Historia de una monja. Un film más allá de una simple historia

Historia de una monja es una pelicula de 1959 dirigida por Zimmerman, con Audrey Hepburn de protagonista, en el papel de la monja cuya experiencia, basada en hechos reales, narra a película. Elaborada con sumo respeto para lo que hoy estamos acostumbrados, es valiosa porque refleja muy bien el clima espiritual de una época en la iglesia, en lo más íntimo de ella, en las órdenes religiosas, muy a diferencia de las visiones que nos proponen hoy como relectura de la época, tanto muchos que están dentro como los que están fuera.
Esa época desapareció tras el vaticano II, pero formas suyas permanecen en la espiritualidad, aunque sin el boato y ritual de entonces.
Algunos quieren recuperar lo bueno de los viejos tiempos, recuperando boato y ritual, pero no podemos desentendernos de porqué aquellos tiempos fueron suscitando el rechazo de los que los vivían en las órdenes y en la iglesia. Se trataba del domino de una espiritualidad de ascetismo y de anegamiento del yo personal confundido de pleno con el orgullo.
Desde el final de la edad media esa espiritualidad se había ido haciendo más y más férrea, aparentemente con la mejor intención que no sería otra sino la de facilitar la unión con Dios y la mejora de los frutos apostólicos. Pero una mayoría se encontraba dentro de órdenes y movimientos laicales sin pasar del ascetismo y dando preferencia a los propios fallos y a una espiritualidad de autoflagelo y tortura interior.
Aunque la vía de escape para esto existía desde siempre en la iglesia, el espíritu marial, una doctrina antimística se había establecido y bloqueado a no ser por vías milagrosas la irrupción del sobrenatural que no procediera de la fe desnuda. Pero no todos podían con la fe desnuda, ni siquiera los consagrados, y a la vez esa fe desnuda era obligatoria; cuanto se saliera de ella debía ser reprimida con dureza, como máximo peligro, tanto o más que el de los mayores enemigos, mundo, demonio y carne.
Pero al no irrumpir el sobrenatural fuera de la fe desnuda las almas consagradas desfallecen, no pueden sobrellevar el peso de sus culpas, en realidad al ser impedidas de la manifestación mistérica tanto en ellas mismas como en su derredor, no podían experimentar la misericordia viva de Dios y se consumían y degradaban en la experiencia de su personal miseria que era lo único que aparecía a sus sentidos.
Al negarseles lo sobrenatural a sus sentidos, éstos quedaban sin otro alimento que el de la fruición de las miserias personales. Y además, buscando alivio para su pena volvían a caer en las satisfacciones de la vanidad y honra ajena, y como la pescadilla que se muerde la cola, en un bucle maligno, las satisfacciones atraían de nuevo la miseria en un ciclo fatigante de pena, alivio y más pena.
Tras la época reflejada en la película, quisieron romper la cadena de la tortura interior decretando la eliminación del conjunto espiritual en el que estaban envueltas las realidades espléndidas de las órdenes y las torturas de su sistema de ascetismo enemigo de la manifestación del sobrenatural fuera de la fe desnuda. Lo que consiguieron fue destrozar la obra entera o al menos degradarla a infantilismo irresponsable, pero eso sí, manteniendo en pleno vigor lo peor de la época anterior, las satisfacciones del poder y la honra (con muchos menos súbditos desde luego)y sobre todo la enemiga contra el sobrenatural.
Los que quieren volver al tiempo anterior pierden el tiempo, porque siguen con los males de aquel tiempo, básicamente fe desnuda sin apertura a la acción gratuita mística divina que se da para los que desfallecen o para que no desfallezcan. Pero los que creen estar en una nueva época mantienen exactamente la misma lógica. Y de ahí no puede salir salvación de la tortura de la conciencia ni menos del pecado.
Pienso que ese cierre sistemático, y sistémico al sobrenatural que alivia el peso de la fe desnuda, común a conservadores y progresistas, a clero, órdenes y movimientos sea cual sea su signo, es el gran perjuicio de la historia de la iglesia, tanto ayer como hoy, y su gran asfixia. Ha sido tanta la prevención que se ha convertido en segunda naturaleza y sus convencidos tendrán que sufrir todo el rigor de la fe desnuda que pretenden y de la falta de maternización de la vivencia espiritual, con una convicción marial de simple protocolo. Fíjense en las gentes populares, van ante todo a la maternización, es el instinto filial; no lo repriman y no se repriman, por su misma salud eterna.

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