Monseñor Blazquez, visitador apostólico de Legionarios de Cristo y Regnum Christi

Anterior obispo de Bilbao y actual arzobispo de Valladolid ha experimentado un continuo ascenso en su carrera eclesiástica. Autoridad teológica del movimiento neocatecumenal. Muy diplomático, consiguió que los eclesiásticos vascos no se le echaran encima a pesar de haber sido hostiles a él desde el principio. De ninguna manera es un peligro para las situaciones establecidas, sabe dar una de cal y otra de arena siempre pero finalmente seguirá lo marcado por los poderes de facto.
Parece haber conseguido la confianza del Vaticano para este ámbito de los Legionarios de Cristo del que se dice que tiene miles de millones en activos. Hay mucho dinero en juego. Naturalmente sólo quienes están dentro saben qué está pasando.
Una de las tareas principales será ésta más allá de investigar conductas inmorales y redefinir la orden de los legionarios, investigar el origen de los fondos económicos y el blanqueo de dinero que se haya producido.
El fundador regó copiosamente a cardenales de la curia y así consiguió la aprobación del vaticano a su movimiento, no que todos estuvieran implicados, sino que además les parecía muy bien un movimiento que contaba con tantas fundaciones, sacerdotes y seminaristas.
Monseñor Blazquez es impoluto en sus sermones y declaraciones, pero es muy influenciable por las instancias que muestren poder. Ha dejado un recuerdo de extremo disgusto entre los perseguidos por el terrorismo en el País vasco y quedó en ridículo cuando dio el visto bueno a un sacerdote irlandés aparente mediador en el último proceso de paz, que se paseó como un gran señor por Bilbao y era del tipo de curas franceses parisinos que cortejaban a eta en los años 60 y 70.
Monseñor Blazquez ha expuesto que la no santidad del fundador es perfectamente compatible con la santidad de un carisma, en un intento de salvar la situación creada por el escandaloso fundador de Legionarios de Cristo Rey. Pero los fundadores de órdenes religiosas han sido siempre santos, procediendo desde un directo mandato divino, de lo contrario se trataría de fundación humana. En realidad de eso se trata en todos los movimientos actuales, focolares, neocatec umenos, carismaticos y legionarios, por no decir otros, de que se trata de fundaciones humanas por más que estén catalogadas jurídicamente en la iglesia. La fundación divina puede ser degenerada por los hombres posteriores al fundador o incluso por sus directos colaboradores, pero queda siempre como refugio esa santidad y certeza del origen divino a la que pueden acogerse los pequeños de las órdenes, por más que sus colegas se alcen con autoridades y métodos farisaicos, además de su capacidad de pompa y labia. Si no hay esa santidad inicial del origen divino no hay nada a lo que acogerse, no hay "carisma" fundacional, sino humanidad aunque se prodiguen los alzacuellos.
Tras el Vaticano II las fundaciones han sido movimientos no órdenes, y eso se nota, se nota que no hay origen divino, aunque haya muchas acciones buenas caritativas. Al no haber fundación divina un rasgo típico es el de una espiritualidad del sacrificio, una espiritualidad con falla de maternidad, una espiritualidad sin epifanía. Un mundo como el del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo.
Precisamente un notablemente no santo como el fundador no podía haber fundado más que un movimiento en plena línea de un catolicismo de hiperactividad, sin influjo de una maternidad verdadera, lo que ha sido el defecto fundamental del catolicismo español. Un catolicismo sin padres y repleto de padrastros y de exigencia de inmolaciones, que de todo el panorama divino se queda con aquello que puede servir al productivismo organizativo, por lo cual dan prioridad absoluta al sacrificio y a una espiritualidad de sacrificio, que excluye toda teofanía que no pertenezcan a un remoto pasado y que percibirán siempre como competencia a sus atribuciones, al mundo organizado que han construido con su labia, influencias, relaciones y presiones y que naturalmente desecha el tipo de piedras que el Señor para contradecirles elige como piedras angulares. Jamás hubieran tolerado a los mismísimos apóstoles tan pobres de recursos y de valores de carácter.
Monseñor Blazquez tiene la confianza del Papa parece ser y esto es contradictorio con los hechos objetivos en la historia del obispo, que ha promocionado en el pasado a gentes en función de lo que mandaban los poderes de facto, no ha vacilado en suprimir iglesias por influencia de otros poderes, no ha querido escuchar al Cielo en cuestiones de relevancia y tiene siempre una de cal y otra de arena, con lo cual se gana voluntades a corto plazo y a largo plazo no contenta a nadie; para ganar a largo plazo un obispo tiene que padecer a corto plazo, y ése no es el caso aquí y si no es el caso no hay esperanza desde su mandato en una buena evolución de legionarios y regnum christi, lo que posiblemente sea algo lógico ya que la casa, estando mal fundada desde un principio tiene muy mal arreglo y desde luego los métodos humanos no se lo van a dar.
Patente la ausencia de criterio divino en muchas, demasiadas, decisiones de monseñor, ello pone en tela de juicio las instancias que lo han nombrado para esta función sobre los legionarios de Cristo, y si no al tiempo. Y también hay peligro para la diócesis de Valladolid,donde han comenzado a campar a sus anchas liquidadores internos de iglesias, es decir, de sagrarios, y dada la experiencia que nos refieren de Bilbao es de temer que alcancen sus objetivos, eso sí bajo las mejores palabras y haciendo ver que incluso se hace un gran favor a la grey.

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