Inteligencia de la hora presente en la Iglesia y el mundo.

(Del libro del movimiento sacerdotal mariano: A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen):

Varias señales les indican que ha llegado para la Iglesia el tiempo de la purificación: la primera es la confusión que reina en ella. Este es, en verdad, el tiempo de la mayor confusión.
La confusión se ha difundido en el interior de la iglesia, donde se ha tratado de subvertirlo todo en el campo dogmático, litúrgico y disciplinario.
Estas verdades reveladas por mi Hijo, que la Iglesia ha definido siempre con su divina e infalible autoridad, son inmutables, como es inmutable la Verdad misma de Dios. Muchas de ellas forman parte de verdaderos y propios misterios, porque no son ni podrán ser comprendidos jamás por la inteligencia humana.
Ahora se ha difundido la tendencia tan peligrosa de querer penetrarlo y comprenderlo todo -aun el misterio- llegándose así a aceptar de la Verdad sólo aquella parte que pueda ser comprendida por la inteligencia humana. Se quiere descubrir el misterio mismo de Dios. Se rechaza aquella verdad que no se comprende racionalmente. Se tiende a replantear racionalistamente toda la verdad revelada con la ilusión de hacerla aceptable a todos.
Así se corrompe la verdad con el error. El error se difunde de la manera más peligrosa, como un modo nuevo y actualizado de comprender la Verdad, y se acaba subvirtiendo las mismas verdades que son el fundamento de la fe católica.
No se niegan abiertamente pero se aceptan de una manera equivocada, llegando en la doctrina al más grave compromiso con el error que jamás se haya logrado.
Segunda señal: la indisciplina.
Contemplen a su Madre celestial mientras se presenta en el Templo para ofrecer a su pequeño Hijo. El, desde el momento de su humana concepción se hace obediente en todo al querer del Padre. Y ya desde su nacimiento se somete a todas las prescripciones de la Ley.
Hijos predilectos, cuando los llamo a hacerse los más pequeños, entre mis brazos, es para volverlos semejantes a mi Niño Jesús en la dócil y perfecta obediencia al Divino querer.
Hoy mi Corazón es nuevamente herido al ver cuántos son entre mis hijos predilectos, aquellos que viven sin docilidad a la Voluntad de Dios, porque no observan y a veces desprecian abiertamente las leyes propias del estado sacerdotal.
Esta es la segunda señal que les indica que ha llegado para la Iglesia el tiempo conclusivo de su purificación: la indisciplina difundida a todos los niveles especialmente entre el clero.
Es indisciplina la falta interior a la voluntad de Dios que se manifiesta al anular las obligaciones propias de su estado. ¡Cuántos sacerdotes dejan el rezo del santo rosario, se dejan absorber por una actividad desordenada y que no oran! Descuidan habitualmente la liturgia de las horas, la meditación. Limitan la oración a una apresurada celebración de la Santa Misa.
De aquí nace la creciente rebeldía a las normas canónicas que regulan la vida de los sacerdotes y la reiterada oposición a la obligación del sagrado celibato, querido por Jesús por medio de su iglesia.
¿Qué deben hacer ustedes, hijos predilectos de la Madre celestial, apóstoles de luz de mi Corazón Inmaculado? Déjense llevar en mis brazos, como mis niños más pequeños, y Yo los haré perfectamente dóciles al querer del Padre.
Tercera señal: la división.
Me aparecí en la pobre gruta de Massabielle (Lourdes) para indicarles el camino que deben seguir en estos momentos difíciles. Es mi mismo camino: el de la pureza, de la Gracia, de la oración, de la penitencia. Caminen por la senda del Amor, den cabida en ustedes al Espíritu de Amor que los lleva en la vida a estar cada vez más unidos. Por eso Jesús ha querido que su Iglesia fuese una, para hacer de ella el sacramento del Amor de Dios a los hombres.
Hoy mi Corazón Inmaculado se estremece y angustia al ver a la Iglesia interiormente dividida.
Si en el curso de los siglos, la Iglesia ha sido lacerada muchas veces por las divisiones, que han llevado a tantos hijos míos a separarse de ella, Yo, sin embargo, le he obtenido de Jesús el singular privilegio de su unidad interior.
La interior división se manifiesta entre los mismos fieles, que con frecuencia se enredan en discusiones en su empeño de defender o anunciar mejor la verdad. Así la verdad es traicionada por ellos mismos, porque el evangelio de mi Hijo no puede estar dividido. Esta división interior a veces lleva también a unos sacerdotes a enfrentarse contra otros, obispos contra obispos, cardenales contra cardenales, porque nunca como en estos tiempos ha logrado Satanás introducirse en medio de ellos, lacerando el precioso vínculo de su mutuo y recíproco amor.
