Capítulo 11º: ¿Una Misa ecuménica?

Antiguo y nuevo escudo-logotipo de los Misioneros del Verbo Divino
¿A qué jugaban los del Verbo Divino?
Se ha escrito mucho en las últimas décadas sobre el peso de los patrones teológicos europeos en la génesis y desarrollo de la llamada “Teología de la Liberación” en los países iberoamericanos. De todos es más que sabido como ésta corriente se engendró en las aulas y los pasillos de las Facultades teológicas de Alemania, Holanda o Bélgica de la década de los 60 y 70 y cómo algunas congregaciones religiosas fueron la correa de transmisión de sus dogmas y su praxis. Por otra parte, algunos también se han dedicado con mucho detalle y perseverancia a relatar como esa efervescencia ideológica norte-europea anteriormente había adquirido una importancia singular en la configuración de las tendencias que fueron definiéndose en el Aula conciliar. Bien podríamos en ese sentido hacer nuestra aquella imagen plástica ya famosa de un río Rin que afluye y desemboca en el Tiber ( “le Rhin se jette dans le Tibre” ).
Quizá se haya escrito menos sobre cómo muchos de los postulados que en nombre de los países de misión y de las culturas periféricas no-latinas fueron usados en la discusiones litúrgicas conciliares, en realidad habían sido elaborados por europeos procedentes de las diversas congregaciones misionales que estaban recibiendo una similar influencia ideológica centroeuropea y que, a través del inicial prestigio de sus institutos religiosos, adquirieron protagonismo en el Concilio.
El caso que hoy traigo a colación, el de los Misioneros del Verbo Divino resulta, a mi entender, paradigmático. Miembros de una maravillosa congregación misional holandesa fundada por San Arnoldo Jansen, tupida de santos , no escaparon en sus centros de formación a los influjos teológicos contemporáneos y de esa manera sus más válidos elementos, promocionados al episcopado por el ardiente celo misionero del venerable Pío XII, se convirtieron en los difusores del progresismo y de sus postulados pastorales, arraigados en una muy peculiar teoría eclesial de la inculturación de la fe.
Comparemos si no, las casi ingenuas apreciaciones de mons. Andrew D´Souza, obispo de Poona en la India, en su intervención, él oriundo de la región y heredero de la tarea misional portuguesa de los siglos XV y XVI, con las intervenciones de los misioneros del Verbo Divino, los religiosos Duschak y Kemerer, obispos respectivamente en Filipinas y Argentina.
Más que el “apasionante” desfile de tipos, como refiere Martín Descalzo, contemplemos la singular pasarela de elementos.
“ Siguen resultando interesantísimas las conferencias de Prensa: casi todos los días habla en alguno de los centros nacionales algún obispo para exponer sus sugerencias o las cosas que la experiencia le ha enseñado en su país. Es un desfile de tipos apasionante.”
Un obispo indio, monseñor D´ Souza, venía a descubrirnos lo difícil que es imponer las mismas formas, las mismas ideas para todos los pueblos. Nos decía, por ejemplo, que la comunión bajo las dos especies crearía problemas gravísimos en la India, ya que la Iglesia podría ser denunciada por distribuir vino gratuitamente. En cambio el rito matrimonial, tal y como hoy se hace, resulta ininteligible para los indios. Los anillos que se ponen a los esposos no significan allí nada. ¿Por qué en su lugar no usar la costumbre india de hacer un nudo entre el vestido del esposo y el de la esposa? ¿Y por qué en lugar de arras no podía ofrecer el esposo el tradicional plato de maíz?
De nuevo, la globalización ha dejado sin vigor la teoría de alianzas (“anillos que se ponen los esposos”) de mons. D´Souza : a cincuenta años vista desde su intervención, no hay país en el mundo que por influjo del cine americano no haya adoptado los patrones estéticos del matrimonio occidental. Y además calcado: no hay boda en la China o en Japón, en la India o en Indonesia en la que los jóvenes esposos, ellas y ellos, no lleven su vestido blanco y su traje con corbata o pajarita, no se intercambien las sortijas y corten la hermosa tarta de pisos para los invitados al final del convite. Y eso aunque para contentar a las familias más clásicas se complete la ceremonia con una típica celebración tradicional según las costumbres locales. En cuanto a la introducción de costumbres locales en el rito del matrimonio, la Iglesia que siempre ha sido sabia en estos particulares, ha ido adoptando otros gestos simbólicos propios del talante cultural de los diversos pueblos en los iba arraigando la fe: el mismo rito de las arras del que nos habla mons. D´Souza no pertenece al rito romano sino a las legítimas tradiciones hispánicas del que él mismo es heredero por la influencia portuguesa en la costa india. Como también lo son la velación de los esposos o añadir a la entrega de arras algún roscón o dulce típico que la mayoría de las veces acababa en la mesa del oficiante (véase párroco). De todos modos, reitero que creo que esa intervención esta movida por un auténtico celo apostólico y una más que evidente buena fe del buen obispo indio.
De otra dimensión y calado me parecen las de los dos misioneros del Verbo Divino.
“Un obispo filipino, monseñor Duschak, exponía una audaz teoría sobre la misa. Según él, no hay nada que hacer con la misa tal y como hoy se hace; es una acumulación de ritos latinos que, por mucho que se reformen, nunca tendrán un verdadero valor universal ¿Por qué no hacer un tipo de misa totalmente nuevo es decir, íntegramente tradicional, en el que simplemente se repitiera lo que Jesús hizo en la última Cena, tal y como Jesús lo hizo? Sería una "Misa ecuménica" que serviría de lazo de unión de todos los ritos en la fidelidad literal del Evangelio”.
¿Quién no reconoce aquí las teorías arqueologistas de nuestro amigo Lambert Beaudoin? Estas fueron las palabras exactas, traducidas al italiano de Mons. Duschak:
“È necessario istituire, al di fuori e al di là del rito latino, una messa ecumenica, ispirata alla Santa Cena, interamente celebrata in volgare, a voce alta e rivolti ai fedeli, in maniera che essa sia accessibile senza spiegazioni né commenti e sia accettabile da parte di tutti i cristiani al di là della loro specifica confessione. Perché il più grande concilio ecumenico della storia non dovrebbe dare l'ordine di studiare una nuova forma della messa, adatta gli uomini dei nostri tempi?”
No conozco con precisión como llevó Duschak a cabo la reforma litúrgica posconciliar en su diócesis, desde aquel momento hasta que en 1973 presentara la renuncia a su sede episcopal. Lo que sí puedo plasmar es una imagen de celebración eucarística en aquel “su” Seminario, cuya puerta de ingreso se encuentra flanqueada por un destacado busto de su persona. Una imagen vale más que mil palabras.
Cambiemos ahora de tercio y pasemos al otro, que matizando, plantea su cuestión a partir de presupuestos diferentes.
“Monseñor Kemerer, obispo de Posadas, planteaba el problema de tantos pueblecitos americanos a los que el sacerdote no llega más que una vez por mes o por trimestre. ¿No podrán tener un culto verdaderamente litúrgico, ya que no tienen misa? Él, en su diócesis, viene ya practicando hace tiempo una experiencia y con magníficos resultados. Se encontraba con el problema de que, en muchos de estos pueblos perdidos, las almas buenas se iban al culto protestante por la simple razón de que necesitaban hacer algún acto de servicio a Dios y no tenían culto alguno católico porque raras veces veían al misionero. El obispo, entonces, preparó un pequeño grupo de catequistas en cada pueblo que hacían un culto inspirado en la misa, en el que se incluían lecturas bíblicas y un sermón que cada semana mandaba escrito el prelado. Pero a todo esto le faltaba algo muy importante, que es lo que monseñor Kemerer quiere pedir al Concilio: la posibilidad de que estos seglares pudieran distribuir la comunión. El sacerdote podría consagrar formas para varias semanas y uno de estos seglares, ordenado de diácono, podría distribuir la comunión como hacían los diáconos en la antigüedad.
Aquí es necesario hacer algún “distinguo”. En lo que se refiere a las “celebraciones de la Palabra” nunca nadie ha podido imponer nada contrario a este deseo de alimentarse de la Escritura concretado en la escucha de diversos párrafos (o de las mismas lecturas de la Misa del día) alternada con cantos y más si cabe, completada con la lectura pública del sermón dominical escrito por el prelado. A la cual pudiera añadirse la recitación del Padrenuestro junto a otras oraciones guiando las almas hacia una “Comunión espiritual” no exenta de muchas gracias y fuente de altísimos dones divinos.
Cosa distinta resulta la cuestión de la comunión. Dice mons. Kamerer: “distribuida por seglares…uno de ellos ordenado de diácono”. O son seglares o son diáconos ¿en qué quedamos? Ya intuimos lo que sugiere y cuál el celo apostólico que aparentemente le mueve. Pero son cosas muy diferentes las propugnadas. Cierto que ambas son preludio de lo que después constituirían (y no sólo en los países misionales del Tercer Mundo) las famosas A.D.A.P. del Centre de Pastoral Liturgique de Paris (Asamblées dominicales a l´absence du prête ) y que a cuarenta años vista de su paulatina implantación, incluso en Europa, merecen ser revisadas con detenimiento. Y es necesario que así sea, tomando en cuenta todas sus vertientes y consecuencias: la “clericalización” de los seglares, las religiosas convertidas en “liturgas”, la proliferación de unos diáconos permanentes con poder omnímodo en las comunidades cristianas de las que surgieron y en las que residen y ejercen su ministerio, frente a los presbíteros y la responsabilidad pastoral confiada a ellos por los obispos. La influencia de la implantación de las A.D.A.P. en un letargo de la animación vocacional en las comunidades. Se pueden fácilmente preguntar ¿son realmente necesarios los presbíteros?
Veamos lo que respondió el Papa Benedicto XVI ante el obispo de Aosta mons. Giuseppe Anfossi, en la localidad valdostana de Introd, tras escuchar la preocupación ante la situación de los sacerdotes que al ser pocos “deben ocuparse de tres, cuatro y a veces cinco parroquias, y están agotados”. Era el 25 de julio de 2005 durante los días de descanso que el Santo Padre pasa en el Valle de Aosta:
“Creo que el obispo, juntamente con su presbiterio, está buscando la mejor solución posible. Cuando yo era arzobispo de Munich, habían creado este modelo de celebraciones de la Palabra sin sacerdote, para que la comunidad se mantuviera presente en su propia iglesia. Decían: cada comunidad se mantiene, y donde no hay sacerdote hacemos estas celebraciones de la Palabra.

