La iglesia lefebvriana no gusta de las apariciones

 El problema de la iglesia lefebvriana no es sólo con respecto al Vaticano II o al magisterio. Es también el relativo a las apariciones marianas. Una vez que el descubrir las perversiones demoníacas se convierte en el primer punto de la agenda hermenéutica, como ocurre con los protestantes, entonces y paradójicamente el demonio parece dirigir esa hermenéutica. Un ejemplo en el siguiente enlace de una página lefebvriana que rebota post de otra página, con un contenido tan lábil en el argumento como terrorífico en la imagen. Lamentable.

 http://cruxetgladius.blogspot.com/2011/11/lunes-14-noviembre-2011-tomado-de-radio.html


Se expone que si hay apariciones y si el Cielo habla entonces para qué haría falta el magisterio (ahora sí que se reclama el magisterio). Lo absurdo de la objeción invita rápidamente a poner en entredicho su capacidad de formar argumentos eclesiales. De tener razón en algunos puntos no se deriva legitimidad para actitudes tajantes, ni mucho menos entrar en arenas movedizas de oposición a Dios. Por el contrario el Magisterio y el Cielo se complementan perfectamente, faltaría más. Siguiendo con el absurdo podríamos preguntar, ¿para qué tenía visiones santa Teresa y el resto de los santos si le hablaba Dios, si ya tenía a los superiores de la orden, a los obispos y al Papa?
Se ataca a Medjugorje como iniciativa demoníaca. Nada más absurdo. Incluso si reconocemos heterodoxias que se han hecho un hueco allí en el plano humano eso no elimina la validez de Medjugorge y su valor inconmesurable para la vida espiritual y salvación de almas. Ahí está un problema poco reconocido de los sitios de apariciones, comienzan bien y enseguida viene la suplantación por el demonio (lo que ocurrió con el Palmar de Troya, caso también mencionado), videntes que derivan en actitudes humanas no invalidan la verdad de sus inicios y de la acción del Cielo.
Si bien resulta muy estimable la defensa que hace esta iglesia de una mayor ortodoxia y de ciertos abusos de adaptación al mundo producidos en los últimos tiempos, parecen padecer del mal común frecuente también antes del Vaticano II que era en muchos sectores el de la oposición sistemática a los carismas y a la comunicación directa divina, faltando al mandato de san Pablo de discernir espíritus y quedarse con lo bueno y no seguir el expediente fácil de como a lo mejor se infiltra el demonio pues entonces no discierno nada, lo niego todo de plano y fallecido el can se acabó la duda.

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