La división interior se manifiesta además en la tendencia a dejar solo, casi abandonado, al vicario de Jesús, el Papa, que es el hijo particularmente amado e iluminado por Mí. Mi corazón maternal se aflige al ver que hasta algunos pastores rehúsan dejarse guiar por su Palabra luminosa segura.
El primer modo de apartarse del papa es el de la rebelión abierta. Pero hay también otro modo más sutil y peligroso: es el de proclamarse abiertamente unidos a El, pero oponiéndose interiormente, dejando caer en el vacío su ministerio y haciendo en la práctica lo contrario de cuanto El indica.
Oh, Iglesia, místico cuerpo de mi Jesús, en tu doloroso camino al Calvario, has llegado a la undécima estación y te ves desgarrada y lacerada en tus miembros otra vez crucificados.
Ustedes, hijos míos, deben ser semilla escondida, prontos a morir también por la unidad interior de la Iglesia. Por eso cada día los conduzco al más grande amor y fidelidad al Papa y a la Iglesia a El unida. Por eso los formo para el heroísmo de la santidad y los llevo conmigo al calvario, así también por medio de ustedes, podré ayudar a la Iglesia a salir de su dolorosa purificación, para que en ella pueda manifestarse al mundo entero el esplendor de su renovada unidad.
Cuarta señal: la persecución.
Hijos míos, se ha desencadenado ya la tempestad anunciada por Mí en Fátima para la purificación de la Iglesia y del mundo entero.
La cuarta señal que les indica que ha llegado para la Iglesia el período culminante de su dolorosa purificación es la persecución. Esta es la hora de la misericordia del Padre. Que a través del amor del Corazón Divino de su Hijo, se manifiesta en el momento en que el sufrimiento se hace más intenso para todos.
La Iglesia es perseguida de varias maneras, es perseguida por el mundo en el cual vive y camina, indicando a todos el camino de la salvación. Son los verdaderos enemigos de Dios, son aquellos que conscientemente se han levantado contra Dios, para llevar a toda la humanidad a vivir sin El, los que sin descanso persiguen a la Iglesia.
A veces es perseguida de manera abierta y violenta, es despoja de todo y se le impide anunciar el evangelio de Jesús. Pero en estos tiempos la iglesia es con frecuencia sometida a una prueba mayor, es perseguida de manera solapada sin dolores, sustrayéndole poco a poco e oxigeno que necesita para vivir Se trata de levarla al compromiso con el espíritu del mundo, que de este modo, penetra en su interior y condiciona y paraliza su vitalidad.
La colaboración se ha convertido a menudo en la forma más engañosa de la persecución, la ostentosa manifestación de respeto hacia Ella ha llegado a ser la manera más segura de herirla. Es la nueva técnica de hacerla morir sin clamor y sin derramamiento de sangre.
La iglesia es perseguida también en su interior, sobre todo por aquellos hijos suyos que han llegado a un compromiso con su adversario. Ha logrado seducir a algunos de sus mismos pastores, también entre ellos existen los que colaboran a sabiendas en este designio, de interior y escondida persecución de mi Iglesia.
Se preparan también para ustedes, hijos predilectos, las mismas horas de sufrimiento que ha vivido mi Hijo Jesús, las horas de Getsemaní, en que sentía la interior agonía de verse abandonado, traicionado y renegado por los suyos.
Tengan confianza, ninguna prueba contribuirá tanto a la completa renovación de la Iglesia como ésta de su persecución interior. De este sufrimiento saldrá más pura, más humilde, más iluminada, más fuerte.
Deben disponerse a sufrir, tanto más cuanto mas se acerque el momento conclusivo de la purificación. Por eso he querido prepararles un refugio seguro. En mi Corazón Inmaculado serán consolados y formados en la virtud de la fortaleza, mientras sentirán cada vez más cerca de ustedes la presencia de su Madre celestial. Ella recibirá cada uno de sus dolores como al pie de la cruz recibió los de Jesús (308-318)
El evangelio debe ser predicado a todas las criaturas como Jesús les ha enseñado, como el Espíritu Santo lo ha dado a la Iglesia. Y el Evangelio debe ser conservado a la letra. El evangelio debe ser hoy vivido a la letra. El evangelio debe ser hoy predicado a la letra.