Los franceses encontraron la palabra adecuada para estas asambleas dominicales:  "en absence du prêtre" (en ausencia del sacerdote); pero, después de cierto tiempo, comprendieron que esto puede acabar mal, entre otras cosas porque se pierde el sentido del Sacramento, se realiza una "protestantización" y, en definitiva, si sólo hay celebración de la Palabra, puedo celebrarla también en mi casa.

Recuerdo, cuando yo era profesor en Tubinga, al gran exegeta Kelemann ?no sé si conocéis este nombre?, alumno de Bultmann, que era un gran teólogo. Aunque era protestante convencido, nunca iba a la iglesia. Decía:  también en mi casa puedo meditar en las sagradas Escrituras.

Los franceses cambiaron luego la fórmula de las asambleas dominicales "en absence du prêtre" por la fórmula:  "en attente du prêtre" ("en espera del sacerdote"). O sea, debe ser una espera del sacerdote; normalmente la liturgia de la Palabra debería ser una excepción el domingo, porque el Señor quiere venir corporalmente. Por tanto, esa no debe ser la solución.

Se instituyó el domingo porque el Señor resucitó y entró en la comunidad de los Apóstoles para estar con ellos. Así comprendieron que el día litúrgico ya no es el sábado, sino el domingo, en el que el Señor siempre de nuevo quiere estar corporalmente con nosotros y alimentarnos con su Cuerpo, para que nosotros mismos nos convirtamos en su cuerpo en el mundo.

Es necesario encontrar el modo de ofrecer a muchas personas de buena voluntad esta posibilidad. Ahora no me atrevo a dar recetas. En Munich proponía algo, pero no conozco la situación de aquí, que ciertamente es un poco diferente. Nuestra población es increíblemente móvil, flexible. Si los jóvenes hacen cincuenta o más kilómetros para ir a una discoteca, ¿por qué no pueden hacer cinco kilómetros para acudir a una iglesia común? Pero, esto es algo muy concreto, práctico, y no me atrevo a dar recetas. Sin embargo, se debe tratar de suscitar en el pueblo este sentimiento:  necesito estar con la Iglesia, estar con la Iglesia viva y con el Señor.

Se debe dar esta impresión de importancia; si yo lo considero importante, esto crea también las premisas para una solución. Pero, excelencia, debo dejar abierta la cuestión en concreto.”
Y aunque parezca ridículo, recordemos la respuesta y la toma de posición reciente de aquellos dominicos holandeses sobre la eucaristía celebrada por seglares que han tenido influjo en los sectores más progresistas de la Iglesia como afirma un tal Juan Cejudo de las Comunidad Cristianas Populares
Aquí teneis la noticia de octubre de 2007 y en este Pdf una reflexión teológica progresista sobre la misma hecha en 2009, algunos meses después (si el sistema os advierte que el archivo puede resultar perjudicial , responded que ya lo sabéis, que Dom Gregori os ha advertido…)
De aquellos polvos, estos lodos…

Capítulo 10º: ¿Una conferencia divertida del P. Massili? Simplemente un "Flatus Vocis". (6/02/2010)

