Cómo se gestó la ideología de género


 Texto de Alejandro Navas

La formulación de los conceptos de “identidad de género” y de “rol de género” se atribuye al psicoanalista Robert Stoller y al psiquiatra John Money. Este último nació en 1921 en Nueva Zelanda, pero hizo su carrera en Estados Unidos. Se doctoró en Harvard con una investigación sobre el hermafroditismo, que junto con la transexualidad sería el tema central de su actividad terapéutica, docente e investigadora el resto de su vida (murió en 2006), y trabajó en el más prestigioso centro médico estadounidense, Johns Hopkins University. Desde mediados de los años cincuenta Money sostiene que la sexualidad es psicológicamente indiferenciada en el momento de nacer y se vuelve masculina o femenina en el curso de las variadas experiencias del desarrollo.
Money era toda una personalidad: brillante, trabajador incansable, dominador de la retórica y del lenguaje de los medios, jefe autoritario e implacable, que no toleraba crítica alguna a su labor, y se lanza enseguida con el celo del visionario a una especie de cruzada contra la moral tradicional victoriana. Se convierte en un ardiente defensor y promotor de las prácticas menos convencionales, por expresarlo con suavidad: sexo en grupo, bisexualidad, los así llamados fucking games para niños; comportamientos que todo el mundo solía considerar perversiones graves, como el asesinato con estupro, no le parecen más que simples parafilias, es decir, preferencias que se apartan sin más de la normalidad estadística.
La energía empleada en defender su causa y su notable capacidad persuasiva convencieron a las autoridades de la Johns Hopkins, que abrieron la Gender Identity Clinic, la primera del mundo en practicar la reasignación quirúrgica de sexo en adultos. Esa praxis se extendería rápidamente por otros países occidentales. Ayudó a su difusión el cambio en el clima de opinión pública llevado a cabo en Occidente. Después del predominio de tesis biologistas deterministas, que formaron el caldo de cultivo de políticas eugenésicas en diversos países –y no solo en la Alemania nazi–, el terreno estaba abonado para una nueva orientación de la cultura, en la que se subrayaría la importancia del ambiente social frente al determinismo anterior. Las propuestas de Money encajaban plenamente en este nuevo contexto cultural. Pero el avance de Money no se pareció en absoluto a un paseo triunfal, ya que sus tesis también encontraron críticas en la comunidad científica y médica. En el momento en que la controversia era más intensa, Money creyó que podía presentar a la comunidad científica un caso definitivo para probar la validez de su teoría, el de los hermanos Reimer, dos gemelos univitelinos. Uno de ellos perdió el pene al ser operado de fimosis cuando tenía seis meses, y Money convenció a sus padres para que fuera educado como niña, para lo que se le practicó también la oportuna cirugía. De esta forma, Money confiaba en mostrar cómo la biología era irrelevante frente a la influencia de la cultura y la educación –sin renunciar a la cirugía y las hormonas, por supuesto–: tendríamos dos individuos con idéntico equipamiento genético, educados uno como varón y otro como mujer. El tratamiento se prolongó durante trece años y acabó en un clamoroso fracaso, que Money se negó a aceptar y procuró enmascarar hasta el final de su vida. A partir de 1980 Money dejó de citar el caso Reimer en apoyo de su postura, pero continuó defendiendo la reasignación de sexo en general, y de modo particular en los casos de lesión o pérdida del pene. Los escándalos se multiplicaron y la Johns Hopkins cerró la clínica de Money. Hoy ya nadie sigue sus propuestas para el tratamiento de la intersexualidad. El diario El Mundo publicó en 2004 un reportaje sobre el caso, y aunque el autor del comentario simpatiza con la ideología de género, se ve obligado a reconocer que “la literatura científica parece no apoyar la hipótesis del doctor Money…Las evidencias científicas apoyan que la identidad de género viene establecida por la biología por encima de la educación”.
En los años sesenta y setenta Money se convirtió en estrecho aliado y coartada científica de los movimientos feministas y homosexual, y lo más notable es que hasta el día de hoy sigue siendo una de las principales “fuentes científicas” invocadas por los representantes de la ideología de género en la justificación de sus posiciones.

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