La tentativa seguida por muchos de enseñar solo humanamente el evangelio, de eludir su contenido histórico y sobrenatural, de reducir a interpretaciones naturales lo que hay en él de divino y milagroso, ha traído como consecuencia enervar el mensaje y debilitar la eficacia de su anuncio (391).
Mi Corazón Inmaculado se convierte en el signo de mi segura victoria en la gran lucha que se combate entre los seguidores del enorme Dragón Rojo y los seguidores de la Mujer vestida de sol. En esta terrible lucha sube del mar, en ayuda del Dragón, una bestia semejante a una pantera. Si el Dragón Rojo es el ateísmo marxista, la bestia negra es la masonería . El Dragón se manifiesta en el vigor de su potencia, la bestia negra en cambio obra en la sombra se esconde, se oculta, tratando de introducirse en todas partes. Tiene las garras de oso y la boca de un león porque obra por doquier con la astucia y con los medios de comunicación social. Las siete cabezas indican las varias logias masónicas que obran en todas partes de una manera engañosa y peligrosa. Esta bestia negra tiene diez cuernos y sobre los cuernos diez diademas que son signos de dominio y realeza. La masonería domina y gobierna todo el mundo por medio de los diez cuernos. El cuerno ha sido un instrumento de amplificación, un modo de hacer escuchar más fuertemente la propia voz, un importante medio de comunicación. Por eso Dios ha comunicado a su pueblo su voluntad por medio de diez cuernos que ha hecho conocer su ley: los diez mandamientos. Quien los acepta y los observa anda en la vida por el camino de la Divina Voluntad, quien hace la voluntad del Padre, acoge la palabra de su Hijo y participa de la Redención, Jesús da a las almas la misma Vida Divina, a través de la Gracia y la Gracia de la Redención es comunicada por medio de los siete sacramentos. Con la Gracia se insertan en el alma los gérmenes de vida sobrenatural que son las virtudes: fe, esperanza, caridad, prudencia, fortaleza, justicia y templanza. Al Sol divino de los siete dones del Espíritu Santo, estas virtudes germinan, crecen y se desarrollan cada vez más y así conducen a las almas por el camino luminoso del amor y de la santidad.
Objetivo de la bestia negra, es decir de la masonería, es combatir de manera disimulada, pero tenaz, para impedir a las almas recorrer este camino, indicado por el Padre y el Hijo e iluminado por los Dones del Espíritu. En efecto, si el Dragón rojo obra para llevar a la humanidad a prescindir de Dios, a la negación de Dios y para ello difunde el error del ateísmo, el fin de la masonería no es el de negar a Dios, sino el de blasfemarlo. La más grande de las blasfemias es la de negar el culto debido sólo a Dios para darlo a las criaturas y al mismo Satanás. La masonería obra con todos los medios, para impedir que las almas se salven y así quiere volver inútil la obra de la redención llevada a cabo por Cristo. Los diez cuernos de la masonería difunden una ley completamente opuesta a la de Dios:
Frente al primer mandamiento: adoración de los falsos ídolos. Frente al segundo: blasfemias contra Dios y su Cristo de muchas maneras engañosas y diabólicas. Frente al tercero, transformación del domingo en week end. Frente al cuarto: modelos nuevos de familia. Frente al quinto: aborto, eutanasia. Frente al sexto: exaltación de toda forma de impureza y justificación de actos contra natura. Frente al séptimo: hurtos, violencia, rapiñas. Frente al octavo: ley del engaño, la mentira y el fingimiento. Frente al décimo: corromper lo profundo de la conciencia, engañando la mente y el corazón del hombre.
De esta manera, con la desobediencia, se les impide recibir a las almas el don de la Gracia y la Vida de Dios. Frente a las siete virtudes, fruto de vivir en la Gracia de Dios, la masonería opone a la fe, la soberbia, a la esperanza la lujuria, a la caridad, la avaricia, a la prudencia la ira, a la fortaleza la pereza, a la justicia la envidia, a la templanza la gula.
Cada cabeza de la bestia, la masonería, tiene escrito un título blasfemo. Cada logia masónica tiene la incumbencia de hacer adorar una divinidad distinta, personificación de cada pecado capital, en lo que consiste la blasfemia más grande y horrible.
