Radiografía espiritual de los jóvenes por monseñor Munilla

La verdad es que me pasó por completo desapercibida la conferencia de monseñor Munilla poco antes de la JMJ, pero bien vista es una radiografía valiente que destaca en medio de la pobreza de la inmensa mayoría de los discursos eclesiales.
Una juventud que vive "en mitad de la secularización que es un gran tsunami de la cultura actual", afectada por el "pansexualismo y la ideología de género" y por el "bombardeo constante de noticias" que ofrecen "una cosmovisión secularizada". Una juventud que tiene una gran esperanza en la JMJ que, pese a todo, no será la panacea. 
Los jóvenes y la Iglesia: por qué se distancian, fue el tema de la disertación de Munilla, encargado de la pastoral juvenil en la Conferencia Episcopal. El obispo arrancó parafraseando las palabras de Jesús sobre la multitud que camina "como ovejas sin pastor". "La Iglesia nunca da por perdida la tarea de convocar a los jóvenes", apuntó.
"Cristo sufre por la desorientación de los jóvenes. Tenemos que conectar con ellos y afinar el ingenio para llegar a ellos". A la hora de describir la situación de la juventud, el obispo de San Sebastián, reconoció que "sería ridículo dar una visión optimista". "Verdaderamente, nos preocupa mucho este reto, que es de los más importantes en la historia de la Iglesia: evangelizar en mitad de la secularización que es un gran tsunami de la cultura actual".
"Evangelizar a los jóvenes es quererles, pero no idolatrar a la juventud", añadió el prelado, quien criticó esta "enfermedad de que todo el mundo quiera ser joven". "Nuestra meta es la madurez, no la juventud". Munilla criticó a la "sociedad enferma" que sólo busca la eterna juventud.
A la hora de calificar esta crisis de la juventud, Munilla destacó la "alerta educativa" de Occidente. "La alerta educativa en España es bastante superior en España que en el resto del mundo", denunció, ligándola a una "cultura muy emotiva pero poco racional". En este punto, criticó la "pastoral testimonial" que se ha ido haciendo hasta la fecha, apostando por una pastoral más centrada en la transmisión de la fe.
Munilla también incidió en el "bombardeo constante" de noticias, que pueden "dar una falta de cosmovisión". "Los medios de comunicación pueden hacer un gran servicio a la sociedad, en la medida en que estén al servicio de la verdad", resaltó, apuntando que "los medios de comunicación, en global, están plenamente dentro de la cosmovisión secularizada".
Sobre el 15-M, Munilla criticó que "si no hubiéramos tenido paro, el 15-M no hubiera ocurrido. Hasta que no nos aprieten la cartera, podemos aguantarlo todo". En opinión del obispo de San Sebastián, "vivimos en una burbuja de cadenas musicales en la que ni siquiera entra el noticiario". El prelado ve a la juventud "menos militante", y consumida por la "ideología de género y el pansexualismo, que es una metástasis del marxismo". "El marxismo cayó como teoría económica, pero la ideología de género la ha sustituido, poniendo en cuestión la antropología del hombre".
La "nueva era" también es una de las características que definen a la juventud "de lo políticamente correcto y de una espiritualidad vaga".
"Estos últimos años han sido muy duros", apuntó Munilla. Los datos así lo demuestran: en sólo cinco años, hubo una disminución en la creencia de la existencia de Dios entre los jóvenes, del 69 al 50%. Por ello, rogó para que la JMJ "sea una ventana abierta para la fe", aunque admitió que "es difícil esperar que hoy se puedan producir efectos como cuando Juan Pablo II vino a Cuatro Vientos, que nos dejó sorprendidos de aquella reacción de los jóvenes", durante la próxima visita papal. "Ha llegado un momento en que nuestro contacto con los jóvenes tiene que ser más directo. Ya no podemos ir con red, sino con caña y con anzuelo".
Munilla, no obstante, ve "signos de esperanza" frente a la desafección a la Iglesia. "Es muy superior entre los jóvenes que no han conocido a la Iglesia directamente, sino a través de los medios de comunicación". Para el obispo de San Sebastián, el "conocimiento virtual" que se observa obliga a la Iglesia a "dejarnos notar".
"Tenemos que emplear tiempo en el encuentro personal con los jóvenes", porque "existe una capacidad tremenda para caricaturizar a la Iglesia".
En cuanto a las propuestas, Munilla insistió en que los jóvenes, aunque no lo sepan, "necesitan a Jesucristo", y animó a propiciar el encuentro "entre la sed de Dios y las ansias de los jóvenes por ser felices". El mayor mal, pues, para la pastoral juvenil, es la "secularización interna", consistente, en su opinión, en "hacer un club de tiempo libre". "El mayor riesgo es no creer que el mensaje de Jesucristo es el que necesitamos para ser felices".
La segunda clave, para el prelado, es la importancia del acompañamiento personal. "El fruto de la JMJ va a ser proporcional a la capacidad de acompañar personalmente a los jóvenes que acudan". "Si no va seguida de un acompañamiento posterior, no habrá frutos, porque el joven tiene la necesidad de ser escuchado en sus heridas afectivas".
Es importante que la pastoral juvenil tenga una "propuesta equilibrada", basada en el camino, la verdad y la vida. "Camino, como explicación moral del estilo de vida cristiano. Verdad se refiere al credo. Y vida, a la oración y a la experiencia en la caridad". Es importante, para Munilla, "que haya equilibrio entre los tres aspectos".
También instó el obispo a que los jóvenes comprueben "la realidad del sufrimiento" como "terapia de choque contra el narcisismo". Otra clave aportada por Munilla fue "ofrecer a los jóvenes espacios de comunión y de encuentro", más allá de la JMJ, "a un nivel diario". "Hoy, un joven tiene que tener la capacidad de alternar entre su cuadrilla natural, y su ambiente cristiano, compaginando ambos", postuló, promoviendo una idea similar a la de los "oratorios" de Italia.
A modo de síntesis, Munilla habló de tres modelos pastorales a sumar: el de san Juan Bosco (compartir el tiempo con los jóvenes, ganarse su confianza. "Es imposible evangelizar sin sanar la desconfianza", apuntó); el de Juan Pablo II (ante una cultura sin referentes morales, introduciendo el género testimonial); y el de Benedicto XVI, que se suma a los dos anteriores y pone el acento en "frente un riesgo de exceso de emotividad y una carencia racional, que puede hacer fácilmente manipulable el corazón del joven, él les ayuda a tener una capacidad crítica de discernimiento ante la realidad".

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