Guardianes de la agonía de las parroquias. Retírenlos antes de que mueran.

Decía siendo cardenal el hoy Papa Benedicto: "Junto al gran pragmatismo de las teologías de la liberación, está también el pragmatismo gris de la vida cotidiana de la Iglesia, en el que aparentemente todo continúa con normalidad, pero en realidad la fe se consume y decae en lo mezquino. El abandono de la fe por parte de muchos se basa en el hecho de que les parece que la fe podría ser decidida por alguna instancia burocrática, que sería como una especie de programa de partido: quien tiene poder dispone qué debe ser de fe, y por eso importa en la Iglesia misma llegar al poder o, de lo contrario -más lógico y más aceptable-, no creer.
Admito que exagero; lo que digo no describe la situación normal de nuestras comunidades. Pero las tendencias están ahí. Y por eso se nos ha pedido estar en vela, para que no se nos introduzca subrepticiamente un Evangelio distinto del que nos ha entregado el Señor -la piedra en lugar del pan-". 


Por mi parte añadiría que el pragmatismo en la vida cotidiana de la iglesia consiste en dejar todo como está, dejar que se le vaya la vida a la parroquia, que los sacerdotes  que están se la dejen morir para justificar el cierre, y la agrupación de "unidades pastorales".
El pragmatismo es la doctrina que se practica en las parroquias por la vía de los hechos. Responsables parroquiales que velan al agonizante, a la comunidad agonizante, para que no llegue ningún auxilio exterior que impida su muerte. Resultan guardias de corps que preparan junto al lecho la extinción sin remedio.
Estos guardias de corps dan la imagen de la iglesia ante el pueblo, ellos representan el máximo posible, la vara de medir de lo que puede esperarse de la iglesia, o sea una nada. El Cielo está trabajando de modo directo para llevar almas a las parroquias, pero al mismo tiempo quienes llegan por la labor del Cielo se encuentran con que los que esperaban fueran fieles continuadores, sin solución de continuidad, con lo que el Cielo les ha descubierto, son enemigos acérrimos de toda manifestación celestial. Por un lado, suministran rutina y espera agónica de la muerte parroquial, por otro apagan minuciosamente todas las luminarias que pretenden atravesar las tinieblas que tienen extendidas sobre el moribundo, el cristiano parroquial, los vecinos de la parroquia ya no creyentes.
Cuando los hombres encargados del pastoreo de la grey han encerrado a las ovejas en un aprisco negro y tapan toda apertura de luz, deben ser desalojados por el gran pastor, rescatadas las ovejas y llevadas a los espacios abiertos de verdes prados y grandes auroras.

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