Darwin, evolución de la ciencia y fe

Cuando Darwin lanzó sus libros sobre el origen de las especies y luego sobre el origen del hombre lo hizo bajo el peso de la teología y la fe que había recibido y de la que se había apartado. Creyó que sus hallazgos científicos ponían el punto y final a la fe en Dios y a la iglesia. Sus tesis se incorporaron a la lucha propagandística del ateísmo y por mucho tiempo las personas de fe con cierta cultura temblaron bajo el huracán ateista.
Pero no sólo evolucionan las especies sino también la propia ciencia. Hoy podemos establecer un nuevo modelo de ciencia sobre el pasado ancestral del hombre así como su compatibilidad con la fe en el Creador y en el primer ser humano.
Dios crea los primeros materiales que en el correr de miles de millones de años, guiados por la mano de su Creador van formando combinaciones siempre lógicas, más y más complejas. Se originan los primeros seres vivos, y su cumbre serán grandes simios en especies diferentes; en al menos dos especies surge la inteligencia humana, cromañones y homo sapiens, surge en un primer individuo que trasmite su nueva cualidad a sus descendientes por vía genética. Adan es ese primer hombre y Eva saldrá de él en cuanto descendiente, (existe el gen de la masculinidad pero no el de la femineidad por simple economía biológica, siendo la mujer portadora del primero) procrearán y la inteligencia humana se extenderá; en un sentido Adan y Eva son individuos, en otro sentido son el primer grupo humano inteligente.
No había muerte en el paraíso, y no significa que no hubiera muerte al pie de la letra, sino que no había muerte eterna, ni la angustia del vivir que hoy conocemos. Pero sí existía el maligno que tentó y los primeros seres humanos incluyendo al primero y a la primera cayeron uno tras otro en la soberbia al verse tan excelsos deseando bastarse a sí mismos y ocupar el lugar de Dios.
Lo que ha venido después es bien conocido.
No hay por tanto ninguna incompatibilidad entre el evolucionismo de Darwin y la fe en el Creador, lo sabemos hoy, pero cuánto tuvieron que sufrir las personas de fe en el pasado.
Pero además, Darwin enunció una verdad a medias que como toda media verdad incluye el máximo de falacia: no descendemos de ningún gran simio de especie viva o extinguida, la nuestra es una genealogía específica; simplemente los primeros materiales se combinaron, los primeros organismos vivos se combinaron y produjeron multitud de ramificaciones, y una de ellas de formato simio mutó bajo la guía divina (Dios infundió su espíritu en el barro del organismo sólo animal).
Darwin ha servido para probar la fe de los fieles, los cuales creyeron en Dios a pesar de todas las falsas evidencias en contrario y así aumentaron su gracia y mérito. El mismo se benefició de la misericordia divina, tuvo la prueba fehaciente, por cuanto se esposa que cuidó de él durante sus décadas enfermo, mujer de gran fe, lo hizo por encima de la repugnancia que producían en ella las incursiones entre ciencia y ateísmo que hacía su marido. Su amor por él, en definitiva el amor de Dios que supera toda repugnancia, triunfó, manteniendo su fidelidad al amor esponsal.

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