Millon y medio de niños víctimas del aborto en España

En 25 años de vigencia de la ley (sic) del aborto ésa es la cifra del holocausto español de niños matados en el vientre de sus madres por decisión de ellas mismas. Hoy entra en vigor la nueva ley justo en el mismísimo aniversario de la primera.
Se discute el articulado, se echan las manos a la cabeza los sensatos, se programan campañas. Pero el foco hay que ponerlo en los asesinados y en los que irán llegando al cadalso. No en derechos simples a la vida, como si fuera una cuestión de seres existentes que aspiran a un mejor vivir, como si fuera un derecho al trabajo, o a una vivienda digna. Con este holocausto ya habido y con el porvenir no se trata de legalidad, se trata de exterminio. Es un mundo el que va al cadalso y de la peor manera posible por sus propias madres, aunque no lo sean propiamente ya que no cabe el nombre de madre a una simple embarazada.
Ninguna sociedad se ha ganado el derecho a no existir como lo ha hecho la nuestra, ni las más crueles y bárbaras sociedades. Es cuestión de tiempo que esta sociedad tenga que responder ante el juicio divino.
Primero fue el canto al sexo dos generaciones atrás, luego, tras el pecado la muerte. Es una lógica que siempre es la misma. Los gobernantes son instrumentos de esta necesaria evolución, ellos dan cobertura al genocidio y lo hacen con la misma argumentación que lo hicieron sus antecesores: derechos, derechos, derechos, mujer, mujer, mujer, libertad, libertad, libertad. La realidad dice: muerte, muerte, muerte.
Los espíritus burlones se han apoderado de la escena: todo por lo legal, con leyes que son antítesis de la ley más natural. Bien decía San Pablo y se aplica ahora mejor que nunca: la letra de la ley mata.
El objetivo no son sólo los nonatos, sino el conjunto de los débiles, en medio del silencio casi general, el mismo silencio que ha acompañado la legión de innovaciones en todos los órdenes cuyo objetivo final es la destrucción del ser humano pero una destrucción ya en este mundo y una condena para siempre. Los tiempos tienen que cumplirse, pero ay de los que siguen viviendo como si no hubiera holocausto; condenan a los que niegan el holocausto de todos conocido, pero los que miran a otra parte en este holocausto de los únicos inocentes, no reciben condena, y los que ejecutan el holocausto, las innumerables jóvenes y el número de matarifes profesionales, son cuidadosamente protegidos por ley para que ninguna sombra de castigo les frene y puedan volver al mismo lugar donde concibieron, mientras los medios de comunicación hipnotizan de continuo con sus mensajes: placer, placer, placer. Se han dado todos los argumentos, lo que se sufre en el postaborto, el trauma para siempre, las falacias legales, la ideología de género que está detrás, los intentos de que reflexionen los jóvenes, todo eso está bien, y mejor aún los hechos de salvación de los niños por cantidad de héroes, pero esto es un holocausto en toda regla y no bastan ya, nunca han bastado en realidad, las débiles e inaudibles protestas a las que la trompetería mediática las ha reducido al mínimo de decibelios. Ahora, más allá de eso, corresponde un tiempo no sabemos cómo de prolongado suficiente para que la carnicería contagie a la población impertérrita y la haga vivir en infierno anticipado, para horror de sus liberales progenitores que abrieron la caja de Pandora, hasta que se pronuncie el basta.

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