Razonando sobre Maritain

Está por hacer una lectura de las bases intelectuales en muchas de las nuevas orientaciones de la iglesia de representantes que han tenido lugar en el reciente pasado.
En esas bases destaca la figura de Maritain, fallecido en 1973. Idolatrado por unos, denostado por otros.Maritain sigue siendo hoy una figura controvertida, intocable todavía debido a sus tan estrechos vínculos con Pablo VI y elegido máximo representante "creyente" de la cultura intelectual de la época.
Ciertamente hoy no se habla mucho de él pero ha sido uno de los grandes inspiradores del concilio y de la nueva iglesia. En internet se pueden leer los datos biográficos básicos lo que nos evita su repetición.
No es necesario ser anticonciliar para poner en tela de juicio el ideario sustancial de Maritain, vaya esto por delante, y tampoco es necesario arrastrar con él a Pablo VI o Juan Pablo II como hacen algunas fuentes cismáticas. Maritain se puede juzgar en sí mismo, o mejor que juzgar, valorar aquello que está implícito en sus doctrinas.
Mi primer contacto con Maritain fue a través de un viejo maestro espiritual que lo idolatraba, converso entusiasta a la modernidad teológica. En buena medida luego comprendí que eran similares: personas delicadas de espíritu y resueltas a ver el mundo con nuevos ojos, mucho más comprensivos. Y hace poco, reencontré en un viejo libro el texto de Maritain, La fe democrática, que creo que interpretado nos da la clave de buena parte de la obra maritainiana y que propondré como una hipótesis. Maritain parte del positivismo primordial de considerar que Dios actúa providente hasta en los mismos hechos y personas que se tienen por sus enemigos, que siendo cierto en sí, es llevado por Maritain más allá hasta el punto de reducir-igualar el plano de la gracia y el de la humanidad. Hagan lo que hagan los humanos de principios revolucionarios lo hacen llevados por una sana inscripción en ellos, sin que lo sepan, de la verdad divina, y hagan lo que hagan eso tendrá efectos buenos, Dios escribiría derecho con líneas torcidas. Incluso si se excluye programáticamente a Dios y a la Iglesia. Por ejemplo, los profetas actuales se encarnarían en aquellos que buscan la felicidad humana en valores muy semejantes a los cristianos, casi iguales en el subconsciente de una bondad intrínseca, sólo que desprovistos de la etiqueta cristiana. La fe sería una fe de convicciones en el fondo igualmente morales. El sacrificio del que han sido capaces, hasta dar la propia vida, se asemeja en mucho, si no es igual en el fondo, al sacrificio cristiano. El progreso era una esperanza, fe en el futuro, en la mejora del hombre.
Y de todos modos, la nueva cultura salida de las revoluciones estaba ahí y no cabía sino adecuarse a ella y ver lo bueno que había en ella.
Maritain estaba fuertemente impresionado por la acción humanitaria de los revolucionarios, pero me parece que también lo estaba por cualquier contexto social dominante: En su texto de la Fe democrática es manifiesto el eco que hace a la filosofía americana, el pragmatismo democrático, como un manifiesto para católicos de Locke. Igualmente bien le parecía la revolución europea por la calidad humana de sus revolucionarios y de sus textos impecablemente llenos de buenismo, tanto como los del democratismo americano.
De ninguna manera tenía en cuenta las consecuencias de una cultura con semejantes principios sobre la vida de las gentes y desde luego el programa de reducción de la iglesia a simple servidora de la gestión pública, única faceta que le permitiría una supervivencia social, como paso previo a su desaparición; sus doctrinas no serían necesarias llevando la etiqueta de "cristianismo", que residiría incluso en sus opositores exteriores, que no podrían no tener efectos cristianos aunque lo quisieran.
Hay otro punto nodal, el de la fácil impresionabilidad, propia de los espíritus delicados, a los que impresiona el imperio de los fuertes, clave me parece en la formación de ideas en la mente de Maritain, quizá podamos tener un mejor criterio para valorar en sus justos términos sus textos y discursos, que tanto influenciaron a sus contemporáneos católicos porque les ayudaba a no ser los patitos feos de la modernidad, lo que sirvió a la formación de una grey de influenciados morales que proclamaron como triunfantes determinadas interpretaciones del Gran Concilio.
Al principio se hizo cientista dedicado a aquella biología precaria de fines del XIX y tan en boga entonces. Su espíritu delicado sin embargo no se avenía bien al fulgor y furor de las personalidades académicas y buscó refugio en la mayor placidez de la fe haciéndose acompañar de las nuevas élites católicas, eso sí con figuras rotundas, como León Bloy; para su apetencia intelectual se imbuyó del tomismo entonces dominante en la escena de la academia eclesial. Pero las lecturas de los filósofos imponentes habían dejado su impronta y procuró la síntesis cristiano-filosófica moderna, entre Santo Tomás y Kant, luego siguió el mismo m étodo en la procura de una síntesis de política e iglesia y en ello fue reconocido como el gran maestro de los creyentes intelectuales, reconocido así por el mismo Pablo VI. Ya no era necesario seguir sufriendo al excitar el odio de los herederos de los carbonarios.
La democracia cristiana italiana y la general tiene en él a un fundador moral. Hoy puede reconocerse como ingenuos muchos de sus postulados, su fe progresista en la democracia y en los revolucionarios, con su principio de santificación, todo el mundo es bueno, en tanto en cuanto lo que expone son intentenciones humanitarias. Rehusaba señalar cualquier contradicción que no fuera esporádica y lo que había que hacer era sobrellevar el nuevo régimen salido de las revoluciones del pasado y hacer de la necesidad virtud. Aceptar aquello que se nos presenta como política que marca toda una época y un nuevo mundo por venir.
Fue una síntesis que prometía una nueva paz y quitarse de encima el sambenito de oposición a los nuevos tiempos para los de la iglesia. En buena medida, sin responder a esas doctrinas, sí fue ése uno de los grandes efectos del concilio. Y los enemigos seculares concedieron una tregua de paz por un tiempo a la espera de ver los resultados del nuevo programa de reducción progresiva entre lo sagrado y lo humano.

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