El pueblo católico confuso ante el camino neocatecumenal





El Camino neocatecumenal nació para dar cuerpo a convicciones que ya habían surgido previas al Vaticano II. Que naciese con la iniciativa de los fundadores en medio de chabolas no quiere decir que no tenía detrás poderosas corrientes teológicas nuevas, para entonces ya muy difundidas en la iglesia en grandes instituciones y libros de gran circulación.
Es por esas teologías previas que el Camino neocatecumenal tiene muchos paralelismos con movimientos que en principio parecen contrarios, aunque exteriormente no lo parezca.
Las teologías previas habían combatido la idea del pecado como asunto personal entre Dios y el pecador, en consecuencia se combate la confesión y penitencia individualizadas, no es un combate a las claras sino en la práctica, con abandono de confesionarios y formatos de penitencia comunitaria. Además se entiende que Dios perdona siempre y a priori, y que falta que haya un perdón "desde" la comunidad. La utopía de la penitencia socializada no va a tener en cuenta la guía personalizada a cada alma, pone de relieve la confesión pública y cuando se ven los efectos perversos de ésta se procede a una hibridación entre público y privado que no satisface a nadie. Los que forman las comunidades se convierten en jurado colectivo. Pero las comunidades se quedan sin el sacramento del perdón, sin la cobertura de la gracia del Señor, como se quedaron los reformistas de toda la vida.
Otrotanto ocurre con la misa, es sustituida por la eucaristía. Sin ninguna necesidad de acudir a puntos de vista lefebvrianos, puede decirse que esta eucaristía prefiere la presencia mística a la presencia real, es por eso que puede jugar con los signos del sacramento. Sustituyen la relación directa con el resucitado, que ya no es perceptible materialmente, en lugar de con el Cristo previo de la Humanidad sacratísima torturada, en lugar de vivir la compasión por el Señor, que es fuente de todas las compasiones, como han hecho los grandes santos. Se elimina todo culto, todo signo, toda adoración y espiritualidad en torno al Señor crucificado, como puede ser el Corazón de Jesús, como si ésto hubiera sido inventado por hombres de iglesia para movilizar a las masas. Siendo una invención de Dios mismo se la rechaza, como si fuera un algo superficial.
En cuanto a la actividad apostólica se toman los puntos de la teología innovadora que dice que hay que desclericalizar a la iglesia y poner en acción a los laicos. Libros y libros con argumentos maravillosos para esta utopía. Y la utopía se encarna en el Camino, pero de qué manera. Dentro de un clima de hiperexcitación moral y de inmolación, las familias con carga de mchos hijos, son lanzadas a la misión. Algo nunca visto en la Iglesia. La familia debe ser el nido de cuidado de los hijos y éstos menores de edad como son tienen que compartir un destino azaroso sin necesidad. A la dura vida de familia se le suma la dura vida de la emigración y del épico combate de la misión. Familia, trabajo natural, misión, prácticas monacales, son todas envueltas en una mezcolanza abrumadora.
Aunque la Virgen es reconocida como Madre, e incluso da nombre a los seminarios, se está en un desconocimiento profundo de Ella, la Sabia y Prudente, que nunca lanzaría al activismo mucho menos a costa de los niños.
La iglesia se ha visto entre la espada y la pared de por un lado el temor al futuro descristianizado, a perder la presencia social, y por otro la propuesta de los movimientos de ofrecerle a la iglesia un nuevo pueblo y además comprometido, sujeto a estrechas prácticas. La iglesia se ha encontrado con estas realidades de los movimientos y las ha asumido entre un sí y no. Todo un desafío, cómo mantener lo que hay de bueno, pero mezclado con lo malo. Ha respondido según dice el Señor: no arranquéis la cizaña porque podríais destruir el trigo, esperar hasta el tiempo de la cosecha. Porque Dios siempre ha asumido pacientemente los desvíos humanos en su vivencia de la fe y porque Dios en su infinita sabiduría sabe trasladar lo malo a bueno. Pero también es cierto que hay que padecer por los rumbos torcidos y padecer sin necesidad.
La iglesia de Juan Pablo II, de Benedicto XVI lo ha sabido ver bien, no arrancar el trigo con la cizaña, contemporizar, aprobar pero no del todo, esto, pero no aquello. Ahora bien, dado que los movimientos han hecho cuerpo desde las teologías deficientes del preconcilio, con interpretaciones que ya no son sólo palabras, teorías de biblistas, eclesiólogos, etc. debe realizar una nueva catequesis de aquello que los movimientos tienen implícito en sus prácticas que afectan a millones de personas. Seguir mirando para otro lado, porque hay muchas estadísticas positivas, no hará sino dejar la puerta abierta a las acciones judiciales y a las grandes campañas políticas que disfrazarán el combate contra la iglesia bajo una propaganda humanitaria.

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