Dos iglesias conviven en la misma Iglesia carnal

No repetiremos aquello de la iglesia espiritual y la iglesia terrenal como una oposición y como generalmente hacen los falsos reformadores, para formar iglesias siempre peores fundadas en fariseismo. De un lado iglesia visible, de otro lado la carismática, lo que ha resultado siempre en una división y pérdida. No opondremos tampoco iglesia jerárquica a iglesia popular, como se hace modernamente. Pero sí hay una iglesia de representantes y una iglesia de obedientes a Dios que se entremezclan, aunque siempre será verdad que no se debe juzgar a los establecidos como superiores religiosos, porque ellos mismos pueden ser oscilantes, como todos. Esta distinción es necesaria para evitar algo frecuente que es que el escándalo de las jerarquías se lleve por delante la fe, como decía aquel aserto: Roma veduta, fede perduta.
Estamos carnalmente en la iglesia de representantes, y hay que estar también en la iglesia de los obedientes a Dios, y El quiere que sigamos al Papa y a los representantes en comunión con él. Qué hagan los demás ya sabemos que es obra infernal que se tiene que dar siempre. Y al final servirán de mérito, los malos representantes, que persiguen a los buenos -con esta persecución creen estar sirviendo a Dios, como los antiguos judíos- son necesarios para acrecentar y acrisolar la virtud. Con el martirio, tan sutilmente psicológico en estos tiempos, obra de los de fuera de la iglesia y de los de dentro de la iglesia representacional, se alcanza la unión con Cristo y se alcanza con El el Cielo.
Antes, cuando no había tanta información, el Vaticano venía sellado, ahora se difunden las malas cosas internas. Los medios de comunicación ya sabemos que tienen una agenda donde lo perverso tiene prioridad absoluta en la información y eso produce un sesgo mortal.
Una visión puede resultar de ayuda aquí ante tanto dolor producido por las jerarquías. Se recordará que monseñor Tarancón fue como jerarquía muy condenado por muchos fieles, por sus actuaciones de adaptación a los nuevos tiempos, operando adaptaciones conciliares no bien entendidas por todos, pues bien, tras su muerte fue objeto de visión de este modo: de rodillas ante la Virgen, llorando amargamente, todo alrededor tenebroso, la Virgen lo miraba compasiva hasta que lo hizo levantar llevándoselo con Ella, finalizando sin más la visión.

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