Pontificio Ateneo Sant'Anselmo en la colina Aventina
Notas del 3 de noviembre:
“Hoy ha habido en la Oficina de Prensa del Concilio una conferencia que hará cosquillas a muchos. El Padre Massili, profesor del Instituto Internacional "San Anselmo", benedictino y experto de las comisiones conciliares, se ha soltado hoy el pelo hablando a quinientos periodistas. Ha sido apasionante, por la gracia que ha puesto a todas sus afirmaciones, sin detenerse en la frase valiente y aún picaruela. Me imagino que la Prensa de mañana recogerá todas sus palabras con punta y que esta punta picará a bastantes”
Vamos a ser nosotros serios y a recoger aquí las muchas cosas importantes que en esta conferencia se dijeron:
1º Objetivos de la reforma litúrgica del Concilio.
-Es ésta la primera vez que un Concilio se propone la reforma de la liturgia. Otros Concilios habían estudiado algún punto concreto, pero ninguno decidió coger el problema por sus raíces. Los tres objetivos más importantes son: la modernización de los ritos, la lengua litúrgica y la liturgia de los países de misión.
Comencemos por matizar la primera afirmación. No es verdad que el Vaticano II fuera el primer Concilio que se propuso una reforma litúrgica. El concilio de Trento fue un concilio reformador también en liturgia: abolió los ritos eucarísticos locales, respetando solo aquellos que atestaban de más de dos siglos de antigüedad (ritos mozárabe, lionés y ambrosiano) y estableció el rito de la ciudad de Roma conocido popularmente a partir de aquel momento como “Misa tridentina”, como rito de toda la Iglesia Latina. Además, y muy importante, confió al Papa la revisión del Misal y del Breviario. Sin citar todas las afirmaciones dogmáticas sobre los sacramentos y la recta administración de estos. Si eso no es coger el problema por sus raíces que venga Dios y lo vea. Proponerse, de entrada, como objetivos más importantes: la modernización de los ritos, la revisión de la lengua litúrgica y la liturgia de los países de misión es partir de prejuicios y de toma de posiciones predeterminadas e inamovibles. Todo parecía ya cocinado y parecía sólo buscarse la manera de servirlo al Sagrado Sínodo para que fuese apetecible. A eso se llama manipulación.
2º Afirma que el trabajo será difícil porque existen “muchos inmovilismos y errores muy difundidos y defendidos”.
Y cita algunos hechos históricos y alguna anécdota curiosa: de entre los primeros hace mención de la prohibición en 1611 del misal de Voisin traducido al francés y la difusión de prácticas de piedad durante el desarrollo de las acciones litúrgicas y como anécdota el hecho de que el “Veni Creator” y el “Credo” en la apertura del Concilio fuese cantado por la Schola y no por todos los obispos. Tales afirmaciones son torticeras: el misal de Voisin fue prohibido debido al contexto jansenista en el que se enmarcaba y la contención de las prácticas de piedad personal durante las celebraciones litúrgicas se habían redimensionado desde el pontificado de San Pío X y muy especialmente desde la “Mediator Dei” del venerable Pío XII, adquiriendo su justo peso. La vida litúrgica de la Iglesia durante el siglo XX se había visto enriquecida y elevada sobremanera. Podemos afirmar sin temor a exagerar, que en el transcurso de los últimos sesenta años el pueblo cristiano y el clero vivían un apogeo litúrgico. La pendenciera anécdota de la Schola demuestra cuán mal orientada e interpretada está la manoseada “participación activa” (actuosa participatio) de los asistentes a las celebraciones litúrgicas: como si todos debieran hacer todo.
3º El benedictino ahora pone la venda antes que la herida, justificando el camino que se va a emprender como acción del Espíritu Santo en la Iglesia . Estaban llevando a cabo una auténtica revolución pero la querían hacer pasar como una inspiración divina.
“No, no soy pesimista. Las ideas que hoy recoge el Concilio, y que probablemente proclamará, apenas nos atrevíamos a exponerlas hace unos años. Lo menos fuerte que pensaban de nosotros era llamarnos "revolucionarios de buena fe". Pero, cuando el Espíritu sopla, siempre se abre paso”
4º La liturgia está llena de “añadidos” que es necesario expurgar. Los ritos deben adaptarse a la mentalidad del momento.
“Lo primero que esta reforma ha de hacer es revisar uno por uno los "añadidos" litúrgicos. Muchos ritos no se adaptan a la mentalidad de hoy. El beso de paz, por ejemplo. Antiguamente todos se saludaban besándose; hoy sólo los parientes muy próximos se besan para saludarse. ¿Qué inconveniente habría en sustituirlo por un apretón de manos?”
La teoría de los “añadidos malsanos” ya pululó en la obra del P. Jugmann y en Guardini: es la famosa teoría del yeso que cubre los frescos originales que hay que restaurar. Esta tesis no tiene en cuenta que la liturgia es un organismo vivo que crece y se desarrolla y que nada que vive y pervive en la liturgia es ajeno a ella. En cuanto a la necesidad de constante adaptación de los ritos a la mentalidad contemporánea, nada más antitético antropológicamente con el concepto y la objetivo mismo del rito considerado en su esencia. Como ejemplo, el ejemplo: afirma Massili en aquel 1962 que ya sólo los parientes próximos se besan para saludarse. Pues nada ya más pasado de moda: hoy en día, cosa inimaginable hace 40 años, se besan chicos y chicas no solo al saludarse sino al ser presentados, al igual que señoras y caballeros, incluso de las clases altas o dirigentes políticos. Pero incluso chicos con chicos si se consideran jóvenes de una misma generación y aún sin conocerse (sin duda uno de los resultados de la influyente cultura gay de nuestros días: ¡uno es más moderno y más “cool” con un par de besos que con un “estrecho” apretón de manos!)
5ª: Un poco obsesionado con la “liberación” de todas las opresiones, como toda su generación, el profesor del Anselmiano hace una afirmación rozando lo ridículo. Dudo además que conociese algo sobre la génesis y el desarrollo de los símbolos.
“Luego habrá que liberarse de ritos que sólo se sostienen con un simbolismo vacío. El lavarse las manos en la misa, por ejemplo, antiguamente se explicaba porque el sacerdote bajaba a recoger las ofrendas de los fieles, pan, vino, frutos. Se lavaba les manos porque se las manchaba. Pero luego se suprimió la oferta de los dones y... se mantuvo el lavado. Pero, como así quedaba raro, se le buscó el simbolismo de una purificación, y para apoyar este simbolismo se puso el Salmo "Lavabo inter innocentes manus meas". Claro que en este salmo sólo el primer versículo alude a la purificación; pero, como no se iba a recitar sólo un versículo suelto, se puso todo el salmo”
6º Una de las cosas que más llaman la atención es el orgullo de saberse el interprete auténtico de cualquier cuestión y el mejor conocedor contemporáneo de la lengua latina. El ejemplo que ofrece es una hipótesis interpretativa no probada del intercalado “incentum istud” en la oración de bendición del cirio pascual.
