Relativismo, una verdad a medias

El relativismo es la gran doctrina de nuestro tiempo. No es que lo hayamos inventado ahora, pues se encuentra en muchos momentos de las religiones y la historia. Por ejemplo, el hinduismo se basa en un gran relativismo, y en la antigua Grecia los sofistas ya eran grandes relativistas.
El relativismo se ha extendido enormemente, también en los ámbitos de la iglesia católica, donde nunca se hubiera pensado. Por ejemplo, si examinamos los eventos de la llamada universidad de la mística en Avila vemos una perfecta conjunción de cursos sobre los místicos clásicos católicos y los de otras religiones, sufíes, hebreos, brahmanistas, misticismo africano, etc.
El relativismo se ha convertido en el gran taumaturgo para obrar la paz en el mundo. Es el talismán que promete curarlo todo, las guerras de religión, los conflictos de género, de clases, las guerras entre países y culturas, etc. Viene a decir, porqué enfrentarnos si cada uno tiene su razón y todo lo que sostiene, ideologías, credos, religion, es verdad como mínimo en un sentido funcional: vale para dar identidad, para no sentirse en el vacío, para dar un sentido de tradición.
No hay cultura que esté por encima de otra, y los factores de superioridad son relativos así como los de inferioridad: los blancos han creado el progreso tecnológico pero su economía es insostenible para el globo. Acentuar un factor de superioridad de forma absoluta es desequilibrar el conjunto.
El relativismo permite también una coartada contra la iglesia y sobre todo con su credo. Hay que perseguir y eliminar a quien sostenga un credo en cuanto verdad absoluta para todos los tiempos y culturas. Pero la iglesia no puede no sostener ese credo: Jesucristo Dios para todos los hombres, de todos los tiempos, de todas las culturas, porque es su salvación y clave de humanización ya para este mundo.
El relativismo es una verdad a medias, ciertamente el conocimiento humano padece sesgos importantes, "todo sería según el color..." e incluso ha nacido una psicología de la interpretación de todo lo humano. Es verdad que el fanatismo es absolutismo capaz de destruir, es verdad que ha habido exterminios basados en la religión y que todavía los hay, exterminios basados en superioridades (de raza, de progreso, economía). Pero de ahí no se puede inducir un valor absoluto para el relativismo, ya eso sería flagrante contradicción.
Hay dos espacios: el del relativismo de las opiniones y de algunos hallazgos científicos, paradigmas científicos válidos sólo en algunos parámetros (por ejemplo, la ley de la gravedad), un espacio sin duda legítimo que ayuda a discernir entre propuestas de absolutismo indebidas cuando en realidad son fruto de comprensiones parciales y limitadas. Pero hay un espacio que no debe relativizarse y es la divinidad y paternidad de Dios, la verdad de sus disposiciones, de su legislación sobre los hombres y la naturaleza.
En último término, es que Dios es capaz de una relatividad benéfica mucho mayor que la que los hombres puedan proponer. Por ejemplo, cuando los hombres solo entendían un Dios totalmente otro, Dios mismo se hace totalmente como nosotros en Jesús. Cuando los hombres entendíamos que Dios es inmortal e infinito, Dios se hace mortal y finito según las condiciones de vida humanas en Jesús.
En realidad un relativismo absoluto (que existe y que da lugar a un nuevo totalitarismo que daña poderosamente la psicología y la vida de los seres humanos) es aquel que se arroga imponerse sobre Dios mismo. No es relativismo comprensible ni aceptable sino argumento contra Dios. Dios es el relativo de verdad, en el mejor sentido de la palabra, quien sabe poner contexto a todos los pecados y deficiencias, mientras que nosotros somos los grandes descontextualizadores, por ignara condición.
Como dijo Jesús, decid "sí, sí, no no", que en nuestro caso significa: el relativismo hasta tal punto, en las operaciones humanas, sí, y más allá, no. En último término se trata de absolutizar al ser humano relativizando las disposiciones divinas, y esto es lo que resulta inaceptable de todo punto. Credo de la fe y compasión (la ratio última aparente del relativismo) no deben contradecirse de ninguna manera.

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