Protestantismo y catolicismo. Unión.

Ha sido habitual pensar esta distinción entre protestantes y católicos como si fuera absoluta. Pero es absoluta y no lo es a la vez, si es que fuera posible la contradicción. En un sentido pueden ser próximos, y es cuando se coincide en el fariseismo, una forma de rigor excluyente. Pero el protestantismo no puede no ser fariseo, porque es ante todo un sistema condenatorio y nació como tal, mientras el catolicismo puede ser vivido en forma farisea pero también de corazón. Y en los católicos incluso si son duros puede aparecer el ablandamiento del corazón, al menos hay en sus enseñanzas y ejemplos de vida muchos santos que lo han sido ante todo por su corazón según Jesús. En los protestantes no puede haber otra actitud que el dictado maximalista, mantras atosigantes y la condena de la iglesia, o de otro modo no serían protestantes, serían otra cosa.
Hay también mucho pseudocatolicismo, que en realidad es protestantismo, pero que exteriormente no dice serlo; gran parte de quienes fueron reformistas posconciliares y no se fueron exteriormente -hoy una minoría de aquellos- siguen en la iglesia externa, pero se rigen por el sistema protestante, iglesias autoexcluidas, persecución a la devoción, ucronía pentecostal, anclaje en la pseudoreforma y contradicción completa, por ejemplo biblismo a ultranza y materialismo interpretativo con perfecto ensamblaje entre formatos escolásticos y doctrinas intelectuales reinantes en el 68 o "progresadas" desde ahí.
La historia vivida en el catolicismo estos últimos tiempos demuestra qué fácil se puede devenir protestante, también la iglesia era católica antes de la Reforma; se deviene protestante, esto es, reformador según la materia, la gnosis y la falta de corazón o dureza de cerviz, es decir, fariseismo en plena regla. Sólo hay quien nos ablande, quien puede hacer que no devengamos sin sentirlo en protestantes, y es la Madre, la Madre que ablanda los corazones y así puede unir a los hermanos.
Históricamente era imposible la unión entre fariseos y samaritanos, incluso en vida de Jesús, sólo transformados en el hogar de la Madre, pudieron llegar a ser verdaderos humanos los pocos que consiguieron escapar de aquellos sistemas endurecidos, cada uno a su modo. También hoy hay que escapar antes de que sea demasiado tarde del fariseismo y samaritanismo modernos.
En un sentido católicos y protestantes ya están unidos, o mejor dicho, pseudocatólicos y protestantes ya se unieron, no hay nada que un pseudocatólico piense en el fondo de modo diferente al protestante: condena de Roma, rigorismo, espiritualismo antisobrenatural, escriturismo asfixiante y arqueorecuperación condenadora del presente.
Podemos hablar lo que queramos de unión de los cristianos, orar todo lo que queramos y proclamar todas las semanas de unión posibles,pero hay una puerta que debe atravesarse para llegar a esa unión, y esa puerta, la puerta estrecha -no por el rigor, sino porque exige que nos hagamos pequeños para pasar- la verdadera penitencia de la puerta estrecha es la de la reducción de nuestra hipertrofia de cerviz, que aceptemos esa reducción que nos vuelve flexibles de corazón y que sólo puede obrar la entrada en la escuela-hogar de María.

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