“Sobre todo, habrá que librarse de los añadidos que provienen de falsas interpretaciones. Por ejemplo: en la liturgia del Sábado Santo se clavan en el cirio pascual cinco granos de incienso. ¿por qué? Porque en la oración de ofrecimiento del cirio se dice que se ofrece "incensum istud". En el Medievo, que no sabían mucho latin, este "incensum" (que era simplemente un modo de denominar al cirio) lo tradujeron por "incienso"" y pensaron que para que la oración tuviera sentido había que ponerle incienso al cirio”
7º Este si que es un benedictino paradójico: en el inicio de la década de los 60 lo encontramos ya absorbido por la cultura de la eficacia y la inmediatez entre rito y acción, entre acción y actitud. Hay que afirmar con rotundidad que no existe una lógica externa (humanamente comprensible “per se” y sin exégesis) entre todos los gestos litúrgicos: los ritos simbólicos poseen una sucesión propia fruto de una lógica interna ordenada y entonces asimilable). La formación litúrgica consiste en aprehender el sentido y la lógica de todos esos gestos.
“Y no digamos la necesidad de revisar las ceremonias paradójicas. El sacerdote dice a los fieles "Ite, missa est" ("marchaos, la misa se ha terminado"). Y luego les riñe si, marchándose, le obedecen, porque después de decir que la Misa se ha terminado, ésta sigue un rato más”.
8ª Obsesión por eliminar la duplicación y reiteración de gestos. Lo que él llama “acumulación de ceremonias”. Otra de las características de la cultura contemporánea: inclinación malsana a la practicidad. Ahora bien, todo ello con una apelación a la liturgia primitiva: de arqueologismo liturgico lo calificaría Pío XII en la Mediator Dei. Porque si en lo del misal debemos ir al siglo II ¿porqué no hacerlo para los ornamentos?, y ¿ por qué no en una sociedad secularizada abandonar los fastuosos templos e ir a celebrar en pequeñas comunidades en los domicilios?
“Sobre todo, habrá que estar atentos a revisar la acumulación de ceremonias, multiplicadas a lo largo de los siglos. ¿Qué vamos a pensar de esas ceremonias en las que el obispo gasta la mitad del tiempo en ponerse unos vestidos, quitarse otros, ponerse una mitra, quitársela, ponerse otra de otro color, primero vestidos blancos, luego morados? Son simplemente ceremonias mezcladas y llenas de repeticiones. ¿Y para qué andar cambiando el misal, primero a la derecha, luego a la izquierda, luego otra vez a la derecha? Nada de todo esto se hacía en la liturgia primitiva”
9ª El padre Massili pasa ahora a curiosas definiciones de “costumbre” y de “tradición” como si fueran del todo nuevas para la Iglesia y esta no hubiera sabido distinguir entre ambas durante el paso de los siglos. Sugiere que sea la Santa Sede y las comisiones de expertos los protagonistas de las reformas: en el fondo porque estas estaban ya decididas de antemano por ellos mismos y trata de validar la autoría. Sin embargo los más consecuentes con los principios instaurados serán absolutamente radicales: todo debe pasar por el tamiz de la propia comunidad a la que se sirve y debe ser adaptado “ad casum”. Este es el principio cimentador de la llamada “creatividad liturgica” instaurada en el posconcilio .
“Naturalmente, estas reformas no han de hacerse por el afán de reformar. Ni ha de hacerlas cualquier curita o cualquier grupo de seglares por su cuenta y riesgo. Dejar una costumbre para coger otra peor, sería un disparate. Sólo la Santa Sede y las comisiones de expertos decidirán cómo será el futuro. Habrá que distinguir bien las tradiciones de las costumbres, recordando siempre que la tradición no es tradición por la cantidad de años que haya durado, sino por la cantidad de espíritu que ha transmitido. El pasado venerable hay que respetarlo por lo que tiene de venerable, no por lo que tenga de pasado”
10º Al P. Massili más que reirle las gracias como se hizo en aquella conferencia lo que hubiera habido que hacer es sacarlo del mundo teórico de su monasterio y pasearlo por las parroquias católicas de todo el orbe terráqueo mostrándole así el maravilloso esfuerzo litúrgico de los últimos decenios, en el que parroquias rurales o de barriada con un auténtico e incansable esfuerzo litúrgico habían obtenido unos maravillosos frutos de arte y belleza litúrgica en una conjunción de gregoriano, música orgánica y canto popular digno de encomio y de admiración. Y explicarle además como no existe contraposición entre formas artísticas de alta categoría estética y valor apostólico: al contrario siendo el “pulchrum” (la belleza) uno de los valores universales a los que aspira el alma humana, este anhelo acaba erigiéndose junto a la aspiración a la verdad, a la justicia, a la bondad y a la unidad de todo lo creado, en un auténtico instrumento de evangelización. Además su discurso responde a un mal disimulado molde retórico.
“En cuanto al canto gregoriano, pensad que quien os habla es un benedictino que ha nacido prácticamente cantando gregoriano y que sueña que el gregoriano sea siempre celosamente conservado en nuestros monasterios. Pero todo esto no debe cegarme ni cegarnos. El gregoriano que hoy conservamos no nació del pueblo, sino en los monasterios. No es, por tanto en su conjunto, un canto popular, sino minoritario. Y toda su estructura es tal que nunca será popular en su mayoría. Hoy nadie discute la categoría artística del gregoriano, pero una cosa es una forma artísticamente válida y otra una forma litúrgicamente válida. La liturgia no es un arte y ha de juzgarse, sobre todo, por sus valores apostólicos, no por puras categorías estéticas. Por tanto, obsesionarse por mantener para el pueblo todo el canto gregoriano es tanto como resignarse a no tener canto litúrgico. El canto gregoriano debe ser seleccionado o sacrificado como canto de la colectividad. En mi opinión, debería mantenerse y fomentarse en los monasterios, Y para los fieles, conservar algunas de sus formas, las más sencillas, las más antiguas. Y buscar una nueva música popular, hecha quizá sobre bases gregorianas pero adaptada al pueblo.
En Cataluña por ejemplo, desde la decada de los 50, la Abadía de Montserrat y muy en concreto el P. Gregori Mª Estrada, había puesto al alcance de los fieles toda una producción de canto popular (por ejemplo, el llamado “Himnari del Fidels”) que rápidamente caló en el alma litúrgica del pueblo y que por su alta calidad musical, su entronque directo con el estilo gregoriano y su autoría, muchos con razón calificaron como de “paragregoriano”(por lo de Pare Gregori, para los que no lo hayan cogido…)
Como conclusión solo unas preguntas lanzadas al vuelo: ¿algún lector sabe que fue del benedictino P. Massili? ¿Produjo algún benéfico resultado su “divertida” conferencia?, ¿Dejó algún meritorio discipulado en el Pontifico Ateneo Anselmiano?, ¿Alguna aportación digna de mención y sujeta a examen? ¿O todo fue un “parlare per parlare” pero al fin y al cabo “senza sostanza? Más allá de las “gracietas”, las “valientes frases aún picaruelas”, ¿algo por lo que pasar a la historia de la liturgia o del pensamiento? Mucho me temo que nada de ello. Simplemente “flatus vocis”.