La primera cabeza lleva el título blasfemo de la soberbia que se opone a la virtud de la fe y conduce a dar culto al dios de la razón humana y del orgullo, de la técnica y del progreso. La segunda cabeza lleva el titulo blasfemo de la lujuria que se opone a la virtud de la esperanza y lleva a dar culto al dios de la sensualidad y de la impureza. La tercer lleva el título blasfemo de la avaricia, que se opone a la virtud de la caridad, y difunde por doquier el culto al dios del dinero. La cuarta cabeza lleva el título blasfemo de la ira, contra la virtud de la prudencia y conduce a dar culto al dios de la discordia y la división. La quinta cabeza lleva el título blasfemo de la acidia o pereza espiritual que se opone a la virtud de la fortaleza y difunde el culto al ídolo del miedo, de la opinión pública y de la explotación del prójimo. La sexta cabeza lleva el título blasfemo de la envidia, que se opone a la virtud de la justicia, y lleva a dar culto al ídolo de la violencia y de la guerra. La séptima lleva el título blasfemo de la gula que se opone a la virtud de la templanza, y conduce a dar culto al ídolo tan exaltado del hedonismo, del materialismo del placer.
Los falsos ídolos son exaltados y adorados por un número creciente de hombres: la razón, la carne, el dinero, la discordia, el dominio, la violencia, el placer. De esta manera las almas son precipitadas en la tenebrosa esclavitud del mal, del vicio y del pecado, en el momento de la muerte y juicio de Dios, en el estanque de fuego eterno que es el infierno.
Ahora comprender que en estos tiempos, mi Corazón Inmaculado se hace su refugio y el camino seguro que los lleva a Dios, frente al terrible e insidioso ataque de la bestia negra, es decir, de la masonería.
Desde la tierra acude en ayuda de la bestia negra que sube del mar una bestia que tiene dos cuernos, semejantes a los de un cordero. El cordero era inmolado en la pascua hebrea y Jesucristo sobre el calvario se hace el verdadero cordero de Dios.
Al símbolo del sacrificio está unido íntimamente el del sacerdocio: los dos cuernos. Un cubrecabeza con dos cuernos llevaba el sumo sacerdote del antiguo testamento, la mitra con dos cuernos llevan los obispos de la iglesia para indicar la plenitud de su sacerdocio. La bestia negra semejante a una pantera indica la masonería, la bestia con dos cuernos semejante a un cordero indica la masonería infiltrada dentro de la iglesia, es decir la masonería eclesiástica, que se ha difundido sobre todo entre los miembros de la jerarquía. Si el objetivo de la masonería es el de conducir a las almas a la perdición, llevándolas al culto de falsas divinidades, el fin de la masonería eclesiástica en cambio es el de destruir a Cristo y a su iglesia, construyendo un nuevo ídolo, es decir, un falso Cristo y una falsa Iglesia.
Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre. Jesús es Verdad porque es El –Palabra Viviente- fuente y sello de toda la revelación divina. La masonería eclesiástica obra para oscurecer su Divina Palabra por medio de interpretaciones naturales y racionales, y con pretexto de volverla más comprensiva y aceptada, la vacía de todo contenido sobrenatural, así es como se difunden los errores por todas partes dentro de la misma Iglesia católica, la masonería eclesiástica actúa de una manera astuta y diabólica para conducir a todos a la apostasía, haciendo una realidad de la profecía que les ha sido hecha por Mí en Fátima: vendrán tiempos en los que muchos perderán la verdadera fe, la pérdida de la fe es la apostasía. Aconseja asumir el pecado como un valor y un bien, como un modo de satisfacer las exigencias de la propia naturaleza, destruyendo las raíces de las cuales podría nacer el arrepentimiento y fruto pernicioso de este cáncer que se ha difundido por toda la iglesia es la desaparición en todas partes de la confesión individual. Al final se llega a negar la realidad histórica de los milagros y de la resurrección y se pone en tela de juicio la misma divinidad de Jesús y su Misión salvífica.
