No hay más que una única humanidad. Estimaciones científicas

Se ha hecho lugar común declarar como muy probable la existencia de seres semejantes a nosotros en el universo. Se alega la existencia de multitud de espacios en las galaxias que podrían haber generado un mundo similar al nuestro y por tanto que podría haber humanos como nosotros. Incluso se han mandado mensajes por medio de naves galácticas por la Nasa.
Pero el actual conocimiento científico muestra que lo que es más probable o mejor, prácticamente seguro es que no se ha podido originar una especie como la nuestra en otro lugar, porque nuestro "lugar" ha sido originado y modificado por innumerables catástrofes colosales, y su repetición exacta en volumen y tiempo, así como en las incalculables combinaciones micro y macroscópicas, es del todo imposible en términos probabilísticos, tan imposible como un mono que tecleando escribiera no ya un artículo sino las obras completas de un autor no ya mediocre sino premio nobel. Cada catástrofe ha generado un cambio de orden cuántico en la siguiente era de la tierra,  y así hasta llegar hasta nosotros.
Primera catástrofe: el choque del planeta Tea con la tierra, que dio lugar a la luna. La tierra no se pulverizó por completo por muy poco, incluso es inverosímil en términos de probabilidad. Y sin una luna con exactamente la masa que tiene y la distancia que tiene hasta nosotros no habría habido el primer influjo para la evolución de la vida en la tierra. Por otro lado, la captura del anhidrido carbónico en la atmósfera fue un fenómeno con una cadena de causalidad rarísima, y por si fuera poco el oxígeno que para nosotros es tan necesario era un veneno para los primeros organismos vivos. Catástrofes subsiguientes como la cobertura total de la tierra por el hielo, la sucesión de megaerupciones y estrellamiento de meteoritos, se han producido en combinaciones únicas y de no haber tenido lugar en las mismas proporciones y tiempos que sucedieron jamás la vida habría tenido lugar hasta alcanzar las dimensiones humanas.
Los científicos de todos modos no ven sino una sucesión de catástrofes y se sobrecogen por su propia falta de fe, no teniendo fe en un Dios providente, ven todas esas catástrofes como un signo de la orfandad mayúscula de la humanidad, que en términos cósmicos sería irrelevante; el universo y la tierra serían ciegos y pueden borrarnos de un plumazo, es más, resulta seguro que provocarán nuestra desaparición, siendo nosotros sólo un episodio ínfimo en el devenir del cosmos y de la historia de la tierra. Muy al contrario desde la fe, sabemos que no somos ignorados en absoluto, que hay Quien asiste a cada uno de los detalles de cada uno de nuestros segundos de vida, que todas las fuerzas responden sin falla al designio divino, y que lo que vemos como catástrofes son siempre eventos positivos en la perspectiva celestial.
Allá ellos si quieren seguir viendose como huérfanos, nosotros sabemos por fe que la vida material es sólo antesala de la transmundana. Que Dios es infinito, que es el Dueño y Señor, que el mundo ha sido creado por El, y que El puede deshacerlo y que nosotros, con nuestro modo de pensar de los últimos doscientos años, no estamos por encima de El, aunque esto haya sido la enseñanza constante fuera de la Iglesia.
Todo lo que descubren los científicos es un mensaje lanzado desde millones de añas atrás por el Unico Eterno para quien todo es presente, y ese mensaje es: teneis un final como habeis tenido un principio, el hombre no es eterno ni como individuo ni como especie y la negación teórica y práctica de Dios sólo conduce a la depresión abismal y al infierno de la desesperanza, así como al máximo de anticientificidad, que es negar las evidencias, negar la realidad.
Una sola humanidad, creada por Dios y un Redentor para esta humanidad, Jesucristo, Dios y Hombre muerto por nosotros, por los humanos, por ellos y para ellos, para las generaciones de esta tierra preparada como paraíso, luego caída pero finalmente lugar de Dios en la tierra en las buenas conciencias y en las de aquellos que alcanzan a arrepentirse.

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