Capítulo 9º: Final de Octubre: entre el acuerdo absoluto y las mayores diferencias (31/01/2010)

El cardenal Lercaro, Arzobispo de Boloña
El cardena Alfrinks, Arzobispo de Utrecht y Primado de Holanda
Mons. Léon-Artur Elchinger, obispo de Estrasburgo
“¿Qué temperatura respira el Aula Conciliar?”. Pregunta y responde entre el 30 y el 31 de octubre de 1962, el padre Martín Descalzo:
“En esta segunda semana de diálogos podemos registrar un pequeño descenso de tensión. La primera semana, aún dentro de la más absoluta caridad, registró las posturas más opuestas. Desde la del Padre que opinaba que "alejarse del latín era caminar hacia el cisma" hasta la de quienes veían en el latín una barrera insuperable para todo apostolado litúrgico. Y, en medio, muchas posturas intermedias, casi la totalidad.
Los debates de esta segunda semana han registrado una mayor aproximación de opiniones, sin que esto excluya muy distintos modos de ver en cosas secundarias.
Así podemos registrar acuerdo absoluto en algunos temas tocados esta semana y mayores diferencias en otros."
ACUERDO ABSOLUTO:
1) La necesidad de subrayar que la misa es un acto de comunidad y no una simple devoción privada.
Sin embargo junto a esta afirmación, se recogen dos opiniones que rebosan sino mal espíritu si una malintencionada ambigüedad. La de Mons. Lercaro hablando de la Misa como de una “cocina familiar donde padres e hijos comen de una misma mesa” y la de Mons. Elchinger afirmando que " sería terrible que un conservadurismo estrecho no tuviese en cuenta las necesidades y aspiraciones de la juventud actual. Muchos obreros se han alejado de la Iglesia porque su liturgia es para ellos prácticamente incomprensible."
Mons. Ermenegildo Florit
2) La necesidad de mejorar el ciclo de lecturas bíblicas, evitando evangelios repetidos y cuidando de que toda la Sagrada Escritura tenga entrada en la misa, aun a lo largo de varios años.
“Se ha señalado la necesidad de que la predicación y la comunión de los fieles formen parte integrante de la misa, como una unidad y que sería de desear que el Concilio insistiera para que no se separen la liturgia de la palabra y la del sacramento”.
Fueron el arzobispo de Florencia Mons. Ermenegildo Florit y el de Bolonia Mons. Giacomo Lercaro quienes insistieron especialmente en ello. También fue el cardenal de Bolonia quien defendió brillantemente en el Aula la conveniencia de las misas dialogadas, aunque no faltaron Padres que recomendaron prudencia en su uso para -como dice el comunicado oficial- "no quitar a los asistentes ciertos momentos de profundo recogimiento, que tanto favorecen a la piedad personal".
PUNTOS CONTROVERTIDOS
1)La comunión bajo las dos especies .
Cardenal Agostino Bea
En el aspecto histórico fue defendida por el cardenal Alfrink. "Adoptándola -señaló-, daríamos un signo de fidelidad al Evangelio, siguiendo más a la letra lo que Cristo hizo en la Última Cena." Esta misma postura fue defendida por el cardenal Agostino Bea, por razones ecuménicas: “los ortodoxos, que practican la comunión bajo las dos especies, verían en esto una vuelta a las tradiciones comunes, y los protestantes verían un esfuerzo de aproximación a la Biblia”.
Mas también hubo quienes lo veían desde otro ángulo. Lo encontraban difícil desde el punto de vista práctico, sobre todo en las grandes concentraciones de fieles y algunos temían, sobre todo que la adopción de las dos especies pudiera causar confusión en los fieles, que podían llegar a creer que la comunión con solo el pan no era del todo comunión.
¿Qué resolverán los Padres sobre este problema? La mayor dificultad que ven muchos es la práctica; es mucho más difícil e incómoda la comunión bajo las dos especies: no sería muy higiénico que muchos fieles bebiesen del mismo cáliz, y el procedimiento de mojar un trozo de pan en el vino, como practican muchos orientales, se prestaría a problemas con las gotas de vino-sangre que pudieran caerse. Por otro lado, ¿y los fieles a quienes repugnase el vino?
El problema es realmente complicado. Y por ello los mismos Padres que lo defienden no tratan de pedirlo para todas las circunstancias, ni para los días ordinarios, sino para algunas grandes fiestas comunes, el Jueves Santo especialmente, y algunas fiestas individuales, día de la boda, profesión religiosa, etcétera. "Esta misma rareza -piensan- despertaría más la conciencia eucarística de los fieles en esas circunstancias." Y, por otro lado, aunque fuesen pocos días, esta aceptación agradaría a los ortodoxos, que mantienen la comunión bajo las dos especies, al aproximarnos a ellos en este aspecto de la liturgia.
2)El punto más discutido haya sido el de la conveniencia de la concelebración
Muchos Padres lamentan la pérdida de esta hermosa ceremonia litúrgica que la Iglesia oriental conserva en todo su esplendor y que en los ritos latinos ha quedado reducida a la única excepción de la ordenación de sacerdotes y consagración de obispos. Adoptarla con carácter más amplio no sería ninguna novedad sino simplemente la vuelta a la primitiva tradición. Diversos oradores han recordado que en el siglo IV no había en Roma más misa que la del Papa, misa a la que todos los otros presbíteros se asociaban: que hasta la Edad Media estaba prohibido celebrar simultáneamente dos misas en la misma iglesia y que aún hoy, en el rito bizantino se prohibe decir dos misas el mismo día en el mismo altar.
Monseñor Khoury, arzobispo de Tiro, recordaba que la concelebración es esencialmente un acto comunitario, que es el acto del "sacerdocio" y no de tal o de cual sacerdote. También monseñor Cauwelaert, en nombre de todos los obispos de África, señalaba el valor que en este continente tienen todos los gestos que ligan unos hombres a los otros, y que por lo tanto, la concelebración sería para los africanos un espléndido gesto de vida comunitaria. Por otro lado, los misioneros, que viven siempre aislados, amarían el poder unirse en la concelebración de la misa en las ocasiones en que se pudieran reunir con sus obispos.
El P. Sighard Kleiner
Mons. Pierre Marie Théas
El mayor defensor de la concelebración ha sido el padre Sighard Kleiner (de Hauterive en Suiza) Abad General de los cistercienses, que, hablando en nombre de toda su orden y de todos los abades benedictinos y trapenses, hizo saber que todos los teólogos y abades de las Ordenes monásticas deseaban que la misa conventual pudiera ser una misa concelebrada. "La misa -dijo- es el eje del oficio divino de los monjes y, mientras estos participan todos en el oficio divino, en la misa tienen que quedarse realmente fuera, como si fueran simples seglares o, lo más, cantores."
Otros padres han insistido en la conveniencia de adoptar la concelebración en algunas circunstancias. Lamentan, por ejemplo, que el Jueves Santo se queden sin celebrar la mayoría de los sacerdotes, y señalan lo útil que sería, en Ejercicios Espirituales o asambleas sacerdotales el que todos los sacerdotes reunidos se unieran espiritualmente en una misa dicha entre todos, rodeando el mismo altar, como hoy se hace entre los orientales. El obispo de Tarbes-Lourdes Mons. Pierre Marie Théas exponía el caso concreto de Lourdes, donde los sacerdotes tienen que esperar mucho tiempo para decir misa y la dicen a la vez en varios altares, lo que distrae la atención de los fieles. ¿Por qué no podrían todos los sacerdotes peregrinos decir para los fieles una solemne misa concelebrada?
PUNTOS DIVERSOS
Otros temas han ido surgiendo además en estos días:
Los obispos que piden que la Misa se pueda decir a cualquier hora del día
Los que piden que se simplifique aun más el ayuno eucarístico...
La necesidad de suprimir las clases en las funciones litúrgicas, así como la conveniencia de simplificar los vestuarios, quitando todo cuanto pudiera parecer lujo inútil (temas a partir de la preocupación social…)
Este es, por hoy, el estado de la cuestión de los temas más en candelero. Sobre todos ellos siguen manifestándose los Padres con la más absoluta libertad. Y esta diversidad de opiniones, lejos de resultar desedificante, es una de las cosas que más alegran a cuantos siguen el Concilio. Ayer, concretamente, recogía el cronista del "New York Times" la opinión de los observadores de las Iglesias separadas: "Gran parte de los observadores delegados -escribe- vinieron a Roma hace tres semanas convencidos de que iban a asistir a una exhibición de autoritarismo monolítico, Pero, en cambio, están asistiendo a una sorprendente demostración de libertad de expresión, para usar la palabra textual de uno de los observadores. Y todos ellos han manifestado que nutren un gran sentido de admiración hacia la Iglesia católica ahora que la han visto funcionar". Pocas noticias podían ser más alegres que ésta.