La interpretación del número 666, el número de la bestia es ésta: siendo 333 el número del Dios, el 333 indicado una vez expresa el misterio de la unidad de Dios, el 3 expresado dos veces indica las dos naturalezas divina y humana, unidas en la persona Divina de Jesucristo y el 3 indicado por tres veces indica el misterio de las Tres personas divinas, el Misterio de la Santísima Trinidad. El 666 es el número de Lucifer que se rebela contra Dios por soberbia, porque quiere ponerse por encima de Dios. Alrededor del año 666 el anticristo se manifiesta a través del Islam que niega directamente el misterio de la Divina Trinidad y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. El Islam, sólo por una intervención maternal y extraordinaria Mía, solicitada fuertemente por el Santo Padre, no logró destruir completamente la Cristiandad. El 666 indicado dos veces expresa el tiempo de 1332, período en que el anticristo se manifiesta con un radical ataque a la fe en la Palabra de Dios. Nacen los grandes errores filosóficos que se prolongan a través de los siglos hasta sus días; a través de los filósofos se comenzó a dar exclusivo valor a la ciencia y luego a la razón, se tiende gradualmente a constituir como único criterio de verdad a la sola inteligencia humana. Tiempo de la reforma protestante que rechaza a la Tradición como fuente de la Divina revelación y se acepta sólo la Sagrada Escritura, pero interpretada por medio de la razón, rechazando obstinadamente el magisterio auténtico de la iglesia jerárquica, siendo cada uno libre para leer y comprender la sagrada escritura, según la personal interpretación. De esta manera la fe en la palabra de Dios es destruida. El 666 indicado tres veces expresa 1998, período en que la masonería ayudada por la eclesiástica logrará su gran objetivo: construir un ídolo para ponerlo en lugar de Cristo y su Iglesia. Un falso Cristo y una falsa Iglesia, por tanto la estatua construida en honor de la primera bestia, para ser adorada por todos los habitantes de la tierra. Habrán llegado así al vértice de la purificación, de la gran tribulación y de la apostasía.
Son los tiempos en los que todos aquellos que sigan este ídolo serán marcados con su sello en la frente y sobre la mano, son los tiempos en los que los fieles seguidores del Cordero serán sometidos a marginaciones, persecuciones, prisiones y a la muerte. Por lo tanto son los tiempos de su constancia, aquí debe mostrarse la constancia de todos mis pequeños niños que Yo llamo a consagrarse a mi Corazón Inmaculado para vivir conmigo los momentos conclusivos de la batalla y caída de Babilonia, cuando la viña de la tierra sea vendimiada y los racimos sean arrojados al tonel del prensado que representa el gran castigo de Dios. Los invito a dirigir su mirada a Mí, su Madre celestial, en el esplendor de mi Cuerpo glorioso para que mi luz los ilumine, mi Corazón Inmaculado los abarque, amor maternal los sostenga, para ser en estos tiempos valientes testigos de constancia frente a la Iglesia y a toda la humanidad.
Estos son los tiempos en los que los seguidores de aquél que se opone a Cristo son sellados con la marca en la frente y en la mano. La marca es expresión de una total dependencia de aquél que es marcado por este signo, la completa pertenencia de la persona marcada al escuadrón de aquél que se opone a Cristo y lucha contra su Divino y Real dominio. La marca es impresa en la frente y en la mano. La frente indica la inteligencia, porque la mente es la sede de la razón humana, la mano expresa la actividad humana, porque es con sus manos con las que el hombre actúa y trabaja; es la persona la que es marcada con el sello del anticristo en su inteligencia y en su voluntad.
Quien permite ser sellado con la marca en la frente es conducido a acoger la doctrina de la negación de Dios, del rechazo de su Ley, del ateísmo. Quien permite ser señalado con la marca en la mano es obligado a actuar de una manera autónoma e independiente de Dios, ordenando la propia actividad a la búsqueda de bienes solamente materiales y terrenos.
Quien está sellado con la marca en la mano: Trabaja sólo para sí mismo, para acumular bienes materiales, hace del dinero su dios y se vuelve víctima del materialismo; obra sólo para la satisfacción de los propios sentidos, el bienestar y el placer, dar plena satisfacción a todas las pasiones, especialmente a la de la impureza y se hace víctima del hedonismo; hace de su propio yo el centro de todo su obrar, mira a los demás como objetos para usar y explotar, se hace víctima del egoísmo desenfrenado y de la falta de amor.
Si mi adversario marca con su sello a todos sus secuaces, ha llegado el tiempo en que Yo, vuestra celestial capitana, marco con mi sello maternal a todos aquellos que se han consagrado a mi Corazón Inmaculado y forman parte de mi escuadrón. Imprimo en su frente mi sello con el Signo Santísimo de la Cruz de mi Hijo Jesús. Abro la inteligencia humana para acoger su Divina Palabra, amarla, vivirla, los conduzco a confiarse completamente a Jesús que se las ha revelado y los vuelvo hoy valientes testigos de la fe. Después ordeno toda su actividad para la perfecta glorificación de la Santísima Trinidad. Por eso imprimo en su mano mi sello que es el signo del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo; con el signo del Padre, su actividad humana es ordenada para una perfecta cooperación al designio de su Divina Providencia, con el signo del Hijo, cada una de sus acciones se injerta profundamente en el misterio de su Divina Redención, con el signo del Espíritu Santo toda su actuación se abre a su poderosa fuerza de santificación.
Hijos míos predilectos déjense marcar todos en la frente y en las manos con mi sello maternal

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