Valle Inclan y el nihilismo español

El escritor Valle Inclán, fallecido en 1936 (no por la guerra) es el representante y modelo para una parte de los españoles de aficiones culturales. Centrado en atizar las deficiencias nacionales en todos sus estratos, creando representaciones burlescas e invirtiendo los órdenes de realidad y fantasía, de ser humano y objetos, haciendo a estos vivos y a aquel cosificándolo como marioneta.
Fue un clown social, un personaje que no solo escribía teatro sino que su vida la hacía teatral. También se había formado en la escena estrafalaria que conoció a traavés de los jóvenes literatos modernistas franceses. Practicó intensamente la bohemia, viviendo en los cafés y las tertulias, donde siempre se han fraguado las reformas sociales españolas y donde lo siguen haciendo hoy día.
Se caracterizaba por actitudes desproporcionadas entre la causa y el efecto provocado en él y esto se ha trasladado a las generaciones siguientes como un excelente estilo, hizo moda que aún sigue. Quería ser el centro y lo fue incluso en su estilo literario donde no contaban los personajes sino como simples muñecos expresivos.
Fue el pregonero del nihilismo a través de la literatura, y con su calidad literaria; conforme a los gustos del siglo se podía aceptar todo lo que viniera envuelta en ella. Lo mismo ocurrió con el resto de las artes, no sólo en España sino en toda Europa.
No fue incongruente cuando fue nombrado gran maestre de diversas instituciones culturales, tarea en las que no encajaba pues no era un constructor sino un destructor. Su nihilismo era del gusto de la revolución, que acoge a los rebeldes y negadores como a hijos muy queridos, y se hizo del partido soviético, insertándose en su nómina de servidores propagandísticos pero por poco tiempo, muriendo de cáncer y habiendo rechazado los auxilios espirituales, a diferencia de lo que había ocurrido felizmente con otros pregoneros del nihilismo en todas sus facetas, como por ejemplo Negrín, el socialista Prieto e incluso Azaña; y también hubiera ocurrido con el mismísimo Picasso aunque se lo impidieron los correligionarios que lo acompañaban a su muerte en Niza.
La herencia de Valle Inclán queda en los numerosos artistas de nuestro tiempo en los campos del cine, la literatura o la pintura: la actitud desmesurada, el nihilismo en las consecuencias de sus prédicas sociales, la enseñanza a las gentes para que sean escépticas de todo y no crean en nada, la burla de la sociedad, la denigración de las instituciones, la celebración de todo hedonismo, el culto bohemio a ultranza, la justicia predicada para el mundo como refugio de la venalidad existencial.
En su libro "Ruedo ibérico" retrata la corte de Isabel II como mangoneada por monjas y frailes, sin tener en cuenta que eran quienes la mantenían en un cierto nivel de sensatez, retrató también las guerras carlistas a su manera y como le vino en gana, fue pionero en señalar a dictadores latinoamericanos como poderes a derribar, se vio fascinado por los mundos ocultistas anticipando el realismo mágico, dando todo derecho a las tinieblas y negándoselo a la luz divina y en "Luces de bohemia" señaló como escoria a todos los estratos de la sociedad, pero haciendo del protagonista, su alter ego en realidad, el héroe que la sociedad no supo elevar. Una obra inmenso tributo a un yo, con un fin abismal como no podía ser de otro modo que sería modelo para las generaciones posteriores, dentro de un satanismo cultural que ha regido la escena y arrastrado a tantos.
Buenísimo estilo literario, creador de talento, pero con ningun sistema de valores sino el de la contradicción, la burla, la crítica, la superficialidad. Gracias a su tarea y a la de muchos como él que extendieron su mentalidad y estilo de pensar y vivir puede entenderse el apagón moral y la tan sorprendente  incapacidad de reacción de nuestro tiempo.

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