Capítulo 8º: "Ottobratta" Romana: ¿El deshielo de la liturgia? (16/01/2010)

El cuaderno de bitácora de nuestro ya habitual “compañero de camino” en estas crónicas comienza esta vez de este modo:
“Roma volvió a vivir hoy 28 de octubre otro de sus típicos domingos otoñales, con la característica típica de este 1962: tormenta nocturna, amanecer lluvioso, blanda neblina hasta las diez de la mañana; cielo que clarea hasta la curva del mediodía, y tarde inolvidable, con un cielo multicolor, presidido por los clásicos dorados romanos”
Se trata de una hermosa descripción de aquello que los romanos llaman una típica “ottobrata” (una jornada de octubre) y que sin duda, para cualquier espíritu sensible a la belleza, puede dejar huellas indelebles en el ánimo. Si a ello añadimos que en aquel 28 de octubre, cuarto aniversario de la elección al pontificado de Juan XXIII, el Papa dirigió tras el Ángelus de mediodía, unas cálidas palabras desde la ventana de su estudio, aún se comprende mejor la positiva impresión que todo ello dejó en el joven sacerdote leonés.
El mediodía fue santificado por la charla amistosa del Papa desde la ventana de su cuarto: “ Queridos hijitos: a la voz del Papa le gusta difundir suavidad y confianza. Y su palabra tiene más altas y penetrantes vibraciones cuando, como ahora, los ojos contemplan la variedad y la alegría de los hijos rodeándonos. Hoy hace cuatro años del día en que la bondad del Señor quiso confiarme la sucesión del apóstol Pedro y encender más vivo en mi alma el amor a toda la familia humana. Han sido cuatro años de oraciones, de servicio, de diálogos, de alegría, y también de algún sufrimiento, pero todos y cada una de los días han transcurrido en la pronta disposición de cumplir la voluntad del Señor y en la seguridad de que todo coopera a la edificación del mundo.
Y al lado de lo inolvidable, lo anecdótico, pero sin duda revelador de un comentario oído de la boca de un prelado:
“Pero de todas las frases que he oído hoy quizá la que más define el momento que estamos viviendo en Roma es la de un viejo arzobispo, que decía: “¡Es que en este Concilio da vergüenza no ser avanzado!”. Y uno recordaba -sin ir más lejos- el Vaticano I, en el que avanzado era casi sinónimo de hereje o de modernista. Ahora da vergüenza no ser avanzado. Habrá que anotarlo.
Si señor, lo hemos anotado, notado y visto en perspectiva con el transcurso de las décadas. La mayoría de los Padres fueron abducidos por un profundo complejo de anquilosados y pasados de moda. Y eso influyo muchísimo en las discusiones en el Aula, en las declaraciones fuera del Aula y en las votaciones de muchos documentos conciliares.
EL DESHIELO DE LA LITURGIA SEGÚN MONS. JENNY
El 26 de octubre de 1960 habían sido nombrados y añadidos a la Comisión de Liturgia preparatoria del Concilio las siguientes personas: el obispo auxiliar de Cambrai, Monseñor Henri Jenny como miembro de la misma y en un mismo nombramiento y como consultores de la mencionada Comisión, el alemán Mons. Wagner, el franciscano holandés P. Brinkhoff y el famoso liturgista francés, padre Aimé Martimort.
Fue en aquel día de octubre del 62, y de ello da fe Martín Descalzo, que Mons. Jenny afirmó:
"Este Concilio va a hacer el deshielo de la liturgia. Pero habrá que hacerlo con prudencia, no se vaya a provocar una inundación".
Después con mirada inquieta y  palabra concisa de don José Luis los concreta. Yo los comentó a renglón seguido, dando mi opinión, por su notable interés para nuestro estudio.
“Ahora es el problema de la reforma de la misa lo que ocupa a los Padres Conciliares. Y dentro de él muchos ángulos interesantísimos. Nada menos que éstos:
PRIMERO:¿Cómo conseguir que los fieles dejen de asistir a la misa como simples miembros pasivos?
Es cierto, especialmente en los países con menos desarrollo cultural donde el analfabetismo solía abundar entre las clases más modestas, los misales bilingües para seguir, hacer inteligibles y participar del tesoro de los textos litúrgicos no eran norma común. No así en zonas urbanas con población escolarizada y en países casi sin índice de analfabetismo. Aunque también es cierto que muchos simplificaban su participación con las prácticas devocionales durante la celebración litúrgica.
SEGUNDO.¿En qué fragmentos de la misa pueden permitirse adaptaciones o introducciones de ritos de diferentes culturas?
Estupidez suprema a que no debemos dedicar ni un segundo.
TERCERO Y CUARTO: ¿No ha llegado ya la hora de devolver su importancia a la primera parte del Santo Sacrificio, declarándola necesaria para el cumplimiento del precepto dominical?
-¿Ha de hacerse el sermón parte integrante y necesaria de la misa, siendo también de obligación para los fieles el asistir a él, y prohibiendo simultáneamente todo otro tipo de sermón u oraciones que no tengan que ver con la misa durante la celebración de ésta?
Por mi parte, completamente de acuerdo. Siempre he abominado de todos aquellos fieles de “cumplimiento”: cumplo y miento. Gente que llegaba “a mitad misa”, hombres que salían a fumar al “sermón”, fieles que calculaban a que hora empezaba el ofertorio o que marchaban después de la comunión del sacerdote, habiendo cumplido el precepto . Pero también decepcionado en la aspiración de comprender la epístola o el evangelio del domingo y escuchar en el “sermón” una explicación de un punto de catecismo sin la más mínima referencia a las lecturas o la liturgia del día.
QUINTO: ¿Conviene un reestudio de los textos bíblicos que se leen durante la primera parte de la misa, buscando un sistema giratorio, de modo que los fieles pudieran llegar a conocer toda la Biblia durante el curso de dos a tres años?
No tanto creo por el hecho de conocer la Biblia, cosa demasiado pretenciosa de conseguir a partir de la participación en misa, sino porque los días feriales (después de Epifanía o después de Pentecostés, por ejemplo o incluso las ferias de Adviento) donde no se   celebraba  ningún santo o se intercalaba alguna misa votiva que rompiera la monotonía, los textos escriturísticos eran (y siguen siéndolo en la forma extraordinaria) repetitivos hasta llegar a aburrir .
SEXTO: ¿No está más en la tradición de la Escritura la comunión bajo las dos especies? ¿No convendría permitirla, al menos en algunas ocasiones excepcionales?
Lo comentaré en el próximo capítulo íntegramente dedicado a este tema.
SÉPTIMO: ¿Convendría revisar nuevamente el ayuno eucarístico y ampliar las facilidades para las misas vespertinas?
Creo que lo determinado por Pablo VI en el inmediato posconcilio en este tema fue acertado y ayudó a sacerdotes y fieles a una más serena celebración y  a una mayor participación en las misas tanto dominicales como feriales. En la intención estaba la incomodidad ordinaria de muchos sacerdotes (especialmente jóvenes) para el ayuno eucarístico en las celebraciones del domingo. La mayoría de estos hombres jóvenes de los años cincuenta y primeros sesenta, entre los que se encontraba mi párroco, bebían y bebían agua para no desmayarse por la falta de algo sólido en el estómago durante toda la mañana del domingo cuando estaban solos y tenían una misa detrás de otra.
La proliferación de misas vespertinas, lo reconozco, tanto sábados como domingo por la tarde, ayudó mucho a la asistencia dominical. Personalmente y por razón de la tradición histórica y litúrgica de la Iglesia, entiendo mucho más las misas vespertinas de los sábados que no las de los domingos, pues estas últimas desdibujan el “domingo cristiano” que empieza con las primeras vísperas y el atardecer del sábado. Además, y esto es un argumento tan tonto como fútil, la tarde-noche del domingo siempre me ha producido depresión y tristeza, y conmigo a muchas otras personas entre las que se incluyen no pocos sacerdotes. Pero esto es nada tiene que ver con  argumentos sólidos para defender una posición o la opuesta.
He aquí una serie de problemas que están ahora en pleno estudio en el Aula Conciliar. En los próximos días habrá luz sobre ellos.
¡Ojalá todo el “deshielo de la liturgia” hubiera sido este! ¡Cuantas inundaciones se hubieran evitado!
Como por ejemplo, la inundación cromática y étnico-indígena (en la fotografía)

Capítulo 7º: Ejercicio de santa indiferencia entorno al latín (9/01/2010)

En los apuntes correspondientes al 26 de octubre de 1962, el P. Martín Descalzo anota:
“En todas las conversaciones conciliares de estos días -dentro y fuera del Aula- gira incesante el tema del latín, punto para muchos fundamental en toda reforma litúrgica. Valdrá la pena que nos detengamos en él para revisar cuánto en estos días se dice en su favor y en contra suya”.
Tras realizar una ponderada síntesis histórica sobre el uso del latín como lengua litúrgica en la Iglesia, nuestro cronista concluye acertadamente afirmando:
“… la Iglesia, que mantiene el latín en Europa cuando ve las lenguas vulgares aliadas a ideas heréticas, tiene la mano abierta para quienes lo piden por el verdadero bien de los fieles. Y así tenemos, en 1713 y 1736, dos concesiones de celebración en lengua vulgar para armenios y maronitas”.
En el siglo XIX cambian los tiempos. El movimiento litúrgico empieza a nacer en Occidente, limpio ahora ya de contornos protestantes, y en 1897 León XIII saca del índice la traducción del misal de Voisin, y prosigue la concesión de permisos especiales para las lenguas paleoeslava y checoslovaca. Pío X va a dar en 1903 un impulso decisivo al movimiento litúrgico, pero manteniendo viva y rígida la ley del latín para la liturgia romana.
Y así se llega a 1947, y, en este año, la Mediator Dei delimita y marca los caminos al movimiento litúrgico. Su postura ante el latín es clara y neta: El empleo de la lengua latina, en uso en una gran parte de la Iglesia, es un signo claro y manifiesto de unidad y una protección eficaz contra toda corrupción de la doctrina original. Pero de todos modos en muchos ritos puede ser muy útil para el pueblo el uso de la lengua vulgar. Mas es la Santa Sede quien únicamente puede conceder esto.
Y esta es la regla que ha venido practicándose durante los últimos años: defensa en principio y teoría del latín litúrgico, pero gran mano abierta para las excepciones.”
Empieza en este momento a enumerar todos los permisos y concesiones atorgadas en esta línea durante el pontificado del venerable Papa Pío XII, especialmente en lo referido a los rituales bilingües para los sacramentos y la lectura en lengua vernácula de epístola y evangelio, para finalmente concluir con una importante afirmación:
“Todas estas excepciones han ido creando una mentalidad nueva. Y son muchos los que comienzan a preguntarse si no habrá llegado la hora de convertir en ley las excepciones, y abrir para todo el mundo las puertas, ya abiertas para algunos pueblos, permaneciendo algunos fragmentos esenciales de la liturgia en latín como signo de unión universal. ¿Y quién mejor que un concilio para plantearse y resolver este problema? Henos aquí, pues, ya en pleno debate.
Llegados a este punto, nuestro cronista comienza a explanarse en los “considerandos” entorno a esta cuestión, a mi juicio con una gran objetividad, siguiendo el estilo de aquel ejercicio de “santa indiferencia para la elección de estado” que San Ignacio nos propone en su gran obra maestra.
Los presenta siguiendo un esquema clásico de argumentación a partir de la defensa y rebatimiento de tres tesis entorno a las ventajas del latín y tres tesis entorno a las ventajas de la lengua vernácula. No puedo si no plasmarlas tal cual nos las ofrece:
VENTAJAS DEL LATIN
Tesis
1) -El latín -dicen los defensores- es importantísimo en la defensa de la unidad de la Iglesia. Pío XII lo dijo clarísimamente: "El empleo de la lengua latina, en uso en una gran parte de la Iglesia, es un signo manifiesto y evidente de unidad". Sin él, la liturgia se atomizaría y cada país del mundo tendría una diferente. Con él todos los pueblos del mundo alaban a Dios en el mismo idioma, con las mismas palabras, con los mismos gestos, y todas las otras religiones pueden ver cómo se cambia de pueblos y de continentes, pero la Iglesia es la misma.
Sed contra:
1) -No han de exagerarse -dicen los adversarios- las palabras de Pío XII. El Papa dice que el latín es "un" signo de unidad, no el único, ni el más importante. Dice, por otro lado, que es un "signo" de la unidad, no la fuente de la unidad, ni su causa, fuente y causa que están en la fe y en el primado del Papa. Por otro lado, el propio Papa recuerda que el latín sólo está en uso "en gran parte de la Iglesia". Exagerar el valor de este argumento sería tanto como decir que las Iglesias católicas orientales no están unidas a Roma, ni unidas entre sí. Por otro lado, para mantener ese signo de unidad bastaría conservar en latín algunas fórmulas esenciales; de otro modo se confundiría unidad y uniformidad. Y al hombre moderno, si le impresiona apologéticamente la unidad, le molesta la uniformidad. que ve como hermana gemela del totalitarismo. Por otro lado, son ya tantas las excepciones concedidas por la Santa Sede, que esa unidad es ya más teórica que real."
Tesis:
2) El mundo moderno -se sigue diciendo- tiende hacia la unidad en todos los terrenos. Sería un error perderla y disgregar lo que nos une, precisamente cuando todo se unifica. Los movimientos migratorios y el turismo están unificando cada día más el mundo, y conviene que viajeros y emigrantes puedan encontrarse en todos los países del mundo con una liturgia igual: que, al menos, en las iglesias de cualquier país del mundo se sientan en casa, con algo conocido, con algo amado.
Sed contra:
2) "Es cierto -responden los otros- que el mundo tiende a la unidad; pero no en lo lingüístico; el mundo está dispuesto a asociarse y unirse, pero no a renunciar a las lenguas maternas. Todos los intentos de lengua universal moderna han fracasado. No puede pensarse que los emigrados se sientan en casa por oír la misa en latín, en un latín que en su nueva tierra les resulta tan extranjero como les resultaba en su tierra de origen. Por otro lado, los emigrantes, al cabo de poco tiempo, han asimilado la lengua de su nuevo país, y nunca asimilarán el latín en ninguna."
Tesis:
3) El latín no sólo ayudará a mantener la unidad, sino también la pureza de la fe, Pío XII lo dijo también claramente al afirmar que "es una protección eficaz contra toda corrupción de la doctrina original". ¿Cómo se mantendría ésta con el multiplicarse de las traducciones? ¿Cómo podrían traducirse los términos técnicos acuñados en latín por siglos y siglos?
Sed contra:
3) Tampoco se debe exagerar este argumento, porque sería acusar a los católicos orientales de no haber conservado la pureza de la fe. Por otro lado, no debe confundirse "lengua de la liturgia" con "lengua de la teología". En todo caso siempre podrían mantenerse en latín aquellas frases centrales en las que entran en juego complicados problemas teológicos. ¿Pero qué entra en juego en las frases en que los sacerdotes dialogan con sus fieles? Por otro lado, ¿no se tradujo la Biblia del hebreo y del griego al latín sin que la fe se perdiera? ¿No se han multiplicado las traducciones de la Biblia y de los catecismos sin ese riesgo? ¿No leen los fieles habitualmente en lengua vulgar las frases que simultáneamente lee el sacerdote en latín? ¿Se tambalea su fe por ello? Otra cosa sería decir que la Iglesia tendrá que vigilar atentamente las traducciones.
VENTAJAS DE LAS LENGUAS VERNACULAS
Tesis:
1) Su uso mostraría mejor al mundo la catolicidad de la Iglesia; sería un signo visible de que, como dijo Pío XII, "el Evangelio no destruye ni apaga nada de lo que tiene de bueno, bello y honesto el genio de los pueblos que le abrazan"-. Y se demostraría con esta apertura que -en palabras de Juan XXIII-"la Iglesia no se identifica con ninguna cultura, ni siquiera con la occidental, a la que está estrechamente mezclada por la Historia". El uso del latín en la liturgia es tomado por los no occidentales especialmente como una señal de falta de universalismo, y suceden cosas como la que señaló el cardenal Constantini: "Hemos querido hacer pasar al Oriente a través del latín, pero el Oriente no ha pasado. Nosotros hemos tenido a los chinos alejados de nosotros no por la muralla de China, sino por la muralla del latín”.
Sed contra;
1) "La adaptación a todos los pueblos -responden los adversarios- es buena, pero, siendo los hombres instintivamente individualistas, siempre hay el peligro de que la adaptación terminara creando nacionalismos y quién sabe si cismas. Por otro lado, vemos que los nuevos pueblos, por muy anti-occidentales que sean, en sus costumbres van adoptando las posturas occidentales, en sus vestidos, modos de vivir, alimentación, cultura. No podemos juzgar este problema a la luz del momento actual en que hay en todo el mundo un anti-occidentalismo explosivo. La ola actual de individualismos culturales normalmente irá moderándose con el paso de los años, y todas esas culturas que hoy nos parecen tan opuestas no lo serán al cabo de unos siglos. El actual movimiento parece pronosticar que el África y Asia de hoy serán en el siglo XXV tan occidentales culturalmente como hoy lo es Hispanoamérica, que hace cinco siglos parecía infinitamente distante".
Tesis;
2) La liturgia es, ante todo, el culto del pueblo a Dios. Por ello, la medida de todas las decisiones en esta materia, salva la fe, no ha de ponerse ni en la estética, ni en la tradición, ni en la Historia, ni en el arqueologismo, ni en el rubricismo, sino en la utilidad pastoral de los fieles. Y el pueblo, que lleva en sus venas la lengua natal tanto como la sangre, no ha de ver la religión como algo mágico y alejado; es necesario que se sienta activo y participante en ella. La Historia ha demostrado cómo los esfuerzos por adoctrinar al pueblo y hacerle participar en la liturgia han tropezado siempre con la barrera insalvable de la lengua no comprendida.
Sed contra:
2) No debe creerse que la lengua vulgar hará milagros. Recuérdese aquello que escribió Bruce Marshall: "Los anglicanos recitan los más hermosos himnos en los bancos más vacíos". La verdadera solución está en la formación de los fieles. Porque el lenguaje litúrgico traducido a sus lenguas, si no poseen una cultura bíblica y litúrgica, seguirá pareciéndoles extranjero, entenderán las palabras, pero no entenderán el sentido, ya que el lenguaje litúrgico siempre deberá tener un "tono" distinto del lenguaje normal de la calle. Por otro lado, ¿no harán las traducciones nacer conflictos en los países y zonas donde se da el bilingüismo? ¿Y qué pensar de África, donde los dialectos y lenguas tribales son cientos?
Tesis:
3) Vivimos en una época ecuménica y hay que abrirse a los separados en todo cuanto no ponga en juego la fe y las costumbres católicas. El cardenal Bea dijo que la Iglesia no podría aceptar compromisos con las Iglesias separadas en materia de fe, pero sí en materia de liturgia. Ahora bien: el latín molesta a los separados, que lo ven no como símbolo de catolicidad, sino de romanismo; no de unidad, sino de centralización. Aceptar, como ellos, la lengua vernácula sería marcar diferencias entre lo esencial y lo accidental; quitando las barreras de lo accidental dejaríamos más claro el estudio de lo esencial que nos separa.
Sed contra:
3) Bien está derribar barreras, pero para el pueblo ignorante y sencillo, ¿no sería este compromiso en lo accidental una especie de signo de concesión en lo esencial? Al ver dos ritos idénticos entre católicos y separados, ¿no nacería en muchos la confusa sensación de que realmente estábamos unidos? Desgraciadamente, estamos separados: ¿por qué dar sensación de unión mientras esta unión verdadera no se haya realizado? Y el día que la unión de fe se haya realizado, no será la lengua latina quien cree problemas, ya que la fe comportará la obediencia a este signo de unidad, que, aun siendo molesto, no crea verdaderos problemas a quien tiene fe.
Ciertamente escasas son las veces en las que las cuestiones se vean presentadas de manera tan clara y con tanta honestidad intelectual y cabal sentido común como aquí muestra Don José Luis.
Concluye finalmente con lucidez:
¿A qué conclusión llega uno después de sopesado todo esto? A la de que el asunto no es tan fácil como algunos creen; a que habrán de pesarse bien las circunstancias, los detalles. ¿Qué concluirá el Concilio? Nadie puede saberlo hoy. Los vientos huelen a un predominio de la tendencia renovadora, pero hacia una renovación sin prisas, a que se darán "pasos", y pasos importantes, pero no "saltos" y mucho menos saltos en el vacío. De todos modos, también aquí habrá que decir aquello de "la solución, mañana". Las votaciones nos lo dirán.
Y las votaciones llegaron. Y tristemente debemos decir, a casi 50 años vista, que aquello tan acertadamente auspiciado por los Padres conciliares y puesto negro sobre blanco en el texto de la constitución Sacrosanctum Concilium, en referencia a la preservación del latín como lengua litúrgica de la Iglesia Latina, no ha sido respetado.
Como tampoco fue valorada ni respetada la enseñanza y la voluntad de Juan XXIII expresada en la encíclica “Veterum Sapientia” del mismo 1962 el menosprecio de la cual nos ha reportado tantos perjuicios.

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